¡Esto no es leche, es oro, chata!
Opinión
BELÉN TOLEDO
Museo de la Horchata
Un día de la primera mitad del siglo XIII, el rey Jaume I descansaba de la conquista de Valencia dando un paseo por su huerta. Una atrevida huertana se acercó con un vaso de la entonces llamada leche de chufas para agasajar al monarca. Él la saboreó y, con un brillo de gula en los ojos, en un perfecto valenciano exclamó: “Això no és llet, això es or, xata!” (“¡Esto no es leche, esto es oro, chata!”). De las dos últimas palabras nació el nombre con el que desde entonces se conoce a la bebida más típica de Valencia: la horchata de chufa.
“Claro que esto es sólo una leyenda”, sonríe Victoria Buzón, la guía del Museo de la Horchata y de la Chufa de Alboraya, una pequeña localidad limítrofe con Valencia. La realidad de la procedencia de la palabra es bastante más prosaica, aclara: “Lo más probable es que venga de la palabra ordeata, que en árabe quiere decir leche de cebada”. La etimológica es la primera lección que se aprende en la visita. La segunda es histórica, y se refiere a la alquería que alberga el museo. Se llama Alquería del Machistre y está enclavada en el corazón de la huerta que rodea la ciudad de Valencia. En su entorno abundan las acequias y los campos en los que se cultiva la chufa. Muy cerca se intuye el mar, aunque la mole de una gran urbanización impide que llegue a verse.
Las primeras noticias escritas que se tienen sobre la alquería son de 1442, cuando era propiedad de la infanta María de Castilla. Pero se cree que existía desde la época musulmana, cuando edificaciones semejantes –de varios cuerpos rectangulares unidos por arcos, coronados siempre por una torre– eran pequeñas aldeas que vertebraban la población de la huerta. En los siglos posteriores perteneció a la Iglesia, hasta que en la desamortización de Mendizábal pasó a manos de la actual familia propietaria. Un museo etnológico, con especial atención a las labores que hacían las mujeres que habitaban la alquería, ayuda a entender la historia de la casa.
De la misma época que la alquería data el cultivo de la chufa, que fue introducida por los árabes, “como la mayoría de los cultivos”, aclara la guía. En la actualidad, cuenta, Valencia “es el único sitio en el que se cultiva chufa de Europa y el único del mundo en el que se cultiva para la elaboración de la horchata”. El museo posee las
herramientas con las que se cultivaba la chufa, incluida una triadora, un instrumento ideado por un huertano de Alboraya que sirvió para separar el grano de la tierra, ya que la chufa es un tubérculo. Se exponen las máquinas con las que se maceraba y machacaba la chufa. También se pueden observar los carritos con los que los fabricantes vendían frescos vasos de horchata por las calles.
Una empresa recuperó recientemente esta costumbre con gran éxito. Uno de sus carritos completa la colección como muestra de que la chufa no es cosa del pasado.
Museo de la horchata y de la chufa
partida de masmardá, 51, Alboraya (valencia)
Para visitar el museo es necesario concertar una cita previa a través de su página web www.elmachistre.es. El precio máximo de la entrada es 9 euros.









