Lozanitos, el terror de las ondas

12 Abr 2009
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Por algún motivo, el programa Microsoft Word, en su versión española, considera incorrecta la palabra “Losantos”, y te sugiere que la sustituyas por “Lozanitos”. Lozanía, según el Diccionario de la RAE, significa viveza y gallardía o, en otra acepción, orgullo y altivez. Microsoft Word sabe cosas.

A Lozanitos los obispos le han robado sus mañanitas, y él ha declarado, orgulloso y altivo, que morirá matando. Nadie lo duda, porque Lozanitos es muy de impulsos, muy de pensar con el hemisferio derecho y de hablar con el estómago revuelto. A Lozanitos le pone despertar al personal a base de improperios, cual Larra enfarlopado.

Y, sin embargo, hay algo triste en la despedida de Lozanitos. Porque la ironía patria pierde a uno de sus más explosivos representantes, un hombre que, impertinencia mediante, ha logrado que un país entero no dé crédito al mismo tiempo. Y eso, por más que a algunos les parezca fácil, tiene un mérito innegable.

Lozanitos seguirá, por supuesto, disparando palabrarismos desde su blog, su web y su programa de televisión. Pero no será lo mismo, porque había algo mágico en eso de encender la radio por la mañana y descubrir que la guerra civil empezaba a media tarde. Había un qué sé yo tierno en esa constatación hertziana de que las dos españas siguen ahí fuera, en alguna parte, esperando el momento adecuado para seguir fusilando maricas, pancarteros y demás tropelía comunista.

Pero que no cunda el pánico. Lozanitos podría incorporarse a una nueva emisora, de la mano de Pedro J. y una tal Esperanza Aguirre. Las mañanas volverán a ser orgullosas y altivas. Para que, quienes así lo deseen, puedan levantarse cara al sol. Con la camisa nueva.


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