ANTONIO GONZÁLEZ

Icono del turismo cañí y símbolo de distinción entre donjuanes playeros de los setenta, la chica de la melena negra de la discoteca Penélope era el complemento ideal, en versión pegatina, para dar empaque a bólidos como el Renault 5 o el Seat 1200. Y, a al llegar el otoño, en cualquier atasco, nos recordaba orgullosa, desde la chapa, que los veranos no duran para siempre.
Un símbolo vivo. La pegatina sigue vigente tras 40 años como logo de la célebre discoteca.
DANIEL AYLLÓN

La mariconera fue pionera. Hace 20 años, los españoles empezaron a lucir pequeños bolsos para llevar el tabaco, las llaves, las monedas… Las riñoneras y los bolsillos interiores de pantalón habían fracasado. Aunque la prenda restaba virilidad al macho ibérico, este claudicó y terminó aceptando la versión del bolso femenino. Luego llegaron la depilación, las cremas y Pilates.
Todas las marcas de élite diseñan ya bolsos para hombres como prenda de lujo.
DANIEL AYLLÓN

En la década de 1980, el Bronx de Nueva York se llenó de ‘loros’ que atronaban los primeros bocetos del hip hop de los noventa. El aparato, que conquistó tanto los suburbios como las playas de medio mundo, daba galones especiales a su dueño, que decidía el ‘flow’ con el que mover a su grupo de amigos. La llegada del CD acabó con los privilegios que otorgaba el ‘loro’ de doble pletina.
SUSANA HIDALGO

FruItopía
Mangozada a la mandarina, Pasión al melocotón…La España de los noventa no estaba preparada para tanto exotismo. La bebida Fruitopía, lanzada por Coca-Cola, y sus sabores extravagantes fracasaron estrepitosamente. Sus anuncios psicodélicos (había que verlos con unas gafas especiales) no calaron en una sociedad acostumbrada a no arriesgar más allá de la Fanta.
La palmeta matamoscas se puede encontrar por menos de un euro en Internet.
La palmeta matamoscas era al mundo de la sobremesa estival lo que el rifle con mira telescópica a las monterías. Por mucho que se hayan inventado mil artilugios químicos y eléctricos para combatir a tan molestos e inofensivos insectos de forma masiva e indiscriminada, ninguno de ellos alcanza la efectividad de una palmeta matamoscas en manos expertas.

DIEGO BARCALA

Existen dos tipos de personas en el mundo. Los que se comen un Flash a mordiscos y los que dejan que se derrita para chupar hasta que la saliva sepa a plástico. Los segundos eran aquellos dispuestos a sacrificar las comisuras de sus labios hasta llegar al peligro de hemorragia por esos bordes que se convertían en cuchillas. Un Flax de cola siempre fue más barato que un polo Popeye.
El dato: Kelia fue la marca más popular de esta chuchería, que costaba 15 pesetas.
ROCÍO PONCE

Comodidad, utilidad y buen precio se unen en un calzado que ha conquistado durante generaciones las orillas de playas, ríos y pantanos. Mayores y pequeños han sucumbido (y sucumben) a estas míticas sandalias de goma. Rumor de las olas, brisa en el rostro y el agua fresca se cuela por las rendijas de tus sandalias. Mueves alegremente los dedos de los pies. Eso es el verano.
El dato. Hoy se pueden encontrar en cualquier zapatería de barrio y en mil colores.
ROCIO PONCE

Un niño en bañador y con la boca llena de churretes. Está de camping en la playa con su familia y bebe batido de chocolate. En cuanto se termina la bebida, desmonta el vaso estrepitosamente. Lo despliega y lo vuelve a cerrar. Una diversión sin sentido que le roba una carcajada. Estos prácticos vasos llevan décadas ahorrando espacio en las mochilas de cualquier viajero.
ROCÍO PONCE

Miko consiguió que a los niños de los ochenta los veranos les supieran a cola, sorbete de limón y chocolate. El helado con forma de cohete será recordado no sólo por lo refrescante de su ingesta, sino por las ilusionantes carreras que se pegaban los pequeños (y los que no lo eran) de vuelta al kiosco tras ver en el palito de su Colajet la palabra: ‘Premio’. Otro viaje espacial gratis.
el DATO: En 2008 Nestlé relanzó el producto manteniendo forma y concepto.
O. LÓPEZ-FONSECA

Cuando los coches con aire acondicionado no existían y ni Isaac Asimov hablaba de climatizadores, los conductores descubrieron que un cartón que cubriera el parabrisas evitaba abrasarse las manos al tocar el volante tras dejar el automóvil al sol más de la cuenta. Es cierto que no evitaba la sofoquina, pero vestía mucho llevar uno con publicidad del Bar Paco. Gambas y torreznos.
El dato: El parasol sobrevive tras evolucionar en aspecto y materiales.