La gran borrachera
La gran borrachera
Podríamos ponernos sensibles por ser el fin del año: en este día viejuno uno siempre tiende a hacer memoria –histórica y acaba mirando con ojos tristes el platillo de las doce uvas “pero, ay! cómo pasa el tiempo ¿ya estamos aquí reunidos de nuevo? ¿Otra vez la sonrisa de Ramón García? ¿Otra vez la botella de Sidra el Gaitero como preludio de esa borrachera Estatal?”… Todos los años lo mismo. Aunque también podríamos hacer “algo diferente y original”, algo como “una campaña para que la gente rece mucho” porque qué cosa mejor puede hacer un humano que rezar. Podríamos imitar a Luis Fernando Pérez Bustamante y en vez de crear una esquela por cada niño y niña víctima del aborto, hacerla por cada una de las injusticias que este 2009 nos ha traído. Aprovechemos entonces, los que no entendimos quién era quién, o quién robaba cuánto en el caso Gürtel, para comprender mejor el mundo gracias a los resúmenes de voces e imágines de archivo. Aprovechemos para recordar por qué sufrimos tanto, por qué fuimos tan pobres, por qué estuvimos tan enfrentados. Pero eso sería demasiado fácil. Acordarse de lo feo es siempre mucho más fácil que acordarse de lo bueno. De todos modos, ¿a quién le interesa lo bueno si hasta en los días supuestamente hermosos como éstos seguimos discutiendo sobre lo pecaminoso del aborto, sobre la incomprensible pena de muerte en las grandes potencias mundiales, sobre el terror y el pánico ante la Gripe A, que, bah, al final no era tan grave? La Noche Vieja se hizo para olvidar. Porque yo tampoco recuerdo las cosas que nos hicieron reír, me emborracharé esta noche, como el resto del país, para ver si al despertar, tan resacosos, el 1 de enero de 2010 fuera capaz de traernos algo distinto.
Señoras
Señoras
Se me ha estropeado el ordenador, y sin él no soy nadie. Ya no puedo entrar a Facebook para hacerme fan de “Señoras que se ponen bolsas del Mercadona en la cabeza cuando llueve” o “Señoras que se tiñen el pelo de lila”, o “Señoras que envuelven el mando de la tele en plástico”… No. Se acabó el ocio. Prometo pasar unas navidades familiares, y sin ordenador. Prometo ver el discurso del rey en alta calidad, porque éste no es un discurso para cualquiera: éste es el discurso de una monarquía panorámica y moderna. “Señoras que pelan gambas mientras disfrutan del nuevo formato televisivo de la Casa Real”. Venga. Y el año que viene un holograma. Para sentirlo más cerca y que exprese su orgullo susurrando en nuestra oreja.
Pero la navidad, para muchos, no va a ser tan hermosa. Si no te ha tocado El Gordo. Si el pavo es demasiado pequeño. Si tu compañía de aviones te deja en tierra y manda tu esperado viaje a hacer cometas, y entonces te quedas tirado en la Terminal, y te pones en huelga de hambre porque parece que a uno le tienen que sonar las tripas para que le hagan caso. Si te resfrías por el frío siberiano y tu doctor no te da la baja porque así a él le pagan un poquito más. Si te despiertas y no tienes ordenador, o has recibido una carta en la que se te deniega aquella beca, o los precios del salmón, que han subido, y la marca de mantecados de este año tiene un nombre tan cutre que da risa… ¿dónde queda esa imagen, Rey Mago Nuestro, de un país panorámicamente moderno? “Señoras que lloran porque no pueden comprarle un juguete chulo a sus nietos, señoras con el espíritu festivo cada vez más pobre… Señoras que pasan las Navidades solas”. Juro no hacerme fan.
We are monsters
WE ARE MONSTERS
Ya ni siquiera hace falta concursar en programas como Gran Hermano para hacerse famoso. Si quieres miles de fans en Facebook sólo tienes que meterle un cate al presidente corrupto y populista de turno. Me siento vieja, de pronto, por pertenecer a esa generación en la que decíamos: “te voy a meter dos yoyas”, pues los jóvenes de hoy en día sólo sabrán expresar sus síntomas de violencia diciendo: “te voy a pegar dos Tartaglias que te vas a enterar”. Aprovechando el Tartagilismo reciente, en los medios sólo se encuentra la palabra agresión. Que se lo digan al pobre Wyoming. Estoy segura de que cualquiera de estos días Esperanza Aguirre se atreverá a declarar que como aquél que propinó una paliza a Tertch, el agresor de Berlusconi también era espectador de El Intermedio, porque claro, todos sabemos cómo es ese terrible programa que incita a las personas a agredir a quienes no piensan como ellos.
Decir que vivimos en un mundo de idiotas no es aportar nada nuevo. Decir que nos cansan las guerrillas de medios, los protagonismos absurdos, las mentiras de un lado para otro: ping-pong de la falacia… Decir que a veces hay que tomarse las cosas con humor, y que nunca entendemos el sarcasmo, no tiene sentido. Irónicamente mañana se estrena “Donde viven los monstruos”, la última película de Spike Jonze basada en el cuento de Maurice Sendak. Resulta curioso cómo autor y cineasta deciden retratar a esos monstruos como uno seres entrañables que no dan nada de miedo. Somos nosotros, entonces, y nuestro mundo, los verdaderos monstruos. Además, pensándolo bien, hasta el Yeti es más simpático que Silvio Berlusconi.
Cumbre borrascosa
Cumbre borrascosa
De pronto, la alarma. Como si Dante’s Peak fuera a estallar de nuevo. Pero nadie sabe nada del cambio climático, que es muy grave, que si los polos se derriten como helados en agosto, que si los que más emisiones nocivas lanzan van a seguir fastidiando… Lo cantaba Kortatu: “Mañana hará el tiempo que a mí me dé la gana”. Porque el mundo nos importa de cumbre a cumbre, de tratado a tratado, y más tarde nos olvidamos de que todo se va a la mierda. A la gente no le importa lo que vaya a ocurrir de aquí a 2100, ni si sus biznietos habrán de olvidar el significado de la palabra bufanda o tendrán que llevar mascarillas o escafandras por culpa de la polución. Dicen que es grave, que es muy grave, el fin del mundo.Aunque lo que sí me parece terrible es que el cambio climático también vaya a acabar con la poesía, pienso: y cuando las estaciones del año sean una sola, siempre calurosísima y árida, ¿quién comprenderá los antiguos haikus dedicados a la primavera, quién hablará de la nieve grisácea en sus versos, quién verá a Anna Ajmátova morir con la llegada del otoño? Qué catástrofe. Si contra el cambio climático ya intentan luchar nuestros políticos en esta Cumbre del Clima en Copenhague, deberíamos pedirles que combatan, por favor, la muerte literaria del paisaje y su meteorología. Si ya no hay nada que describir, si ya no hay sensaciones térmicas de las que hablar y el mundo se vuelve aburrido, es porque nos lo merecemos. Cómo nos gusta destrozar, qué poco sensibles somos, cuánto gaseamos. Ultimátum a la tierra. Ya lo cantaba Kortatu: “El hombre del tiempo ahorcado”.
Interneeeeet
Interneeeet
Enjuto Mojamuto es el reflejo de nuestra sociedad. Enjuto, y su doloroso quejido ¡no! ¡Internet! cuando su módem comienza a fallar en “El peor día de mi vida”, uno de los sketches de Muchachada Nui más vistos en Youtube. Quién no se ha sentido así alguna vez: destrozado, porque el videoclip de Air no se carga, porque los comentarios del blog te bloquean el PC, porque no eres capaz de acceder a la bandeja de entrada después de un día entero sin consultar tu correo… apetitosa red, droga eléctrica. Nos reímos de Mojamuto no porque sea un friki, sino porque en él nos vemos a nosotros mismos, aunque no queramos reconocernos, adictos a esta sustancia que yo ahora tengo entre mis manos y tecleo.¡Interneeeeet! O eso debió gritar medio país cuando se corrieron los rumores de que se iba cortar el servicio a quienes parecieran sospechosos. El Gobierno pretende moderar, ante todo, esos comportamientos e incumplimientos de la Ley “de aquellos usuarios que pervierten los derechos de la propiedad intelectual” ¡Que nos lo quitan! ¡No! ¡Internet! A nadie le gusta que le desenchufen el módem a mitad de una descarga, ni que le violen su propiedad intelectual, pero lo que menos le gusta a la gente es que desde ahí arriba exploren su intimidad sin haber presentado en ningún momento síntomas piratas. En el mundo de Internet todos tenemos el culo al aire. No se trata de que nos registren: lo que nos aterra es que nos corten la línea y nos dejen incomunicadísimos durante toda una tarde. Quizá Sinde y su comisión de expertos tengan razón y solucionen cosas, o quizá suponga el comienzo de una nueva censura. No sé. ¿Qué opinará nuestro Enjuto de todo esto?








