Que no cunda el… ¡Dios!

30 Abr 2009
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Hay semanas en que no pasa nada. Semanas en que la gente, en los bares, charla del jefe o de fútbol o de Supervivientes. Y hay semanas en que pasa de todo, en que abres el periódico y el mundo se acaba, o lo intenta, en dos de cada tres titulares. Semanas como ésta.

Habemus pandemia económica y (ahora también) gripal, coartada perfecta para lanzar a primera plana los palabros preferidos por los medios. Alerta. Crisis. Pánico. Pero la Gran Venganza Porcina, según leo en la prensa, no es la principal amenaza a nuestra especie. Porque resulta que existe algo llamado Congreso sobre Defensa Planetaria que, al contrario de lo que podría pensarse, no se celebra en Vulcano sino en Granada. Y, mientras medio planeta se protege del pánico global con máscaras de papel, los expertos en defensa planetaria manifiestan sus inquietudes sobre un posible impacto de asteroide contra nuestro planeta. Un riesgo, en palabras de Pedro Duque, “real y medible”.

Como real y medible es la agonía de la placa Wilkins de la Antártida, también noticia esta semana por descongelarse más rápido que un Frigopie en una sauna. Igual de real pero menos medible fue el flashback al infierno que vivieron el martes los neoyorquinos al ver un avión sobrevolando sus rascacielos. Resultó que era el Air Force One ejecutando una muy mala idea de alguien. Incluso Wall Street, dicen, “reaccionó con nerviosismo”. Y Dios sabe que, si hay algo que no necesitamos esta semana, son brokers nerviosos.

Hay semanas, como ésta, en que lo único esperanzador de los periódicos es el crucigrama. Horizontal, 11 letras: “Último libro canónico del Nuevo Testamento”. Eh… ¿Apocalipsis? Oh, mierda.


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