La dignidad de Javier Cercas

Despidiendo el año, el 31 de diciembre, Javier Cercas, nos obsequia con un artículo publicado en el semanal de El País titulado La dignidad del PCE. En él, para defender la línea de Iñigo Errejón, en la polémica que están manteniendo los dirigentes de Podemos, lanza una rabiosa diatriba contra Alberto Garzón a cuenta de la crítica que este se atrevió a exponer contra el eurocomunismo de Carrillo y la Transición.

Cercas, bien conocido gracias a dedicar su literatura a embellecer la Guerra Civil y la Monarquía, se lanza en este artículo a defender arriscadamente a Carrillo, a la Transición y al eurocomunismo (aquel invento de Enrico Berlinguer, secretario general del Partido Comunista Italiano, cuyo fracaso y el del PCI ya vemos), a cuenta de estigmatizar a Garzón.

Los elogios que Cercas dedica a Carrillo, la defensa del PCE y la sorprendente fe eurocomunista que muestra, de quien antes no supimos que se decantara por ninguna tendencia de izquierdas, corresponden a quien ha merecido elogios, apoyos, premios y fama gracias a distorsionar en sus obras la verdadera historia de nuestro desgraciado país. Imposible hacer aquí una crítica de sus novelas Soldados de Salamina y Anatomía de un Instante con las que se compró la fama. Baste decir, para quien no lo conozca,que corresponden a la hagiografía de la reconciliación entre los“bandos” que lucharon en la Guerra Civil y a defender la inocencia del rey Juan Carlos I en la conspiración del Golpe del 23 F. Postura bien premiada por las fuerzas burguesas que construyeron el régimen del 78.

Pero resulta ciertamente chocante que este escritor, nada conocido por su ardor militante, ante las valientes declaraciones de Alberto Garzón que, como él mismo cita: “desdeña el papel desempeñado durante la Transición por PCE” y denuncia –lo que ya era hora- que el PCE ejerció de “izquierda domesticada” por los poderes políticos”, se lance a defender a Santiago Carrillo, a la Transición y a la postura del PCE. Este partido, que en aquella época abandonó sus anteamientos comunistas –para los que había sido creado- y sumisamente se dedicó a apoyar a los gerifaltes posfascistas en su propósito de organizar el régimen de que disfrutamos: es decir el poder omnímodo del capital, administrado alternativamente por el PSOE y por el PP.

Para lo cual tuvo que aceptar que nuevamente se instalara la casa de Borbón en la cúspide del poder y que Juan Carlos, criado, educado y entronizado por Franco, ocupara el trono 39 años, con todas sus prerrogativas, beneficios, comisiones, negocios, socios (recuérdese Mario Conde, Javier de la Rosa, Colón y Carvajal) y familiares (Cristina de Borbón, Margarita de Borbón, Iñaki Urdangarín, etc.) Tan escandalosa ha sido la conducta de ese admirado monarca que es la primera vez en la historia de España que un rey ha tenido que pedir perdón públicamente en la televisión por su golfería. La monarquía sigue siendo la garante de que el régimen del 78 se perpetúe.

También se aceptó que el ejército franquista mantuviera a los oficiales que habían participado en la represión franquista, con los mismos privilegios. Y así, el hoy heredero de aquel mantiene una organización tiránica, donde se alimentan las corrupciones y no cabe ni la democracia ni la disidencia, y donde los mandos actúan igual que bajo la dictadura, como denuncia en este mismo periódico el teniente Gonzalo Segura.

La política del PCE en la Transición aceptó que a la Iglesia Católica, cómplice y beneficiada del genocidio que supuso la Guerra Civil y la Dictadura, se la mantenga con los privilegios que se le reconocieron en los acuerdos pactados al margen de la Constitución. Así, se la subvenciona con decenas de millones de euros cada año, se le pagan todos los profesores de religión, los gastos de mantenimiento de un patrimonio inmobiliario incalculable y se le permiten latrocinios permanentes con la inmatriculación de los terrenos y edificios que le gustan, amén de ser la difusora de una ideología inquisitorial que transmiten sus obispos diariamente contra los derechos y la dignidad de las mujeres, de los homosexuales, de los transexuales y de los hombres progresistas.

La mayor rendición supuso la firma de los Pactos de la Moncloa que arrasaron con los derechos de los trabajadores y hundieron a los sindicatos. En esa misma Transición se organizó que seamos súbditos de las compañías trasnacionales que montaron la Unión Europea que nos ha convertido en un país turístico al servicio de los veraneantes alemanes, y ha arruinado los avances en igualdad social que el Movimiento obrero habían conquistado en cien años de luchas. Ahora más: los tratados transnacionales que firmará la UE con Estados Unidos y Canadá, apoyados por el tándem PSOE y PP, nos reducirán al papel de siervos de los intereses de las corporaciones.

Pero aquellos pactos, para el señor Cercas, suponían “la construcción de un sistema político donde todos cupiésemos”. Y yo supongo que el que cabe cómodamente en este sistema es él, porque las mujeres que arrastramos las más grandes desigualdades, humillaciones y violencias; los trabajadores que están siendo explotados sin freno; los jóvenes sin empleo ni porvenir; los parados, los jubilados, las amas de casa, que viven en la pobreza, cuando no en la miseria, estamos bastante incómodos sometidos al régimen económico y político que Carrillo y Fraga nos organizaron.

Recuerda Cercas que tales pactos fueron aceptados por el PCE de la época, que “desde los años 50 estaba apostando por la reconciliación nacional, para no ajustar cuentas con el pasado y por lo que luego se llamaría “la ruptura pactada””. Y así fue, ciertamente. Y de tal modo, por no ajustar cuentas con el pasado, en España todavía existen 150.000 desaparecidos, enterrados sus restos en las fosas comunes donde los hundieron los criminales fascistas, sin que ni sus descendientes ni nuestra sociedad que los reclama, logre que este Estado pseudofascista que nos oprime acceda a organizar su búsqueda y excavación, a darles sepultura digna ni a anular los infames juicios con que a otras muchas miles de víctimas las ejecutaron y las calumniaron.

Añade el señor Cercas, convertido de pronto en hagiógrafo del Partido Comunista de España: “Si se recuerda que quienes proponían tal cosa eran gentes que habían llevado el peso brutal de la lucha antifranquista y que habían padecido exilio, persecución y a veces cárcel y tortura, se entenderá por qué esa era una apuesta heroica”. Ciertamente el razonamiento lógico no es patrimonio del señor Cercas. La apuesta heroica hubiese sido negarse a apoyar semejante rendición, rechazar la monarquía, el Ejército franquista, los acuerdos con la Iglesia, los Pactos de la Moncloa, aunque fuese a costa de que no se legalizara el PCE, y proseguir la batalla por lograr implantar el socialismo en España, para lo que, como dice Cercas, había luchado durante más de cincuenta años. Aceptar lo que impuso Abril Martorell y Martín Villa y los secuaces fascistas transvertidos de demócratas que gobernaron la Transición, fue precisamente todo lo contrario de
heroico. Fue cobarde y entreguista.

Sigue Cercas despreciando a Garzón porque acusa a los del PCE de ser “una izquierda domesticada… lo que significa despreciar lo mejor de la historia del comunismo español”. Y sus preferencias quedan claras cuando considera que lo mejor del comunismo español fue la aceptación de las imposiciones de todos los poderes fascistas y capitalistas, y no la brava lucha contra todos ellos durante la Guerra Civil y los 40 años de dictadura.

Comienza y termina el artículo diciendo que no le extraña que Garzón tenga problemas en IU, “porque quien no sabe de dónde viene difícilmente sabe adónde va”.

Es evidente que Cercas sabe bien a donde va: a ganarse cada día la aceptación de las clases poderosas de nuestro país con sus escritos aduladores de la política del régimen del 78. Lo que no es de extrañar, dado que bien sabe de donde viene: de una familia falangista.

En vez de defender con tanto empeño la dignidad del PCE podía dedicarse a defender la suya, que falta le hace.