Opinion · La oveja Negra

La ley de Carter: vuelve el tipo duro de Londres

Cada vez estoy más convencido de que vivimos en el reino de Procusto. Ese posadero que, según la mitología griega, quería igualar a todos los hombres. Procusto tenía su negocio en las colinas de Ática. Cuando un viajero solitario llegaba hasta allí con intención de pasar la noche, Procusto tenía un peculiar método para convertir su estancia en inolvidable: entraba en su habitación por la noche y le ataba las extremidades a las esquinas de la cama de hierro. Si el viajero era más grande que la cama, Procusto cortaba las extremidades que sobresalían, es decir, pies, brazos y cabeza, para que se ajustara exactamente a la medida de la cama. Si, por otro lado, era más pequeño, lo estiraba hasta descoyuntarlo para que se adaptara a la forma del lecho. Todos iguales a la fuerza. Que nadie sobresalga ni destaque. El sueño de lo políticamente correcto. Pero Procusto tenía un truco, nadie podía coincidir con la medida de la cama porque, al parecer, utilizaba dos, una grande y otra pequeña, y asignaba una u otra habitación según la altura del visitante. Así nunca se podía escapar del deseo igualador de Procusto. Como ocurre en nuestros días con el dedo acusador de los bien pensantes, defensores de lo correcto. Todos iguales, todos mediocres.

Por eso la novela negra es la antítesis de todo esto, nos habla de hombres y mujeres en situaciones límite, al margen de la ley, con otra moral, otros valores (incluso sin moral y sin valores), de la violencia, del sexo, del mal. En definitiva, nos cuenta cómo somos en realidad, no como quieren que seamos. Incorrecta, brutal, sincera, sucia, conmovedora y escandalosa. Desenmascarando la hipocresía de lo políticamente correcto. La novela negra es como echar un vistazo debajo de la alfombra de la sociedad. “La ley de Carter”, segunda entrega del personaje creado por Ted Lewis y publicada por Sajalín, es todo eso y más. Uno de los suyos, Jimmy Swan, ha desaparecido y Jack Carter, el sicario más popular de Londres, sospecha que ha hecho un trato con la policía. Lo que significa que él y sus jefes, los hermanos Fletcher, pueden pasar los próximos veinte años comiendo gratis en una prisión de su Graciosa Majestad. Así que en plena Navidad, Carter recorre los bajos fondos de Londres en busca de cualquier información sobre el paradero de Jimmy. Y no le importa lo que tenga que hacer para conseguirla.

“La ley de Carter” es aún más violenta y dura que “Carter”, su antecesora. Y mantiene esa elegancia que tienen los británicos incluso cuando te van a pegar dos tiros. Estilo directo y ritmo sincopado apoyado en una sólida trama que no decae durante toda la lectura. Puro rock and roll del género negro. Un libro imprescindible. Una maravilla.