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Marcha atrás y sin freno

18 dic 2011
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La crisis está arramblando las tres señas de identidad que fundamentan la socialdemocracia

Ahora que los ojos del mundo occidental en recesión miran con envidia el crecimiento económico de la China en expansión y que la socialdemocracia ha entrado en una profunda crisis de identidad, resulta especialmente pertinente reparar en que el siglo XXI arranca volviendo al siglo XIX.

Produce escalofríos observar la similitud de las condiciones en las que se trabaja hoy en el gigante asiático con las que soportaban los asalariados de la pujante Inglaterra de hace 160 años, como registra el historiador británico Tristram Hunt (El gentleman comunista, Anagrama). Los testimonios son tan asombrosamente parecidos que, si se suprimiera la referencia ad hoc, resultaría casi imposible determinar a qué época y continente corresponde cada uno.

“En las fábricas algodoneras y en las hilanderías hay muchas habitaciones en las que el aire está lleno de pelusa y polvo. [...] Las consecuencias habituales de inhalar polvo en las fábricas son escupir sangre, una respiración pesada y ruidosa, dolores en el pecho, tos, insomnio. Los operarios que trabajan en salas atestadas de maquinaria sufren accidentes. [...] La lesión más común es la pérdida de un dedo de la mano” (Año 1840, Manchester).

“Una jornada de doce horas es el mínimo. Nos hacen trabajar a toda prisa y sin parar treinta horas seguidas o más. [...] Es agotador porque tenemos que estar de pie todo el tiempo. [...] En el suelo del taller no hay lugar para sentarse. Las máquinas no paran durante la pausa del mediodía. Un grupo de tres trabajadores se turna para comer uno por vez. [...] Una gruesa capa de polvo cubre el suelo. El cuerpo se nos pone negro de tanto trabajar allí dentro día y noche. Cuando salgo del trabajo y escupo, escupo saliva negra” (Año 2000. Testimonio de un trabajador textil en China).

La responsabilidad del PSOE

Ante tamaña degradación en los derechos de los más débiles (los más), que se expande cual pólvora prendida por el hasta ahora llamado primer mundo, el reto -y la responsabilidad- del PSOE, como instrumento principal de la izquierda en España, es de una entidad muy superior al cambio de tripulación, e incluso de hoja de ruta, para lograr la reconquista del poder. Siendo así, la peor de las estrategias posibles sería pretender sustentar esta legítima aspiración de todo partido político en la expectativa de que la crisis devorará al Gobierno de Mariano Rajoy como antes engulló al de Zapatero.

Si esto ocurriera, y ocurriera sin que el PSOE hubiera sido previamente capaz de rearmarse reconstruyendo el proyecto socialdemócrata, lo que se estaría abriendo sería la puerta grande para las fuerzas de corte populista, que en los momentos de confusión aglutinan todos los descontentos, barriendo de izquierda a derecha y viceversa. Así lo advierte la confluencia en ese espacio político de dos personalidades con trayectorias tan dispares como Rosa Díez, que en 2000 compitió con Zapatero por el liderazgo del PSOE después de haber ejercido como su portavoz en el Parlamento Europeo, y Francisco Álvarez-Cascos, que fue la mano derecha de José María Aznar entre 1989 y 2000. Agrupando sus fuerzas, aunque la alianza obedezca a intereses coyunturales, han pasado en tan sólo una legislatura de tener un único diputado en el Congreso a poder formar un grupo parlamentario propio, lo que -sin entrar en otras prerrogativas- les confiere el derecho a utilizar la tribuna durante el mismo tiempo que el PP o el PSOE.

La manipulación semántica

Los filósofos del neoconservadurismo rampante saben bien que todo cambio empieza por el pensamiento y que este germina y se expande a través de la palabra como primer vehículo de comunicación. De ahí que la primera misión de la socialdemocracia en estos momentos debiera ser la denuncia sistemática de la sistemática manipulación semántica que practica la derecha. La lista podría ser muy larga. Pero, por ejemplo: no es admisible que se plantee la fórmula de los minijobs como solución al paro juvenil por la sencilla razón de que lo que se está proponiendo no son minitrabajos, sino minisueldos. Por ejemplo: no es admisible que el presidente de la CEOE, Juan Rosell, plantee una reducción de los trabajadores públicos utilizando la palabra “funcionario” no como sinónimo de quien trabaja al servicio del conjunto de los ciudadanos, sino de parásito, y menos cuando de su predecesor, José María Cuevas, no se conoce que hubiera creado nunca un puesto de trabajo. Por ejemplo: no es admisible que se diga que un Gobierno autonómico ha “ahorrado” en la aplicación de la ley de ayuda a los dependientes cuando lo que ha hecho es privar de apoyo a quienes más lo merecen y lo necesitan porque son aquellos que ya hicieron su contribución social y ahora no pueden valerse por sí mismos.

Hormigas o grillos

La crisis está arramblando las tres grandes señas de identidad del socialismo democrático: la libertad, porque es incompatible con el miedo, que constituye la primera manifestación de la incertidumbre, el ADN de esta era dislocadamente volátil; la igualdad, porque -en beneficio de quienes pueden prescindir de ellos- se están socavando los principales elementos reequilibradores, que no son otros que los servicios públicos básicos; y la solidaridad, porque los más castigados están siendo los jóvenes y los ancianos, a los que se estigmatiza con el mensaje subliminal de que son prescindibles, cuando no un estorbo, sin reparar en que así se están desatando el nudo básico de la sociedad (el pacto y la alianza) en el que se asienta la convivencia pacífica entre los seres humanos.

Ante su propia crisis, haría bien la dirigencia del PSOE en tener muy presentes las conclusiones que en 2007 dio a conocer Iain D. Couzin, biólogo matemático de la Universidad de Oxford, sobre el funcionamiento de los enjambres. Miles de hormigas -animales relativamente simples- son capaces, a través de unas sencillas normas, de formar un cerebro colectivo capaz de adoptar decisiones y de actuar como un único organismo en beneficio de la comunidad. Por el contrario, el egoísmo individualista de los grillos mormones les lleva, cuando no encuentran alimento suficiente, a atacar a los que van delante para evitar que se los coman los que vienen detrás.

En los pliegues del tiempo

11 dic 2011
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La socialdemocracia se quedó atrapada entre la caída del muro del Berlín y la de Lehman Brothers

Entre la caída del muro de Berlín (1989) y la caída de Lehman Brothers(2008) los socialdemócratas se han quedado atrapados en los pliegues del tiempo, con sus dirigentes repitiendo con humano empecinamiento los mismos errores políticos que en ambos momentos de crisis global han situado a los partidos de esta ideología al borde de la irrelevancia, un abismo al que se han acercado de forma paradójica cuando más necesarios son para más gente los valores de la libertad, la igualdad y la solidaridad.

Los principales errores que -más allá de variables imprevisibles como la crisis financiera- han conducido al PSOE a su hundimiento electoral, podrían resumirse en el siguiente cuadro: en primer lugar, el distanciamiento, y en algunos casos enfrentamiento, con los sindicatos, especialmente con la UGT. El segundo error, conectado con el anterior, fue iniciar, de manera no consensuada ni suficientemente debatida, una inflexión en las políticas sociales y económicas. En tercer lugar, un liderazgo que se acabó decantando hacia posiciones más de derechas (o moderadas) e incluso tecnócratas. El cuarto error fue la excesiva personalización del poder interno en el PSOE.

El cuadro expuesto es una síntesis del análisis realizado por José Félix Tezanos, director de la Fundación Sistema, pero no está referido a la primera década del nuevo milenio, la que abarca el periodo marcado por el liderazgo de José Luis Rodríguez Zapatero, sino al estudio de “los principales errores políticos” que contribuyeron al hundimiento electoral “de una fuerza política tan formidable, y aparentemente tan bien encarrilada, como era el PSOE de los años ochenta del siglo pasado” (Temas para el debate, octubre 2010). A los cuatro factores enunciados por Tezanos cabría añadir, ahora como entonces, la falta de relato, consecuencia de haber dejado para mañana la narración del hoy, lo que equivale al suicidio político en unos tiempos en los que primero se dispara y después se pregunta.

Por todo ello, quizás resulte especialmente oportuno, ahora que la vieja guardia dirigente parece de nuevo entregada a la tentación de orientar por penúltima vez el devenir del PSOE, rescatar un extracto de la “Carta escrita al Comité Federal (primera y última)” por Felipe González en marzo de 2000, tras el batacazo sufrido por la candidatura que encabezó Joaquín Almunia, bajo el título Renovarse o perecer:

“En lo que se refiere a la condición humana no hay casi nada nuevo bajo el sol. Las discusiones sobre renovación o tradición, sobre ideas o sobre modelos de organización, se confunden en un marasmo de intereses personales más o menos pequeños y respetables. El sentido común se pierde junto con la sensibilidad ante el estado de ánimo de los demás, sean militantes, simpatizantes, votantes o abstencionistas. El grupo humano pierde autonomía de análisis y de oferta, sin salir, por ello, del autismo en que se ha introducido en relación con la sociedad.

No parece discutible que haya que renovarse, ni en el terreno personal (la naturaleza se encarga de ello, si se aferra la gente a permanecer), ni en el dominio de las ideas, de las propuestas (la realidad deja atrás las que pierden relevancia para los ciudadanos). Por tanto, la renovación es una necesidad permanente, que en algunos momentos se hace crítica.

(…) La renovación consiste en dar respuesta de progreso a los nuevos desafíos, con políticas incluyentes del mayor número de gentes de cada sociedad y del mayor número de pueblos en el mundo”.

El cambio de liderazgo

Está demostrado, como así pudo verificarse en las elecciones generales del 20-N, que los cambios de caras, cuando no van acompañados de cambio de políticas, son evanescentes. Pero sería engañarse adrede esperar que el 38 Congreso del PSOE, que se celebrará en cuestión de semanas, vaya a ser el de la refundación de la socialdemocracia. Una auténtica reformulación ideológica exige de un debate a fondo y el PSOE no dispone de mucho tiempo para elegir a un nuevo líder, so pena de emprender la travesía del desierto cual pollo descabezado, la situación más temida por cualquier organización. Así pues, en febrero elegirá a un nuevo líder, cuya misión prioritaria habrá de ser impulsar la refundación o la reformulación del socialismo democrático, activar la tecla ReiniciarPSOE.

Tan equivocado es sobrevalorar la importancia del líder como subestimarla. Como señala Guillem Rico, doctor en Ciencia Política, “las imágenes de los líderes encierran un contenido políticamente sustantivo, y por lo tanto su influencia a menudo adquiere un significado político” (Líderes políticos y opinión pública. CIS 270).

Hasta ahora, el proceso de cambio en el liderazgo del socialismo español se caracteriza por la guerra de nervios, con los aspirantes mirándose de reojo -y con recelo- hasta cuando, como en esta semana, han aprovechado el largo puente para evadirse de la presión.

Alfredo Pérez Rubalcaba transmite unos días la impresión de estar decidido a ir a por todas y otros la de querer apartarse, lo que da pie a que algunos de los que inicialmente apostaban por él sugieran que lo más conveniente para los intereses que representa sería que dejase paso a la tercera vía, sea Ramón Jáuregui, Eduardo Madina o cualquier otro nombre. Los partidarios de esta maniobra opinan que con ese paso atrás privaría automáticamente a Carme Chacón de la etiqueta de “lo nuevo”.

Para los partidarios de la candidatura de Chacón, la tercera vía es sólo un artificio para fragmentar el voto de rechazo a Rubalcaba y creen llegado el momento de sacudir el partido con algún manifiesto o declaración que, abierto a cuantos se quieran sumar, dé cobertura a su probable candidatura sin tener que esperar el alumbramiento de una ponencia marco en la que se esperan pocas sorpresas y muchas enmiendas.

El documento de la Ejecutiva no se conocerá hasta el 8 de enero y al día siguiente comenzará el proceso de asambleas locales del que saldrán los delegados al congreso. Esperar hasta entonces para conocer lo que ofrecen los candidatos sería tanto como pretender que los militantes se pronuncien a ciegas. El tiempo empieza a correr en contra de quienes aspiran a tomar el relevo de Zapatero.

 

Ilustración de Iker Ayestaran

El desfibrilador

04 dic 2011
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Tenían los españoles un equipo médico de cabecera que les diagnosticó un leve resfriado y les prescribió unas pildoretas, que diría Álvaro Pombo. Resultó que era neumonía y que la falta del tratamiento adecuado provocó que degenerara en cáncer. Hubo resistencia a reconocer el error en el diagnóstico que indujo al tratamiento equivocado y, cuando ya no quedó más remedio que rendirse a la evidencia, se prescribió quimioterapia ofreciendo al doliente la garantía de que no sería preciso extirpar ningún órgano. A las puertas del quirófano, el enfermo exigió un cambio en el cuadro facultativo, no por confianza en el que habría de venir, sino por la pérdida de toda la depositada en el anterior, al que ya no habría de creer ni aunque le repitiera el número del gordo de la Lotería después de haberlo cantado los niños de San Ildefonso. A la vista del dictamen forense de las urnas, aquel despido provocó el colapso del cuadro médico.

Contra el infarto –como es sabido– se utiliza como remedio de urgencia el desfibrilador. Hay uno de estos artilugios de emergencia en la sede del PSOE, en la madrileña calle de Ferraz. Ocupa desde hace tiempo un lugar tan visible como discreto a la entrada, pero –a causa de las reducidas dimensiones del vestíbulo– cuando se acumula el personal es cambiado de ubicación y se acerca al semisótano donde se reúne el sanedrín del Comité Federal, la máxima autoridad socialista entre congresos.

La urna de cristal

Tras el infarto electoral del 20-N, precisa el PSOE de un desfibrilador y la oportunidad que tiene de aplicarlo es su 38º Congreso, convocado para febrero al objeto de elegir a una nueva dirección y trazar un nuevo rumbo. Si el tratamiento de emergencia funciona, recuperará el pulso; pero si no es así, entrará en encefalograma plano por un periodo impredecible. Conviene recordar que el instrumento salvador está metido en una urna y que, para poder hacer uso de él, es preciso extraerlo rompiendo el cristal que lo protege en un nicho, a imagen y semejanza de los extintores contra incendios.
Necesita el PSOE romper su urna de cristal para tomar conciencia de que se había convertido en un partido que antes del infarto electoral perdió su identidad y que ahora corre el riesgo de convertirse en un partido no necesario si no afronta de cara su triple crisis: político-ideológica, organizativa y de credibilidad.

La crisis de credibilidad está suficientemente descrita y la organizativa la resumió en Público (28/11/2011), con la mayor precisión descriptiva, Guillermo Fernández Vara, expresidente de la Junta de Extremadura: “Aunque somos un partido laico, hay algo en lo que nos parecemos a la Iglesia: se está quedando sin vocaciones, en los templos se ve poca gente de menos de 50 años. Bien, pues nuestros templos son las Casas del Pueblo”. No es sólo cuestión de edad. No menos precisión descriptiva tienen las palabras de otro dirigente territorial: “Hay gente del PSOE en la universidad, pero no hay gente de la universidad en el PSOE”. Huelga decir que esta tendencia sólo se frenará y se podrá invertir si se crea una nueva forma de militancia política, si se flexibilizan las formas de compromiso, si se abren las puertas y las ventanas, si nadie actúa como si fuera propietario del partido y menos que nadie, sus dirigentes.

Hay también un problema de fondo. Se refleja en una anécdota que resultaría increíble si quien la relata no tuviera una solvencia triple A, a prueba de agencias de calificación: hubo, en vísperas de las elecciones municipales y autonómicas de 2011, una federación del PSOE en la que se descartó la posibilidad de hacer una campaña explicativa del Acuerdo Social y Económico arrancado a sindicatos y empresarios por José Luis Rodríguez Zapatero, a quien los barones socialistas se lo habían exigido públicamente como maná electoral, por la escalofriante razón de que todos los medios se habían puesto a disposición de una campaña explicativa sobre… la Ley de Caza.

Por este camino, el riesgo de que el PSOE se convierta en un partido prescindible es algo más que una conjetura. Ya les ocurrió a los socialistas alemanes y a los franceses, y también a los socialistas valencianos y madrileños. Y en ningún sitio está escrito que el PSOE haya tocado suelo. Ni siquiera los siete millones de españoles que el 20-N se mantuvieron fieles a unas siglas, entregaron un cheque en blanco a sus dirigentes. Es más fácil caer desde el 28% al 20% que remontar hasta el 38%, y si no que se lo pregunten a los socialistas alemanes, la referencia histórica del PSOE.

Rajoy, el peor ejemplo

Una de las peores cosas que le ha podido pasar a la política en general y a la democracia representativa en particular es la mayoría absoluta obtenida por Mariano Rajoy, porque ha venido a demostrar que para llegar a ser presidente del Gobierno en un país como España basta con lograr un férreo control de la sala de máquinas de uno de los dos partidos mayoritarios y sentarse a esperar la caída del líder de turno del otro partido.

La prueba última del mal precedente que ha sentado es que, dos semanas después del infarto electoral, la dirigencia socialista fluctúa entre la esperanza de que el poder se les caiga encima dentro de cuatro años –el Gobierno en funciones prevé que el paro puede incrementarse en 600.000 personas más en el primer semestre del mandato de Rajoy– y el temor a protagonizar una salida en falso, una de esas situaciones que obligan a poner el reloj a cero y empezar de nuevo.
La realidad es tan terca como la verdad y ambas tienen la mala costumbre de volver a entrar por la ventana cada vez que se las arroja por la puerta.