La nostalgia del pasado es un juego de niños
Opinión
MERCÉ MARCH
El galerista Manel Mayoral (1944), un coleccionista afincado en Barcelona, hizo de su pasión una realidad cuando en 2004 rehabilitó su casa Cal Jan en Verdú para convertirla en un paseo por la memoria a través de juguetes y autómatas recopilados de feria en feria, en déballages de anticuarios o en subastas por toda Europa a lo largo de medio siglo.
El Museu de Joguets i Autómats destila pasión futbolística y arraigo a la tierra con animales y muñecas de cartón, así como fascinación por los primeros muñecos, figuras y cachivaches animados. El emblema del museo es l’home pilota (el hombre pelota). Así se bautizó a un autómata de fútbol de fabricación austriaca (c. 1930) adquirido en una feria en Parma (Italia) en la década de los setenta. La figura cobra vida cada domingo, junto con singulares tiovivos y carruseles de madera y hojalata, que dan paso a otra de las joyas que conserva el museo: un lote de nueve autómatas protegidos en urnas de cristal que antaño fueron propiedad de las Atracciones Apolo de Barcelona.
Estas piezas antológicas únicas se fabricaron a finales del XIX y principios del XX en Vichy (Francia), y sólo se referencian cinco o seis más ubicadas en el parque de atracciones del Tibidabo, en la ciudad condal. Recrean escenas costumbristas como Roulet et des champs (c. 1878), de cariz poético como el Pierrot escritor (c. 1890), o versallescas y de sátira con figuras de muñecas de porcelana Jumeau.
Abruma un impresionante conjunto de vehículos a pedales fabricados entre 1920 y 1950 en Alemania, Francia e Italia, por entonces “países más ricos, con buenos juguetes que han perdurado en el tiempo en buhardillas y desvanes”, apunta Mayoral. Bicicletas, velocípedos, tándems, triciclos, tractores, locomotoras y una moto con el primer diseño de Mickey Mouse y Minnie nacido en 1928 en el seno de la factoría Disney de Estados Unidos. Y entre ellos, alzándose majestuosamente, una amplia colección, de las tres únicas que hay en España, de juguetes artesanales catalanes fabricados en lata por los Llauners de Gràcia a principios del siglo XX. Tranvías, coches, camiones y carros, autobuses y un circo giratorio a cuerda dan buena muestra de la irrupción del metal en el consumo de masas. Junto a ellos, una decena de piezas de transporte urbano, aéreo y ferroviario de la década de los setenta procedentes de la importante industria juguetera de Ibi (Valencia).
Máquinas recreativas, pelotas, camisetas, botas, cromos, banderines, cómics, fotografías y futbolines descubren la pasión por el fútbol. Destacan por su espectacularidad un futbolín de hierro fabricado en Chicago en torno a 1930 y otro español de madera de 1920, orgullo de la invención del fútbol de mesa en España.
A la etapa más reciente de la historia del juguete le corresponderá un nuevo legado, “quizás recreado con Madelmans, Clicks y Barbies”, cuenta Jordi, el hijo de Manel Mayoral.
Museu de Joguets i Autómats
Verdu (Urgell), a 5 km de Tàrrega (Lleida)
En agosto, de lunes a viernes de 10 a 14 h y de 16.30 a 20 h, sábados de 11 a 14 h y de 16.30 a 20 h, domingos de 11 a 14 h. Entrada: 6 euros. www.mjoguets.com









