La araña asesina y el ‘suspense’ doméstico de Imma Monsó

13 Sep 2016
Compartir: facebook twitter meneame
Comentarios

Se ha escrito tanto sobre la crisis de la pareja que cuesta imaginar que se pueda abordar sin recorrer caminos mil veces trillados. Sin embargo, Imma Monsó lo intenta e, introduciendo elementos del thriller y el suspense con cierto olor a Hitchcock, se esfuerza por dar otra vuelta de tuerca al tema en El aniversario (Destino), publicada previamente en catalán. El elemento diferenciador es el choque de personalidades, que hace explosión tras más de 20 años de vida en común más o menos armónica, entre una mujer de intensa vida interior (qué no para de leer e incluso de traducir en su cabeza) y un marido que, según ella, no ve más allá de la realidad cotidiana, predecible, simple, apegado mucho a las cuestiones prácticas y nada a las fantasías interiores.

Claro que las cosas no siempre son lo que parecen.

En El aniversario hay dos relatos que transcurren por vías independientes y aparentemente inconexas, aunque el lector no duda nunca de que terminarán por converger.

La primera historia transcurre en el interior de un automóvil, en el que la pareja en crisis, que había decidido que era mejor no dirigirse la palabra para no profundizar en una herida abierta tras muchos años de camuflaje, se dirige hacia un boscoso y semidesierto paraje pirenaico. En el camino, terminan por hablar, por analizar a tumba abierta, con un lenguaje que revela la obsesión de la autora por la palabra, los motivos de que el contraste entre sus caracteres, que no les había impedido la ilusión de una felicidad convencional, haya cristalizado en un choque cataclísmico. En ese proceso, se revela hasta qué punto pueden estar erradas las ideas preconcebidas, lo que la gente cree saber de sus seres más próximos.

La segunda historia se centra en dos adolescentes inadaptados, aunque cada uno a su particular manera, que representan con todo lujo de detalles, viviendo más que actuando, lecturas tan en teoría imposibles de recrear en un medio rural como la trágica apoteosis final de Moby Dick. Sobre todo en uno de ellos, la distancia entre la realidad y la ficción es tan pequeña que ambas se confunden, y con frecuencia es la segunda la que se impone.

Durante la mayor parte del metraje de El aniversario, con la alternancia de capítulos, es como si se leyeran de forma simultánea dos libros sin relación directa entre ellos, cada uno con un intenso pero muy diferenciado foco de interés. Pero la habilidad de la autora, y la introducción sutil en ambas historias de elementos de suspense, convencen pronto al lector de todo terminará por encajar, y que no hay que descartar que lo haga desde la fórmula de la tragedia. Y todo ello casi sin acción, como una de aquellas películas antiguas que se hicieron famosas por la escasez de personajes, recluidos en mundos cerrados y obsesivos.

Monsó ha declarado que esta su séptima novela, y en particular la peripecia de la pareja encerrada en su coche, es una ampliación de una pieza teatral de encargo, que en su origen solo duraba 15 minutos. Ese perfil dramático es muy visible y se refleja en la precisión y maestría de los diálogos –en los que nada parece superfluo- y en la graduación de la tensión para que ésta se contagie al espectador o al lector y le mantenga en vilo, expectante, a la espera de que ocurra algo que no le dejará indiferente, sino que le impactará y sorprenderá.

En el juego de verdades y no verdades en que se convierte a veces El aniversario, marido y mujer recrean el interés de la propia Imma Monsó por diferenciar entre la ficción y la mentira. La autora en algunas entrevistas y la protagonista desde las páginas del libro insisten en que ambos conceptos no pueden identificarse, que lo no real, lo ficticio, lo inventado puede no ser verdad en sentido material, sin por ello ser mendaz.

Así, la mentira es una “tiranía unilateral”, un delito del carácter, piensan ambas, en tanto que la ficción responde a un pacto asumido libremente por las dos partes que intervienen en la creación literaria (autor y lector) que convierte lo que se expone en el escenario, la pantalla o el libro en una realidad que, desde ese particular punto de vista, puede ser más auténtico y trascendente que lo que lo que ocurre en la vida que llamamos real.

Ah, sí, olvidaba la araña asesina. Solo diré de ella que su nombre científico es atrax robustus y que juega un papel relevante en El aniversario. Para más detalles, hay que pasar por caja.