Barcelona, paraíso del porno

Una mujer totalmente desnuda se arrastra por el suelo, a cuatro patas, con los brazos atados a la espalda con cuerdas. Éstas las sujetan dos hombres con capuchas negras que esgrimen en la otra mano un látigo. La escena que les cuento no es una película, es una situación real que se convertirá en película cuando acaben de filmarla. Pensarán que esta información no tiene ningún interés puesto que tales imágenes porno se repiten a millones en las pantallas, con el beneplácito o la indiferencia de la mayoría de la población que tiene el criterio anestesiado, ya que consiente la explotación y la humillación de las “actrices” y la difusión de una cultura machista que forma a nuestros jóvenes en el desprecio, la violencia y la explotación sexual de las mujeres.

La novedad, que me permite convertir este episodio en artículo, es que la tal escena se filma en las calles de Barcelona. Al aire libre, en la Plaza Cataluña, en las Ramblas, en el Paseo de Gracia, ante la ciudadanía que circula por ellas y el divertimento de barceloneses y turistas que se empujan para hacer fotografías de tan singular escena.

Con el permiso del Ayuntamiento. Ese Ayuntamiento que se autotitulaba del cambio. Y ciertamente puede ser acertada esta calificación, puesto que no decían hacia donde iba a cambiar. Eso es lo que permite esas ambigüedades, eufemismos y retorcidos títulos con los que las modernas formaciones sociales y políticas se han definido. Efectivamente es un cambio que en una ciudad se permita, por la propia administración, exhibir mujeres desnudas, en posiciones vergonzosas y humillantes, apaleadas por hombres con pinta de verdugos, en plena calle.

Cuando el Partido Feminista tuvo noticia de semejante situación y vio los vídeos que se habían hecho sobre diversas escenas, le escribió una carta a la ilustre alcaldesa Ada Colau, que transcribo a continuación:

“A la Atención de Doña Ada Colau, Alcaldesa de Barcelona:

“Estimada Señora, desde la Comisión Ejecutiva del Partido Feminista de España, contactamos urgentemente con usted, para exigirle que retire de inmediato los permisos de grabación de porno extremo a la productora Californiana Kink, para rodar en la Ciudad de Barcelona sus vídeos, por suponer una clara vulneración de los derechos humanos, al estar cometiéndose un delito de violencia machista, con el maltrato físico y la humillación de las actrices de dichos vídeos.

“El nivel de misoginia y brutalidad en las agresiones en vivo es tal que las mujeres se ven obligadas a desarrollar mecanismos psicológicos de autodefensa como la disociación, para soportar la profunda humillación y el dolor que le producen las agresiones físicas y los insultos, prácticas como: escupitajos, descargas eléctricas, encadenamientos, palizas hasta dejar sus cuerpos morados, ser arrastradas por los pelos y recorrer calles así, de la mano de hombres fuertes y corpulentos. Todo ello en las plazas, parques y paseos de la capital catalana. Una descarada apología a la violencia, un aleccionamiento para que los hombres aprendan a maltratar a las mujeres y las mujeres se sometan con gusto a ello.

“No podemos permitir que la Industria del Sexo y el capitalismo nos gane la batalla señora Colau, esto es una cuestión de vida o muerte, porque, sí, señora Alcaldesa, millones de mujeres en todo el mundo son asesinadas por la violencia machista, esa misma que usted está permitiendo en las calles de su ciudad. Apología en mayúsculas del terrorismo machista, complicidad con las mafias de la industria del sexo, proxenetas y pornógrafos que mercadean con los cuerpos de miles de mujeres a lo largo y ancho de nuestro país. Las cifras de la explotación sexual son escalofriantes: medio millón de mujeres traficadas al año, para surtir a los puteros y los consumidores de porno. España es el primer paraíso de turismo sexual de Europa y el décimo a nivel mundial, 45.000 mujeres prostituidas, 1.500 burdeles repartidos por España, sin nombrar los miles de pisos sin declarar que existen. No podemos tener la hipocresía de permitir que esto ocurra y luego lamentarnos por las violaciones a mujeres y niñas en nuestro país, que cada año son más de 15.000. Como ocurrió el pasado verano en la fiesta de San Fermín, un grupo de hombres jóvenes violaron a una chica en manada, grabaron la misma y la difundieron, ¿acaso esto no le suena de algo de lo que está ocurriendo en sus calles?

“Exigimos de inmediato que retire estas grabaciones de sus calles, realizadas en este caso por la productora californiana Kink, una serie de vídeos de porno extremo que se Titulan Humillación Publica ¿Acaso necesita más evidencias? Y que ponga en marcha todas las medidas necesarias para proteger a las mujeres en su ciudad.

“A la espera de una pronta respuesta, reciba un cordial saludo.

Fdo. Nerea Sanchís Rodriguez, Comisión Ejecutiva del Partido Feminista  de España

La pronta respuesta no ha llegado, porque ese Ayuntamiento tan popular y tan allegado a los ciudadanos no responde cuando lo que le preguntan o demandan no le gusta. Como hacen todas las Administraciones elitistas, y aún peor, porque incluso en tiempos de la dictadura muchas veces el Ayuntamiento de Barcelona respondió a mis peticiones.

Y la señora alcaldesa no responde porque en al parecer en su ideario está la aceptación de la prostitución y del porno duro, como actividades no solo legales sino legítimas. Barcelona se ha convertido en una ciudad donde se pueden perpetrar perversiones semejantes. Solamente ante la oposición decidida de las militantes del Movimiento Democrático de la Mujer, de Izquierda Unida y del Partido Feminista, se hizo atrás en su propósito de regular la prostitución permitiendo incluso burdeles en los pisos del centro. Lo que de todos modos sucede, como han podido comprobar varios militantes del Partido Feminista, a los que en las Ramblas se les acercan intermediarios para invitarles a tomar una copa señalándoles los balcones de un edificio cercano, a través de cuyos cristales se ve perfectamente a personas desnudas en posiciones sexuales.

Porque al parecer, en Barcelona, el cambio viene de la mano de proxenetas, chulos, macarras, madames, pornógrafos, que han hecho de la ciudad su paraíso, ampliado ahora a la filmación de películas de porno “extremo” como las llaman, y sobre todo su negocio.

Quizá el auge económico de Barcelona llegue por semejantes actividades, aquella que fue otrora centro industrial y  capital de la innovación y la cultura, convertida hoy en burdel, prostíbulo, mancebía y plató del porno duro.

Supongo que la señora Colau no deseará semejante destino para sus hijas, su madre, hermanas o amigas, como ningún hombre que no sea un explotador sexual lo deseará para las suyas, ni ninguna de las mujeres “decentes” lo deseamos para nosotras. Porque ya se sabe que siempre habrá dos categorías de mujeres, aquellas que nos mantenemos gracias a trabajos dignos, aunque no sean cualificados, y las “otras”, las que para poder comer deben someterse a violaciones, palizas, vejaciones y humillaciones solo propias de la Edad Media. Una prostituta confesaba a una camarada del Partido Feminista que aquel día, desde la mañana,  a las doce de la noche había soportado sesenta penetraciones.

La permisividad de la explotación sexual de las mujeres demuestra la degradación moral de una sociedad. Cuando después de cuatro décadas de lucha feminista nos encontramos con que en vez de haber logrado mayor respeto para las mujeres e igualdad en el trato y la relación con los hombres, el poder público en Barcelona  acepta que prolifere la demanda de los puteros hacia las mujeres más desfavorecidas, que estas se alquilen para filmarlas en las posiciones más humillantes, en mitad de las calles de la ciudad, para aumentar el negocio de las mafias de la prostitución y la pornografía, ciertamente se ha perdido toda consciencia de moral social y de ética radical. De aquí a poco tiempo, el maltrato de los hombres a las mujeres en Barcelona se practicará en público, con la diversión de los viandantes y el permiso de las autoridades.

Ciertamente para ver Barcelona convertida en un burdel y en un plató de porno duro, no merecía la pena haber votado el cambio.