Atribuyen a Rham Emanuel, el director del Gabinete del presidente de EEUU y, por tanto, uno de los hombres más informados e influyentes del mundo, una fe de roca en el logaritmo de Kissinger que concluye que una crisis supone una oportunidad. Aunque esa crisis sea como la actual que sacude los cimientos del sector económico y financiero y, en consecuencia, de la marcha del mundo en general.
En esa ecuación trabaja la nueva Administración de Barack Obama y al tren de la oportunidad de sube hoy el presidente del Gobierno español, recién llegado a Praga ayer de la cumbre de la OTAN que se celebró en Estrasburgo y Kiel. José Luis Rodríguez Zapatero se entrevista hoy, por fin, con el presidente de los EEUU. Y no sólo con “el” presidente, sino con “un” presidente, pues en los cinco años que lleva en el poder, el jefe del Ejecutivo español no ha mantenido ninguna entrevista con el inquilino de la Casa Blanca.
El antecesor de Obama, George W. Bush, nunca recibió a Zapatero, simplemente, porque éste tuvo la ocurrencia de cumplir su programa electoral en 2004 y retiró las tropas españolas de una misión que se desplegó en Irak bajo mando estadounidense, de forma ilegal y con la oposición del 90% de la población española. Bush nunca perdonó al presidente y las relaciones España-EEUU se enfriaron hasta desaparecer y limitarse casi al puro trámite comercial y diplomático, éste cuando era imprescindible.
Ahora, desaparecido Bush y surgido Obama, Zapatero ha empezado a pensar como Emanuel, aunque en España una expresión tan políticamente incorrecta podría acabar con su carrera. Tiene, sin embargo, su lógica: la crisis económica y financiera está siendo la gran oportunidad de España para posicionarse, al fin, en el gobierno mundial que decidirá y controlará bajo nuevas normas el sistema que forzosamente viene.
La reunión del jefe del Ejecutivo con Obama, hoy, es la culminación de una estrategia mediante la que España se ha hecho un sitio como “potencia económica mundial”, en palabras de Zapatero. En Washington, el 15 de noviembre de 2008, España acudió como invitada al G-20. Ahora pertenece a ese Grupo cuya denominación está por redefinirse con nuestro país dentro.
Igual que la de un G-8 agonizante, que se reúne en Cerdeña este verano bajo presidencia de Italia y con la asistencia de algunos países emergentes, como India, China o Brasil. ¿Irá España? No es descartable, pero en lo que sí coincide el Gobierno es en que el grupo de las ocho grandes potencias, como el G-20, también tendrá que reciclarse. Y España pintará mucho porque “es la octava potencia económica mundial”, subrayan en el Ejecutivo.
Sin embargo, sabe también el presidente y conocen los suyos que esa situación no durará mucho y que o cogen ahora el tren que les brinda la oportunidad de la crisis o lo pierden para mucho tiempo. Y la cita de hoy con Obama es la locomotora de ese tren.
¿Sobre los riesgos de pedir? Me consta que Zapatero es de los que piensan, como Clemenceau, que la vida del hombre es interesante también si ha fracasado, pues eso indica que trató de superarse.
EL TOLE-TOLE: El ministro Moratinos se paseaba ayer muy satisfecho por el avión que trasladó al presidente y a los periodistas de Estrasburgo a Praga, algo inhabitual en él, que no suele salir del departamento en el que viaja con Zapatero cuando hay prensa cerca. Sus razones tenía: Moratinos se ha ganado el aplauso de todos por haber conseguido para España una de las tres intervenciones en la comida de hoy a celebrar entre los Veintisiete y EEUU. En ella, Zapatero hablará del Mediterráneo y Oriente Próximo, un área en el que el jefe del Diplomacia española -y no el presidente- ha dejado claro a la Comunidad Internacional que es de los mejores.
Los ciudadanos españoles, y todos los del mundo que lean la prensa de nuestro país, han tenido este pasado puente de San José un pase especial para asistir en directo a los efectos que causa en un Gobierno y su imagen la falta de comunicación y coordinación entre el presidente y su equipo y entre su equipo entre sí.
La consecuencia más grave y negativa, en mi opinión, es que lo que era una excelente noticia apoyada por todos los grupos políticos –la retirada de las tropas de Kosovo, declarado ilegalmente Estado en 2008 y que España no reconoce- se ha quedado en un segundo plano. Y aunque a la larga será esta acertada iniciativa del Ejecutivo la que permanezca en el recuerdo colectivo, hoy se ha abierto una herida en el seno del Gobierno que va a ser difícil curar. Sobre todo, con una crisis económica que tiene a sus integrantes bajos de ánimo y con la sombra de otra crisis –léase “remodelación”- que les persigue oscura como el Melmoth de Maturin.
Leyendo toda la prensa, escuchando la radio y hablando estos días con algunos de los protagonistas de este enredo, no sé si puedo explicar a grandes rasgos el error primero de la estrategia Kosovo, pero voy a intentarlo:
- Creo sinceramente que el presidente del Gobierno comienza a verse aquejado por el síndrome de La Moncloa. Sin embargo, como ocurre con el de la gripe cuando nos atiborramos de antibióticos, el virus de esta terrible enfermedad –que sufren en silencio quienes rodean al paciente, inquilino del Palacio de la Moncloa más de cuatro años- ha sufrido una mutación.
- Felipe González y José María Aznar, cuando el síndrome entró en ellos sin piedad y desgarró su personalidad política anterior, se encerraron en sí mismos para ignorar absolutamente a los ciudadanos, sus representantes y sus reivindicaciones. Pero José Luis Rodríguez Zapatero ha optado por gobernar él solo y, algo mucho más grave, no informar a tiempo a sus colaboradores de algunas de las decisiones que toma.
- La iniciativa del fin de la misión española en Kosovo se la propuso la ministra de Defensa al presidente hace 15 días y éste la aceptó. Ya era tarde, en mi opinión, para poner en marcha el aparato diplomático de aviso con la OTAN y EEUU, en particular, pero con una coordinación adecuada se habría logrado evitar mucha polémica. No digo “toda”, porque sabemos que la OTAN siempre fruncirá el ceño ante la retirada de uno de sus países de cualquier misión.
- La principal preocupación del presidente no fue su prioridad actual en política exterior: la relación con EEUU, que con Obama va (¿iba?) viento en popa; tampoco que los aliados de la OTAN se sintieran ninguneados por España al no ser avisados. La principal preocupación de Zapatero fueron los soldados españoles destinados en Istok. “Ellos deben ser los primeros en recibir el mensaje”.
- A partir de ahí y con Zapatero en plena descarga sintomática de un síndrome que le hizo olvidar a sus colaboradores –ni De la Vega ni Moratinos fueron avisados- y preocuparse sólo por los militares, surgió el caos que todos conocen por la prensa: anuncio de Chacón en Istok, sorpresa y quejas de la OTAN y los aliados, decepción en EEUU, extintor diplomático de Bernardino León en Washington, declaraciones de éste a la SER visiblemente contrariado por tener que hacer de apagafuegos de algo en lo que no intervino, informaciones salidas del Gobierno que contradicen a la ministra y comunicado de Defensa negándolas y reafirmando lo anunciado por Carme Chacón.
En definitiva, que un capítulo parodiando de The West Wing –serie ficticia sobre la demostración de la excelencia del funcionamiento de un equipo presidencial, el del ala oeste de la Casa Blanca- no habría quedado más elegante. Y todo por un virus que esperemos se vaya con la primavera, como las alergias.
EL TOLE-TOLE: Con el asunto de Kosovo, la crisis de Gobierno parece a los ministros que está más cerca todavía. “Creo -decía uno de ellos en Bruselas- que se producirá antes o durante el verano, pero más no aguantamos”. En este caso, comentan en el entorno del presidente, el problema no es que Zapatero no quiera hacer la remodelación. El problema es que Solbes quiere irse y para que pueda hacerlo, el presidente tiene que encontrar un sustituto de su talla política cuyo nombramiento, además, suponga tal bombazo que haga olvidar que un ministro de Economía se va en plena crisis… económica. Y no lo encuentra.
Cando pensó que te fuches,
negra sombra que me asombras,
ó pé dos meus cabezales
tornas facéndome mofa [...]
… Vuelves haciéndome burla [...] La negra sombra del PSOE, que tan bien cantaba la poetisa gallega Rosalía de Castro, ha vuelto y el PP está de nuevo capitaneando la Xunta. ¿Y qué se creían? ¿Que los gallegos somos idiotas? ¿Nacionalistas, acaso?
¿Que ganar unas elecciones una vez y pactar con el BNG, un partido independentista y desfasado en sus tesis inmemoriales es conservar la Xunta para siempre? ¿Que en Galicia todos queremos hablar gallego por gravamen y de repente? ¿Que retomar las romerías del PP y de manos de un Anxo Quintana perdido en los molinos de viento de Jacinto Rey es hacer de Galicia el país de la energía eólica y del pseudoprogreso? Pero en qué están pensando señores del PSOE…
“Mofa” hace hoy de ustedes el señor Feijóo; mucho más el señor Rajoy, anestesiado por un momento en su desgracia cancerígena de líder que se consume. Ya; ya sé que para el presidente del Gobierno no hay mal que por bien no venga: Gallardón tendrá que esperar su momento de candidato a jefe del Ejecutivo de España por el PP. Pero, ¿eso vale una comunidad como Galicia?
Siento la dimisión que aguardo de Touriño en las próximas horas; siento el sacrificio de Pepe Blanco que –supongo- debería de ser su reemplazo. Perdemos a un futuro buen ministro. El presidente de la Xunta no ha sido malo; su equipo, nefasto. Su pacto con el BNG, un desastre. La gestión en conjunto -salvando, quizás, las infraestructuras que blindó con el Estado- una catástrofe. Todo es una prueba contundente de que alguien no se ha molestado en conocernos e interesarse por esta sociedad tan compleja y en absoluto ingenua –no es por tirarme el farol- que somos en Galicia.
Cuatro ministros gallegos, ¡¡CUATRO!!; un ‘número dos’ todopoderoso de Lugo en el PSOE que hace una intensa campaña, además, para estas autonómicas; una participación altísima y se pierde Galicia. ¿Hay algo peculiar en esta región? Piensen… Sí, señores socialistas, que los votantes no son imbéciles y los caciques, ésos que siempre quieren dedicarse a la política, siempre están ahí. Porque tengan cuidado, que ya lo decía Castelao: los caciques no se crean ni se destruyen, sólo se transforman. Y más vale malo conocido.
EL TOLE-TOLE: Los resultados en Galicia los veía venir el equipo de Zapatero antes de que éste diera la rueda de prensa en Bruselas, a las cuatro y media de la tarde. Y, la verdad, las ganas del presidente por que su comparecencia ante los medios se acabara pronto no auguraba nada bueno. Apenas “la emoción” de los resultados, como nos trasladó él mismo. Una emoción agridulce, como supimos después, pues ni siquiera Zapatero prestó la mínima atención a la confirmación de que se vería con Obama el 5 de abril en Praga.
“El corazón tiene razones que la razón no entiende”, decía el francés Pascal. La política, también, pero sus razones (a veces, es un decir) poco o nada tienen que ver con las de la fuente de vida.
Nunca entendí por qué Joan Mesquida no repitió, por lo menos, en la Dirección General de la Guardia Civil y la Policía: un hombre de peso, preparación exquisita, inteligente, dialogante, sensato, trabajador, prudente y con una trayectoria política larga, positiva y sólida. Sólo había una sombra que, sin ser suya en realidad, podía envolverle y sacarle fuera del Ministerio de Interior: su mandamás.
Alfredo Pérez Rubalcaba no es un jefe cualquiera. Siempre se rodea de gente que no destaca, que no brilla más que por el mero hecho de ir a su lado; y cuando va alguien, porque, generalmente, prefiere ir solo: en el Gobierno de Felipe González; en el partido, cuando el PSOE volvió a la oposición; en el Congreso, de portavoz, y de ministro de Interior.
Pero llegó Mesquida y las cosas cambiaron: el presidente Zapatero lo sacó de Defensa y lo nombró primero, director de la Guardia Civil y, poco después, mando único de la Benemérita y la Policía Nacional. No había precedentes, así que se convirtió en la persona más buscada. Los medios lo querían y él, aunque de forma muy dosificada, los atendía. Y gustó, así que los que conocen a Rubalcaba, nuestro Talleyrand español, supieron enseguida que si repetía al frente de Interior, Mesquida estaba condenado a irse.
Y así fue, aun sabiendo el ministro aspirante a vicepresidente que perdía a un eficaz y leal colaborador. Pero es que Rubalcaba –ojo: un gran ministro y un animal político- es de esas personas que retrataba tan bien el poeta alemán Hebbel cuando decía que se consolarían hasta del fin del mundo con tal de que ellas lo hubiesen anunciado.
Ayer, sin embargo, el presidente Nicolas Sarkozy dio la razón a muchos que piensan como yo e impuso a Joan Mesquida, hoy secretario de Estado de Turismo, la medalla de oficial de la Legión de Honor. No la de “caballero”, sino la de “oficial”, destinada a gente que lleva muchísimos años dedicada en cuerpo y alma a la lucha antiterrorista, y lo hizo en El Elíseo con sus propias manos de jefe de Estado, pues lo habitual es que sea el embajador de Francia en España quien la imponga en nombre del presidente de la República.
Porque Mesquida, dijo el francés, reforzó “una cooperación ejemplar” con Francia en la durísima batalla de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de los dos Estados contra ETA, de la que ha sido “uno de los principales actores” con su “autoridad, competencia y sentido del diálogo”, remató Sarkozy.
El ex director general de la Guardia Civil y la Policía sólo tuvo palabras de agradecimiento para el presidente y las autoridades francesas, aunque quiso dedicar su condecoración a los dos guardias civiles asesinados por ETA en Capbreton, al sur de Francia, en diciembre de 2007. Fernando Trapero y Raúl Centeno trabajaban, precisamente, en el marco de la cooperación antiterrorista con Francia. Un gesto sabio y de gran calidad humana; no perdamos de vista a Mesquida, protagonista absoluto ayer, a pesar de Rubalcaba.
EL TOLE-TOLE: Tras la dimisión de Bermejo, en el Gobierno y en las filas del PSOE existe un cierto malestar por esa fascinación que ejercen sobre el presidente algunas personas sin trayectoria política previa que, de la noche a la mañana, se convierten en ministros/as y no acaban dando más que problemas. El ex ministro de Justicia fue uno de ellos y muchos socialistas se preguntan ya cuántos inconvenientes se habrían ahorrado si una persona de la trayectoria y eficiencia de Caamaño hubiese cogido el mando de su Departamento actual desde el principio.
Hoy asistimos a una buena, completa y bien construida conferencia del presidente del Gobierno sobre los objetivos de la Presidencia española de la UE, que corresponde a nuestro país en el primer semestre de 2010. Un repaso exhaustivo de una agenda que está hecha, según confesó Zapatero.
Pero el presidente no soltó prenda de las fechas, sólo de los contenidos: EEUU, América Latina, Centroamérica, Rusia, Marruecos, África, China e India,… Todos los países, regiones, continentes tendrán su hueco en la agenda hispano-europea para situarse en la UE con su papel correspondiente: el de dar y recibir en sus justos términos para, según resumió el inquilino de La Moncloa, hacer de ésta la mejor globalización con pronta salida de la asfixia económica-financiera.
Pero en la UE, como en toda asociación que se precie, hay garbanzos negros. Y Zapatero, en su intervención, alertó contra esta infección, aunque no quiso dar el nombre de los enfermos, en este caso, de los países enfermos, de sus Gobiernos enfermos de la dolencia de sus sociedades: xenofobia, nacionalismo antieuropeo o proteccionismo. Estos tres virus citó Zapatero y sobre sus portadores se le preguntó:
- “Nombres y apellidos, por favor, presidente”
- “Es de mala educación señalar con el dedo. Está en los periódicos”. [Qué socorrida es la prensa, por cierto, cuando interesa...]
Desconozco si el presidente conoce una frase del británico Chesterton que asegura que “El periodismo consiste, esencialmente, en decir ‘Lord Jones ha muerto’ a gente que no sabía que lord Jones estaba vivo”.
En este caso, los informadores -y éramos varios, como pude confirmar después- no deseábamos saber que en Italia o Reino Unido, por citar los últimos casos, hay brotes xenófobos, porque, efectivamente, lo leemos en los periódicos. Tampoco que a Vaclav Klaus, presidente de la República Checa -país que ejerce la actual Presidencia de turno de la UE- le repele pertenecer a ella; también lo grita a los cuatro vientos. O que las medidas para apoyar el sector automovilístico tomadas por el Gobierno francés pecan, quizás, de cierto proteccionismo, que ha sido materia de portada de prensa.
A los periodistas; a los ciudadanos que nos leen, escuchan o ven, les gustaría oír de boca de su presidente que lo que pasa en Italia se llama xenofobia, lo de Klaus es nacionalismo antieuropeo y lo de Francia es proteccionismo, porque leer la página de sucesos con perspectiva de política europea -como bien le recordó Miguel Ángel Aguilar, director general de la Asociación de Periodistas Europeos- no es lo mismo que hacerlo sin ella.
Y tomar conciencia de un problema con perspetiva de país pertenciente a la UE que condena “con nombres y apellidos” esos comportamientos en otros países que también lo son es empezar, como dijo usted parafraseando a Salvador de Madariaga, a que Europa sea “una realidad” porque lo es “en la conciencia de la gente”.
Y en cuanto a no “señalar a la gente con el dedo”, su buena educación le honra, presidente. Pero a media Europa no le cayeron los anillos cuando levantó sus índice para criticar las que llamó “regularizaciones masivas” de inmigrantes sin papeles del Gobierno socialista en la etapa de Jesús Caldera en el Ministerio de Trabajo. Incluido su chéri ami, el incombustible Nicolas Sarkozy.
EL TOLE-TOLE: Aunque Diego Carcedo y Miguel Ángel Aguilar, presidente y director general de la APE, se esforzaron por que el coloquio posterior a la intervención de Zapatero fuera sobre Europa, el tema que nos llevó allí, la cacería de la que disfrutaron [si es que, en mi opinión, alguien puede disfrutar de una masacrada semejante] Bermejo y Garzón en Jaén y la ‘cacería’ posterior que el PP ha emprendido contra ambos se coló irremediablemente en las preguntas gracias a Sonia Sánchez, de Telecinco. Y digo gracias porque la audiencia manda y una respuesta del presidente sobre este tema era reclamada hoy desde los despachos de todos los medios. Es triste, pero la política exterior todavía vende poco.
Ustedes me dirán que qué tendrá que ver, pero les aseguro que yo, hoy, cuando asistí a la rueda de prensa de la presidenta de Argentina con el presidente Zapatero me acordé de la frase de mi admirada Emilia Pardo Bazán, cuando decía, adelantándose a su tiempo (siglo XIX) y, por tanto, con enorme osadía, que “la educación de la mujer no puede llamarse tal educación, sino doma, pues se propone por fin la obediencia, la pasividad y la sumisión”.
Confieso que mucha gente, que acompaña a Zapatero en sus viajes internacionales desde hace mucho más tiempo que yo, me había hablado mal de Cristina Fernández de Kirchner -por cierto, me produce urticaria el ‘de Kirchner’-. Sin ir más lejos, hace pocos días, en un cóctel de clausura de un acto con el presidente, un embajador de un importante país y el presidente de un importante organismo del Gobierno me confesaban que era una maleducada, que siempre iba por libre y que llegó a tener hora y media esperando a los reyes antes de un acto. Tal fue el bochorno del equipo de Protocolo, narraban espantados, que una vez llegaron Juan Carlos y Sofía al lugar del evento, los enviaron de vuelta al hotel para que esperasen los 90 minutos, cómodos y sin alterarse, a la impuntual y republicana presidenta.
Más recordado y conocido es el reciente episodio de la Cumbre de Washington de noviembre de 2008, cuando, una vez hecha la foto de familia, el presidente de México, Felipe Calderón, alertó a los demás miembros del G-20: “¡Falta doña Cristina!”. Y hubo que repetir la foto cuando “doña Cristina” llegó tranquilamente y con sonrisa deslumbrante, aclarando: “He ido a empolvarme la nariz”.
Pero ayer, Cristina Fernández -sin más- se convirtió en mi ídolo. Llegó a la sala de prensa sonriente, radiante, muy segura de sí misma, por delante de Zapatero y saludando a ambos lados con una cordialidad entrañable. Desde el momento en que el presidente español finalizó su primera intervención, Fernández se convirtió en la anfitriona de Zapatero, que pasó a llamarse “José Luis” a todos los efectos.
Las intervenciones de la argentina duraron el doble que las del jefe del Ejecutivo, abrumado pero divertido con el desparpajo de su invitada; ella dio el turno para que los periodistas empezasen sus preguntas, incluso permitiéndose adivinar lo que le iban a preguntar; si la pregunta era para los dos mandatarios, Fernández decidía quién contestaba primero, si ella o “José Luis”, y cuando ya la prensa estaba fascinada con esa mujer menuda que lo llena todo con su acento vivaz y su osada desenvoltura, Fernández dio la campanada final: “Señores, son las siete y veintisiete. El líder de la oposición me espera en El Pardo y si llego tarde, le echará la culpa al presidente del Gobierno, así que muchas gracias a todos”. Y clausuró la rueda de prensa ante la estupefacción del equipo de Protocolo, la sonrisa cómplice de los medios argentinos y, sobre todo -me pareció adivinar- la aprobación de Zapatero. Creo que la habría fichado para su Gabinete en ese momento.
EL TOLE – TOLE: El presidente del Gobierno tiene tantos encuentros con Obama en abril que volverá locos a los periodistas que lo acompañan. Veamos: el día 2, en Londres, es la cumbre del G-20, que habrá de ser rebautizado si España sigue asistiendo. Allí estará el nuevo presidente de EEUU. Los días 3 y 4, en Estrasburgo y Kehl, se celebra la Cumbre de la OTAN, con su 60º aniversario y Obama en el papel protagonista. Pero es que el mismo día 4, habrá una cena en Praga, capital de la República Checa, presidenta de turno de la UE, a la que es más que posible que también vaya Obama. ¿Es posible que pasemos de no hablarnos con un presidente de EEUU hasta ir a hacer la compra con el otro? Veremos.
Antes de que Zapatero recibiese en La Moncloa al secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, éste se reunió con la vicepresidenta Fernández de la Vega. A la número dos del Gobierno, parece que el presidente le había encargado el papel de poli malo, ya saben: aquél que en las películas se cabrea, interroga y monta una fenomenal bronca al sospechoso. Cuando no le tortura, aunque puedo garantizar que el de ayer no ha sido el caso. Tampoco de los cabreos, interrogatorios violentos o broncas.
De la Vega, muy ducha ya en lidiar con sotanas de diseño -que me dicen que la escuchan, la respetan e, incluso, le temen un poco, especialmente en la calle Añastro…-, hizo ayer de poli un-poco-menos-bueno que el presidente, poli bueno, con el simpático Bertone, que lo es, me han contado, y mucho. Ella fue quien sacó a colación las reformas y las leyes que tanto escuecen en el Vaticano y que han provocado la ira de la Conferencia Episcopal Española (CEE). Sí, la IRA, el quinto pecado capital que vomita todas las mañanas contra el Gobierno y quien se interponga en su camino la cadena Cope por boca de Jiménez Losantos. Ni una mención, que se sepa y ojalá me equivoque, a este despropósito mediático.
La vicepresidenta explicó con paciencia infinita a Bertone por qué el Gobierno va avanzando en la libertad de las mujeres para elegir si interrumpen su embarazo con total intimidad y seguridad jurídica; por qué la libertad religiosa, que va en función de la evolución de la sociedad española, no es la misma en 1980 que en 2009 y que, por eso, hay que cambiar la ley, y sobre todo, explicó a Bertone que Educación para la Ciudadanía es una asignatura-ley, obligatoria y cuya objeción ha rechazado el Supremo. Hay que acatarla, pues.
Como hay que acatar el concordato de 1979, que el Gobierno no tocará, y así se lo prometió al Vaticano; los funerales de Estado católicos; los símbolos religiosos en las escuelas públicas, en las tomas de posesión institucionales,… En la vida del Estado, en fin, y de los ciudadanos, que aun votando al PSOE, han de tragar sus ansias de laicismo y guardarlas para no se sabe cuándo.
Sobre el poli bueno, qué decir. Zapatero estuvo impecable en su papel. Las cuestiones polémicas se las había dejado a su número dos, así que él se dedicó a extender invitaciones: una para el Papa, para que venga al Año Santo Compostelano en 2010, y otra para el propio Bertone, para que acuda al II Foro de la Alianza de Civilizaciones en Estambul, el próximo mes de abril.
Después, para culminar una jornada tan agradable tras la que, debió de pensar el primer ministro de Benedicto XVI, ”estos socialistas tampoco son tan rojos ni mucho menos Legión (el conjunto de demonios que se instaló en el cuerpo de la niña de El Exorcista), como dice el tal Federico”, a Bertone le quedaba la comida con los reyes. ¡Qué decirles! ¿Se imaginan al cardenal charlando animadamente y en pura armonía con la reina sobre sus conservadoras opiniones de todos conocidas gracias al libro de la polémica? Resulta todo tan entrañable…
EL TOLE-TOLE: Este martes, el presidente del Gobierno inauguró en Madrid las nuevas instalaciones de la Policía Científica, un CSI español en donde seguramente la realidad supera a la ficción. Tres horas de acto para las autoridades y cuatro y media de espera para periodistas y trabajadores, la mayoría policías, concluyeron con un cóctel privado para el presidente, el ministro del Interior, otras autoridades y algunos elegidos en uno de los salones del rehabilitado edificio. Pase el ya tradicional veto a los periodistas al piscolabis, pero la lamentable estampa la constituía una puerta abierta de la cocina con viandas, que iban de la espuma de patata al faisán en no sé qué salsa, justo al lado de la del salón del cóctel fuertemente custodiada para que nadie se colara. Enfrente, y viendo pasar el vino, la cerveza, los refrescos y los aperitivos a las 14:00 horas , aguardaban a los mandamases una treintena de policías uniformados, trabajadores del edificio que esperaron y aplaudieron amablemente durante tres horas pero que parece que no tenían derecho a un vino.
Ayer se reunieron en el balneario egipcio de Sharm el Sheij, bajo la copresidencia de Egipto y Francia, los principales líderes de la UE (Reino Unido, Alemania, España, Italia y República Checa, como Presidencia europea de turno), de los países de Oriente Próximo (Turquía, Jordania y Palestina), el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y el de la Liga Árabe, Amr Musa.
Yo no acompañé al presidente, como la gran mayoría de los compañeros que seguimos a Zapatero, debido a la que considero una notable falta de previsión por parte de La Moncloa. Ésta tendrá –y ojalá me equivoque- la consecuencia lógica de la pérdida de presencia mediática de un momento de gran trascendencia para la política exterior española: la estampa de España junto a los líderes del G-8 europeo en un encuentro que trata de dirimir la solución de un genocidio que tiene conmocionado al mundo .
Creo que no es lo mismo la cobertura y el análisis que puede hacer un corresponsal en Egipto o en Jerusalén sobre la actuación de nuestro presidente más el contenido total del foro si la alternativa es que todo ello sea cubierto por el periodista que sigue al jefe del Ejecutivo español y el corresponsal en El Cairo y/o en Tel Aviv. Veremos. De lo que estoy segura es de que Sarkozy habría evitado la ausencia de sus periodistas.
SÍ: GENOCIDIO
Cuando escribo estas líneas, al final de la jornada del domingo 18 de enero de 2009, Zapatero ha hablado ya en Sharm el Sheij de que hay que conseguir la paz, que ésta debe ser “duradera”, pero que ahora, lo más importante son los 5.300 heridos que –que se sepa y de momento- ha dejado el brutal ataque de Israel a Gaza. Los supervivientes heridos del genocidio.
El recién nombrado embajador argentino ante el Vaticano, Juan Pablo Cafiero, comparó no hace mucho la situación de la Franja de Gaza con la de “un campo de concentración”. Ningún medio de comunicación español, que yo sepa, recogió la comparación –sólo algunos latinoamericanos-, pues, inmediatamente, su homólogo israelí en la Santa Sede puso el grito el cielo y el asunto se perdió en la inmensidad de las estancias (e intrigas, mi Dios me perdone) vaticanas.
En su día, eso me hizo recordar la fascinación que ejerce en los estudiosos del nazismo, más como convulsión espiritual que como ideología política, el castillo de Wewelsburg que construyeron en Alemania los generales de las SS con Himmler a la cabeza para engendrar sus execrables teorías en me imagino qué tipo de veladas.
Muy cerca de Wewelsburg estaba Niederhagen, uno de los campos de concentración nazis y algunos de cuyos prisioneros ayudaron a construir el baluarte de Himmler. Niederhagen alojó (es un decir) entre septiembre de 1941 y principios de 1943 a 3.900 prisioneros, de los que murieron asesinados 1.285 por ser judíos (la mayoría), gitanos, homosexuales, inválidos,… Creo que en ese tiempo, fallecieron cinco soldados nazis por neumonía y dos por sífilis, pero las fuentes no son rigurosas. Podrían ser menos.
En la Franja de Gaza han muerto desde el 28 de diciembre de 2008 hasta el 18 de enero de 2009 unas 1.300 personas, de las que 410 son niños, 108 mujeres y 113 ancianos (a las 21:09, hora peninsular española) Quedan muchos escombros por revolver y rostros por identificar, con permiso del fósforo blanco, que no suele otorgarlo. Por parte israelí, han muerto trece personas (diez soldados y tres civiles)
Antes de acusarme de injusta, por favor, me gustaría que leyesen esto: http://www.es.amnesty.org/uploads/tx_useraitypdb/El_bloqueo_de_Gaza_Castigo_Colectivo_2008.pdf
Sorprendidos nos quedamos en Bruselas ayer cuando el presidente del Gobierno nos informó de algo que desconocíamos por completo: España es “un Estado aconfesional… moderado”. La definición, aparentemente improvisada y hasta ingenua por la incongrugencia de un término, “confesional”, que deja de serlo por la negación rotunda del prefijo “a-” y que chirría inmediatamente con el hermanamiento del “moderado” logra una formulación no sólo carente de toda ingenuidad sino, si me apuran, hasta peligrosa.
Porque encuentro que ”un Estado aconfesional moderado” es la denominación tabú de “un Estado aconfesional reprimido”. Y lo dijo José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno de España; el mismo que quiere reformar ya una ley de libertad religiosa muy atrasada con respecto a una sociedad española en donde conviven, sobre todo y cada vez más, católicos, cristianos o musulmanes, además de otras minorías de culto religioso.
Todo esto lo reconoció ayer el presidente cuando le pregunté por ese “máximo consenso” al que él apela para lograr la reforma y al que el súpernumerario del Opus confeso Federico Trillo-Figueroa (PP) puso el grito en el cielo porque la reforma de la ley no proporciona libertad, sino que la niega (¿Te obligará a hacerte musulmán? ¿Budista? ¿Mormón? ¿Oyente de la Cope?...)
A mí no me cabe ninguna duda de que la modificación de esta norma, con los de Rajoy o sin ellos, saldrá adelante, pero si el Gobierno no empieza la casa por los cimientos, difícilmente la legislación alcanzará el avance social tan rápido que se está dando en este sentido. El problema de la libertad religiosa, del laicismo que es la “idea demócrata”, como dijo Zapatero ayer, no está sólo en esta ley, que también.
El gran inconveniente, como otros muchos, está en la Constitución Española. Concretamente, en el artículo 16, punto 3, que hace una mención expresa a las relaciones de cooperación de los poderes públicos que mantendrán con la Iglesia Católica y “el resto de confesiones”, dando ya un carácter distinguido y prioritario a aquélla.
No debe haber menciones específicas: todas las confesiones son iguales y, por eso y por otras cosas en las que no voy a entrar ahora, la Constitución de 1978 debe ser reformada de forma inminente.
Sí, para que haya un Estado laico radical; término que, según la RAE, significa (3) “Partidario de reformas extremas, especialmente en sentido democrático”. No confundamos ya.
EL TOLE-TOLE: Moratinos salió inexplicablemente satisfecho de su comparecencia del miércoles en el Congreso para explicar los vuelos de EEUU destino Guantánamo con presos dentro y que hicieron escala en España con el consentimiento de Aznar, según los documentos aportados por El País y el propio ministro. Por eso, cuando los periodistas le criticaron la defensa que había hecho del ex presidente replicó a unos que no le habían escuchado y a otros que no le habían entendido. A Arístegui, que alabó su intervención, parece que no le dijo nada, pero eso sí, culpa él o fallo alguno, nada de nada. Qué hombre más admirablemente feliz.
La polémica que ha montado el PP con la grandiosa cúpula creada por el genio Miquel Barceló para la Sala de Derechos Humanos y de la Alianza de Civilizaciones en la sede europea de la ONU, en Ginebra, constituiría un absurdo irrisorio si no fuera por la cruel demagogia empleada hoy para su portada por uno de los medios semi-afines a los conservadores. Y digo “semi” porque a Rajoy no lo tragan.
La obra de arte de Barceló, en todo su esplendor con la inauguración de ayer, es contrapuesta a una foto de un bebé agonizando en Congo por falta de medios. Repugnante utilización de la sensibilidad humana para que ésta dé la razón a una oposición que miente descaradamente al decir que se empleó parte del dinero de la lucha contra el hambre para pagar la rehabilitación de la antigua Sala XX del Palacio de la ONU, obra de nuestro artista incluida.
Poco más quiero decir sobre los argumentos de peso que hacen que el PP y sus delirantes acusaciones al Gobierno por insolidario se caigan como un castillo de naipes, pues basta con leer el reportaje de mi compañero Juanma Romero, hoy, en la edición de Público, para concluir que Gonzalo Robles y su partido han perdido el norte, como aventura Álvarez Cascos.
Sí quiero, sin embargo, echar en cara al Gobierno en general y al Ministerio de Asuntos Exteriores en particular su falta de previsión, preparación y paupérrima -o nula- estrategia de comunicación para hacer público un acontecimiento que debería llenarnos de orgullo a todos los españoles.
Me recuerda, salvando las distancias, a aquella ocasión en que, estando yo aún en el Ministerio de Defensa, la subida de sueldos a los militares, siendo una noticia positiva por lógica aplastante se convirtió, de repente, en algo negativo que fue usado por la oposición como herramienta de desgaste.
Señor Moratinos: ni Barceló, ni los ciudadanos que admiramos su obra y la internacionalización de la misma, ni los amantes del arte, de los derechos humanos, de la solidaridad y de la paz se merecen que su Departamento les oculte un gasto justificado desde el principio, como si tuviera algo de lo que avergonzarse. Resultado, DEBILIDAD NÚM. 1 aprovechada por el PP.
Señor Moratinos: si una ley no funciona, se cambia; si la denominación de unas partidas da lugar a confusión, lo mismo. Los Fondos de Ayuda al Desarrollo (FAD), con tal nombre, han sido interpretados por el común de los mortales como donaciones sin vuelta para los países más necesitados y no es así. Lo explica perfectamente su secretaria de Estado de Cooperación, Soraya Rodríguez, hoy en Público. Pero hemos tenido que enterarnos ahora, cuando el daño ya está hecho, de que esos fondos también incluyen donaciones a organizaciones internacionales como es la número uno, Naciones Unidas. Resultado, DEBILIDAD NÚM. 2 cogida al vuelo por el PP.
Señor Moratinos: cuando uno presenta un proyecto de la envergadura internacional de la rehabilitación de la Sala XX de la ONU suiza, obra de arte incluida, no se ocupa sólo del del presente y el futuro; del arte y el artista; de valores y sentimientos, que también. Existen unos números que deben ser contrastados con etapas anteriores porque la oposición acecha desde su guarida y la demagogia, cuanto más cruel, sigue siendo un arma atractiva y poderosa ante la opinión pública. Hay instrumentos útiles que se llaman dossieres, que establecen comparaciones, que informan, detallan, se adelantan; que están listos para ser utilizados por quienes van a darnos la noticia, la gran noticia en este caso. Lo que no es comprensible es que uno llame a Exteriores y le digan que no disponen del detalle de gasto de los gobiernos conservadores (1996-2004) en FAD o similar. Es de principiantes, ministro y claro, el resultado es, hoy, la DEBILIDAD NÚM. 3, que coleará unos días, junto a esa enfermiza obsesión suya de creer que los periodistas estamos en su contra y que le lleva a cometer errores tan garrafales como cancelar la rueda de prensa ayer, en Ginebra, junto al genio Barceló.
EL TOLE-TOLE: En el aeropuerto de la capital internacional suiza, de regreso a Madrid, aprovechamos para charlar con un accesible y natural Miquel Barceló. Entre risas, porque el accidente no revistió gravedad, le comentamos que un cámara se había golpeado con una de sus cotizadas estalactitas al querer coger el mejor plano. Y él, sonriendo, nos contestó: “Efectivamente, me encontré un manojo de pelos enganchado en la estalactita tercera de color rojo de la esquina superior derecha”. Grande.