El mayor estafador de Wall Street asegura que hizo mal sus previsiones. El mago Madoff alega que quería estafar, sí, pero que nunca pensó que le dejarían llegar tan lejos. Muchas veces creyó que la Comisión de Valores le venía pisando los talones, pero estaban a kilómetros de distancia. “No estaban atentos”, dijo al abogado de las víctimas. Condenado a 150 años de cárcel, a Madoff le faltó añadir algo: los órganos reguladores no sólo fallaron, sino que facilitaron activamente sus andanzas.
En el PP toma cuerpo la singular doctrina de dimitir a medias. Se trata de dimitir, pero sólo un poquito. El martes lo hacía Luis Bárcenas, que dimitía de tesorero del partido pero no de senador. Ayer le tocó a Jesús Merino, que no dejaba el cargo de diputado, pero sí el de Coordinador de Comisiones (de comisiones parlamentarias, no de las otras) del Grupo Popular. Será interesante ver qué hace Camps cuando le llegue el turno, aunque no es difícil imaginarlo.
Esperanza Aguirre ha ofrecido disculpas a Zapatero por llamarlo “sindicalista retrógrado piquetero”. Presumo que las excusas las ofreció sobre todo por la primera palabra, que constituye un insulto en boca de cualquier neoliberal que se precie. Su actitud la honra. No es común en política excusarse tras ofender a un adversario. Al mismo tiempo, Ana Botella dijo compartir las palabras iniciales de Aguirre en que vituperaba al presidente. Es lo que se llama sincronización.
Hay que ver a Esperanza Aguirre cuando se pone furiosa. La gata sobre el tejado de zinc se le queda pequeña. Ayer llamó a Zapatero “sindicalista retrógrado piquetero”. Os lo juro por Snoopy. La presidenta madrileña está enfadada porque Zapatero le ha plantado cara al jefe de la CEOE, Díaz Ferrán. Sí: el principal donante de la oscura fundación del PP que financió en 2003 la campaña electoral del tamayazo, en que Aguirre salió elegida. ¡Vaya con la ira de Aguirre!
Ayer se supo que el paro subió en 126.700 personas en el segundo trimestre del año. En un escenario tan sombrío, es comprensible el júbilo que embargaba a un ciudadano por haber recuperado el puesto de trabajo del que lo habían despedido. Hablo de José Tomás, el sastre que contó al juez la íntima relación de Franscisco Camps con los trajes a medida. El dueño de Forever Young optó por readmitirlo en lugar de indemnizarlo con 232.500 euros. Una anécdota gürteliana.
A propósito de la visita del ministro Moratinos a Gibraltar, mientras Rajoy y Arenas continuaban ayer deslizándose como adolescentes camorristas por el tobogán del patriotismo más obtuso, el único en el PP que decía cosas razonables al respecto era nada menos que Manuel Fraga. Quienes van de centristas sostienen tesis de genuino sabor franquista, y quien fuera ministro franquista sostiene prudentes tesis centristas. A esta derecha no hay quien la entienda.
El ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, ha pedido “paciencia” a los españoles para recuperar la soberanía sobre Gibraltar, en manos británicas desde 1713. En realidad, lo que pide Moratinos es fe. Paciencia es lo que se necesita para soportar la actitud de los dirigentes del PP ante la trama de corrupción Gürtel. El último episodio, ayer, cuando el tesorero del partido, Luis Bárcenas proclamó haber “demostrado” al Supremo su “inocencia”.
“Quién no ha recibido un regalo de Navidad?”, se pregunta filosóficamente el dirigente del PP Estaban González Pons, en un intento por justificar los trajes y regalos que recibió el presidente valenciano, Francisco Camps. Otros se desmarcan: Esperanza Aguirre dice haber recibido “cosas valiosas” y las ha devuelto; Pío García-Escudero, asegura que rechazó un costoso reloj de Correa, cerebro de la trama Gürtel. El PP busca con afán el límite entre regalo y cohecho.
Primero dijo que los trajes a medida que El Bigotes le regalaba a Camps son como las anchoas que el presidente de Cantabria le lleva a Zapatero. Ahora se ha sabido que el hombre de la Gürtel en la Comunidad Valenciana obsequiaba a la alcaldesa con carísimos bolsos de Vuitton. No lo desmiente doña Rita, sólo insinúa que más grandes serán los regalos que recibe el presidente del Gobierno. Sólo que en ese caso queda constancia en el inventario de Patrimonio Nacional
En apenas cuatro días dos sucesos escalofriantes nos han helado la sangre por la misma causa: la violación de una niña por un grupo de chicos también menores de edad en su mayoría. Y, como dice el Defensor del Menor de Andalucía, no valen excusas como los problemas familiares para justificar hechos tan indignos. ¿Machismo creciente entre los menores? ¿Falta de criterios morales? Eso y muchas otras cosas que exigen un replanteamiento por parte de toda la sociedad.