Enrique Múgica deja mucho que desear como Defensor del Pueblo, pero como defensor de la tauromaquia resulta insuperable. En entrevista con la Cope se refirió a los antitaurinos como “tontos” y sentenció que la “estética del toreo” exige una “especial sensibilidad” de la que él, sin asomo de humildad, se declaró privilegiado poseedor. Elevando el espectáculo taurino a la altura de un debate teológico, dijo: “O se cree o no se cree, es sensibilidad suprema”. Vale. Pues yo creo, desde mi sensibilidad suprema, que Múgica es tonto.
Joaquín Leguina tiene fama de manejar la fina ironía. Sin embargo, tal parece que el paso de los años le ha agriado el carácter, de modo que, lo que antaño era humor cáustico, hogaño es inquina amarga. El cambio se le nota con especial nitidez cuando habla de su partido, el PSOE. En esta ocasión lo ha hecho desde su blog para apoyar la placa a sor Maravillas y atacar a los “nuevos socialistas” que confunden, dice, laicismo y anticlericalismo. Algún malpensado dirá que el autor de Cuernos sufre un ataque de ídem porque su partido no lo mima.
La estrella de la Cope, Jiménez Losantos, uno de los periodistas que con más virulencia ha atacado al rey, andaba ayer revuelto porque el “empresario favorito de Zapatero” le “metió un navajazo a Su Majestad”. El blanco de su ira eran Jaume Roures y la exclusiva de Público sobre la intermediación de don Juan Carlos en favor de la venta del 30% de Repsol a la rusa Lukoil. Tras señalar a Zapatero como la fuente de la información, ordenó a Rajoy: “Si es verdad, Mariano, ¡actúa!”. Todo un ejemplo de periodismo de la cadena episcopal, vamos.
Que el rey tiene una querencia especial por Rusia, es una verdad con sello de infalibilidad. Y resulta comprensible porque son muchas las bellezas de tan singular país. Pero alguien tendría que empezar a cuidar la agenda rusa de Juan Carlos, que le está generando problemas de diversa gravedad. La caza de un oso supuestamente borracho, que respondía en vida al nombre de Mitrofan, es un problema menor. Las gestiones ante la Moncloa para interceder en favor de Lukoil, que quiere cazar a Repsol, son un problema mayor.