Anguita, Beiras y la cuestión europea

El pasado 2 de junio la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM), en colaboración con Mundo Obrero, puso término a su curso académico con una conferencia de lujo con dos de los grandes referentes de la izquierda transformadora. En un abarrotado Salón de Conferencias de la histórica Facultad de Ciencias de la Información de la UCM, Julio Anguita y Xosé Manuel Beiras debatieron a lo largo de dos horas sobre los retos de la Izquierda en el siglo XXI.
La conferencia despertó la lógica expectación de los medios de comunicación, cuya cobertura se centró en la coyuntura electoral y el proceso de confluencia protagonizado por la izquierda. Sin embargo, la intervención de ambos apenas si se centró en la cita electoral del 26 de junio.
Tanto Anguita como Beiras se centraron en lo que para ellos es el elemento central: Europa, o mejor dicho, los límites que un programa reformista tiene en el marco de la Europa actual. Para ambos la UE desarrolla un capitalismo incompatible con los derechos sociales y las libertades básicas, y que por tanto, no deja margen al reformismo, en el sentido de que todo lo que un programa socialdemócrata -viejo o nuevo- es incompatible con la Europa actual.
Anguita y Beiras parten de la siguiente pregunta ¿se puede hablar de las “cosas” de España al margen de la UE? siendo su respuesta negativa. Tanto Julio como Xosé Manuel parten de la siguiente hipótesis: España es una región dependiente de la Europa alemana del euro, y es desde esa realidad, de la que hay que partir para conocer los retos que debe afrontar la izquierda en el siglo XXI en España.
Ambos dirigentes parte de un enfoque gramsciano al preguntarse ¿cuál es el núcleo duro?, lo que para Gramsci sería “el núcleo” dónde todas las contradicciones se van a encontrar. Ese núcleo es Europa y se manifiesta en tres grandes cuestiones:
En primer lugar, España es parte de la periferia de Europa. La crisis es un proceso en el que se ha profundizado nuestra condición periférica, en un marco de relaciones cada vez más asimétricas, entre un centro exportador de capital y mercancías y una periferia especializada en importar y en ser deudora de los centros encabezados por la Europa alemana del euro. El proyecto de la UE es por tanto, estructuralmente jerárquico.
En segundo lugar, la crisis y las llamadas políticas de austeridad, están cambiando sustancialmente el modelo social español. En otras palabras, en la nueva división del trabajo de la Europa alemana del euro a España no le toca tener Estado social, a España no le toca tener industria, a España no le toca tener pleno empleo, sino que a España le toca un tránsito hacia el subdesarrollo y la dependencia dentro del marco de la UE.
En tercer, y último lugar, esa gran transición es lo que ha puesto en crisis el régimen político español del 78. Pero ambos se preguntan ¿quién ha puesto en crisis al régimen del 78?; ¿las masas queriendo ir más allá? o han sido las propias clases dominantes. Esa Constitución del 78 que fue en su Título VII la última expresión de la hornada de constituciones basadas en el principio de un Estado social y democrático de derecho, ya no es funcional a las nuevas necesidades de las clases dominantes en España y son las propias clases dominantes las que ponen en cuestión la condición social del Estado.
Esto lleva al gran problema, al “nudo” en palabras de Anguita: la necesidad de romper por parte de la izquierda con la actual UE y el euro. Según este esquema, la verdadera alternativa en España está entre el nuevo régimen que nos lleva hacia una nueva restauración de carácter oligárquica, incompatible con el Estado social y de derecho o un proceso constituyente.
La idea de partida es clara, la Constitución del 78 no es formal ni materialmente vigente en la España actual. Realidad que lleva a que la contradicción central se da en, o aceptar el régimen que nos toca como periferia subdesarrollada dentro de una Europa alemana del euro o un proceso constituyente en torno al ascenso de un nuevo bloque político y social.
Pero Anguita y Beiras advierten, que para que el programa de revolución democrática que contiene el proceso constituyente se pueda desplegar, no basta con ganar las elecciones en España, sino partir de la concepción de la UE con el gran problema. Europa como el “nudo” dónde todas las contradicciones se sueldan y el lugar donde la izquierda que quiera serlo debe confrontar.