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Fuego amigo

Blog de Manolo Saco

Angelito, tenemos que hablar

02 sep 2010

El ángel Gabriel, el encargado de las noticias trascendentales en el Cielo, se acercó a la virgen María, y en un susurro, para no molestar la fantástica juerga celestial de los justos que consiste, al parecer, en la contemplación eterna de Dios, le dijo: Señora, la suerte está echada; ha ganado el Atlético de Madrid, y van a ofrecerle la copa esta tarde en una catedral.

La Virgen ya está acostumbrada a que el ángel Gabriel le venga con historias raras. Le había conocido hace dos mil años (¡y parece que fue el otro día!) cuando vino a anunciarle que uno de los dos dioses quería tener un hijo, y que ella había sido elegida para concebirlo.

-¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?-, exclamó la muy inocente, mirando de soslayo al piernas de su marido José por temor a que lo tomase como un reproche.

Fue entonces cuando Gabriel pronunció la frase histórica de que se iba a quedar virgencita para toda una eternidad, pero que, por raro que le pareciese, tendría un hijo tras ser inseminada por una paloma que en realidad era un disfraz ingenioso del dios padre.

Después de esto, María cada vez que veía venir a Gabriel se esperaba cualquier extravagancia. Así que cuando oyó de sus labios que tendría que recibir una copa de un trofeo de fútbol ganado por un equipo español (“un milagro, Señora, en verdad que es todo un milagro”) lo único que preguntó fue:

-¿Y de qué tengo que ir?

-Esta vez, Señora, toca de Almudena. La patrona de Madrid.

Y allí se encontró con los sacerdotes del padre, del hijo y del espíritu santo que le presentaban una copa de vulgar oropel para que ella la bendijese. Y cuando la ceremonia terminó, muerta de vergüenza, se volvió a Gabriel y le dijo en tono amenazador: tu y yo, angelito, tenemos que hablar.