Carlos París, un gigante del pensamiento

Lidia Falcón

Carlos París ha sido un gigante del pensamiento. Hubo una generación que construyó las escuelas y los hospitales, las carreteras y los puertos de España, que a mediados del siglo XX fue la que sacó al país del atraso estructural que padecía hacía siglos, y hubo una generación de gigantes del pensamiento y de la ciencia que construyó el proyecto de país que debería haber sido en el siglo XX, si los enemigos del progreso y de la humanidad no lo hubieran arrasado. Carlos París pertenece a ella.

Su obra filosófica permanece como la más original y creadora de la filosofía de un siglo en España. Y para demostrar esto no hay más que ir a la biblioteca.

Desde la más temprana juventud –Carlos París gana las oposiciones a profesor adjunto de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense a los 22 años, y la cátedra de la Universidad de Santiago de Compostela a los 25– su magisterio, sus libros, sus conferencias, sus colaboraciones en prensa, van desarrollando el análisis y la comprensión de los fundamentales problemas humanos y sociales.

Desde su tesis doctoral Física y filosofía que entra en un terreno muy poco explorado en la filosofía española, en aquellos siniestros y oscurantistas años cuarenta y cincuenta, abre la investigación y la comprensión a la Filosofía de la Ciencia, una disciplina de la que en las cátedras regidas por la casta eclesiástica del franquismo no se tenía más que desprecio, regido el pensamiento por la escolástica medieval.

Desde ese comienzo, Hombre y Naturaleza, Ciencia, conocimiento ser, Mundo Técnico y Existencia Auténtica, El animal cultural van abriendo los caminos de comprensión y análisis de la antropología filosófica, a la vez que en Crítica de la Civilización Nuclear hace un retrato perfecto de la sociedad de nuestro tiempo, y prevé lúcidamente la corrupción profunda de una civilización que asienta su poderío en la explotación económica, en el armamento militar y en la depredación del planeta.

Su obra Unamuno, estructura de su mundo intelectual, supera en profundidad y originalidad todos los otros trabajos que sobre el filósofo vasco se han publicado. A la vez, su preocupación por construir una Universidad que abarcara todos los aspectos del saber humano, que abriera sus puertas y sus mentes a los mejores científicos y pensadores, que formara alumnos apasionados por aprender que correspondieran al placer que él sentía por enseñar, le llevaron a trabajar profusamente sobre los problemas de aquella institución a la que tanto ha amado y a la que ha entregado una importante parte de su vida. La Universidad española actual: posibilidades y frustraciones es el mejor análisis de ella, que de no haber topado con los espíritus ruines que la han gobernado y la gobiernan, hubiera sido la guía de ministros y rectores, ignorantes y mezquinos, y hubiera podido salvarla en vez hundirla en la mediocridad y la insignificancia que hoy padece.

A la labor divulgativa y pedagógica también dedicó tiempo y sabiduría con los textos Lucha de Clases y un Tratado de Filosofía para enseñanza media.

Al mismo tiempo, y todo al mismo tiempo, porque a pesar de ser un hombre minucioso y pausado supo llenar su vida de una obra enorme y de una actividad incesante, su compromiso personal con el avance de la humanidad le llevó a invertir su tiempo y energías en las luchas antifranquistas en los años más duros del enfrentamiento universitario con la dictadura. Desde el 60 hasta el 68, en la Universidad de Valencia, donde su postura inflexible y sin componendas ni claudicaciones le llevaron a ser el referente de la cátedra en el claustro de profesores, frente a tantos otros oportunistas y aprovechados.

Y será en la Universidad Autónoma de Madrid –que él contribuye a crear y donde constituye el Departamento de Filosofía, en los años setenta– donde lidere la oposición al régimen franquista desde la cátedra que él creó, lo que le convirtió en enemigo directo del ministro franquista Julio Rodríguez, que le cerró el Departamento de Filosofía en el año 1973.

Pese a ello, fue elegido presidente de la Sociedad Española de Filosofía.

Comenzado el periodo democrático, fue inmediatamente elegido decano de la Facultad de Filosofía y Letras. Y el Partido Comunista le presentó como candidato al Congreso y al Senado, donde fue el más votado de su lista.

Después, se le otorgó el doctorado Honoris Causa por la Universidad de Valencia, en 1991.

Nombrado catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid, fue invitado a numerosas universidades estadounidenses a dictar conferencias y cursos sobre los temas filosóficos que él había desvelado y también sobre su profundo ensayo sobre Don Quijote, Odiseo y Fausto.

En el terreno de la narrativa, publicó una novela, Bajo constelaciones burlonas, deliciosa y satírica crónica de los años cincuenta en España, y La máquina speculatrix, cuatro relatos sarcásticos geniales.

Ética Radical es su último ensayo, publicado en 2012, del que en un año se han vendido cuatro ediciones y en el que con la lucidez y certeza que le caracterizan hace un análisis con escalpelo de todos los problemas actuales que aquejan a nuestro país y a nuestro planeta.

A punto de publicarse se halla su último trabajo: la recopilación de las conferencias que ha dictado en el Ateneo en los últimos años, con el título de La Época de la Mentira, que aparecerá en marzo en la editorial Tecnos.

Son innumerables sus artículos filosóficos o de divulgación social, y lascolaboraciones periodísticas, que trataron de todos los temas fundamentales de nuestro existir y desarrollo humano.

Carlos París solo ha existido uno, y acabamos de perderlo. No será posible compensar este vacío en mucho tiempo.