Una moción para el cambio

14 Jun 2017
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El pasado jueves asistí  desde la tribuna del público en la Asamblea de Madrid a la moción de censura de Unidos Podemos contra la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes. A medida que iban pasando las horas mi perplejidad iba en aumento, viendo como la bajeza de los ataques de los miembros del Partido Popular llevaban el asunto al barro, y lo alejaban del debate político. Creo que en Madrid esa estrategia le costó cara al Partido Popular, y la prueba es que ayer en el Congreso, y contra todo pronóstico fue Rajoy quien intervino para responder a nuestra moción de censura.

Irene Montero abrió el debate con fuerza. Durante dos horas fue desgranando sin dejarse una coma todos y cada uno de los casos de corrupción en los que se han visto involucrados miembros del Partido Popular. La lista fue abrumadora, y aunque la bancada conservadora comenzó la mañana con ganas de bronca, una Irene contundente y segura fue exponiendo una cantidad de datos irrebatibles sobre corrupción que hicieron que la cara de los populares fuera mudando de la bronca al estupor. Si en algún momento estuvieron tentados los del PP a repetir la estrategia de Madrid de poner en marcha la máquina del fango, en esas dos horas decidieron cambiar de registro y optar por una respuesta institucional en la que iba a ser Rajoy quien llevara la voz cantante en las réplicas.

Esa fue la primera victoria del día para Unidos Podemos: quisieron ningunear nuestra moción, pero finalmente Rajoy se vio obligado a responder. Si la  moción en Madrid fue muy útil pues obligó al portavoz del PSOE en Madrid, Ángel Gabilondo, a comprometerse con una nueva y futura moción de censura, ayer en el Congreso también empezó a flotar en el ambiente, que este debate ha sido solo un primer paso para una futura moción con mayores apoyos y probabilidades reales de ganar.

Nuestro reto principal ayer no era explicar por qué se presentó la moción, hay motivos de sobra y la gente lo ha entendido bien. Algunas encuestas indican que un porcentaje amplio está de acuerdo con que se presente la moción de censura. Los sucesivos y repetidos casos de corrupción, en todos los estamentos del Estado hacen que la situación sea excepcional. Los mecanismos habituales de control democrático del Gobierno: comparecencias, comisiones, etc, ya no son suficientes entre otras cosas por el monumental desprecio que este Gobierno tiene del Parlamento. El Gobierno no se siente aludido por las decisiones del Congreso, y ningunea olímpicamente las mayorías. Por eso hacía falta una medida excepcional que marcase un salto exponencial en la denuncia parlamentaria: el mecanismo democrático es la moción de censura.

Desde mi punto de vista la moción de censura que presentamos ya está generando un cambio. Los términos del debate político han cambiado, y casi podría vislumbrarse la perspectiva de un gobierno sin el Partido Popular, y sin sus valedores de Ciudadanos. Pero el verdadero reto para nosotros era el de ser capaces de transmitir a la ciudadanía que somos una alternativa solvente de Gobierno con propuestas ejecutables y con capacidad para llevarlas adelante, como ayer expuso Pablo Iglesias. La referencia ineludible a lo que ya estamos haciendo en ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia, y la presencia en la tribuna de representantes de las ciudades del cambio dieron el punto de realidad al debate: las ideas que Pablo fue desarrollando, en gran medida se están llevando a cabo ya en esas ciudades.

En la intervención de Pablo Iglesias tuvimos el segundo éxito del día: una prolija exposición de un programa de Gobierno del cambio que puede empezar a aplicarse mañana mismo. Ahora solo hace falta que se sumen más actores a ese proyecto de cambio y que la matemática parlamentaria lo haga posible: “que la esperanza derrote al miedo”.


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