Cómplices necesarios: los intoxicadores

Cuando se cumplen 81 años del Golpe de Estado de los militares facciosos de 1936 y del comienzo de nuestra Guerra Civil, el “relato”, como se llama ahora al análisis de los acontecimientos históricos, de los politólogos y otros expertos en intoxicación ideológica, se hace dominante.

Uno de ellos, de cuyo nombre no quiero acordarme, escribe en un periódico de lustre y ámbito nacional, un artículo infame explicando a los incautos e ignorantes lectores españoles que la guerra de Siria es como la Guerra Civil española. Dos bandos enfrentados, ambos errados, que se matan sin que se sepa muy bien por qué, que en su seno tienen diferentes facciones, una de ellas que pretende llevar la lucha hacia  el triunfo de la democracia y otra, azuzada por los peores objetivos,  que pretende dominar al pueblo para someterlo a la esclavización bajo una dictadura. Ambas facciones  irreconciliables, luchan apoyadas por diferentes potencias internacionales, de las que tampoco ofrece las razones que les llevan a intervenir,   a su  vez fanatizadas y dispuestas a matarse sin objetivo ni causa.

Todo historiador honrado sabe y ha divulgado ya que la guerra civil española fue una lucha de clases: las oligarquías del país, industrial, agraria, bancaria, contra el pueblo trabajador. El ejército faccioso era el brazo armado del capital. No en balde la República separó la Iglesia del Estado, renunció a utilizar la guerra para dirimir los conflictos, implantó una educación laica, aprobó la Ley de Reforma Agraria, declaró la igualdad entre el hombre y la mujer y aseguró, en el primer artículo de su Constitución, que era una República de trabajadores de todas las clases. Esa ofensiva del gobierno republicano contra el capital y la Iglesia que habían dominado el país durante todos los siglos anteriores acabó con ella. Los grupos del Ejército, alzado con la alianza de la Iglesia católica, los banqueros, los caciques rurales y el apoyo ideológico que le prestó Falange Española, se lanzaron a conquistar el país para entregárselo al fascismo y a las clases dominantes. Y el pueblo y la mayor parte del Ejército mantenedor de la legalidad republicana, se defendieron bravamente contra los golpistas.

Porque sabían que en España se dirimía la primera batalla contra el fascismo que se libraría, en forma terrible, poco después en el mundo entero con la II Guerra Mundial. Y lo sabían los campesinos y los obreros, los intelectuales, los científicos, los artistas, los militares republicanos y las mujeres, sin el concurso de las cuales la defensa de Madrid no hubiera durado tres años. Y lo sabían los demócratas de todos los países que vinieron a España a luchar y a morir con las Brigadas Internacionales, para evitar que el fascismo se enseñoreara del planeta.

En España se dirimió el destino del mundo para un siglo. La lucha contra el fascismo que no se dio ni en Alemania ni en Italia, y que consintieron culpablemente las llamadas democracias occidentales, con el liderazgo del Reino Unido que prefirió primero aliarse con Hitler para entregarle los Sudetes checoeslovacos que apoyar a la República española, con la creación de aquel infame Tribunal de No Intervención. Caro lo pagarían más tarde los británicos cuando las V1 y las V2, los primeros misiles no tripulados alemanes, cayeron sobre Londres, y más caro lo pagaron millones de europeos, de judíos y de soviéticos, masacrados por las tropas nazis.

Todo esto es de historia de bachillerato. Cuando se enseñaba historia verídica en las aulas. Ahora el “relato” ha pervertido la escuela, los medios de comunicación, con los comentaristas cómplices de la ideología dominante que vuelve y vuelve, en un eterno retorno,  a intoxicarnos con las mentiras que asustan al pueblo, ignorante y desinformado, para que repudie la República y acepte la monarquía que tan sangrientamente nos impusieron.

En Siria la situación es dramáticamente opuesta. Las potencias internacionales, esas que forman el conjunto de las democracias, con EEUU a la cabeza decidieron acabar con el mundo árabe y el Medio Oriente. Esos países eran aliados de la URSS, Afganistán fue la frontera de la guerra fría, después Irak, Libia, continuaron Egipto y hasta Túnez. Descabezar el movimiento obrero que comenzaba a formarse, destruir los conatos socialistas que se daban en esas naciones, establecer un cinturón de fuego frente a la Unión Soviética primero y Rusia después,  y por supuesto hacerse con las materias primas que poseen: petróleo, gas, las rutas del gaseoducto, el transporte, y destruir a los enemigos de Israel, esos han sido los objetivos de EEUU y de sus aliados, con el inestimable concurso de la OTAN (los mismos protagonistas) y hasta con el perrito faldero de España. Lean a Nazanin Armanian en este periódico, y sabrán más del concierto criminal que ha llevado a destruir el mundo árabe y una de las civilizaciones más antiguas y completas del planeta.

EEUU organizó y financió a los grupos terroristas que ahora nos golpean con diversos atentados, se apoya en Arabia Saudí, de cuyas escuelas fundamentalistas salieron los yihadistas, y sigue siendo el soporte de los diversos y estrambóticos grupos opositores al gobierno de el Asad, a los que la prensa occidental presenta como defensores de la democracia, que están exterminando a la población siria, con el apoyo de los bombardeos norteamericanos.

Nada tiene que ver la historia de nuestra desgraciada República y Guerra Civil, del golpe fascista de Franco y sus secuaces, y del tristísimo final que acarreó 40 años de dictadura, con lo que está sucediendo hoy en Siria.

Y no crean que las “facciones” que se enfrentaron en la contienda española correspondían a dos bandos, como si ambos fueran igualmente delincuentes del crimen organizado. Enfrentamiento entre bandas, la mafia matándose unos a otros. En España existía un gobierno legítimo, votado por el pueblo el 16 de febrero de 1936, que le dio la mayoría absoluta al Frente Popular, y el Frente Popular no era bolchevique. En realidad costó que los coaligados aceptaran al Partido Comunista, y únicamente la influencia de Largo Caballero del PSOE consiguió que participara con su modesta presencia. Las fuerzas políticas mayoritarias del Frente eran Izquierda Republicana, liderada por Manuel Azaña, el PSOE y Unión Republicana. El Partido Comunista solo obtuvo 17 escaños.

Y el otro bando, ese sí un bando de criminales, fueron los militares fascistas, que obtuvieron la ayuda de Mussolini y Hitler, los partidos monárquicos, absolutamente minoritarios en el Parlamento y la minúscula Falange, de la que ni siquiera José Antonio Primo de Rivera obtuvo el acta de diputado por Málaga, en las elecciones del 36, como pretendía.

Y me parece extraordinario que a estas fechas, abril de 2017, cuando se cumplen 81 años del comienzo de la contienda y 86 de la proclamación de la Segunda República tenga que escribir artículos recordando los hechos más relevantes de la Historia de España, que deberían estudiarse en la escuela,  para información de lectores intoxicados por la propaganda franquista. Propaganda  que continua en la pluma y en la boca de los ideólogos del capital que tienen que mantenernos en el engaño y el miedo al fantasma del comunismo, que al parecer vuelve a recorrer Europa.

Porque los cómplices necesarios del régimen monárquico, capitalista y patriarcal que nos oprime, son los intoxicadores que todos los días desde los medios de comunicación nos tergiversan la historia, retorciéndola a su gusto para que los españoles se sientan aterrados ante la posibilidad de que volvamos a sufrir una tragedia semejante a la que asoló España desde 1936 hasta 1976, y pudiéramos caer en las garras del bolchevismo, que según ellos está destrozando Siria.

No se puede caer en más abyección que la que muestran ideólogos, politólogos, profesores y esbirros del sistema, propagandistas del miedo al comunismo y al terrorismo, unificadas ambas luchas como si fueran la misma, para que el pueblo español no pueda caer en la tentación de poner en cuestión el sistema que nos oprime y del que la máxima representación es la Monarquía, y le diera otra vez por votar republicano como hizo en 1931. Ahora que volvemos a estar en abril.