Opinion · La oveja Negra

‘Una bala para Riley’: caña de la buena

Que sí, que sí. Que yo no digo que no. Si las nuevas novelas negras están bien. Quizás un poco reiterativo eso que se lleva últimamente de que el protagonista tenga que cuidar de una madre/padre con alzhéimer. Y no voy a ser yo el que llame oportunistas a todas esas obras que tratan sobre la violencia de género o el acoso escolar o la ecología. Temas importantes que la novela negra tiene que tratar por su vocación de denuncia social y todo eso. Que está muy bien. Aunque algunas de ellas sean un pelín moralizantes, con vocación de adoctrinar, lo que las convierte en tostones. Luego están los Thriller, invariablemente trepidantes y adictivos, con policías millonarios que viven en pisos de 400 metros cuadrados, llevan vidas llenas de glamour pero están deprimidos. Vaya usted a saber por qué. Quizás se han percatado de que tiene una carrera en la media justo antes de entrar al cóctel o les ha rayado el Lamborghini algún pelagatos. Normalmente se enfrentan a sofisticados psicópatas con originalísimas formas de matar. La de tiempo libre que tiene esta gente. Con lo fácil que es darle dos tiros a alguien y en paz. Pero vamos, que por qué James Bond tiene que vivir en Londres pudiendo ser una inspectora del Cuerpo Nacional de Policía que trabaje en la calle Leganitos. No, si me parece muy bien. Lo de la verosimilitud siempre ha estado sobrevalorado.

Pero, de vez en cuando, el cuerpo me pide novelas negras que huelen a pólvora. Llenas de tiros, de coches, de malnacidos, de frases afiladas, de venganza, se traición, de calle, de violencia y de sexo. Con tipos que no salen a por el pan sin su 9 mm y tipas que se hacen collares con los trozos de los corazones que han roto. Hombres y mujeres a los que adoras pero que nunca se irían contigo a tomar una copa porque a su lado eres un pringao. Obras como las de Pablo García Naranjo o Pascual Ulpiano (alias de Alberto Valle). Una bala para Riley, escrita por Marto Pariente y editada por Cazador de Ratas, es una de ellas. 158 páginas de ritmo puro.

Todos buscan a Venecia Gayo, una chica de compañía que ha visto lo que no debería y ha hecho lo que no tenía que hacer. A Riley le contratan un par de abogados para que la encuentre. Un caso que invocará a los fantasmas de su pasado (su paso por prisión, la muerte de su esposa). Pero no es el único que la busca. El Gringo, un sicario de un cártel mexicano, también va tras sus pasos; y le gusta dar trabajo a las funerarias. Al tratar de dar con ella hacen tanto ruido que aparece el inspector de Policía Salazar, más interesado en purgar sus pecados que en resolver el caso.

Una bala para Riley es un chute de adrenalina. Diversión garantizada con una trama bien construida y un pulso narrativo firme y eficaz. Rock &Roll.