Después del 8 de marzo, ¿qué?

Lidia Falcón

El 7 y el 8 de abril se reúnen la Comisión Política del Partido Feminista y el Frente de Lucha Feminista. Sin duda hemos de celebrar el éxito del 8 de marzo. Otros colectivos y el Área de la Mujer de Izquierda Unida ya se han encontrado para valorar lo que supuso esa jornada, y por supuesto el balance es positivo como también es unánime el decidido propósito de continuar la lucha. ¿Pero, cómo lo haremos?

Los comentarios, artículos, declaraciones, entrevistas de la mayoría de las dirigentes del movimiento feminista muestran su entusiasmo por la celebración de aquella jornada. Pero algunos análisis pecan de irrealismo. Aunque será cierto que una mayor conciencia feminista puede haberse difundido en sectores más indiferentes hasta ahora a la situación de la mujer, eso no significa que se haya dado un verdadero salto cualitativo en la participación y la militancia. A los pocos días de esa jornada histórica, todas, las dirigentes y las de base, estaban de vacaciones de Semana Santa. En las reuniones subsiguientes al día 8 acudimos las mismas que estamos batiendo el cobre desde hace medio siglo.

A pesar del éxito de las manifestaciones y de algunos paros, es evidente que la huelga de 24 horas fracasó, cosa absolutamente previsible, por lo que el análisis que debe hacerse es sobre el voluntarismo que la impulsó.  Las triunfalistas conclusiones que han sacado Justa Montero y otras dirigentes del movimiento sobre la influencia de la huelga en el ámbito de los cuidados, el trabajo doméstico y la reproducción, con profecías que difícilmente se cumplirán, como que a partir de esa fecha nunca más una huelga podrá denominarse “general” si no contempla el ámbito de los cuidados, las mujeres siguen siendo las que, mayoritariamente, llenan los mercados, están esperando a los niños a las puertas de los colegios y de las guarderías, acompañan a los familiares en los hospitales, limpian, cocinan, cosen, lavan y friegan en los domicilios. Y pesar del ingenioso slogan “Manolo, cariño, límpiale el culo al niño”, los Manolos del día 9 dejaron al niño en los cariñosos brazos de su madre y corrieron al trabajo o a su negocio habitual. Al fin y al cabo un día al año no hace daño. Y en la nómina del mes de marzo todas las trabajadoras tuvieron el mismo salario del mes de febrero, las que no habían perdido el empleo.

Únicamente las empleadas de la limpieza de Carrefour de Leganés que están en huelga porque las van a despedir y a reconvertir, cambiaron su rutina diaria, sin que su lucha haya sido suficientemente atendida ni por los medios de comunicación ni por los partidos ni por los sindicatos ni por el movimiento feminista.   

Porque ese día famoso del 8 de marzo de 2018, que pasará a los anales de la historia feminista, la mayoría de las participantes lo vivieron como una fiesta. El grueso de las muchachas y jóvenes que llenaron las calles de las ciudades en una explosión de demandas y de alegría, culminaban en ello varios meses de reuniones y difusión de la huelga y recibían el premio a sus esfuerzos. Desde la noche antes en que en la Puerta del Sol se reunieron para comenzar la huelga, velando las armas que utilizarían al día siguiente, miles de jóvenes se lanzaron a conquistar las calles. Recordaba, y esta vez con mayor asistencia, aquellas asambleas y convocatorias del 15M. Y hubiera podido compararse al mayo del 68, si hubiese durado los dos meses que los estudiantes, en Francia y en otros países se mantuvieron en pie de guerra. Pero un día al año es muy poco tiempo. Florece como el narciso, encantado de su propia belleza y se marchita rápidamente.     

Un mes después de la huelga y las manifestaciones todas las demandas que planteamos, todos los objetivos que nos proponemos, están por alcanzar y no se ve un cambio rápido. En los presupuestos que hoy ha presentado el gobierno en el Parlamento se reduce a 80 millones de euros la aportación de 200 que se aceptó para financiar las modestísimas medidas aprobadas en el Pacto contra la Violencia de Género. Y esta misma semana han sido asesinadas dos mujeres más.

Tenemos la impresión, sino es certeza, que los graves problemas que afectan a las mujeres no les importan realmente ni al gobierno ni a los partidos que lo sustentan. Los presupuestos se aprobarán, con bastante probabilidad, por el concierto de partidos de derecha –algunos se autotitulan de centro- y en ellos no caben las soluciones al drama de los feminicidos ni a las diferencias salariales ni al aumento del paro femenino ni a la carga del trabajo doméstico y el cuidado de la familia.

Me recuerda Pablo Pascual el libro de Susan Faludi Backlash, Reacción en castellano, publicado hace muchos años y que yo prologué, para que seamos conscientes de cómo la reacción que se desencadenó en cuando el Movimiento Feminista comenzó a tener influencia social se ha adueñado del poder. El verdadero poder, el que reside en el gobierno, en el Parlamento, en los Ayuntamientos, en las diputaciones, en los parlamentos autonómicos, en las Cámaras de Comercio, en las organizaciones empresariales, en los medios de comunicación y en las Academias. Ese que decide las leyes que nos rigen, los presupuestos que nos empobrecen, los salarios de miseria, los empleos parciales, eventuales, efímeros, la cultura, la información, la opresión machista y la burla pública. En definitiva, todos aquellos que administran el Capital, y ante los que nos humillamos.

La lucha feminista no es una fiesta. Ninguna causa se defiende bailando y cantando. Ni en casa ni en la calle. Las luchas de emancipación de las clases explotadas son duras, han ocasionado multitud de víctimas, los poderosos siguen exterminando a nuestras compañeras y compañeros de sufrimiento en multitud de países, y exigen innumerables sacrificios.

En este continente europeo, que a pesar de sus carencias y pobrezas es el más rico del mundo, y en esta España. tan martirizada hasta hace tan poco tiempo, hoy disfrutamos de muchas más ventajas y bienes que en los demás continentes y la militancia se ha relajado notablemente. Se habla de cambiar el reparto de la riqueza y las desigualdades, y hasta de conquistar los cielos, pero cuando hay que trabajar solo para conquistar un trocito de poder, aquí en la tierra, una buena parte de las que se han desgañitado lanzando declaraciones revolucionarias se van de vacaciones, o de puente o de fin de semana.

Recuerdo lo que escribí en La Pasión Feminista de mi Vida, sobre el Movimiento que creamos hace cuarenta años, cuando dije que  El Feminismo era una fiesta y no precisamente la de la toma de París a los nazis, en recuerdo de la crónica de Hemingway. Pero salíamos del horrible periodo de la dictadura y teníamos que celebrarlo. La alegría nos desbordaba y no se debía contener. Hoy ya no podemos estar tan contentas. Lo alcanzado ahí está pero lo que nos falta es mucho y tan trascendental como que dejen de matarnos. Y no se pueden celebrar con batucadas y canciones los cientos de muertas que contamos estos últimos años.  

El feminismo ha de alcanzar los puestos de poder si quiere transformar realmente el país. Las movilizaciones rituales en la calle, que duran unas pocas horas, los encuentros de unas cuantas mujeres, de cuando en cuando, las conferencias, asambleas, mesas redondas, entrevistas, programas de radio y televisión –de cuando en cuando- no lo consiguen todo. O gobernamos o seguiremos in eternum chillando con una pancarta en la calle y rogándoles a los partidos políticos que escuchen nuestras constantes reclamaciones.

El feminismo no ha de conquistar los cielos sino el poder político. Ya es hora de que nuestros objetivos y programas tengan espacio en los debates parlamentarios y de las demás instituciones, y nuestras demandas no deban plantearse por mediación vicaria, siempre cicatera, siempre humillante.  

Pero para alcanzar este objetivo es preciso un trabajo constante, serio, riguroso, sin vacilaciones ni ausencias. Ese trabajo de todos los días que es tan aburrido, tan penoso, tan poco espectacular y gratificante. Hay que repartir panfletos y recorrer decenas de kilómetros, estar en la calle todos los días, y no uno al año, convocar actos públicos, que muchas veces tienen escasa asistencia, grabar entrevistas y difundirlas, para repetir incesantemente a una ciudadanía indiferente las mismas denuncias, hasta que convenzan a las mujeres y a los hombres de la necesidad de que nos elijan como sus representantes en las instituciones que organizan, administran y dirigen el país. Todo eso que hacen los partidos políticos y mediante lo cual han logrado sus parcelas de poder que no comparten con nosotras.

El Movimiento feminista ha de convencerse, después de cuarenta años, de que tiene que convertirse en partido político, de la misma manera que lo hicieron otros movimientos para obtener relevancia en el país. El desdén y hasta la hostilidad que algunos sectores del Movimiento manifiestan hacia el Partido Feminista, para demostrar su independencia, corresponden a lo que calificaba en otro artículo como Políticofobia que se ha extendido como una epidemia en el cuerpo social, y que únicamente lleva a esterilizar los esfuerzos de todas y a dejar a las masas al albur de las proclamas populistas tan parecidas a las del fascismo de los años treinta.

Apartándose de la política, mostrando su mejor carácter e ingenio en las calles, mientras se repite que Manolo le limpie el culo al niño,  y sin nunca comprometerse con una opción partidista, se está todavía en la adolescencia del feminismo. De tal modo nunca alcanzaremos la cuota de poder que nos corresponde en el momento de influir en los cuerpos legislativos y ejecutivos.

Para tratar de todo ello, para afianzar nuestra cohesión y determinación de todas y todos los feministas en la lucha, para establecer los objetivos inmediatos a alcanzar y las estrategias que debemos adoptar en los próximos meses a fin de lograr nuestro propósito, nos reuniremos el día 7, de las 11 de la mañana a las 19 horas y el día 8 de las 11 a las 15 horas, en la Librería Sin Tarima, calle Magdalena 32.

Os esperamos.