Opinion · La verdad es siempre revolucionaria

Carta abierta a Francesc de Carreras

El ilustre jurista, Frances de Carreras, antaño en las filas del PSUC, que suele mostrar acierto en las cuestiones constitucionalistas, de las que es experto, nos ha obsequiado con una columna en El País titulada Feminismo y nacionalismo, digna de haber sido escrita por un dirigente del partido VOX.

Comienza preguntándose “¿En qué se parecen hoy feminismo y nacionalismo?” y yo también me lo preguntaba sorprendida cuando la respuesta de Carreras me ha dejado atónita. Según este autor las coincidencias son “el carácter crecientemente dogmático y fundamentalista de ambos movimientos al convertirse en ideologías y creencias cerradas que no admiten discusión”. Después de referirse a como se fraguó el nacionalismo, añade: “Tengo la sensación de que pasa lo mismo con el feminismo”. Banal argumento cuando se basa en sus sensaciones. Poco fundamento para argumentar una tesis para quien es doctor en Derecho y especialista en Constitucional. Pero la siguiente frase aclara su sensación. “La reacción ante la sentencia de la Manada me lo ha recordado” (el nacionalismo). Y ya tenemos la causa de que se haya despertado semejante sensación en el docto catedrático. No le gustan las críticas que ha provocado la sentencia. Asumiendo la misma defensa gregaria que han hecho los jueces, Carreras se siente parte de la casta jurídica que como la sacerdotal no admite que se la ponga en cuestión.

Muy molesto y académico, asegura a las manifestantes –todas víctimas en potencia de la violación de la víctima de la Manada y de la injusticia posterior- que no pueden plantear su disconformidad como lo han hecho sin leer la sentencia, de 300 páginas, ni estudiar las pruebas. Es decir, constituyéndose en jurado popular.

Y sí señor Carreras, en ese punto consiste el problema, en que nuestro ordenamiento jurídico, siempre tan defendido por el catedrático, no contempla que estos delitos sean juzgados por un jurado popular como lo son en el sistema anglosajón. Porque de haberlo sido muy otra hubiera sido la sentencia, como todo el mundo puede imaginar. Pero tanto Carreras, como muchos otros ilustres jurisconsultos, aceptaron o redactaron las normas constitucionales y la Ley de Enjuiciamiento Criminal que restringen los delitos que habrán de ser juzgados por el jurado. Con el mismo miedo que siempre tiene la burguesía a las masas enfervorecidas, los redactores de nuestros cuerpos jurídicos temblaron al pensar que los incultos plebeyos pudieran sentarse en los bancos del jurado y escuchar de primera mano las pruebas y los argumentos que allí se vertieran contra los políticos corruptos, los bancos en quiebra o los ladrones de guante blanco y sentenciarlos. Y también, y aquí se introduce el elemento patriarcal, los delitos sexuales. Había que proteger a las burguesías y sus cómplices de la furia popular y a los machistas de la indignación feminista.

Con un análisis anterior a la segunda mitad del siglo XX, Carreras compara nacionalismo y feminismo diciendo: “¿Cuál es el hilo que conecta feminismo y nacionalismo? La creencia en una identidad colectiva, sea el género mujer sea la nación.” No se puede retorcer más una comparación, aunque supongo que el catedrático será buen conocedor de las discusiones bizantinas y de la escolástica de la Patrística de la Iglesia que invirtieron buena parte de su tiempo y de sus neuronas queriendo desentrañar el misterio de la esencia y la existencia, y el número de ángeles que caben en la punta de un alfiler. Pero después de tan instructivas lecturas hubiera estado bien que Carreras, situándose en el final del siglo XX y el XXI, hubiese estudiado la gran producción que las filósofas, juristas y políticas feministas hemos desarrollado a lo largo de más de cincuenta años. Porque aunque supongo que el catedrático no nos ha leído porque desprecia esos análisis provenientes de mujeres y, a mayor abundamiento feministas, hubiese podido enterarse de que hemos realizado un análisis marxista de las condiciones de explotación y opresión de la mujer a lo largo de los siglos, con la mayor rigurosidad y detalle, como siempre se nos exige a nosotras, tengamos la preparación que tengamos, sometidas como estamos al más feroz, prejuiciado y despreciativo escrutinio por parte de nuestros competidores varones.

Pero tiene razón Carreras cuando rechaza la calificación de género para las mujeres. Porque nosotras en tales estudios, constatados en una praxis continua de nuestras luchas, hemos aclarado que la mujer es una clase. Una clase explotada y oprimida por el hombre. En los años 70 y 80 del siglo pasado fue muy penoso enfrentarse a todo el corpus académico y a los burós políticos de los partidos, para explicar esta definición y difundirla, porque muchos de los pensadores y políticos marxistas de la época, entre los que se encontraba el catedrático, tenían una visión dogmática, corta y medianamente razonada del marxismo.

Carreras dice que en la tradición ilustrada y democrática el feminismo defendía la igualdad de derechos entre hombres y mujeres y acepta que la lucha feminista ha logrado avances en la igualdad que son mayores que entre las clases sociales. “Ahora bien –pontifica- del feminismo de la igualdad hemos pasado al feminismo de la identidad. La mujer es igual a las otras mujeres, no a los hombres”. Ciertamente esta última frase es de Perogrullo, puesto que me parece difícil asegurar que una mujer se parece más a un hombre que a otra mujer.

Bien, repito, le hubiera venido a Carreras leer la historia de las luchas feministas, de sus cambios y de sus avances. Porque la evolución de las ideas que han marcado al Movimiento Feminista ha sido precisamente la contraria de la que él cree. En los años 70, que se prolongaron hasta principio de los 80, se defendió en varias tendencias del movimiento la supuesta identidad femenina como base para defender lo que se llamó “el feminismo de la diferencia.” Pero esa línea de pensamiento y las organizaciones que la sustentaron fueron desapareciendo y hoy no tiene predicamento, sobre todo en nuestro país.

Hoy se libra bravamente la lucha por la igualdad de todas las clases sociales, y así lo defienden las mujeres, como los trabajadores, como los oprimidos del mundo entero. Y no se trata de más identidad que la de ser ser humano. La lucha feminista que comienza antes que el Movimiento Obrero, aunque casi nadie lo sepa, cuyo lema  “Proletarios del mundo, uníos” fue formulado antes que por Marx y Engels, por una mujer, Flora Tristán, creadora de los sindicatos, es la rebelión contra las injusticias que han sufrido y sufren las mujeres ante el poder de los hombres. Y a ello las une las explotaciones económicas a que la división sexual del trabajo, por su papel reproductor, las condena. Pero eso mismo lo dice Friederich Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado.

Le aconsejaría a Carreras que leyera mi libro La Razón Feminista, para que comprendiera que cuando las mujeres se unen en una misma reclamación lo hacen porque están oprimidas, vejadas, humilladas y despreciadas por su lugar que ocupan en la producción, por la porción de riqueza que reciben y por sus relaciones de producción con las otras clases. Es decir, todo lo que las define como clase y no género. Ese constructo posmoderno que únicamente quiere encubrir la base económica y material y despolitizar las categorías marxianas: clase, feminismo, explotación, lucha de clases. Y este análisis nada tiene que ver con lo identitario, ni mucho menos con el romanticismo sino con las revoluciones modernas contra el poder: el Capital y el Patriarcado.  

Cuando los obreros se unen contra la patronal no lo hacen porque tengan una identidad especial en cuanto hombres, sino porque están explotados por los poseedores de los medios de producción. Y cuando las mujeres se unen contra los machistas, los asesinos, los violadores, los depredadores y los jueces y jurisconsultos que los defienden, lo hacen porque ellas son las víctimas de todas esas especies de detentadores de poder masculino.

Descalificar el feminismo comparándolo con el nacionalismo no hace más que defender el poder patriarcal. El nacionalismo es una ideología artificial, creada a finales del siglo XIX para defender los intereses de las burguesías regionales, como bien sabe Carreras y así lo ha escrito. El feminismo surge ante la opresión extrema que sufren las mujeres a manos del poder patriarcal, bien ejercido por la mayoría de los hombres en su propio beneficio. Su lucha, a partir de la Revolución Francesa, para ser reconocidas como trabajadoras primero con derecho a la igualdad de salario, como ciudadanas con derecho a la educación, como sujetos políticos con derecho al voto, y como mujeres con capacidad para disponer de su propio cuerpo en la sexualidad y la reproducción, es la lucha más justa, más universal, más necesaria para liberar de tantas opresiones no solo a la mitad de la población sino a toda ella.

Como decimos en el Partido Feminista de España: “Porque hoy ya no somos un sexo, ni un género, ni las esposas, ni las amantes de los hombres, ni las madres de nuestros hijos, ni seres humanos que piden ser iguales a los hombres. Hoy somos una clase en lucha. “

Porque el feminismo es socialista, ecologista, pacifista, animalista. El feminismo se ha posicionado siempre contra todas las guerras, la esclavitud, la tortura, la injusticia, la explotación económica, la colonización de los pueblos conquistados, el imperialismo, la depredación del planeta, el sufrimiento de los animales. El feminismo es la ideología liberadora más completa, superando al anarquismo, el socialismo, el comunismo, que relegaron las demandas de las mujeres a la espera de las revoluciones que los dirigentes políticos debían realizar.

El feminismo es un movimiento social, es una filosofía de vida, es un programa político, que se adscribe en la izquierda, por su propósito transformador de la realidad, cumpliendo la demanda de Marx de no solo interpretar el mundo sino transformarlo.

Y ahora dígame señor Carreras, ¿Qué parecido tiene esta descripción de la rebelión del feminismo contra el poder, desde la más absoluta pobreza y marginación de la que partían las primeras heroínas que se sublevaron, con las pretensiones de los burgueses y pequeño burgueses nacionalistas, basadas en unas diferencias identitarias genéticas que únicamente pretenden privilegios para su clase?

Cuentan que una vez Velázquez invitó a una serie de personas a ver su último cuadro. Entre los visitantes estaba el zapatero que le hacía los zapatos. Observando la figura que había retratado le indicó a Velázquez que uno de los zapatos estaba en una posición antinatural. Atendiendo a tal crítica Velázquez cogió un pincel y modificó la pintura. Ensoberbecido por el éxito de su crítica, el zapatero a continuación se atrevió a decirle que los colores que utilizaba no eran adecuados. Y entonces Velázquez, en tono contundente, le replicó: “Zapatero, a tus zapatos”.

Señor Carreras, ya he entendido que aporta su pluma para sumarse al concierto de los jurisconsultos que se han sentido ofendidos y hostigados por las protestas que ha provocado la contradictoria y falta de sustento jurídico de la sentencia de la Manada, y el ya ridículo, por machista, voto particular de la misma, porque el corporativismo siempre gana. Pero le pido que se dedique a sus estudios constitucionalistas y a sus análisis sobre el nacionalismo, y puesto que es tan lego en estudios y en luchas feministas, déjenos a las feministas en paz, que ya tenemos bastantes enemigos para sumarle a usted.