Llega la República
Aníbal Malvar
Por fin concluyen las vacaciones de nuestros monarcas. Ya se pueden reincorporar al trabajo, que es mucho menos fatigoso que el sinvivir estival de Marivent. Es sabido lo que sufre nuestro rey, y sus rodillas, cuando encera los claustros de palacio. Atrás quedaron agotadoras visitas papales y tediosas recepciones a inminentes expresidiarios del Gobierno, el silencioso reproche azul del Bribón varado y las cenas con Letizia hablando de cosas profundas y de Larra, otro señor de la prensa.
Ahora toca, a partir del 20-N, enfrentar la ardua tarea de aprenderse el nombre de un nuevo presidente y urdir maneras de molestarlo. Porque una de las labores más significadas de un rey español consiste en molestar al presidente de turno, no se vaya a subir a la quimera. Como ya no está bien visto golpearles con el cetro, se echa mano al protocolo.
El protocolo te obliga, antes de ser atendido por el rey, a aguardar en una antecámara a que su paciente majestad tenga a bien decir que pases. Por supuesto, el visitante sabe que el rey, mientras, está mirándose las uñas, ojeando un calendario Pirelli, ensoñando mil batallas contra el moro o perfeccionando una silente nadería.
El caso es que te hace esperar en la antecámara al menos un cuarto de hora. Es sabido que José María Aznar repudiaba estas esperas. Y que, para exteriorizar su enfado, decía impertinencias sobre KIO o sobre las vedettes al valido que lo custodiaba. Aznar se vengaría del rey, y tanto, casando a su hija en el Escorial con los de la Gürtel (de testigos, o sea).
Tristemente, creo que esa irritante y delicada tradición de hacer esperar al presidente en la antecámara va a desaparecer en la próxima legislatura. Con los mercados y la Merkel ahí fuera, por fin un presidente español gozará de igualdad de trato con su rey, pues a ninguno de los dos se les tendrá en cuenta para nada. Ha llegado la República. Bananera.








