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Una mirada íntima al harén del sultán

31 ago 2011
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SONIA PÉREZ MARCO

Museo del Harén del Sultán

Hasta hace sólo un par de décadas, la poligamia era una práctica habitual en los sultanatos de Yogyakarta y Solo, en la isla indonesia de Java. Las esposas y concubinas reales no existían, salvo encerradas entre los muros de palacio. Este museo recupera sus historias silenciadas.
Al llegar a la entrada, después de ascender por una carretera serpenteante las laderas del volcán Merapi, es fácil pensar que te has equivocado de lugar. Frente a unas escaleras apenas visibles por la vegetación, se alza un palacete, entre colonial y gótico. Nadie diría que estamos a 30 kilómetros de Jogyakarta, la cuna de la cultura y la tradición javanesas, y que acabamos de entrar a Ullen Sentalu, el Museo de las Mujeres del Sultán.

Todo en él es subrepticio. Desde el corredor subterráneo en el que se comienza la visita, una sala llena de gamelanes –instrumento tradicional javanés– y cuadros de esplendorosas concubinas de la corte del sultán Hamengkubowono IX, pasando por la gruta llena de documentos y fotografías de las cuatro dinastías de los sultanatos de Jogyakarta y Surakarta (Solo), hasta la ascensión a los cinco últimos oscuros pabellones, que levitan sobre un lago, y que están dedicados a las princesas –o gusti, en javanés– Nurul, Tineke y Ratu Mas.

“Hasta hace poco esta colección privada sólo era accesible a la familia del sultán”, dice la joven guía musulmana, Dia, a medida que abre y cierra puertas, y enciende y apaga luces.
Este museo fue creado en 1994 por la familia Haryono para preservar la cultura y la tradición javanesas, y rendir un homenaje a las esposas y concubinas reales recopilando fotografías, cuadros, vestidos, batiks–tejido tradicional javanés–, joyas, cartas y todo tipo de objetos personales.

“Todas ellas fueron mujeres modernas, que desafiaron una corte llena de imposiciones”, dice Dia, al referirse a las tres figuras femeninas a las que están dedicados los pabellones flotantes. Gusti Ratu Masm es una de las dos esposas del sultán Pakubuwono X y diseñaba sombreros. Gusti Tineke se enamoró de un hombre inferior a su clase y abandonó el kraton –palacio real– dejando numerosa y apasionada correspondencia en contra de los matrimonios concertados. Y Gusti Nurul muy pronto aprendió aficiones prohibidas: montar a caballo y nadar. La princesa, que tiene cerca de 90 años en la actualidad, se negó a aceptar la poligamia y se casó a los 30 años con un oficial del Ejército desobedeciendo dos de las principales obligaciones de una javanesa de linaje real: contraer matrimonio entre los 13 y los 17 años y hacerlo con un marido impuesto.

Dia apaga las luces de esta última sala y conduce a los visitantes a un rincón donde sirven un jamu –bebida caliente mezcla de hierbas secretas–, insistiendo en que dará belleza y salud, y solamente después permite salir al laberíntico jardín de pinos y árboles de canela.

Jl. Boyong Kaliurang, Sleman Jogyakarta, Java Central.
Entrada: 50.000 rupias (4 €) para visitantes extranjeros. mínimo dos personas. la entrada incluye una visita guiada.
www.ullensentalu.com

La patata frita, más fuerte que un gobierno

30 ago 2011
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DANIEL BASTEIRO

Miles de jóvenes se echaron a las calles de Bélgica en febrero. Protestaban contra la falta de Gobierno, diez meses después de que el Ejecutivo entrase en funciones tras la dimisión del primer ministro. Tanto flamencos como valones, las dos medias naranjas de un país que aún hoy sigue en funciones, enmarcaron sus concentraciones en la llamada “revolución de las patatas fritas”.

No se trataba de una muestra del arte surrealista que respira la sociedad belga, objeto de numerosos museos, sino de la exhibición simbólica de uno de los últimos vínculos entre ambas comunidades. En Brujas, la ciudad de cuento de hadas de Flandes y uno de los centros turísticos de Bélgica, un museo explica a los visitantes la historia de este plato nacional que se vende por igual en puestos o friterías de todo el país.


En el museo, abierto en 2008, se explica, a través de 400 objetos, la historia de la patata, la creación de la patata frita y su presencia en el arte y cultura belgas. El propio edificio es en sí una joya, ya que se erigió en el siglo XIV para albergar la logia genovesa en una ciudad a menudo considerada como la Nueva York de la época. El recorrido comienza en Perú, hace 10.000 años, con las primeras representaciones de la patata y su paso de un tubérculo salvaje a su producción regular para la alimentación. En la exposición se pueden admirar varias obras de arte de la época precolombina y el comienzo de las exportaciones a Europa. Después, la muestra ahonda en la idea de la patata frita como alimento popular y reivindica el origen belga del plato.

Según varios historiadores del país, las patatas comenzaron a prepararse fritas entre la segunda mitad del siglo XVII y la primera del XVIII y sitúan su aparición en torno a la ciudad de Namur, en la región francófona de Valonia. Sin embargo, académicos franceses aseguran que las patatas fritas nacieron con la Revolución Francesa, en el París de 1789, cuando se llamaron patatas “Pont-Neuf”. Como en tantas otras cosas, los franceses ganaron la batalla del marketing y el origen de las tiras de patata fritas fue glosado hasta por Thomas Jefferson como “patatas francesas”. A juzgar por cómo, dos siglos después, las rebautizaron tras las discrepancias políticas sobre la Guerra de Irak (“patatas de la libertad”), según los belgas, el aval estadounidense no tiene el peso suficiente como para renunciar al origen patrio.

En las calles de las principales ciudades belgas, el visitante podrá probarlas con unos buenos mejillones o alguna de las múltiples salsas que van más allá de las populares mayonesa y el ketchup. En el propio museo se pueden degustar junto a carne belga mientras se hacen apuestas sobre la fecha de formación de un nuevo Gobierno; un deporte que, vista la tardanza de los políticos, comienza a perder popularidad.

Vlamingstraat 33 (Brujas)
Abierto todos los días de 10 a 17 h.
Precio: 6 euros (5 para estudiantes y jubilados)

Órganos detenidos en el tiempo

29 ago 2011
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ANA DELICADO

Museo de Patología

La imagen de un órgano enfermo detenido en el tiempo tiene inevitablemente un pasado y un futuro”. Esta es la razón de ser del Museo de Patología de Argentina, perteneciente a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Sólo apto para no impresionables, dicen. Sin afán de querer ser sorprendente, este museo es uno de los tesoros más recónditos de la medicina argentina. Un par de salas, revestidas de lo que en su día fueron simples aulas de clase, albergan más de 2.000 órganos exhibidos en frascos colmados de formol. Lo que antaño fueron miembros deformes, entrañas enfermas o fetos que no llegaron a ser vida, hoy son muestras anatómicas fundamentales que sirven para proyectar en el futuro los conocimientos obtenidos de su estudio.

“Se recolectaron órganos hasta las décadas de 1960 y 1970”, cuenta el doctor José Napoli, director del museo. “La iconografía de los libros era muy cara por aquel entonces, así que la única manera de ver los órganos enfermos era guardándolos”.

Las piezas que aquí se muestran fueron rescatadas en autopsias realizadas en su mayoría a inmigrantes. En la época en la que se constituyó el museo, a finales del siglo XIX, eran sobre todo ellos los que morían sin un reclamo que los despidiera, sin nadie que se presentara para reivindicar sus cuerpos. Les esperaba el destino de servir a la ciencia a través de la cátedra de Patología, creada por quien también fuera el fundador del museo, Telémaco Sussini.

Además de ser el primer becario de la UBA, Sussini fue también el inventor de la primera ambulancia en Argentina. “Él tenía la idea de que el hospital tenía que ir a la casa de la gente”, explica Napoli. “Y creó la ambulancia tirada por caballos. Era un instrumento de asistencia, de medicina pública, para socorrer a los pacientes”.

Pese a ser el padre de la cátedra de Patología, en cierto momento Sussini renunció a ella tras considerar que ya había hecho todo lo que creía indispensable. “Se dedicó entonces a estudiar la economía en la medicina, porque decía que muchos de los problemas médicos eran en realidad problemas económicos”, añade Napoli. “Es decir, que entendió que muchas de las enfermedades son de los pobres”.

Si se tiene en cuenta que la única enfermedad erradicada por el hombre es la viruela, el museo hoy es testimonio de muchas enfermedades que están lejos de ser sólo muestra de vitrinas. Sirven al presente y por eso un texto a la entrada del museo se encarga de recordarlo: “La materia orgánica ha sido conservada no con la falsa ilusión de eternidad, sino con la intención de poder detener y mostrar visualmente la enfermedad (…). Este es un lugar para la reflexión, la comprensión y el sentido de la vida desde nuestras posibilidades humanas, apoyados o no en una creencia superior de cualquier índole”.

CALLE JOSE EVARISTO URIBURU, 950, 4º PISO. buenos aires
teléfono: (011) 4508 3604
HORARIO: DE LUNES A VIERNES DE 14:30 A 18:30. entrada GRATUITa
WWW.FMED.UBA.AR/MUSEO

Juguetes sexuales en la China imperial

28 ago 2011
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DAVID BRUNAT

Hace 8.000 años, los chinos también utilizaban objetos eróticos. Lo demuestra una piedra pulida en forma de pareja fornicando que se conserva en el Museo del Sexo de Tongli, en la provincia de Jiangsu. Se trata de un recinto semiclandestino que sobrevive gracias al tesón de su creador, Liu Dalin, quien lleva varias décadas recolectando cualquier artilugio relacionado con el sexo, especialmente si es antiguo. A los gobiernos locales y a la policía no les gusta demasiado la idea, por eso, su museo, el único dedicado al sexo en toda China, se ha convertido en una especie de circo ambulante donde los visitantes pueden disfrutar (sólo visualmente) de las creaciones más curiosas.
Los visitantes son pocos, y los que acuden lo hacen como en un sex shop, entran rápido y a hurtadillas. Los más de 2.000 objetos expuestos demuestran que las necesidades e inquietudes de ahora apenas han evolucionado en cientos de años. Por ejemplo, como el sexo siempre ha sido un tema complicado para tratar con los hijos, nada mejor que enseñarles el qué y el cómo mediante un bol de cerámica cuyo interior esconde una escultura de una pareja copulando. De hecho, durante la dinastía Ming (1368-1644), este objeto se les regalaba a las hijas justo en el momento de casarse para que supieran qué tenían que hacer con sus maridos tras el enlace.
Cerámicas, pinturas, consoladores, vestidos picarones; todo valía en la antigüedad china para disfrutar del sexo. O para usarlo de castigo. Siglos atrás, una chica que había perdido la virginidad antes del matrimonio era duramente castigada. El museo muestra una prueba de aquel horror: una silla de montar a caballo con un falo de madera incorporado. El castigo (o tortura) consistía en subir a la mujer a la montura con el falo introducido en su vagina y luego asustar al caballo para que éste trotara enloquecido.
Mucho antes de que se inventaran el plástico y la goma, los consoladores en China era huesos de animales. Se seleccionaban en función de la longitud y el grosor deseados y se pulían para darle una forma parecida a un pene. Con el tiempo (y el uso) el hueso iba tomando un color más oscuro, un hecho muy valorado por las usuarias, ya que consideraban que le daba un toque más realista. El museo de  Tongli cuenta con varias muestras de distintas épocas.

El museo es todo un elemento transgresor en la actual China comunista. Su abrió por vez primera en 1995 en Shanghái, en una calle muy estrecha. Como nadie transitaba por allí, a Liu Dalin se le ocurrió poner un cartel con una flecha. El gobierno local consideró que esa señal era una “ofensa a la decencia pública” y la tuvo quitar. Falto de recursos y sin posibilidad de promoción, su creador ha estado a punto de clausurarlo en varias ocasiones. Aunque, al final, siempre persiste.

De lo que se lleva y lo que se deja atrás

27 ago 2011
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ASER GARCÍA RADA

Las maletas del italiano Giussepe Minnit (1950), la croata Marija Bacic (2002) y el irlandés Thomas Durray (1887) dan la bienvenida al Museo de la Inmigración de Melbourne, la ciudad más europea de la mayor isla del planeta, pero podrían ser las de cualquiera de los más de nueve millones de personas recibidas por este territorio hostil desde que en 1788 lo pisaron sus primeros colonos, mayoritariamente presidiarios y soldados.
Porque Australia “es la única nación que comenzó como prisión”, según el hilarante Bill Bryson en Down Under (En las antípodas), de obligada lectura. Entre 1788 y 1868, 160.000 convictos británicos e irlandeses llegaron a sus costas. En la reproducción de los camarotes se observa el contraste entre instrumentos musicales y juegos de cartas o ajedrez, con el expreso temor a que la fiebre tifoidea, la tuberculosis, el cólera o la difteria iniciaran un viaje distinto. Aunque, dadas las precarias higiene y alimentación, la mayoría de decesos se debía a trastornos comunes, como la diarrea.
Guerras como las mundiales o la de Vietnam contribuyeron al éxodo, como muestran historias personales de decenas de migrantes. Por ejemplo, la del fotógrafo de Time Yasser O. Hussein (Bagdag, 1975), músico que, tras la invasión iraquí de Kuwait, trabajó como chófer de periodistas. Tras su secuestro y tortura por terroristas, emigró a Jordania y posteriormente a Australia.
“Se incentiva a las diferentes comunidades, con las que se organizan exposiciones y festivales, a mantener sus tradiciones y a compartirlas con los demás”, asegura Amanda Linardon, relaciones públicas del centro, situado en la Old Customs House, la antigua oOficina de Inmigración.
Sin embargo, según la Universidad de Western Sidney, el 84% de los australianos cree que hay prejuicios raciales. Además, las relaciones con los aborígenes no han sido fáciles, lo que llevó en 2008 al Parlamento a disculparse por haber desarrollado leyes y políticas que produjeron “profundo dolor”.
Aunque Australia es, junto con Canadá, Israel, y Nueva Zelanda, uno de los pocos países que promueve la inmigración, otras legislaciones tampoco la facilitaron. Destaca la Ley de Restricción de la Inmigración o política de la Australia Blanca, establecida en 1901 a raíz de la afluencia de chinos durante la previa fiebre del oro, que limitaba la inmigración fundamentalmente a europeos blancos.
No fue hasta 1958 cuando la Ley de Migración retiró toda referencia racial, aunque persistieron sistemas de restricción como el Numas, implantado en 1979, según el cual la edad, la lengua, la cualificación y el estatus familiar otorgaban un valor que determinaba la idoneidad del aspirante. Aun así, en Australia “se promueve la multiculturalidad”, según Linardon. Emigrantes que inicialmente fueron británicos, posteriormente europeos y últimamente asiáticos. En la actualidad, cuatro de los 22 millones de pobladores de la isla han nacido fuera de ella.

La cara más amable de las Fuerzas del Orden

26 ago 2011
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DAVID BRUNAT

Museo de la Policía

La Policía de Pekín despierta muy pocas simpatías entre los ciudadanos. Los agentes son tomados por vagos, arbitrarios y desastrados. Una imagen totalmente opuesta a la que puede verse en su museo, abierto en agosto de 2001, justo hace diez años. En este recinto, los visitantes se ven expuestos a una auténtica sobredosis de eficacia, pulcritud y hasta una cierta mística policial.

El edificio consta de cuatro plantas y 1.500 objetos. En la primera sala, el elemento estrella no son armas, mapas o uniformes de otros siglos, sino un pequeño y desvencijado teléfono. Esta terminal es la que durante 12 años utilizó el idolatrado presidente Deng Xiaoping (líder entre 1978 y 1997) para comunicarse con el “centro de seguridad” de la comisaría central de Di’anmen.

A través de su enrollado cable se dieron, a buen seguro, muchas de las instrucciones que recibió la Policía entre abril y junio de 1989, cuando miles de estudiantes se manifestaron por la democracia y los derechos humanos en la plaza Tiananmen. Casualmente, la ficha del aparato no hace referencia a ese episodio, el momento más tenso que jamás vivió la Policía pekinesa en el siglo XX.

Como hablar de la seguridad del Estado es demasiado sensible (la Policía y la Oficina de Seguridad Pública se encargan de perseguir, encarcelar y torturar a disidentes políticos y elementos perniciosos para el régimen), los gestores del museo prefieren centrarse en casos anecdóticos y artilugios curiosos. Como, por ejemplo, el primer vehículo policial a motor que tuvo China, allá por el todavía imperial año 1900, y que para mayor orgullo es de fabricación china.

La “zona prohibida” del museo se encuentra en la segunda planta, dedicada a los casos criminales. Como hay que preservar las formas, apenas aparecen asesinatos sangrientos, corrupción a gran escala o hurtos masivos. Al contrario, la Policía demuestra que a los criminales se les suele atrapar, ahora y en el siglo pasado, por pequeños detalles de la vida cotidiana. Como el ladrón detenido gracias a una chaqueta que previamente había pasado por la lavandería y que tras ser ubicada proveyó la dirección del individuo; o la maleta abandonada que contenía un cuerpo descuartizado en su interior. La Policía llamó al fabricante, este contactó con la tienda que la vendió y eso permitió rastrear al asesino, que había huido a un hotel en la otra punta del país.

En la última planta, el visitante puede encontrar cientos de armas y artilugios usados en el último siglo, desde trabucos hasta pistolas semiautomáticas. Y un dato: el traje de los agentes antidisturbios pesa 20 kilos y es de fabricación francesa. Un auténtico peso para correr tras los alborotadores aunque también un seguro de vida; su armazón puede soportar una fuerza de hasta dos toneladas.

Museo de la Policía de Pekín
Dongjiao Minxiang, 36. Pekín, China
Horario: 9.00-16.00
teléfonos: (86) 010 85225018 / 85225019

El baño que se convirtió en museo

25 ago 2011
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MAJO SISCAR

Si Marcel Duchamp expuso un urinario en un museo en 1917, 80 años después el artista mexicano Vicente Razo
convirtió el baño de su casa en un museo. Este artista visual recopiló durante años toda la parafernalia satírica popular en torno al presidente de México, Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), uno de los políticos más influyentes aún ahora, pero también el mandatario más polémico de los últimos tiempos. Salinas asumió el poder con serias acusaciones de fraude electoral y fue el impulsor del neoliberalismo en el país con la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y una privatización masiva de empresas estatales, incluida la banca. También ha sido acusado de graves fraudes fiscales y corrupción.

La impopularidad que se ganó a pulso se materializó en centenares de revistas, panfletos, CD, casetes, camisetas, máscaras o figuritas satíricas con su imagen. Razo coleccionó todos estos objetos que él considera “exorcismos callejeros de pesadillas revolucionario institucionales” y los expuso en el baño de su casa. Sí, encima del retrete puso una careta del presidente ataviado como el Chupacabras, en el lavabo un luchador mexicano levantaba la cabeza de Salinas gritando justicia, en las estanterías lucía una rata disecada con la cara del presidente por cabeza junto a decenas de otras estampas y en las paredes colgaban una docena de piñatas y judas –unas esculturas de cartón piedra con forma de demonio que se queman en las fiestas populares– que muestran a un Salinas murciélago, diabólico, orejón o cubierto de billetes. Así, en marzo de 1996 inauguró esta peculiar exhibición bajo el nombre de Museo Salinas.

“El simple acto de bautizar mi baño como museo produjo efectos mágicos: desde artistas, pasando por amas de casa y burócratas, hasta periodistas de todas las nacionalidades transitaron por mi museo-baño”, cuenta Razo en la Guía Oficial del Museo Salinas, impresa por Smart Press cuando mostró la obra en Los Ángeles. La idea, extremadamente irreverente, no sólo causó sensación sino que logró dotar de sentido artístico a estas bagatelas callejeras que de otra manera hubieran
desaparecido. Así, al recopilar, agrupar y exponer todo este imaginario colectivo, Razo convirtió algo efímero en una obra de arte conceptual con alto impacto analítico y estético.

Ante unos museos que respondían a “una agenda colonizada y elitista” Razo creó en su baño “una zona autónoma, un posible espacio de poder y resistencia”. Sin embargo, este verano su trinchera ha saltado los muros de su intimidad para ocupar el Museo Universitario de Arte Contemporáneo de la UNAM. El Museo Salinas se puede visitar hasta el 27 de noviembre dentro de la exhibición Antes de la resaca, que agrupa obras de la generación de artistas mexicanos de los noventa. Después volverá a su espacio original.

Insurgentes Sur 3000, Centro Cultural Universitario (México DF)
Miércoles, viernes y domingo (10 a 18 h); Jueves y sábado (12 a 20 h)
Precio de la entrada: 40 pesos mexicanos (2,5 €)
www.muac.unam.mx

Un intruso en la familia

24 ago 2011
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ANA DELICADO

MUSEO DE LA DEUDA EXTERNA

No se asusten los que no sepan de economía. Desde el Museo de Deuda Externa, dependiente de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), recuerdan lo que dijo en una ocasión el famoso intelectual y escritor argentino Raúl Scalabrini Ortiz: “Los asuntos de economía y finanzas son tan simples que están al alcance de cualquier niño. Sólo requieren saber sumar y restar”. Y si alguien no entiende a un economista, “debe preguntar hasta entender. Y si no entiende, es que está tratando de robarlo”.

Bajo la premisa de “Deuda externa, nunca más”, se instauró este museo de vocación crítica y social. Así, el visitante podrá conocer los atropellos y las mentiras que acompañaron el endeudamiento de Argentina y que consiguieron sumir en la pobreza a uno de los países más ricos del continente.

En la década de los noventa, cuando la deuda externa llegó a su apogeo, ni los ámbitos académicos ni los medios de comunicación hacían mención alguna a este asunto relegado a los especialistas. Así llegó el colapso económico de 2001-2002 y la consiguiente crisis política y social más salvaje que haya sufrido Argentina en los últimos años. Por aquella época, un grupo de 20 voluntarios, estudiantes y graduados en Ciencias Económicas, vio la necesidad de rescatar un tema considerado tabú. Lo hicieron a través de su facultad, que en aquel momento era la única, de todas las que forman la UBA, que no contaba con un museo propio. Desde entonces han organizado dos muestras permanentes en las que explican el proceso de la deuda externa desde los años de la colonización hasta el presente. Pero el trabajo continúa.

Conscientes de que este asunto comenzaba a tener cada vez más proyección, no se conformaron con el Museo de la Deuda Externa. A lo largo de estos años han salido del recinto universitario y se han acercado a instituciones y a colegios con charlas, proyecciones e incluso con una colección de historietas en las que se aborda la relación del país con el FMI, el canje de deuda por educación, o “las actuaciones estelares” de las sucesivas administraciones, entre las que destaca la de la dictadura (1976-1983) y la del expresidente Carlos Menem (1989-1999).

Todos estos proyectos nacen por “una responsabilidad social con la comunidad de la que formamos parte”, dicen desde el museo. Convertibilidad, bonos, reestructuración, cesación de pagos o la función de los acreedores internacionales ya no deben ser cuestiones obtusas de difícil explicación, sino conceptos reconocibles con el fin de que no vuelvan a producirse más engaños, ni saqueos. La trayectoria de Argentina ha servido de ejemplo en este caso, pero tantos otros países pueden aprender de sus errores. “Es un compromiso con la verdad histórica”, añaden, que no debería tener fronteras.

c/ José E. Uriburu 781 (Edificio Anexo de la Facultad Cc Económicas)
Teléfono: (0054) 11 4374-4448 (int. 6552)
Horario de atención: lunes a viernes de 9 a 21 h.
www.museodeladeuda.com.ar

Cueva de asesinos en la cuna del Renacimiento

23 ago 2011
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DANIEL DEL PINO

Es difícil prever la reacción que tendría Lorenzo de Medici si levantara la cabeza y viera en su Florencia, la misma que le apodó el Magnífico en el siglo XV, un rincón llamado Museo de los Asesinos en Serie a escasos cinco minutos de la catedral de Santa Maria del Fiore. Quizá le daría un cierto repelús porque en esa iglesia presenció la muerte de su hermano Giuliano el 26 de abril de 1478. Y él mismo estuvo a punto de perder la vida si no fuera porque escapó a tiempo para esconderse en la sacristía.

Los Pazzi (o los “locos”, en español, apellido que le viene como anillo al dedo a esta historia) eran la segunda familia más importante de la ciudad y habían urdido un plan para acabar con la hegemonía de los Medici con la colaboración del papa Sixto IV, que desde Roma no veía con buenos ojos ni el poder económico ni la afición de Lorenzo por las nuevas artes que impulsaron el Renacimiento y lo propagaron por toda Europa. La refriega acabó por 80 a 1 a favor del Magnífico que, apoyado por el pueblo, fue ajusticiando y colgando del campanario de la catedral uno a uno a los sospechosos de haber participado en la trama.
Pero pasado el malestar, es probable que Lorenzo, alma inquieta y mecenas de personajes como Alessandro Botticelli, Miguel Ángel o Leonardo da Vinci, se interesara por lo que este pequeño pero potente museo propone a los viajeros que quieran darse un respiro (y tengan un estómago resistente) entre monumento y monumento.

Porque además de explicar la vida y obra de los asesinos más terribles de la historia trata de ahondar, a través de diversos análisis y teorías, en las motivaciones psicológicas que llevan a los seres humanos a cometer tales atrocidades.
La visita parte de Gilles de Rais, alias Barbazul, que iba para héroe (participó en la Guerra de los Cien Días y se dice de él que profesaba un amor loco por Juana de Arco) y se convirtió en un monstruo proclive a ahorcar, apalear, descuartizar y violar niños. A él se le adjudica la desaparición de entre 200 y 800 menores entre 1432 y 1440, aunque sólo se pudo probar el asesinato de 50. Murió empalado y quemado en la hoguera.

El recorrido continúa después por orden cronológico con la condesa sangrienta, Erzsébet Báthory; Jack el Destripador; Ted Bundy; John Wayne Gacy, conocido como el Payaso Asesino; Andrei Chikatilo; Jeffrey Dahmer; Albert Fish; Ed Gein; y el esperpéntico Charles Manson, famoso por haber ordenado la muerte de Sharon Tate, en esa época, la mujer del cineasta Roman Polanski.

El museo le dedica un apartado especial a los asesinos en serie más famosos de Italia y se acerca a los estudios del médico y criminólogo Cesare Lombroso. Además, hay una última etapa dedicada a la pena de muerte con réplicas de varias salas de ejecución.

Museo de los asesinos en serie
Florencia, Via Cavour, 51.
Precio de la entrada: 10 euros. Horario: 10.00 – 23.00 lunes a domingo.
www.serialkillermuseum.it. guía audio en español

El negocio de los hombrecillos verdes

22 ago 2011
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ISABEL PIQUER

Museo alienígena de Roswell. Nuevo México (EEUU)

En julio de 1947, algo pasó en el noroeste de Roswell. Durante una tremenda tormenta un objeto se estrelló cerca de la pequeña población de Nuevo México ¿Un platillo volante? ¿ Un avión? ¿Qué pasó exactamente? Pasar no pasó nada durante 30 años, hasta que en los ochenta, el científico Stanton Friedman rescató la historia. Y así surgió el museo Roswell, dedicado al “incidente” sobre el que tantas teorías conspiratorias se han escrito.

El comunicado de prensa del Ejército del Aire, que redactó su responsable del prensa el 8 de julio de 1947, el teniente Walter Haut, despertó el interés de la prensa al mencionar que el personal de la Brigada 509 de bombarderos había encontrado cerca de la modesta granja de Mack Brazel los restos de un “platillo volante”. Al día siguiente, los militares rectificaban y hablaban de un “balón meteorológico”. Convocaron incluso una conferencia de prensa en la que mostraron trozos de un artefacto que parecía confirmar su versión. Pero no hubo forma y así nació el mito.

Después de que Friedman mostrara interés en el tema, rescatando antiguos testimonios, fue el exteniente Haut a quien se le ocurrió la idea, a principios de los noventa, de crear un museo dedicado a Roswell. Se juntó con Glenn Dennis, el embalsamador de la pequeña localidad que el Ejército llamó para presuntamente hacer la autopsia de “tres cuerpos desmembrados”, hombrecillos que miden 1,20, contó luego Dennis. Junto con el promotor Max Littell fundaron primero una organización dedicada al estudio del suceso y, en otoño de 1992, el museo.

El recinto incluye, además del incidente de Nuevo México, una biblioteca repleta de fotos y literatura sobre “encuentros en la tercera fase”, el área 51, la base militar de Nevada que no existe oficialmente y los presuntos raptos y desapariciones perpetrados por extraterrestres.

La intención del museo “no es la de convencer a nadie, sólo se anima a los visitantes a hacerse preguntas; muchos vienen varias veces al año y algunos se quedan días en nuestra biblioteca, investigando”, aseguran sus responsables, que sin embargo hacen todo lo posible por probar la existencia de los hombrecillos.

La fiebre alienígena ha resultado ser una auténtica lotería para Roswell. El museo se ha extendido al centro de la pequeña población, donde tiene ahora cuatro sedes; todo en la ciudad vive de los misteriosos e improbables aliens. En los últimos ocho años se han construidos seis hoteles, nuevos restaurantes y sedes de cadenas comerciales que nunca hubieran pensado abrir tiendas en una localidad tan remota de no ser por los misteriosos visitantes y los terráqueos que supieron explotar su visita. De hecho, las cosas van tan bien que el museo tiene planeado abrir una nueva sede ultramoderna, frente al “único McDonalds con temática UFO (Unidentified Flying Objects)”.

Roswell, Nuevo México
114 North Main Street.
Tel-00-1-800-822 3545
www.roswellufomuseum.com
La entrada cuesta 5 dólares (aunque también tienen pases anuales por 18 dólares para los forofos de verdad)