En los últimos años, España ha venido aplicando un cupo para inmigrantes orientado a satisfacer ciertas ofertas de empleo que ya no atraen a los aburguesados ciudadanos españoles. Ahora llega la crisis y aparece el cupo inverso: el de inmigrantes en situación irregular que deben detener cada mes los agentes de Policía por instrucciones de sus jefes, según informa Europa Press. Principal objetivo: marroquíes, cuya repatriación es barata y rápida. Menos atención a los bolivianos: las plazas de avión son limitadas. Cuánta falta de humanidad.
“Un santo tiene méritos: nada menos que ser un santo”. El alcalde de Zaragoza, el socialista Juan Alberto belloch, ha recurrido a esta ramplona tautología para justificar su pretensión dar a una calle el nombre del fundador del Opus Dei, San JosemaríaEscrivá de Balaguer. La calle está dedicada hoy a un general franquista, y está bien que cambie de denominación; pero, desde mi punto de vista constitucional, consideron que la decisión constiutuye una afrenta al carácter aconfesional del Estado. Adem ás, el honrado ya tiene un autopista en el cielo.
Los directivos de Merrill Lynch se cobraron 2.780 millones de euros mientras el banco era rescatado por el Gobierno de EEUU con el dinero de los contribuyentes. No me sorprende. Lo insólito sería que esas aves rapaces hubieran renunciado a sacar hasta la última tajada del pastel que ellos mismos habían arruinado. A propósito, ¿qué pasa en España con el dinero que está dando el Gobierno a bancos y cajas? ¿Qué destino se le está dando? No quiero establecer comparaciones odiosas, ni más faltaba. Sólo pregunto, con perdón.
El inglés es un idioma muy práctico. Esperanza Aguirre se precia de hablarlo a la perfección. Permite de-
senvolverse por el mundo y acceder a más información. A juzgar por la trama de corrupción de Madrid, parece que también ayuda a trincar mejor: las empresas que investiga el juez Garzón se denominan Down Town Consulting, Easy Concept, Special Events, Orange Markets. Todo un cursillo de inglés en nueve palabras. ¿Se detendrán ahí las
lecciones o nos seguirá enseñando el PP (con la invaluable ayuda de Garzón) la lengua de Shakespeare?
La ministra de Vivienda, Beatriz Corredor, ha encontrado por fin la fórmula mágica para que los bancos abran el grifo del crédito: el cariño. Fracasadas todas las tentativas anteriores para persuadir a los banqueros –ni siquiera funcionó el “se nos está acabando la paciencia” del ministro Sebastián–, Corredor les ruega que “miren con cariño a las familias” que piden crédito porque “la mayoría son plenamente solventes”. No ha ido tan lejos como para solicitar la extensión del cariño a las familias insolventes. Tampoco hay que pasarse.
Alguien me dijo la otra noche, en referencia a Silvio Berlusconi: “Te podrá gustar o no, pero tendrás que reconocer que fue elegido democráticamente”. Primero: tengo mis dudas de que haya sido elegido democráticamente, en el sentido más puro del término. Segundo: si nos ponemos en esas, Hitler también llegó al poder por las urnas. Me importa un bledo que Berlusconi tenga más o menos apoyo popular. Para mí, modesta servidora, es un peligro público que debería ser aislado en la UE hasta que los italianos lo echen con sus votos.
El eufemismo es la miel de los gestores culturale. Sacar a ojo a un Goya de catálogo se le dice investigación. Si se planea una subida de precios en las entradas del museo, se le llama “incrementar de forma atemperada”. En 2004, entrar en el Prado aumentó de 3 a 6 euros. Una insignificante duplicación. El director de la pinacoteca amenaza ahora con que el día menos esperado llegará la nueva tarifa. Al parecer, no soporta que los visitantes que llegan a su museo paguen menos que en el resto Europa. Ya se sabe: cuanto más caro, mejor.
Ahora resulta que Marcial Maciel, el fundador de los Legionarios de Cristo, fallecido el año pasado, tuvo una hija con una amante secreta. Los seguidores de la orden se encuentran “sorprendidos y desconcertados”, según su portavoz. Estas cosas, la verdad, a mí ni me sorprenden ni me desconciertan. Como tampoco me sorprende que el Papa rehabilite a un obispo negacionista del Holocausto o que los obispos españoles pidan abiertamente votar contra un partido por reformar la ley del aborto. En la Iglesia pasan estas cosas.
El PP ha dejado en “suspenso” su investigación interna sobre la trama de espionaje en la Comunidad de Madrid, con el argumento de que esperará primero el resultado de la investigación paralamentaria y el trámite judicial del caso. Qué descaro el de este partido conservador, tan célere para exigir dimisioones al Gobierno y que, cuando le llega la hora de la responsabilidad, no vacila en parlamentarizar y judicializar sus miserias domésticas. Que la justicia y el Congreso trabajen no es óbice para que el PP haga su particular catársis.
Federer lloró ayer tras su derrota ante Nadal. No pudo igualar el récord de Grand Slam que ostenta Sampras. Otros lloran por cosas diferentes. En ocasiones, más dramáticas. El llanto más desgarrador que recuerdo pertenece a la literatura. Al final de Carpe Diem, de Saul Bellow, un hombre fracasado se cuela en el funeral de un desconocido para soltar en un contexto apropiado todo su llanto acumulado durante años. Los asistentes especulan sobre el personaje y concluyen que se trata un
pariente muy querido del difunto.
¡Cómo conmueve el llanto!