En defensa del lobo

15 Feb 2016
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Juantxo López de Uralde

Según denuncian los científicos que la seguían, la última manada de lobos fue exterminada en Euskadi hace sólo unas semanas; en dos provincias de Castilla y León, Salamanca y Avila, el exterminio del lobo se ha convertido en un objetivo político de las respectivas diputaciones provinciales, avalado tanto por el PSOE como por el PP; en Madrid dos lobos murieron, presuntamente atropellados,  en muy pocos días.  Las malas noticias para el lobo se suceden. Podríamos seguir con el recuento, pero solo estos hechos nos dan una idea de lo que está ocurriendo en España con el lobo. Esta situación no es nueva. Nos devuelve a los años setenta en que la conservación de la naturaleza ni siquiera se consideraba relevante, y los carnívoros salvajes eran considerados alimañas que había que exterminar. Un tiempo que creíamos superado por el cambio de percepción social sobre el medio ambiente. Pero los hechos demuestran que no lo está. Y por eso numerosos colectivos ecologistas y animalistas volvemos a la calle en defensa del lobo. El próximo 13 de marzo, saldremos a defender al lobo, como tuvimos que hacerlo hace décadas para evitar su extinción.

El lobo atraviesa en nuestro país uno de los peores momentos de su convulsa y difícil existencia. Acosadas sus poblaciones, y sin la protección legal que merece, este bello animal salvaje vuelve a estar en peligro. Puede parecer exagerada esta afirmación, cuando precisamente se va documentando la expansión del lobo al sur del Duero, que ha llegado ya hasta las mismas puertas de Madrid, pero lo cierto es que en los últimos años han vuelto a despertarse los peores sentimientos contra el lobo, que vuelven a convertirlo en el malvado y feroz animal de nuestros cuentos infantiles. La tregua parece haber terminado. 36 años después de la muerte de Félix Rodríguez de la Fuente, el lobo vuelve a ser objeto de odio. Si no se pone freno a esta situación, el avance del lobo puede volverse en su contra y darle el golpe definitivo a sus amenazadas poblaciones.

Esta situación no es casual, sino que cuenta con respaldo político. El gobierno está presionando al máximo nivel para que el lobo vuelva a ser especie cazable al sur del Duero. La ministra de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Isabel García Tejerina, presiona a la Comisión Europa para que permita el cambio en la reglamentación y convertir así la población del lobo al sur del río Duero en objeto de caza, como lo es al norte. Y es que en España, por mas que a muchas pueda sorprender, el lobo no cuenta con la protección adecuada. Al norte del Duero el lobo puede cazarse legalmente, mientras que al sur todavía está protegido, aunque muy debilmente como vemos con la muerte de lobos en Avila hace solo unos dias. Hace falta una protección real y efectiva del lobo, como existe en Portugal. Probablemente la campaña anti-lobos que estamos sufriendo tenga por objetivo el cambio en la reglamentación europea para permitir su caza en todo el territorio español.

Estas agresiones no deben quedar sin respuesta. El lobo es un patrimonio de nuestro país y su preservación es tan importante como la de la catedral de Burgos o el museo del Prado. ¿Alguien se imagina al gobierno subastando las obras del Prado? Pues eso quieren hacer con nuestros lobos para su caza.

Por eso más de un centenar de organizaciones nos hemos puesto de acuerdo para salir a la calle en defensa del lobo. Puedes encontrar aquí nuestras razones más detalladas http://defensaloboiberico.org/manifiesto/  y si te preocupa y te importa la defensa de la Naturaleza, te invitamos a que salgas con nosotros a la calle en Madrid el próximo 13 de marzo.

Como decimos en el manifiesto de la manifestación: “El lobo es un embajador del conjunto de nuestra fauna salvaje, y también un poderoso símbolo de libertad. Pero la libertad siempre tiene un precio, y por desgracia es posible acostumbrarse a su ausencia, como sabemos bien en este país. Y lo mismo pasa con la naturaleza salvaje. Sin libertad y sin naturaleza las personas nos transformamos en autómatas, y apenas nos damos cuenta de lo que perdemos y, peor aún, de lo que privamos a las siguientes generaciones. Renunciar (o no) a los valores más altos a cambio de recompensas miserables es elección de cada uno, pero condenar a nuestros hijos a vivir en un mundo gris, mezcla a partes iguales de gigantesco vertedero y monocultivo a escala planetaria, es simplemente un crimen. Queremos un mundo verde, en el cual vivir y no sólo sobrevivir. Queremos naturaleza salvaje. ¡Queremos LOBO VIVO, LOBO PROTEGIDO YA!”


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