La prostitución es como el tabaco, casi todo el mundo la condena, conoce sus efectos secundarios para la salud (en este caso la del alma, como diría mi Benedicto favorito) pero su prohibición dejaría sin empleo a miles de trabajadores y trabajadoras, y, lo que es peor -si hay algo peor que arder eternamente en el infierno-, provocaría una revuelta social de consecuencias impredecibles.
Pero el mundo de la prostitución, como el de las drogas ilegales, atrae a su alrededor un lumpen social con muy poco glamour, de difícil venta política, que sirve de distracción ocasional para que la policía se entrene en el arte de la redada, muy útil para situaciones de mayor enjundia, como reprimir una sentada de peligrosos activistas del 15M. La prostitución callejera se confina en lugares apartados donde las prostitutas puedan exponer su generosa mercancía sin herir susceptibilidades; y la de los prostíbulos, con calefacción y aire acondicionado, ilumina de colores rosas y azules parpadeantes las carreteras de media España. Dos maneras bien distintas de pasarlas putas.
Como en el caso del tabaco, la prostitución en España es legal, pero no el proxenetismo, la vía abierta para que los vigilantes de la playa de la moral entren en los prostíbulos, pistola en mano –me refiero a la de las balas-, para salvar las almas de putas y clientes. En Barcelona, un juez acaba de enviar a la cárcel a 21 de 22 detenidos por su presunta vinculación con la mafia china de la prostitución. Bien es cierto que podría haber enviado a sus policías a investigar en los periódicos donde legalmente se anuncian los proxenetas y no sus esclavas. Pero para puta, puta, la prensa que les sirve de tablón de anuncios.
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Meditación para hoy:
Como ya hemos dicho más de una vez, quizá siene y siene de veses, el negocio más seguro en estos momentos para el mantenimiento de los periódicos (con alguna rara excepción, como esta casa) son los anuncios pagados por estas organizaciones de proxenetas. Los ingresos por publicidad en prensa, radio y televisión han descendido de manera dramática, excepto las páginas llamadas de contactos que continúan aprovisionando a las arcas de la maltrecha prensa con decenas de millones de euros anuales. Decenas de millones. Si algún juez quisiera molestarse en seguir la huella del crimen tiene impresos en ellas cientos de teléfonos de los que tirar del hilo para comenzar la investigación.
Y aquí es donde quería introducir otra meditación. Porque yo hablaba de dos maneras de pasarlas putas, la calle o el prostíbulo. Pero me falta una tercera modalidad: la que atiende el negocio desde su casa particular, la prostituta autoempleada, la que no quiere verse atada a un chulo proxeneta, la trabajadora autónoma. Al no poder exhibir su mercancía en la calle, ¡en la puta calle!, ni contar con un empresario que gestione sus contratos, está atada casi exclusivamente a la publicidad en prensa. De tal manera que, si nos ponemos fundamentalistas con la prohibición de las páginas de contactos, podríamos estar condenando a la miseria a las trabajadoras autónomas del sexo, o bien expulsándolas a la calle o empujándolas a los circuitos de proxenetismo de los que pretenden huir.
Meditad hasta que os revienten las neuronas, hasta que encontremos una solución.
Los EE.UU, uno de los líderes planetarios en la aplicación de la pena de muerte, muchas de ellas de muy dudosa legalidad y limpieza en el procedimiento, el país que mantiene en Guantánamo, territorio robado a Cuba, un penal al margen de los derechos humanos, donde, según Cruz Roja, se tortura a presos que no conocen ni siquiera el delito que se les imputa, ese país que confía en su dios hasta (o sobre todo) en los billetes de dólar, dice estar muy preocupado por el terrorismo de los demás.
Mantiene a Cuba en la lista negra de países que acogen el terrorismo, aunque no le había importado borrar de ella a la Libia de Gadafi, el muñidor del atentado contra el avión de Pan Am que sobrevolaba la localidad escocesa de Lockerbie, en el que murieron 270 personas, porque el dictador libio mostró a tiempo su arrepentimiento indemnizando a sus víctimas con el dinero manchado de petróleo que robaba a su pueblo. El dinero, como la confesión en los católicos, puede lavar los crímenes más horrendos.
Ahora, 34 congresistas republicanos y demócratas han enviado a Repsol una amenaza, advirtiendo a la compañía petrolera de posibles “serias repercusiones” si continúa con las exploraciones de petróleo en las aguas territoriales de la isla. En su intento por asfixiar económicamente a Cuba, como método contraproducente e inútil de acabar con la dictadura cubana, el matón del norte teme que el hallazgo de petróleo desbarate unos planes que llevan fracasando varias décadas.
Eso sí, sus compañías petrolíferas pueden comerciar con dictadores sanguinarios como Obiang o los reyezuelos del Golfo Pérsico, como si ignorasen que el petróleo es la sangre viscosa que fluye por la venas de las peores dictaduras.
En el año 2000 le tocan en la lotería 113.000 euros. En el 2001, 103.000. En el 2002, 29.000. En el 2003, la fortuna le da esquinazo, hasta que al año siguiente le premia con 23.000 más. Como alcanzado por el rayo de la gracia divina, en 2008 le tocan dos millones de euros en el Gordo de la Lotería del Niño, esa especie de convocatoria de septiembre para los suspensos en Navidad. Lo escribo con número, que queda más lindo: 2.000.000 de euros.
Según los inspectores de Hacienda que en su día elaboraron un informe para el juzgado de Nules sobre la fortuna de Carlos Fabra, el ex presidente de la Diputación de Castellón, del PP, el protagonista de este cuento, y nunca mejor dicho, podría haber defraudado a Hacienda casi un millón de euros por el bonito método de salirle negativa, o sea ¡a devolver!, la declaración de la renta anual.
No es el caso de Fabra, por supuesto, dios me libre, porque la gente del PP es muy temerosa de dios… pero hay gente con suerte igual de sospechosa que se dedica a comprar, con la connivencia criminal de los bancos, boletos de lotería premiados, exentos de impuestos, para blanquear dinero procedente de operaciones inconfesables. Fabra no quiere bromas con el asunto. Por ello se ha propuesto ganar 30.000 euros más con la denuncia en los juzgados (que te toque un juez más que amigo también es una lotería) contra una organización, el Bloc d’Ontinyent, que editó en su día unos falsos boletos de lotería con la imagen siniestra del político suertudo (reconozcamos que Fabra guapo, lo que se dice guapo, no es, pero recordad que la suerte de la fea la rica la desea) y con el lema de “la Lotería que siempre toca”.
Según los matemáticos, tenía las mismas posibilidades de que le tocara tantas veces la lotería y tal fabulosa cantidad de dinero como que le cayera encima el satélite ese de la NASA que no aparece. Pero la suerte, eso que los pescadores de números pretenden atrapar con el dichoso cálculo de probabilidades, es impredecible y así de caprichosa. La prueba está en que Fabra sigue vivo y rico, y los matemáticos son todos unos muertos de hambre.
La historia está plagada de predicadores y profetas que vaticinan el fin del mundo para una fecha señalada. Porque el terror es el método más eficaz para mantener la disciplina entre los fieles. Como es mucho más fácil de extender que la mantequilla, ocupa fácilmente los espacios mentales que la razón no alcanza. Y no solo es cosa de vates y sacerdotes. Con vaticinios truculentos los médicos pretenden apartarnos de nuestros malos hábitos y adicciones, los maestros y los padres educan a los niños, y los políticos se afanan en quitarnos el vicio nefando de votar a sus adversarios a golpe de profetizar que sin ellos el mundo se acaba sin remedio.
Cierto, el mundo se acaba. Todas las generaciones, desde que tenemos documentación histórica, han sufrido la sensación de que se avecinaban sus últimos días. Cuando la tecnología estaba en pañales, el fin de los tiempos era mucho más divertido, como una película de Hollywood contada por los sacerdotes: se rasgaban los cielos con rayos y lluvias torrenciales, la tierra temblaba, se abrían precipicios hacia un abismo de fuego, y una legión de diablos se enseñoreaba de la Tierra, luchando contra ángeles de espadas flamígeras. O algo así.
Hasta que con Aznar y Rajoy conocimos detalles más precisos: el Apocalipsis entrará de la mano del matrimonio gay, la ley del aborto, la muerte digna y la desmembración de España con las autonomías insaciables. Bueno, eso era antes. Desde ayer no se habla de otra cosa que del corredor de bolsa (“trader”) que vaticina el desastre del euro y la inutilidad de los esfuerzos por rescatar las economías en crisis. Y lo que es peor, confiesa con orgullo que el mundo está en las manos de gente como él: “Me voy a la cama cada noche y sueño con otra recesión, sueño con un momento como éste”.
Reconozco que es un tipo extraño. En lugar de adoptar un semblante trágico al desgranar los pormenores del fin del mundo que se avecina, tal como suele nuestro experto Mariano, se adorna con una sonrisa, como si la misa no fuera con él, como si nuestra desgracia no le afectara en absoluto. Porque lo suyo deja a las profecías de Nostradamus, del hombrecillo insufrible, y de los adventistas del séptimo de caballería del último día al nivel de aficionados. Veamos: “Habrá un ‘crash’, y la caída será muy dura, porque los mercados están ahora gobernados por el miedo… Los fondos, los fondos de capital de riesgo, las instituciones… nadie se cree estos planes de rescate. Saben que el mercado está hundido. La Bolsa está acabada. El euro no les importa”.
Hostias. Me lo temía. Como siempre, solo se salvarán los vates, los curas, los ricos, los políticos de derechas y los brokers, con Goldman Sachs a la cabeza. Lo que confirma, una vez más, que nuestro infierno es su paraíso.
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Meditación para hoy:
El tipo este dice llamarse Alessio Rastani, y es un corredor de Bolsa de la City de Londres. Yo no sé si debería estar en la cárcel por reconocer cómo los de su clase se enriquecen empobreciendo a los demás, o por un intento de provocar el pánico entre el pequeño ahorrador, lo que dejaría la historia del corralito argentino en una simple anécdota sin importancia. Declaraciones como ésta son las que llevan el germen de un milenarismo económico fácil de prever, aún sin estar dotado para el arte de la adivinación: “Lo primero que la gente debería hacer es proteger sus activos, proteger lo que tienen porque en menos de doce meses los ahorros de millones de personas van a desaparecer, y eso es sólo el principio”.
Es decir, el fin del mundo llegará antes de un año. Y eso es solo el principio. ¿El principio de qué, si se puede saber? ¿El final puede ser peor?
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Otra meditación:
Tengo la desagradable sospecha de que esa entrevista en la BBC es un montaje fabuloso y que forma parte de una campaña, no sé si política o comercial, que un día de estos nos desvelarán. Al loro.
La organización más poderosa y rica de la Tierra, la Iglesia católica, tras despilfarrar 50 millones de euros en alimentar el ego insaciable de su presidente, organizándole un baño de masas en Madrid, está muy preocupada ahora por los pobres y los problemas del mundo. Vapordiós. Siguiendo la senda marcada por las grandes fortunas que han pedido a sus gobiernos que les obliguen a pagar más en estos tiempos de tribulación y crisis, el farsante de Roma ha pedido a la Iglesia que preside que se despoje de su riqueza terrenal y poder político.
¿Qué ha dicho?
Suena un poco a las palabras de su feligrés Mariano Rajoy, el presidente del partido con mayor número de cargos imputados por corrupción, cuando anuncia en su programa de gobierno que dedicará buena parte de sus esfuerzos a la lucha implacable contra la corrupción. El otro farsante, el de Roma, sabe que la diferencia entre una religión y una secta (como las sectas judaicas conocidas como cristianas) consiste en que las sectas solo adquieren el estatus de religión respetable cuando logran acumular suficiente riqueza y poder terrenal. La Iglesia “debe de nuevo separarse de todo lo mundano”, acaba de decir Ratzinger en Alemania. ¿Es que se ha vuelto loco?
Como en las grandes declaraciones, la trampa está en la letra pequeña. Como ocurre con los presos de ETA, que se adhieren al acuerdo de abandono de la violencia… siempre y cuando se conceda a Euskadi la independencia. Hay que leer hasta el final. ¿Cuál es la letra pequeña en el caso de Ratzinger? ¿Qué pide a cambio para deshacerse de su inmensa fortuna el encubridor de una legión de curas pederastas, denunciado ante la Corte Penal Internacional, él y tres cardenales más, por crímenes de lesa humanidad? Y, lo que es peor, ¿hasta dónde tenemos que bajarnos los pantalones, literalmente, para darle gusto en justa compensación?
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Meditación para hoy:
El hecho de que los ricos muy ricos pidan que se les rebajen sus beneficios obedece a una estrategia, tiene la misma explicación racional que las paradas biológicas que demandan los pescadores conscientes de que están matando la gallina de los huevos de oro, acabando con sus recursos futuros: unos y otros saben que la sobreexplotación acaba con la pesca, de la misma manera que acaba con los pobres de los que se alimenta el ultra liberalismo.
¿Qué pretende el Benedicto? ¿Una parada biológica en su ansia de rapiña, en vista de que ni los pobres quieren entrar ya en sus iglesias, heridos por el brillo del oro y ahogados por el humo del incienso. ¿Ha llegado a la conclusión de que, como en el caso de los percebes y los boquerones, es necesario que los pobres engorden y se regeneren, aunque para alimentarlos sea necesario vender algunos cuadros, alguna pietá, unos cálices engastados en piedras preciosas, o unos palacios inservibles, quizá? ¿Piensa vender todo, repartirlo entre los más necesitados, y seguir a Cristo, como cuentan en el Evangelio? ¿O es una simple tomadura de pelo, una puesta al día de la vieja y vacía retórica de cuando se preguntaba en su visita al campo de exterminio de Auschwitz “dónde estaba dios en aquellos momentos”? Solo un farsante de semejante envergadura, que sabe que dios no existe, puede utilizar la retórica para preguntar en qué estaba pensando dios cuando los hornos crematorios trabajaban a pleno rendimiento y el joven Ratzinger, hoy papa, paseaba su palmito enfundado en el uniforme de las juventudes hitlerianas.
Teniendo en cuenta que el poder y la riqueza son los pilares que sostienen el edificio de las religiones ¿creéis que Ratzinger, ante propuesta tan extravagante, pudiera estar sufriendo alguna enfermedad mental degenerativa? Si es así, ¿imagináis el cóctel de veneno que le están preparando en la curia romana para enviarlo sin mayor dilación al encuentro con su dios en el paraíso?
La vida no vale nada si escucho un grito mortal y no es capaz de tocar mi corazón que se apaga… decía la canción de Pablo Milanés. La vida no vale nada en los regímenes autoritarios donde perdura la condena a muerte; donde, en países como China o las dictaduras islámicas, se ejecuta en el foro público como arma de venganza, como espectáculo para distraer a las masas y como condena ejemplarizante.
La vida no vale nada en los barrios marginales de México o Colombia, donde los narcotraficantes se deshacen de la competencia y de los malos pagadores mediante el pago a jóvenes sicarios que matan por un salario que apenas alcanza para comprar una hamburguesa. Tampoco vale nada para los terroristas que matan en nombre de dioses o patrias inexistentes, por cuyo trabajo gratuito jamás cobrarán.
La vida no vale nada en muchos estados de los Estados Unidos, donde la eliminación de los reos alcanza la asepsia y la profesionalidad que se espera del país más avanzado de la Tierra. Los condenados tienen su corralito especial, el corredor de la muerte, la versión moderna del Puente de los Suspiros de Venecia, y pueden morir mediante inyección letal, descarga eléctrica o inhalación de gas cianuro.
Lo que más me ha conmovido de la última ejecución en los Estados Unidos, y que diferencia a los países civilizados de aquellos que matan groseramente a las adúlteras a pedradas, fue el espectáculo de la muerte de Troy Davis en Georgia. Los parientes de la víctima asistiendo en primera fila a la ejecución, disfrutando del placer de la venganza, minutos antes de ir a la iglesia a dar gracias a dios por restablecer la justicia. Fue todo tan hermoso…
La guerra por el poder político se dirime en el campo de batalla de los medios de comunicación. Y la televisión pública es la cota más apetecida por los partidos políticos, una televisión con financiación del estado, cuyos beneficios no se miden en términos económicos, liberada de la presión de tener que acudir al mercado publicitario deprimido para costearse, sino, supuestamente, una televisión de servicio público. A años luz de la llamada TDT Party, ese conglomerado marginal de televisiones cutres, mezcla repugnante de pensamiento fascista, sexo friki y casino de apuestas, TVE debe saber interpretar en qué consiste la objetividad, ese concepto del que todos creemos conocer su esencia pero que cada uno interpreta a su manera.
Lo que está sucediendo estos días en el seno de su Consejo de Administración, un Parlamento bis nombrado en parecida proporción por los partidos políticos, es la constatación de la sospecha de que la televisión pública sí tiene dueño, como las privadas, cuyo derecho a mangonear se adquiere en las urnas, y no en el IBEX35.
El PP, que huele poder, y que ya abusó descaradamente de su contaminación ideológica en los ocho años de mandato del hombrecillo insufrible, en connivencia con el representante de CiU, el que sin duda será su apoyo en la próxima legislatura, y la abstención inexplicable del PSOE, ERC y CC.OO., propuso que el Consejo tuviera acceso previo al trabajo de los periodistas, como en los mejores años de la censura institucionalizada.
Ante el escándalo consiguiente en todos los medios de comunicación, con asambleas de trabajadores incluidas, el PP y CiU se han echado atrás, estratégicamente, y los demás “abstencionistas” se quedaron mirando a la luna con cara de tontos, como preguntándose en qué estaría yo pensando, absteniéndome y apoyando con ello la barrabasada de la derecha, como vulgar militante de IU de Extremadura.
Que nadie se llame a engaño. Las mudanzas discretas no se hacen por la puerta grande, sino por alguna ventana. Solo es cuestión de tiempo. ¿A alguien le cabe duda de cómo retomará el PP el asunto cuando ya ni necesite la extraña y cómplice abstención del PSOE?
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Meditación para hoy:
Lo del PP lo entiendo. Está en su propia naturaleza, como en el escorpión. ¿Pero en qué estarían pensando los representantes del PSOE, ERC y CC.OO. para abstenerse en la votación y dejar así que la propuesta prosperase? ¿Es que les sedujo la posibilidad de poder contar con un instrumento de espionaje con el que alertar a sus respectivos partidos? ¿Os imagináis a los periodistas elaborando un telediario con el aliento en la nuca de Rajoy y Rubalcaba? Siendo tan obvio que el asunto era un dislate, ¿no es para dudar de la calidad profesional de los consejeros que, al parecer, actuaron por su cuenta y riesgo sin contar con sus respectivos partidos? ¿No creéis que es imprescindible que destituyan sin mayor dilación a esos burócratas ingenuos y de dudosa calidad profesional nombrados por PSOE, PP, CiU, ERC y CC.OO.?
Si yo os dijese que lo más sensato sería que la presidencia del gobierno se heredara de padres a hijos, empezaríais a sospechar de mi salud mental. Y sin embargo, casi la mitad de los españoles acepta sin rechistar que la jefatura del Estado sea hereditaria, sin consulta previa a los ciudadanos o a sus representantes en el Parlamento. De esta manera, la monarquía acaba siendo una lotería, en la que nos puede tocar un rey inteligente y sabio o un Juan Carlos de Borbón.
Es un disparate, pero para que las naciones gozasen de la consideración de patrimonio particular de los reyes, y los ciudadanos recibieran el maltrato de súbditos, las monarquías absolutas se inventaron un origen divino, con la connivencia de las religiones que las amamantan.
El obispo y pensador francés del siglo XVII Jacques Bossuet, para afianzar el servilismo del clero con el poder, construyó todo un edificio doctrinal al servicio de Luis XIV, doctrina que luego heredaría el primer Borbón en España, Felipe V: “Los príncipes actúan como ministros de Dios y son sus representantes en la Tierra. Por eso, el trono real no es el trono de un hombre sino el trono de Dios mismo”.
En Bildu no quieren recibir ni ver en el trono a otro Felipe de Borbón, no porque sea el representante de ningún dios, como un papa laico, sino porque “los príncipes de Asturias son el símbolo de la negación de este pueblo”. El suyo, se entiende. Y luego nos descojonamos de Mariano y su infantilismo nacionalista.
Y es que el ultra nacionalismo tiene dos fronteras: las físicas y las mentales. A los de Bildu les hubiese bastado con decir que los monarcas y sus herederos son siempre ilegítimos, en cualquier país, en cualquier edad, para que no se les notase la caspa mental debajo de la boina. Y mira que en esta ocasión lo tenían fácil.
Hay gente que no ha conseguido pasar del prólogo de El Quijote pero que es capaz de insertar en una conversación varios párrafos del libro con alguna de las sentencias del ingenioso hidalgo. Y no digamos de Mark Twain o de Oscar Wilde, de los que muy pocos sabrían repetir el título de alguno de sus libros pero que se saben de corrido decenas de sus frases brillantes. Es una forma de leer, al fin y al cabo, directos al grano, una lectura de tan solo lo que después son capaces de tararear, como las arias en el caso de la ópera, que todo el mundo espera ansioso mientras soporta una ininteligible sucesión de diálogos entre la soprano y el tenor.
(Inciso. Atribuyen a Ionesco la siguiente, más o menos, frase burlona: “Dicen que yo he inventado el teatro del absurdo, pero no es verdad: la ópera ya estaba inventada varios siglos antes”).
Sin embargo, con el libro de Mariano Rajoy, presentado ayer, no podremos quedarnos con ninguna frase ingeniosa, por el pequeño detalle de que no las tiene. A esa conclusión han llegado los colegas que han leído el libro por mí. En ese sentido es una obra maestra de la sinceridad, pues según la mejor definición que he oído, su autobiografía es tan aburrida como su biografía; eso sí, sin faltas de ortografía, tan del gusto de Esperanza Aguirre, aquella ministra de Educación y Cultura del gobierno de Aznar. ¡De Educación y Cultura!
Como, visto lo visto, del libro no hay ningún aria que recordar, creo que lo mejor fue la presentación que hizo de él ayer en Madrid, y que retrata al personaje que nos quiere gobernar. Según Mariano, el rey de la caspa nacionalista, “hay lugar para el optimismo porque España tiene españoles, y eso es una cosa muy seria”.
Debería darse una vuelta por mi barrio, donde local que cierran lo abren al día siguiente los chinos o los sudamericanos. Sí, ser español es una cosa muy seria. Aunque, a lo mejor, si nos riéramos más…
En el PP van desgranado poco a poco su programa electoral. En realidad van aplicando en las comunidades que gobiernan las líneas maestras de lo que suponemos será ese programa. Ahorrar en sanidad pública y educación para entregar su gestión a manos privadas con criterios estrictamente empresariales (o doctrinales) y no de servicio público.
La precampaña electoral se la han repartido siguiendo la técnica del policía bueno y el policía malo. Aguirre, Cospedal, Pons, Arenas, Mato, Trillo, Mayor Oreja y el resto de la cuadrilla se encargan del trabajo sucio, poniendo en duda a diario la salud del estado de derecho acusando a gobierno, jueces, policía y fiscales de un contubernio contra su formación política. Rajoy es el bueno, el que no quiere subir los impuestos a los ricos (un rico cabreado vale por toda una Puerta del Sol repleta de indignados de la plebe), pero que piensa crear millones de puestos de trabajo para sacar del paro a los desempleados enviados a la calle por los malvados socialistas, y de paso, crear ilusión en los mercados de la deuda y rebajar el déficit público… aunque nadie sepa cómo lo va a conseguir aquel que no supo gestionar ni siquiera el desastre del Prestige, paralizado por los acontecimientos.
El policía bueno, especialmente dotado para la grosería en su anterior vida, se ha vuelto educado, y pretende gobernar a cualquier precio el guión de su propia campaña. Si en los últimos años fue imposible hacerle una sola pregunta en rueda de prensa, por culpa de unos medios de comunicación que servilmente le seguíamos el juego asistiendo a sus monólogos sin derecho a pregunta, en su equipo de campaña ya han dejado traslucir que los debates en televisión serán con preguntas pactadas previamente, y no las que los medios estimen convenientes.
Porque lo importante es mantener la ilusión de que Mariano tiene escondida en la bocamanga una buena idea. O dos, para asombro del universo mundo.