Sólo las almejas irán al Paraíso
Pues sí. Sólo algunos moluscos bivalvos irán al cielo de los mariscos. Son aquellos que, según los biólogos, disfrutan de su condición sexual de hermafroditas, o bien aquellos que a lo largo de su ciclo vital gozan de la facultad de pasar ordenadamente del estado de hembra a macho según las necesidades de reproducción de la especie.
Según los sacerdotes de los moluscos, sólo ciertas especies tienen el Cielo asegurado, pues al no haber posibilidad de utilizar el sexo de manera inadecuada, sea porque almejas y almejos no pueden aparearse sin haberse casado antes, sea porque están genéticamente imposibilitados para caer en el vicio nefando de practicar sexo homosexual, evitan la ocasión de pecado, el único pecado que existe para los sacerdotes de los moluscos.
Algunos obispos y cardenales de tierra adentro, muchos de los cuales, por cierto, recuerdan sospechosamente a los bivalvos por su manera de arrastrarse y de vivir enterrados bajo tierra, piensan que su dios ha metido la pata al diseñar al ser humano macho con dos cojones y a la hembra con… con… ahora no recuerdo cómo se llama lo de ellas, pero creo que tenía algo que ver con los bivalvos.
El caso es que el que fue ministro de Sanidad del Vaticano, un tal Cardenal Barragán, un verdadero macho mexicano, promotor de la doctrina de la Iglesia contra el uso del condón, el mismo que declaró que en el ADN se encuentra la Santísima Trinidad (ahora lo entiendo todo), acaba de recordarnos que los gays no irán al paraíso, según ya avisó en su día Pablo de Tarso. Creo que el Barragán se la está jugando, pero allá él. Yo, de él, cuando oyera a mi espalda la vocecita meliflua y afeminada de su jefe, el Benedicto, me echaría a temblar, por bocazas.
Los caminos del Señor son inescrutables. Así que los homosexuales arderán en el infierno, mientras ciertos bivalvos tienen su asiento asegurado en la juerga eterna del Cielo.
Se siente, ¡que se hubiesen pedido nacer almejas!





