Benedicto XVI aprobó ayer la beatificación de una nueva remesa de mártires “asesinados por odio a la fe” en la Guerra Civil española. Como siga por esas –en octubre de 2007 ya beatificó a 498 por la misma razón–, pronto se le aplicará al cielo la canción de Celia Cruz, la de “no hay cama pa’ tanta gente”. La Iglesia está en su derecho de canonizar, santificar, beatificar o excomulgar al que le dé la santísima gana. Ahora bien: que no se anuncie con gritos destemplados el apocalipsis cuando los otros tratan de recuperar su memoria histórica.
¿Se acuerdan de Massimo Tartaglia, el perito electrónico que el 13 de diciembre pasado arrojó una catedral de Milán (en minatura, por supuesto) a Silvio Berlusconi? Pues bien: la justicia lo ha absuelto por considerarlo “no imputable”. El agresor, de 42 años, sufre un trastorno mental y se encuentra en tratamiento psiquiátrico desde hace una década. ¿Recuerdan cómo el entorno del primer ministro italiano utilizó perversamente aquel incidente para culpar a la izquierda y a los jueces del supuesto clima de hostilidad contra Berlusconi?
La Conferencia Episcopal Española (CEE) pide que se mantengan los crucifijos y otros elementos religiosos cristianos en las aulas de las escuelas para que los alumnos aprendan “su propia identidad y valores” y no queden “indefensos ante otras fuentes culturales”. Y dale con que los valores de occidente son los de la Iglesia. No: los verdaderos valores de Europa son los que han permitido separar al Estado de la Iglesia. Eso es lo que que hay que defender ante “otras fuentes culturales”, incluida la Conferencia Episcopal.
El año pasado se celebraron –es un decir– en España 175.952 matrimonios, 19.328 menos que en 2008. Supongamos que una boda promedio (y eso abarca del papeleo en el juzgado del barrio a un dispendio en El Escorial) cuesta a los novios unos 20.000 euros; y calculemos que van de media 100 invitados que entre regalo y viaje gastan 150 euros cada uno. Todo esto significa que los españoles ahorraron en 2009 más de 675 millones de euros en bodas. Y el amor no consta que haya remitido. Que cada cual saque sus conclusiones.
El Tribunal Supremo de Islandia ha autorizado la exhumación del ajedrecista Bobby Fischer, fallecido en 2008 en Reikiavik a los 64 años. ¿El motivo? Analizar su ADN y determinar si una muchacha llamada Jonky Young, que dice ser hija suya, en efecto lo es. En juego hay un legado económico de dos millones de dólares, que hasta ahora reclaman la ex esposa del genial jugador y el Gobierno de EEUU, que quiere cobrarse el dinero evadido por Fischer. Moraleja: el jaque mate no es el final de la partida cuando hay herencia de por medio.
El premier británico, David Cameron, ofrece hoy una fiesta al colectivo gay en Downing Street, su residencia oficial. La tradición la inició su antecesor en el cargo, el laborista Gordon Brown: lo novedoso –y encomiable– es que Cameron, conservador, haya decidido continuarla. La pregunta es si se atreverá a dar más pasos en esa línea. Sobre todo, si algún día se reconocerá en Reino Unido el matrimonio entre homosexuales. El primer ministro no lo contempla. Así que, de momento, la cosa se queda en una fiesta.
La derecha se enfrenta desde ayer a un dilema sentimental mayúsculo por culpa del bendito fútbol. Por una parte, quiere que España gane el torneo mundial; por otra, teme que una victoria de la roja pueda dar oxígeno al perverso Gobierno de Zapatero, ahora que está contra las cuerdas. En realidad, no debería haber motivo para tal preocupación: si la selección es eliminada, la culpa será de Zapatero, ni más faltaba. Y si gana la copa, lo hará pese a los esfuerzos de Zapatero por hundir a España. No hay que darle más vueltas. Está chupao.
Rajoy se reunió ayer con un grupo del mundo del teatro para mostrar que cuenta con simpatizantes en el medio cultural: la actriz y modelo Juncal Rivero, la actriz y ex miss Madrid Arancha del Sol, el director de teatro José Carlos Pérez de la Fuente… Nadie los va a llamar despectivamente el “clan de la gaviota”. Nadie dirá que medran en el “pesebre del PP”. Están en su derecho de expresar sus simpatías. Ah: y no apoyan a Zapatero. En ese caso merecerían ser insultados, como lo han sido desde la derecha Almodóvar, Serrat, Bosé, Sabina, Bardem.
Más de mil científicos y universitarios españoles han suscrito el manifiesto “Críticos y Ciudadanos”, en el que declaran su voluntad de reaccionar intelectualmente ante la “amalgama ideológica liberal-conservadora” que pretende “relegar el pensamiento crítico al ostracismo”. Está por ver qué eco tendrá esta iniciativa. A la espera de que se resuelva el enigma, reconforta saber que un círculo de ciudadanos decide levantarse contra las fuerzas arrolladoras que pretenden imponer sus valores al resto de ciudadanos. La ciencia toma conciencia.
Bernard Madoff, que purga una condena por la mayor estafa de la historia reciente, se ha desmelenado. En declaraciones a New York Magazine, el magnate/mangante ha dicho de sus afectados que son “avaros” y “estúpidos”. “He cargado con ellos durante 20 años y ahora estoy encerrado por 150 años”, dijo. Y apostilló: “Que se jodan”. Lástima que no llegó a las mismas conclusiones cuando estaba en el ajo. Cómo mimaba entonces a su clientes; cómo especulaba mientras el mundo se derrumbaba a su alrededor. Que se joda él también.