Los fundamentalistas

La controversia en el seno del PSOE y el drama que están representando sus dirigentes ha desatado la alegría entre los sectores fundamentalistas de la izquierda. Ya conocemos a los fundamentalistas de derechas, aquellos de los que Víctor Hugo, llamándolos ultras, decía que eran a los que la nieve les parecía poco blanca y el rey poco monárquico. Pero también existen los de izquierda para los que todos son enemigos de derechas excepto el pequeño grupo que se entienden entre ellos. Estos también son peligrosos porque impiden los pequeños avances en aras de una revolución nunca alcanzada.

Que la socialdemocracia se haya comportado como la historia nos enseña, y de la que he escrito algunas pinceladas, no significa que se la pueda identificar con la derecha. Esa burda comparación únicamente lleva a apoyar el mantra repetido por una parte de la población, la más desinformada, de que “todos los políticos son iguales”, con el peligro de que el desprestigio de la Política, con mayúsculas como la escribiría Aristóteles, conduzca a la gente, como se denomina ahora a las que antes eran masas, a escoger el fascismo.

El PSOE no representa a la derecha que constituye el PP. No sólo porque se constituyó para defender a los trabajadores frente a la patronal,  aunque en el curso de un siglo haya claudicado en varias ocasiones de sus objetivos, sino porque se concitan dos cuestiones importantes:

1.- Que ha defendido, y defiende, legislaciones liberales en cuestión de conductas sociales, sobre todo en lo que se refiere a la mujer. Desde que adoptó la defensa del voto femenino, tardíamente desde luego, los temas fundamentales del feminismo están en la agenda del socialismo: el divorcio, el aborto, la lucha contra la violencia machista, la igualdad, la paridad, el matrimonio homosexual, aparte del mantenimiento de asociaciones civiles que reivindican la igualdad de salarios, la escuela pública, la sanidad universal, etc.

Ciertamente en la aplicación de tan nobles principios los dirigentes del PSOE se han mostrado enormemente tibios. Ni la igualdad de salarios se logró en los largos gobiernos socialistas ni la igualdad entre el hombre y la mujer ha llegado a ninguna institución ni estamento. La Ley de Violencia es ineficaz y la de aborto tenía que haber avanzado más, pero no cabe duda de que si por el PP fuera tendríamos a las mujeres apaleadas y violadas pidiendo perdón a sus maltratadores y violadores, mientras que sus propósitos respecto al aborto los vimos claramente en el proyecto de ley de Gallardón.

2.- Quizá lo más significativo es que todavía el PSOE convoca a cinco millones y medio de votantes. Por supuesto no sabemos hoy lo que sucederá en las próximas elecciones, pero lo que necesita una reflexión por parte de los fundamentalistas de izquierda es pensar quiénes son esos electores y electoras y por qué le conceden su voto.

Se está generalizando la afirmación de que el pueblo español es de derechas en función de que se asegura, falsamente, que el PP es mayoritario y que los que votan a Ciudadanos y al PSOE también son de derechas. Pero estos cálculos están equivocados.

El PP no es mayoritario en la sociedad española. Con ocho millones de votos, ha perdido cuatro desde el año 2011, y esos ocho entre los treinta y siete de votantes son meridianamente una minoría. Que la ley electoral le de una preeminencia en el Parlamento y en el Senado no significa que los españoles y las españolas le hayan votado mayoritariamente. Otro estudio para sociólogos es el de las regiones y sectores de producción donde son dominantes.

Los y las votantes del PSOE no lo escogen por ser de derechas. El PSOE sigue teniendo el curriculum de socialista, de haber sido perseguido durante la dictadura, de ser dominante en el sindicato UGT, de haber mantenido una cierta conmiseración con los pobres en las regiones más atrasadas donde ha gobernado siempre: Andalucía, Extremadura, Castilla La Mancha. Los asturianos que mantienen la fidelidad a ese partido desde los años 30 no lo votan porque piensen que es de derechas. El y la electora del PSOE lo escogen por oposición al PP, no para que haga la política de este. De ese modo se desencadenará el drama entre sus militantes y votantes cuando sus parlamentarios se abstengan y permitan un gobierno de Mariano Rajoy.

Unidos Podemos se consideran claramente de izquierdas y reúnen otros cinco millones de votantes. Incluso los que se decantan por Ciudadanos lo hacen porque creen que es más liberal o progresista que el PP. Explicación que me han dado más de uno de sus seguidores.

Todos estos electores suman por tanto más de trece millones de votos frente a los ocho del PP. Y eso descontando las formaciones de extrema izquierda que ellas juntas restan bastantes miles de votos a las mayoritarias.

Y es preciso contar con la abstención que se está acercando al 40%.

Ciertamente hay que admitir que la información y la formación política del pueblo español son enormemente deficientes. Por ello, una parte alinea a Ciudadanos a la izquierda del PP, y otros se apartan espantados de Podemos considerándolo comunista. Para eso se formó a varias generaciones de ciudadanos, y sobre todo ciudadanas, bajo el fascismo, en colegios religiosos y se les inoculó, con todos los medios de convicción que posee el poder, el horror al comunismo.

En estas condiciones, que de momento no es posible cambiar, lo que no se debe, como hacen los fundamentalistas de izquierda, es anatemizar al PSOE negándose rotundamente a aceptarlo en este lado de la trinchera, porque con ello únicamente nos dirigimos a propiciar gobiernos de derecha para medio siglo.

Ya oigo las protestas de mis amigos puristas que recordarán las traiciones, corrupciones y vacilaciones de los socialistas, como si no las conociera, que llevo denunciándolas desde la dictadura. Quiero recordar que en un boletín clandestino titulado La Verdad es siempre revolucionaria,  que me llevó a la cárcel seis meses en el año 1972,  recordaba la definición de Lenin de que los socialdemócratas eran los agentes de la oligarquía introducidos en el seno de la clase obrera.

Pero el mismo autor escribió El izquierdismo, fase infantil del comunismo, útil para comparar con los tiempos actuales, donde aconsejaba a los comunistas ingleses que votaran a los laboristas, para evitar el triunfo de los tories. Porque es evidente que cuando derrotan a la socialdemocracia solo cabe el triunfo de la derecha o peor aún, el avance del fascismo, como se está demostrando en toda la Europa xenófoba y en Gran Bretaña.

A menos que alguien crea que es posible un gobierno de la verdadera  izquierda, al que llaman del cambio para no pronunciar la palabra anatemizada, como se las prometían muy felices Podemos e IU después del 20 de diciembre. Ya se ha demostrado que sus castillos en el aire solo beneficiaron al PP, y de la misma manera sucedería si volviera a darse similar situación.

Un análisis ponderado y objetivo de las conductas y las creencias de la población nos tiene que enseñar que aunque la mayoría no está por favorecer a los bancos y prohibir el aborto, tampoco apoya la nacionalización de la banca y la incautación de las grandes empresas, aterrada ante la amenaza de lo que creen que sería una situación a la cubana o la venezolana. Para eso se ha preparado bien la propaganda de todos los medios de comunicación dominantes. De modo que es bueno que el principio de realidad se imponga en las filas de la izquierda. Toda. Y asuma el axioma de Mao de que lo peor es perder de vista quien es el enemigo principal. Que no es el PSOE. Con el que, necesariamente, mientras no cambien mucho las cosas, habrá que llegar a acuerdos como se hizo en el año 1936 o en la actualidad en las Comunidades donde gobiernan junto a IU y Podemos.

No podemos caer en el mismo error que cometen los socialistas al considerar a los comunistas sus enemigos, como explicaba en el anterior artículo La caída de la Socialdemocracia, que les ha llevado a perseguir sañudamente a todos los que se alineaban a su izquierda. La estupidez de Susana Díaz rompiendo el pacto con IU en Andalucía y convocando elecciones anticipadas la llevó a perder escaños. Y aunque se encuentra más cómoda en su alianza con Ciudadanos, ya que representa la derecha más cerril del PSOE, todo su partido está pagando esa ofensiva suicida contra el comunismo. Pero éste tampoco puede corresponder con la misma moneda a menos que se proponga autoinmolarse a su vez, como hizo Julio Anguita con su equivocada metáfora de las dos orillas que favoreció a Aznar. Los votantes, siempre tan pusilánimes en su mayoría, penalizan duramente a los que se pelean y se decantan por la derecha, tan seria y tan unida siempre.  Si no se reedita el pacto que unió al Frente Popular no tendremos mucho futuro.

Por ello no hay ninguna alegría en contemplar la batalla interna en ese partido ni congratularnos porque se destrocen. Porque como don Juan y doña Inés o nos salvaremos juntos o nos condenaremos a la vez. Y mientras eso no lo entiendan PSOE e IU y Podemos, tendremos que asistir al destrozo de la izquierda, que nos llevará muy previsiblemente a la situación italiana, de la que tanto hemos copiado.