Historias que conviene recordar

24 Oct 2010
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Hace 20 años, le pego cuatro tiros. Esa fue la respuesta que Miguel Núñez, uno de los dirigentes comunistas más perseguidos por el franquismo, dio al periodista e historiador Antoni Batista cuando le preguntó qué hubiera hecho si llega a encontrarse en la calle con su torturador, el temible comisario Antonio Juan Creix. La violencia engendra violencia, ya se sabe. Por no delatar a sus camaradas, Núñez soportó bárbaras sesiones de tortura que le dejaron secuelas para el resto de su vida. La resistencia, tan fuerte como el castigo, llegó incluso a despertar el respeto de los propios torturadores. Contaba Manuel Vázquez Montalbán que años después, al guardar silencio en una detención, el comisario Creix le advirtió: “A ver si te crees que eres Miguel Núñez”.

Antoni Batista acaba de publicar La carta. Historia de un comisario franquista (Debate), un libro que conviene leer. Se trata de una narración histórica. La figura del comisario Creix camina por el escenario de la Guerra Civil, la dictadura y los primeros años de la Transición. El título responde a una carta desolada que el comisario envió a su amigo Rodolfo Martín Villa el 14 de septiembre de 1974, en la que detalló todos sus servicios a la patria. Intentaba salvar su carrera y hacer frente a una extraña sanción motivada por gastos sin justificar durante su estancia en Sevilla. Quien tenía tantos motivos para ser juzgado ante cualquier tribunal de derechos humanos, se hundió por culpa de una trama preparada por antiguos compañeros que querían lavarse la cara en vísperas de los nuevos tiempos.

Y la verdad es que se comprende la desorientación y la soledad del comisario Creix ante las penúltimas autoridades franquistas. Pocos policías habían sido tan leales y eficaces en las operaciones represivas. Después de perseguir a los comunistas catalanes, fue destinado al País Vasco cuando ETA ejecutó al torturador Melitón Manzanas. La violencia engendra violencia, y las torturas del comisario Manzanas fueron uno de los orígenes del terrorismo de ETA, tan cruel después y tan sangriento como el propio franquismo. Creix detuvo a los primeros dirigentes de ETA y luego se hizo cargo de la policía de Sevilla. Reprimió con mano dura un movimiento comunista y sindical muy activo en Andalucía a principios de los años setenta.

Algunos episodios iluminan bien el escenario de la Transición. El general Garicano Goñi quiso matar dos pájaros de un tiro cuando dejó a los comunistas andaluces en manos de Creix. Por una parte, alentó con cinismo la dureza de la vieja policía, para justificar después su depuración ante la llegada de la democracia. Por otra parte, debilitó a la izquierda menos dócil con las exigencias de la monarquía y del capitalismo europeo. Es bueno recordarlo, porque siempre se habla de la Transición como un proceso único encaminado a superar el franquismo. Se olvida que hubo también otra intención tan importante y calculada como la anterior: evitar el protagonismo de partidos políticos a la izquierda del PSOE. La monarquía, el miedo al Estado federal, la injusta Ley Electoral que todavía padecemos y un PSOE centrista, obligado a pactar con la derecha en los momentos decisivos, son algunas de las consecuencias de aquel proceso.

Pero si conviene llamar la atención sobre el libro de Antoni Batista, no es sólo por los datos históricos que ofrece. Interesa mucho destacar el tono. Más que juzgar, calificar y denigrar, el narrador intenta comprender. Y eso supone toda una noticia en el periodismo actual, empujado por la derecha mediática a la crispación, la mentira, el insulto, la chulería y la mala educación. Antoni Batista ya dio un ejemplo de ética profesional en su época de corresponsal de La Vanguardia en el País Vasco, separando la información de la demagogia. Ahora vuelve a recordarnos que para contar lo que ocurre hay que procurar entender. ¿Qué lleva a un buen padre de familia, cariñoso con su mujer y sus hijos, a comportarse de forma bárbara en una comisaría? Víctima él mismo de la represión, el periodista adopta una perspectiva notable a la hora de meditar y comprender, en vez de escribir un
desahogo demagógico.

Poco antes de que Miguel Núñez muriera, Antoni Batista insistió con su pregunta. “Hace 20 años le hubieses pegado cuatro tiros al comisario Creix. ¿Y ahora?”. “Ahora ya no”, respondió Núñez. La democracia engendra democracia.


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