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Llega la República

31 ago 2011
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Por fin concluyen las vacaciones de nuestros monarcas. Ya se pueden reincorporar al trabajo, que es mucho menos fatigoso que el sinvivir estival de Marivent. Es sabido lo que sufre nuestro rey, y sus rodillas, cuando encera los claustros de palacio. Atrás quedaron agotadoras visitas papales y tediosas recepciones a inminentes expresidiarios del Gobierno, el silencioso reproche azul del Bribón varado y las cenas con Letizia hablando de cosas profundas y de Larra, otro señor de la prensa.

Ahora toca, a partir del 20-N, enfrentar la ardua tarea de aprenderse el nombre de un nuevo presidente y urdir maneras de molestarlo. Porque una de las labores más significadas de un rey español consiste en molestar al presidente de turno, no se vaya a subir a la quimera. Como ya no está bien visto golpearles con el cetro, se echa mano al protocolo.

El protocolo te obliga, antes de ser atendido por el rey, a aguardar en una antecámara a que su paciente majestad tenga a bien decir que pases. Por supuesto, el visitante sabe que el rey, mientras, está mirándose las uñas, ojeando un calendario Pirelli, ensoñando mil batallas contra el moro o perfeccionando una silente nadería.
El caso es que te hace esperar en la antecámara al menos un cuarto de hora. Es sabido que José María Aznar repudiaba estas esperas. Y que, para exteriorizar su enfado, decía impertinencias sobre KIO o sobre las vedettes al valido que lo custodiaba. Aznar se vengaría del rey, y tanto, casando a su hija en el Escorial con los de la Gürtel (de testigos, o sea).

Tristemente, creo que esa irritante y delicada tradición de hacer esperar al presidente en la antecámara va a desaparecer en la próxima legislatura. Con los mercados y la Merkel ahí fuera, por fin un presidente español gozará de igualdad de trato con su rey, pues a ninguno de los dos se les tendrá en cuenta para nada. Ha llegado la República. Bananera.

El voto del rey

30 ago 2011
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Vázquez Montalbán era un escritor tan grande que acabó asesinado por sus propios libros. En concreto, por su Autobiografía del general Franco, que consumió la última diástole que le quedaba. En ella pone en boca del atiplado generalito una anécdota para la meditación. Fue con motivo del referéndum de 1966 para aprobar la Ley Orgánica del Estado.

Cuenta Franco que don Juanito, tierno adolescente de 28 años, llamó por teléfono a su padre para preguntarle qué votar, como es costumbre entre los españoles menores de 50 años.

–Oye, papá. ¿Voto sí o voto no?
–¡El rey no vota!–, le gritó don Juan a su hijo antes de confundirse y colgar, iracundo, el dry Martini en la alcándara del teléfono.

Pues no había caído. Sólo hemos visto la foto del rey votando en el referéndum sobre la OTAN. Es algo que dice muy poco de nuestra democracia. El voto es un derecho y un deber pero, al parecer, como hacemos con tantos otros derechos y deberes, privamos también de este a su campechanísima majestad.
Quizás el rey, en su finura, considera poco conciliables democracia y monarquía, y por eso reina pero no vota. Me parece un error. Que se podría subsanar dándole al voto del rey, por ejemplo, un valor de ocho o diez millones de votos, para así reconocer su grandeza y hacernos todos más demócratas.

Ya estoy viendo el eslogan de IU y ERC para tan revolucionarios comicios: “Monarquía, de entrada, no”. Y luego, como con la OTAN, trágala y pa dentro. Porque si algo ha abalizado a nuestra monarquía es su capacidad mimética, un camaleónico instinto de supervivencia que la engendró franquista en el franquismo, ye-yé en la Transición, militarmente libertaria el 23-F y especuladora cuando la cultura del pelotazo. Por eso ahora, que ya somos democráticos y nos convocan a referéndum para cualquier tontería, el rey debería votar. Al no estar ya don Juan, majestad, llame usted a la Merkel, que le dice encantada a qué partido.

La velada

29 ago 2011
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La archiduquesa Gozilla von Bismark, corresponsal áulica de este periódico rojo de mierda, ha conseguido infiltrarse entre la servidumbre de palacio y nos trae noticias bastante desalentadoras. Durante las cenas, la familia real intenta reconducir el futuro de España. Que nadie se alarme. Es solo ese rato. Después de la cena, se va cada uno a lo suyo. Pero quizá esta grabación arroje un poco de luz sobre el panorama que nos espera.

–Yo creo que, si empiezan a cambiar la constitución…, vamos apañaos.
–Ya está la listilla…
–La periodista…
–La malcriá…
–¡Niñas!
–Me duele el pie.
–Un jefe de Estado gobierna con la cabeza, padre.
–Ya empezamos con sutilezas. La cabeza sostiene la corona, que es simplemente un adorno. Es el pie, tu pie, el que reina. Por definición, un monárquico es un tío que desea que le pongas el pie encima. ¿Me pasas el vino?
–No debes. La rodilla.
–No bebo con la rodilla. Que me des el vino.
–Lo que digo es que… Bueno. Que a lo mejor alguien tenía que hablar con Rajoy. ¿No te parece?
–¿Y quién va a hablar con Rajoy? ¿Tú? ¿Listilla?
–¿Y por qué no? ¡Felipe, dile algo!
–Está riquísima la tarta.
–¿Habéis oído el Tristán e Isolda con la Meier de mezzo y Siegfried Jerusalem de tenor? Hummmm.
–¿A que está riquísima?
–Bueno. ¿Qué hacemos?
–Hacer es algo tan vulgar… Nunca dejarás de ser plebeya.
–Sí, parece sacada de un cuento de princesas con muy poca princesa y demasiado cuento.
–Vale. Soy plebeya. Pero ¿qué hacemos?
–Hacer no es un verbo aristocrático, querida. Usa otro. Posar.
–Hay cinco millones de parados…
–¿Qué es un parado, listilla?
–Eso. ¿Qué es un parado?
–Alguien que no tiene trabajo… O sea…
–O sea: tú. ¿Tú tienes trabajo?
–Eso. ¿Tú trabajas? ¿En qué trabajas, listilla?
–Me duele la pierna.
–No bebas más.

Sobraba medio rey

28 ago 2011
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Franco y Juan Carlos I tienen un rasgo común. Los dos se desembarazan del padre. Son dos saturnos inversos, dos huérfanos voluntarios, dos “niños abandonados / en cuento que se borró”. O que ellos mismos borraron.
El 24 de febrero de 1942, el atiplado caudillo no acompañó el féretro de su padre Nicolás hasta el cementerio de la Almudena. De todos es sabido que a Franco no le gustaba que nadie se muriera en España de muerte natural, sin su firma, sus fusileros y su verdugo berlangueño tras el garrote vil. Pero no fue esa la razón que impelió al generalito a dejar partir en soledad a su padre muerto. Franco detestaba a su padre tanto como su padre lo despreciaba a él.
En Ferrol aún se recuerda la reacción de Nicolás Franco cuando el golpe de 1936: “¿Paquito? ¿Jefe de Estado? No me haga reír”. Después Nicolás metió todo su dinero en una maleta atada con cuerdas y correteaba por Ferrol gritando: “¿Confiar mi dinero a esos ineptos? ¿A esos ladrones? ¡Ni hablar! ¡Sobre todo desde que el imbécil de mi hijo está en el poder”. Lo cuenta mejor que yo, en Anatomía de un mito, mi añorado Eduardo Chamorro, que cría margaritas y mis miosotis (la flor de nomeolvides) en no sé qué cementerio reciente.
Juan Carlos tampoco tuvo nunca buen rollito con su padre. A Juan III, rey de Nunca Jamás, Franco no le dejó participar en el Alzamiento cuando se ofreció voluntario, y, como es lógico, se hizo antifranquista en Estoril, donde se exilió junto a miles de dry martinis muy demócratas que le cambiaron el entendimiento. Nunca perdonó a su hijo que se dejara adoptar por Franco y sólo accedió a abdicar el 14 de mayo de 1977, 18 meses después de que a Juan Carlos lo coronaran los fascistas. España tuvo, por tanto, rey y medio durante año y medio. Un lujazo. Al rey le sobraba entonces medio rey. Prueba de que incluso a ellos a veces les sobran reyes.

Catalina

27 ago 2011
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El niño, cualquier niño, es un surtidor de ojos y gritos que nunca deja dormir siesta a la Muerte. El niño es el hombre más libre que hay, porque la mayor libertad a la que podemos aspirar es a tener tiempo, más tiempo, y al niño le queda por delante todo el tiempo del mundo. El niño es tan libre que ni siquiera resulta necesario. Nadie necesita un niño para nada y, sin embargo, todo el mundo lo quiere. El niño es un elixir de eterna juventud: la coartada que nos permite a los viejos jugar a ser niños y adoctrinarnos otra vez en la impaciencia.
Mientras escribo esto, mi amiga Catalina está a punto de nacer. Catalina ha tenido suerte. No es hija de un emperador, de un dictador ni de un monarca. Es sólo hija de hombre y de mujer y, por tanto, será libre.
Felipe de Borbón, por ejemplo, no tuvo esa suerte. Nació de esa arcaica y esclavizante tradición que obliga a los hijos a ser lo que les mande el padre. Cuando le preguntaban al infante Felipe qué quería ser de mayor, el niño no podía contestar que bombero, astronauta o policía. Más tarde, ni siquiera le permitieron elegir a la mujer que amaba (Eva Sannum). Y sólo se atrevió a rebelarse, ya rozando la cuarentena, con Letizia. No es cotilleo. Es la constatación de hasta qué punto a este hombre se la ha privado de libertad.
Cuando seas mayor, Catalina, deberías abolir la monarquía aunque sólo fuera por preservar los derechos de esos pobres niños teledirigidos hacia una grandeur no elegida, no suya, impuesta, cruel, fanática. Ni siquiera pueden renunciar: siempre les perseguirá la curiosidad del vulgo travestida de paparazzi.
A ti no te sucederá eso, Catalina. Que seas siempre feliz e infeliz. Que estés constantemente alegre y triste. Que no pierdas nunca la incertidumbre. Aprovéchalo, preciosa, porque hay niños pobres que nunca tendrán eso. Los hijos de los reyes, los emperadores, los dictadores y los príncipes.

La salud silenciosa

26 ago 2011
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Los lectores, los redactores, los paparazzi y los directores de las revistas del cuore, por este orden, lo maliciaron enseguida. Algo sucede. Demasiado silencio de teclas. Del salón en el ángulo oscuro, el flash ciego de las cámaras. Quietud total en Marivent y en Zarzuela. Algo está pasando en palacio cuando no pasa nada.

La familia real es la única institución del país que merece más noticias cuando está de vacaciones que cuando trabaja.
Excepción ha sido este ya otoñizo y muriente mes de agosto. Nunca ha habido verano, en la historia reciente de España, con tan escasa presencia de la casta borbónica en el couché. Y cuando no pasa nada en palacio, es que los espectros vagan.

La prensa francesa, al ser más rigurosa que la nuestra, propende mucho al cotilleo y se ha excusado en la reciente epifanía papal para urdir crípticas cábalas sobre la salud de don Juan Carlos. En Francia, nuestro rey, como no es suyo, es muy querido.

Salvo escapadas de Letizia y asuntos oficiales (despachar a ZP y genuflexión papal), apenas hemos leído epopeyas del rey surcando océanos, de la reina canturreando semifusas con Barenboim, de Felipe enormizando su alteza y su altura, de Urdangarín goleando en vaselina al fisco, o de Elena persiguiendo enfurecida los patinetes que aún se deslizan, huérfanos de duque, por los pasadizos de Marivent.

Como suelo dedicar el mes de agosto a releer vidas de santos, me viene por casual a la memoria la transparencia con la que el Régimen informaba a los españoles de la salud del caudillo, dándonos constantes y hasta tediosas explicaciones sobre los agrandamientos de sus espacios distales y aquella turbadora destrucción de su pared alveolar. No sé si se acuerdan. Por si, por mi mal, no me equivoco, póngase usted bueno, mi enemigo. Se lo deseo de corazón.

Asonada zombi

25 ago 2011
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Joder… ¿No hay nadie ahí? ¿No escucha nadie? ¿Están todos muertos…? Calla. No grites. Escóndete. No responde nadie… Nadie ha quedado con vida. Estamos gobernados por zombis. La democracia es un día de difuntos: 20-N… ¿No lo has oído? El presidente izquierdo acaba de acordar con el jefe diestro un cambio de Constitución que limitará el déficit.

–¿Qué es déficit? –susurras.
–Lo que en tiempos de hambre se llamaba pan.

Cadáveres empobrecidos fantasmean por los campos. ¿Los ves acercarse? Agáchate, por favor, que no te vean… El candidato Rubalcaba también ha sido contagiado, dicen que es incurable… Antes no estaba de acuerdo, pero, joder, tenía el cuello manchado de sangre… ¿nadie le miró el cuello? En una sola noche…, se convenció…, dijo que será bueno que… que el auxilio a un inválido, los recuerdos de una anciana, la educación de un niño, la curación de un enfermo tengan un check point controlado, ¿un check point custodiado por militares, con zona de seguridad, armados…? Le han mordido. También a él le han mordido…

Por favor, contesten… ¿Me recibe alguien? ¿Hay alguien ahí fuera? Por favor. Somos seres humanos. A veces tenemos carencias que no pueden ser calculadas… de antemano. ¿Me reciben? ¿Me reciben? La constitución era intocable, joder… No oigo nada. ¡España, no te pongas histérica! (…) Pero no oigo nada… Aquí posición. Aquí posición. Por favor, que alguien conteste, que responda alguien…

Viene gente… viene… gente de corbatas y trajes y colmillos dentífricos… ¡Son ellos! ¡Agáchate! Nos están… nos están rodeando… ¡Por favor! ¿No hay nadie? Calla, España. ¡Calla! Parece que se escucha algo… Sí… Sí… Es una voz… Una voz… ¡Es la voz del rey! ¡Estamos salvados! ¡El rey! “Al dirigirme a todos los españoles con brevedad y concisión, en las circunstancias extraordinarias que…”. ¿Qué? ¡No! ¿Qué? ¡Se ha cortado! ¡Se ha cortado! ¡Ahí están! ¡No! ¡Noooooooooo!

Preferiría una mujer

24 ago 2011
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En cuestiones de modernidad y derechos humanos, España nunca ha sido amiga de precipitarse. Eso explica que jamás hayamos gozado de una mujer presidenciable en ninguno de los grandes partidos. Carme Chacón disfrutó su baza hace poco, pero sucumbimos de nuevo al diletantismo esteticista y al glamour fashion, y salió candidato Rubalcaba.

Es momento de que don Juanito, abochornando a la democracia, dé un golpe de trono y nos demuestre que la monarquía no es un legado machista, obsoleto, opresor, arcaizante, injusto, caprichoso, alegal, disparatado, reaccionario, peligroso, paleofascista y, lo que es peor, sobrado de fajines y miriñaques que atentan contra un gusto contemporáneo más casual.
El rey debe convocar ya un referéndum para que se rectifique la Constitución y una mujer pueda ser reina. Sería la primera ocasión en nuestra larga historia, creo, en que los designios monárquicos se adelantasen a los del pueblo para algo incruento. Una futura reina, con su silente consorte cogidito del brazo, pondría una gota de apaciguamiento chanel a la ferocidad republicana. Las revistas del cuore venderían más, impulsando el consumo y el Ibex 35. Las revueltas callejeras no existirían, como casi sucede en Gran Bretaña desde que reina una reina. Y mi amigo Peñafiel tendría tema hasta el siglo XXII.

Académica e intelectualmente, Elena de Borbón está tanto o más preparada que su padre para reinar. Lo demuestran las mayestáticas amenazas con las que ahuyenta a los paparazzi que quieren fotografiar a su caballo. Sólo le falla el consorte. No den ideas. Ya Calígula demostró que los caballos apenas sirven para senadores. Se podría rescatar a Marichalar o, en su defecto (si el exduque tuviere alguno), recuperar el muñeco derretido por el Museo de Cera y colgárselo a doña Elena del brazo. Para consorte iría sobrado de discreción, encanto y galanura. Como el amable lector. Que no el caballo.

Entrevista con el príncipe

23 ago 2011
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El príncipe Felipe es una incógnita para los españoles. Al margen de sus actos institucionales, tan cronometrados de hechos y palabras que podría protagonizarlos sin demérito un robot guapito, el único rasgo humano que le conocemos es que tocó los bongos en casa de Sabina.

Nadie sabe si el príncipe Felipe es monárquico, demócrata, neonazi o mourinhista, y en los dos últimos casos habría que mirarlo con desconfianza, ya que va a ser el jefe de los ejércitos. O sea, que en un pronto puede poner España a la virulé y darnos otro escalofrío de 40 años.

Sé que me pierde la hipérbole, que tales barbaridades no van a ocurrir, pero eso no obsta para que no recordemos que un rey no es, como muchos creen, un florero mandarín. Tiene la potestad de declarar una guerra, disolver las Cortes o convocar un referéndum a capricho. En resumen: el rey no es florero, es amenaza.

Por eso ya va siendo hora de que el príncipe se desvele en entrevista. Su padre, de joven, sí las hizo. Por periódicos viejos sabemos, un ejemplo, que Juanito aprendió de Franco “la manera de ver las cosas con tranquilidad”. Inquietante. La tranquilidad de Franco sembraba muchos muertos. Quizá Juanito, que nunca ha sido muy semántico, confundía tranquilidad con sangre fría. Esa sí la pudo aprender del atiplado asesino.

Sin embargo, uno comprende que don Felipe no se quiera retratar. Si airea su opción política ofenderá a los demás. Si nos tranquiliza garantizando que no va a convocar referendos ni a disolver las Cortes ni a declarar guerras, se admitirá prescindible. Si asume con firmeza que hará de rey, caso de considerarlo necesario, menudo susto, camaradas. O sea, que le queda el silencio. Yo pagaría a ciertos amigos, novias, enemigos y a mí mismo para que nos calláramos de vez en cuando. Pero es que su silencio nos sale carísimo, alteza. Y a mí el silencio, en republicana soledad, me lo dan gratis.

Miedo al pueblo

22 ago 2011
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Yo no sé por qué le incordia tanto a don Juanito que hablemos de su salud, de su mala salud, de su salud incógnita, cuando a un rey de España sólo se le exige haber nacido varón y dejar otro varón cuando eso.

O sí lo sé. El Borbón tiene miedo de pasar a la historia como el último rey de España. Asegura foto en los libros, pero también incita a los historiadores a investigar más. Y el tiempo dirá que ha sido más freno que acelerador de la modernidad española, pues la monarquía da lección de desigualdad entre los hombres, incapacitación de la mujer, negación de la Justicia (es impune) y antidemocracia.

Vale. El 23-F. El rey acabó con el involucionismo español dando un speech en la tele. Vaya cuento. No fue el rey, fue el miedo al pueblo, el miedo de Juan Carlos a su pueblo, el que abortó el golpe. Con su preceptor Alfonso Armada al mando de los golpistas, el rey sabía que una victoria militar le garantizaba el puesto mejor que esa niña caprichosa llamada democracia. Pero el pueblo español no estaba dispuesto a dejarse amedrentar otra vez por un sargento, y de eso el rey se dio cuenta enseguida y traicionó al sargento.

El rey es un producto estadounidense. Los yanquis no querían que se reimplantara el bolchevismo en España, y un rey continuista les venía de orgasmo para no tener que invadir un país sin petróleo, que sale caro y Standard&Poor’s te quita la AAA.

Ahora es otra vez el miedo al pueblo lo que preocupa a don Juanito. La revuelta popular está en el polen. Ya se ha visto en Gran Bretaña, Francia, África, Oriente Próximo, Grecia, 15-M (menos en las urnas, colegas). Coronaremos a Felipe vestidos de luto. Bien. ¿Pero al día siguiente? ¿Se sostendrá el papanatismo? Al fin y al cabo, no hay nada más parecido a la muerte de un dictador que la muerte de un rey. Y a los dictadores ya no se les permite perpetuar sucesores. Al pueblo le dan repelús y al sucesor, el pueblo, miedo.