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Fuego amigo

Blog de Manolo Saco

Las otras pruebas de estrés

20 jul 2011
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Resulta mucho más complicado falsear las pruebas médicas de una cirrosis o de un enfisema pulmonar que las de un estado de ansiedad o estrés invalidante. En las primeras, los análisis de orina, de sangre, TAC, radiografías y demás instrumentos de medición pueden constatar con una precisión notable el estado del enfermo. Para las pruebas de estrés, basadas sobre todo en la evaluación del comportamiento del sujeto, el médico se ve obligado a tratar de distinguir entre la tragedia y la comedia, entre la enfermedad y el arte interpretativo del paciente.

 

Yo conocí a una empleada de una cadena de montaje de la industria textil, cuya marca no pienso revelar ni bajo tortura, que hoy disfruta de una gran invalidez gracias a sus dotes de actriz. El tribunal médico le dio la baja sin abrigar la menor duda, cuando lo que debería haberle dado es un óscar de interpretación. Un día nos reprodujo su escenificación ante el tribunal médico, y reconozco que aquello era de premio: se untaba el pelo con grasa de coche, la camisa era un puro lamparón para lograr el desaliño de un mendigo, hablaba de manera inconexa, y extraviaba la mirada como los mejores locos de película.

 

Me recordaba todo esto la noticia de que los médicos que atendieron a los 14 controladores aéreos del aeropuerto de Málaga, aquellos que se dieron de baja a la vez en la extraña epidemia que afectó a los controladores de toda España en el puente de la Constitución, han certificado que, como si se tratase de una enfermedad contagiosa, sus pacientes padecían todos a un tiempo un estrés invalidante.

 

El asunto tiene las mismas posibilidades de ser cierto que a Carlos Fabra le haya tocado tantas veces el gordo de la lotería, pero los médicos de los controladores y los votantes del PP parecen ser un público muy agradecido, dispuesto a dejarse envolver fácilmente por el espíritu de la comedia. Y a eso es a lo que no hay derecho, en un país con tantos y tan buenos actores profesionales mal pagados que apenas consiguen llenar la primera fila de butacas del teatro.

 

¡Cómo les hemos engañado!

04 mar 2011
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Qué a gusto me he quedado después de leer el laudo mediante el cual los controladores aéreos españoles solo cobrarán de media un sueldo de 200.000 euros anuales, a lo que se podría añadir apenas 80 horas extra más, pagadas a 190 euros cada una, es decir, unos dos millones y medio de pesetas más en horas verdaderamente extras. Con ese pequeño caramelo los hemos sobornado para un par de años, y nos hemos asegurado de paso una salida de Semana Santa en paz. ¡Qué inocentes! ¡Cómo se la hemos metido!

Estoy muy contento porque así quedo liberado de caer en la tentación de decir en alto que sueldos de ese calibre son una burla, en un país en el que ya hay más de cuatro millones de parados que para sí quisieran el estrés de los controladores, muchos de ellos con una preparación académica infinitamente superior, donde se restringen las plazas de oposición para maestros, donde la investigación se nutre de becarios mileuristas… Estoy contento porque si se me ocurriese pensar en alto, la derecha me tacharía de demagogo y la izquierda me acusaría de remar en contra de las conquistas salariales de la clase obrera. Alguno saldría a taparme la boca con el argumento inapelable de que lo ideal es que todos ganemos como los controladores aéreos. Y yo no sabría qué contestar.

Estoy contento de no tener que dar el cante porque, sobre todo, me preocupa mi flanco izquierdo. Porque, como ya he dicho alguna vez, el método científico predica que cuando la conclusión es disparatada (sueldos de más de 200.000 euros para unos guardias de tráfico aéreo) es que la premisa -eso de que pertenecen a la clase obrera- es falsa.

Semejante sueldo está argumentado sobre uno de los pilares básicos del capitalismo, uno de los culpables de la permanencia de las desigualdades humanas: el “principio de escasez”, el que eleva de manera criminal, mediante la restricción en el mercado, el precio de los alimentos básicos o el del petróleo, o crea castas profesionales con un poder de coacción desproporcionado. Que la izquierda utilice este instrumento, tan sabiamente utilizado en su contra por su enemigo natural, para justificar el sueldo disparatado de unos guardias de tráfico aéreos, en sintonía con la derecha más insolidaria, me desconcierta y, a la vez, me tranquiliza.

¡Para una vez que se ponen de acuerdo, miremos hacia otro lado y silbemos fraternalmente la Internacional!

 

La que están liando los viajeros

04 dic 2010
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A estas horas de la madrugada en que escribo, los aeropuertos se están vaciando de viajeros camino a ninguna parte, familias con niños y maletas a rastras, ancianos de la tercera edad que soñaban con unos días en algún balneario remoto, que durante toda la tarde se habían apalancado tercamente delante de los mostradores de las compañías aéreas, exigiendo embarcar.

Y todo porque unos cuantos miembros menesterosos de la clase obrera, de sueldos que sólo se ven en las páginas de Forbes, se habían visto obligados a dejar sin vacaciones en tan señalado día a miles de viajeros de toda España, viajeros ricos, sin duda, ociosa gente que sólo buscaba holgar durante un puente larguísimo, que para mayor delito habían programado con meses de antelación su salida. Ciudadanos insolidarios que protestaban contra unos indefensos trabajadores estresados de las torres de control, unos pobres curritos hartos de que les metieran mano a sus horas extraordinarias, las más extraordinarias horas que jamás haya cobrado la clase obrera en toda su historia.

Ví en televisión la cara desencajada y de estupor de esos miles de viajeros señoritos que se preguntaban estúpidamente dónde dormirían esta noche, y cómo volverían a sus puntos de destino o de partida desde una ciudad como Madrid, por ejemplo, donde no quedaba ya ni un billete de salida de la ratonera del temporal, ni en tren ni en autocar. Los muy estúpidos viajeros ignoraban que con su actitud, al servicio del capital, sin duda, estaban poniendo en peligro el sagrado principio de huelga, sea o no salvaje, que hasta el más ignorante sabe que está por encima de todos los demás derechos ciudadanos sin distinción.

No pude menos que solidarizarme con los controladores aéreos. Soy un sentimental. Pensaba en el mal trago que estarían pasando en la intimidad de sus mansiones de la Moraleja, teniendo que soportar desde el televisor de 60 pulgadas de alta definición los insultos y vejaciones que aquellos agentes del capitalismo les gritaban desde la pantalla, disfrazados de viajeros malhumorados; qué pensarían sus niños cuando les vieran llorar amargamente, las lágrimas chapoteando en el whisky de malta que temblorosamente sostendrían en sus manos… y se me encogió el corazón. Uno que es así.

Cuánta injusticia. Cientos de miles de capitalistas derrochadores y egoístas acosando a apenas un centenar de obreros del control aéreo. Así ya podrán. Abusones. Cada vez me resulta más insoportable este acoso criminal al derecho de huelga.

La que están liando Zapatero y los viajeros.

Aeropuertos sin control

05 feb 2010
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Una depresión recorre España. Hemos pasado de la senda supuestamente correcta, intentando amortiguar la caída libre del desempleo con el incremento del gasto público, a la necesidad de ahorrar 50.000 millones de euros en tres años para enjugar el déficit público. Y todo ello, de un día para otro, con expertos economistas que aprendieron su oficio en las mismas universidades, en pupitres contiguos, capaces de argumentar a favor de cualquiera de las dos recetas según el día y la hora y de donde sople el viento.

En estos casos de zozobra, lo mejor es preparar las vacaciones de Semana Santa, para huir en el aparato que nos puede llevar más lejos de nuestros problemas en el tiempo más breve. Me estoy refiriendo al avión; yo nunca hablo de sexo.

Pero mucho me temo que no va a ser posible. Hay un colectivo de trabajadores, los controladores aéreos, que van a decidir por nosotros si emprendemos vuelo o no. Depende de si AENA se pliega a sus demandas. Como ha dicho uno de sus representantes: “nosotros no tenemos nada que ver con la política”. Que quede claro. Ellos lo hacen por motivos humanitarios, mientras que la política es una profesión degradante que sólo busca el beneficio de toda una colectividad.

A ellos, en cambio, les mueven motivos más nobles: para mejorar, entre otras cosas, sus inmejorables salarios. La política nos precipita hacia un déficit público monstruoso, pero su huelga encubierta traerá la felicidad de al menos trescientas familias. Y tal como están las cosas, a ver qué político en este momento puede presumir de haber hecho felices al menos a trescientas familias.

Ni los responsables de la Gürtel, otro colectivo de buenos samaritanos, beneficiaron a tanta gente.
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Meditación para hoy:

El otro día os traía la bonita y entrañable foto del obispo Munilla estudiando a dos jóvenes candidatos a pecadores. La inocencia consiste en eso: que corren peligro pero no lo saben.

Hoy os traigo una foto que ilustra a la perfección cómo caló en la Iglesia el mensaje de pobreza de aquel tal Jesucristo que nunca existió. Yo pensaba que “orar” era rezar, y no acumular oro. Pero, una vez más, estaba equivocado.

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