Mariano Rajoy sabe que la clave del éxito de su campaña es no emitir ningún mensaje que le pueda comprometer una vez instalado en el gobierno. Como dicen por Génova13, estas elecciones las pierde el PSOE, él solito, y el PP tan solo debe dejarse llevar por la corriente de los parados, de los indignados y de los desencantados que desemboca en el mar de la Moncloa. Así que cualquier noticia que altere el curso de ese río es mal recibida, porque las noticias, tanto las buenas como las malas, interrumpen la siesta, y sus efectos son siempre impredecibles.
En el PSOE rezan todas las mañanas para que se acelere, antes del 20N, el comunicado de ETA anunciando su disolución; en el PNV ya no descartan la posibilidad de tal anuncio y se reúnen varias veces con Mariano para ver cómo se podrían amortiguar los efectos electorales de tan mala buena noticia; y en el PP, por si acaso, se curan en salud avisando que el abandono de la lucha armada terrorista debe ser una “rendición incondicional”, que contenga términos lo suficientemente radicales como para que ETA jamás pueda asumirlos por escrito… al menos antes de las elecciones.
Según se acerca el 20N (¡qué distinto a los veinte enes de antes!) todos se han enzarzado en una descomunal tarea de seducción. El PSOE no quiere cabrear a los ricos ni al Papa; el PP se erige en defensor de los pobres obreros y parados; y los partidos nacionalistas preparan la minuta para comunicar al ganador, el día 21N, el precio por su apoyo en la próxima legislatura. También pugna por hacerse oír en los medios de comunicación Izquierda Unida, del salón en el ángulo oscuro, de su dueño tal vez olvidada…
La organización más poderosa y rica de la Tierra, la Iglesia católica, tras despilfarrar 50 millones de euros en alimentar el ego insaciable de su presidente, organizándole un baño de masas en Madrid, está muy preocupada ahora por los pobres y los problemas del mundo. Vapordiós. Siguiendo la senda marcada por las grandes fortunas que han pedido a sus gobiernos que les obliguen a pagar más en estos tiempos de tribulación y crisis, el farsante de Roma ha pedido a la Iglesia que preside que se despoje de su riqueza terrenal y poder político.
¿Qué ha dicho?
Suena un poco a las palabras de su feligrés Mariano Rajoy, el presidente del partido con mayor número de cargos imputados por corrupción, cuando anuncia en su programa de gobierno que dedicará buena parte de sus esfuerzos a la lucha implacable contra la corrupción. El otro farsante, el de Roma, sabe que la diferencia entre una religión y una secta (como las sectas judaicas conocidas como cristianas) consiste en que las sectas solo adquieren el estatus de religión respetable cuando logran acumular suficiente riqueza y poder terrenal. La Iglesia “debe de nuevo separarse de todo lo mundano”, acaba de decir Ratzinger en Alemania. ¿Es que se ha vuelto loco?
Como en las grandes declaraciones, la trampa está en la letra pequeña. Como ocurre con los presos de ETA, que se adhieren al acuerdo de abandono de la violencia… siempre y cuando se conceda a Euskadi la independencia. Hay que leer hasta el final. ¿Cuál es la letra pequeña en el caso de Ratzinger? ¿Qué pide a cambio para deshacerse de su inmensa fortuna el encubridor de una legión de curas pederastas, denunciado ante la Corte Penal Internacional, él y tres cardenales más, por crímenes de lesa humanidad? Y, lo que es peor, ¿hasta dónde tenemos que bajarnos los pantalones, literalmente, para darle gusto en justa compensación?
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Meditación para hoy:
El hecho de que los ricos muy ricos pidan que se les rebajen sus beneficios obedece a una estrategia, tiene la misma explicación racional que las paradas biológicas que demandan los pescadores conscientes de que están matando la gallina de los huevos de oro, acabando con sus recursos futuros: unos y otros saben que la sobreexplotación acaba con la pesca, de la misma manera que acaba con los pobres de los que se alimenta el ultra liberalismo.
¿Qué pretende el Benedicto? ¿Una parada biológica en su ansia de rapiña, en vista de que ni los pobres quieren entrar ya en sus iglesias, heridos por el brillo del oro y ahogados por el humo del incienso. ¿Ha llegado a la conclusión de que, como en el caso de los percebes y los boquerones, es necesario que los pobres engorden y se regeneren, aunque para alimentarlos sea necesario vender algunos cuadros, alguna pietá, unos cálices engastados en piedras preciosas, o unos palacios inservibles, quizá? ¿Piensa vender todo, repartirlo entre los más necesitados, y seguir a Cristo, como cuentan en el Evangelio? ¿O es una simple tomadura de pelo, una puesta al día de la vieja y vacía retórica de cuando se preguntaba en su visita al campo de exterminio de Auschwitz “dónde estaba dios en aquellos momentos”? Solo un farsante de semejante envergadura, que sabe que dios no existe, puede utilizar la retórica para preguntar en qué estaba pensando dios cuando los hornos crematorios trabajaban a pleno rendimiento y el joven Ratzinger, hoy papa, paseaba su palmito enfundado en el uniforme de las juventudes hitlerianas.
Teniendo en cuenta que el poder y la riqueza son los pilares que sostienen el edificio de las religiones ¿creéis que Ratzinger, ante propuesta tan extravagante, pudiera estar sufriendo alguna enfermedad mental degenerativa? Si es así, ¿imagináis el cóctel de veneno que le están preparando en la curia romana para enviarlo sin mayor dilación al encuentro con su dios en el paraíso?
Hay gente que no ha conseguido pasar del prólogo de El Quijote pero que es capaz de insertar en una conversación varios párrafos del libro con alguna de las sentencias del ingenioso hidalgo. Y no digamos de Mark Twain o de Oscar Wilde, de los que muy pocos sabrían repetir el título de alguno de sus libros pero que se saben de corrido decenas de sus frases brillantes. Es una forma de leer, al fin y al cabo, directos al grano, una lectura de tan solo lo que después son capaces de tararear, como las arias en el caso de la ópera, que todo el mundo espera ansioso mientras soporta una ininteligible sucesión de diálogos entre la soprano y el tenor.
(Inciso. Atribuyen a Ionesco la siguiente, más o menos, frase burlona: “Dicen que yo he inventado el teatro del absurdo, pero no es verdad: la ópera ya estaba inventada varios siglos antes”).
Sin embargo, con el libro de Mariano Rajoy, presentado ayer, no podremos quedarnos con ninguna frase ingeniosa, por el pequeño detalle de que no las tiene. A esa conclusión han llegado los colegas que han leído el libro por mí. En ese sentido es una obra maestra de la sinceridad, pues según la mejor definición que he oído, su autobiografía es tan aburrida como su biografía; eso sí, sin faltas de ortografía, tan del gusto de Esperanza Aguirre, aquella ministra de Educación y Cultura del gobierno de Aznar. ¡De Educación y Cultura!
Como, visto lo visto, del libro no hay ningún aria que recordar, creo que lo mejor fue la presentación que hizo de él ayer en Madrid, y que retrata al personaje que nos quiere gobernar. Según Mariano, el rey de la caspa nacionalista, “hay lugar para el optimismo porque España tiene españoles, y eso es una cosa muy seria”.
Debería darse una vuelta por mi barrio, donde local que cierran lo abren al día siguiente los chinos o los sudamericanos. Sí, ser español es una cosa muy seria. Aunque, a lo mejor, si nos riéramos más…
Rodríguez Zapatero acaba de sufrir en sus propias y magras carnes el famoso epitafio del humor negro: al final de tus días, por mal que lo hayas hecho, saldrás a hombros. La despedida del presidente del Gobierno en el Senado parecía la sala del tanatorio donde los parientes recuerdan entre lágrimas lo bueno que había sido el sinvergüenza del finado, o la cama del enfermo terminal donde la esposa acaba perdonándole al pendón del marido el infierno de matrimonio que le hizo padecer.
Rodríguez Zapatero, que en vida había sido para Mariano Rajoy y su banda “un bobo solemne, cobarde, irresponsable, inexperto, antojadizo, veleidoso, inconsecuente, acomplejado, que tenía de adorno la cabeza, indigno, cobarde, perdedor complacido, hooligan, traidor, taimado, maniobrero, chisgarabís, sectario, falto de criterio, ambiguo, inútil, débil e inestable, además de tener sólo categoría para subsecretario, como mucho” (si no recuerdo de vez en cuando esta letanía, reviento)… al final de sus días políticos resultó ser un presidente que, en palabras del portavoz del PP en el Senado, Pío García Escudero, se merece “el máximo respeto”.
Dicho esto, se desató un empalagoso tsunami de cariño en forma de aplausos desde la bancada del PP, la misma que durante siete años le insultó y menospreció sin aplicarle no ya el máximo, sino el mínimo respeto. Creo que Zapatero, aunque lo haya hecho tan mal como dicen sus detractores, no se merece tanta crueldad en su despedida. En el PP saben que el halago debilita, y quieren rematar lo que queda de legislatura con un Zapatero maniatado por el efecto devastador del halago. El PP se la ha vuelto a jugar.
Lo fastidioso de los programas políticos ocultos es que corremos el peligro de apoyar a un candidato que piensa hacer todo lo contrario a lo que insinúa en su campaña electoral. Sin ir más lejos, Mariano Rajoy va a ganar las elecciones, según todas las encuestas de opinión, porque sus asesores le han aconsejado no soltar prenda de su programa ultraliberal y el castigo que nos espera.
Eso, como digo, sin ir más lejos. Yendo más lejos, nos topamos con el “programa electoral” de los rebeldes libios, gracias al cual compraron las simpatías y voluntades de las democracias occidentales, ocultándonos que pensaban sustituir el régimen dictatorial de Gadafi por la dictadura de la Sharia islámica. Eso nos pasa por ir por la vida salvando países.
Así que ahora resulta que hemos colaborado en sustituir el régimen represivo de un dictador demente por otro que se gobernará por la ley islámica donde reinará Alá a su capricho. Libia será desde ahora un país más justo, según los rebeldes, donde los adúlteros y los homosexuales serán castigados con la pena de muerte. Para casos menos graves valdrá una buena ración de azotes (hasta cien) o la amputación de una mano para los ladrones recalcitrantes. Entre las prohibiciones estará la consulta a magos y videntes, coger el pene con la mano derecha mientras orinas, que la esposa alegue que le duele la cabeza para no practicar sexo con su marido (de hacer el amor, ni hablamos), que las mujeres se queden a solas con otro hombre que no sea su marido, o que sostengan la mirada a un hombre sin bajarla; ya no valdrá comer cerdo, beber alcohol, y depilarse el entrecejo (esto último me parece sadismo puro).
Vale, lo sé: Alá es más raro que dios… pero más justo que Gadafi.
Convergencia i Unió, la otra derecha, el otro nacionalismo, se lo puso en bandeja al PP: que presentara una moción de censura al gobierno si tan bueno es el programa económico que han diseñado en la fábrica de Génova 13, con la ayuda de la industria auxiliar de pensamiento de la FAES, nuestro Tea Party (de risa) patrio. ¡Mira que no hay partidos de derecha para elegir apoyos!
Ayer mismo, en la sesión del Parlamento, Mariano Rajoy presentaba su semanal censura, sin moción, con su fantástico programa inexistente, cuya aportación única es, como ya sabemos, la fe, la fe en que el mundo solo recobrará la fe en nosotros cuando España sea castigada con un gobierno del PP. Él sabe que nosotros sabemos que Zapatero sabe que sus compañeros socialistas estarían dispuestos a sacrificarse si la alternativa no fuese Mariano Rajoy. Un líder para quien el tiempo que falta para las elecciones generales discurre a la velocidad viscosa de las pesadillas, que no se atreve a publicar su ideario político ultraliberal, sin duda, como ese amigo reservado y callado que todos tenemos, del que no sabemos muy bien si es por prudencia o porque es simplemente bobo.
El tiempo se les echa encima. Ayer comentábamos el terror del PP a que los traidores de ETA estén a punto de declarar su disolución para echar una manita a Zapatero. Y ayer mismo, el Centro de Estudios Sociológicos (CIS), que es para el PP como el oráculo electoral solo cuando le trae buenas noticias, alertaba a los populares sobre el efecto Rubalcaba, que acortaría distancias y pondría en peligro la mayoría absoluta de la que ya se relamen.
En vista de que el tiempo corre en su contra, no habrá más remedio que preparar urgentemente uno de esos informes de la FAES sobre las cuentas maquilladas de las autonomías, para pasárselo a Moody’s bajo cuerda. Es duro, pero la patria exige estos sacrificios.
Entre las reivindicaciones de los movimientos ciudadanos nacidos al margen de los partidos políticos, agrupados bajo el nombre genérico de Indignados, sobresale un clamor: que la vida política necesita una regeneración ética, al servicio del bienestar de los ciudadanos y la justicia distributiva, libre de las cadenas de los poderes económicos que intentan y consiguen suplantar a los órganos del estado elegidos democráticamente.
Mientras los políticos discuten qué será mejor para sus partidos, que no para el país, si un adelanto electoral o dejar que se agote la legislatura (y nosotros con ella), los indignados intentan explicar desde sus laboratorios de ideas que el debate no es de tiempos, sino ético, de actitudes ante los retos del capitalismo agónico del siglo XXI.
Posiblemente, entre los programas electorales que se están elaborando en estos momentos, o sea, las promesas por escrito a incumplir en los siguientes cuatro años, será imposible, y hasta suicida, ignorar buena parte de las reivindicaciones de estos movimientos, aunque sea tan solo como estrategia, como jarrón chino que adorne el decorado.
El sentido común, que no digo que sea el acertado, nos lleva a que, estando ya todo el pescado vendido, por mucho que se pongan las reformas pendientes como disculpa, los razonable sería adelantar las elecciones al final del otoño. Pero una duda me corroe: y es que Aznar y Rajoy piensan lo mismo que yo. Que viene a ser algo así como cuando la banca dice trabajar por nuestro bienestar.
No sé donde falla mi olfato, porque sabemos que lo que es bueno para la banca, para Aznar y para Rajoy no puede ser bueno para la Humanidad. Estoy hecho un lío.
La decisión de Bildu de prohibir la entrada de los escoltas de los ediles amenazados por ETA en los municipios que gobierna, además de ordenar la desconexión de los arcos de seguridad en los accesos a los edificios públicos, conduce a un par reflexiones, ambas la mar de pintorescas.
La primera es que ya no es necesario extremar las medidas de seguridad por miedo a un atentado, porque ETA eran ellos, y ya han confesado por activa y por pasiva que han venido a la política en un viaje democrático sin retorno. O sea que, tranquilos, que el bosque está a salvo porque hemos dado empleo de vigilante a los pirómanos.
La segunda podría ser que, aunque Bildu no es ETA rehabilitada sino su enterrador, se ha embarcado en una operación de imagen que consiste en hacer ver que los terroristas confían tan a ciegas en la izquierda abertzale que ya les han avisado de que pueden relajarse, que perro no come perro. Es decir, la alcaldesa de Andoain, por ejemplo, genera la suficiente confianza en los mercados del terror como para impedir que suba la prima de riesgo.
Confianza. Esa es la palabra clave. Ni programas ni gaitas. Lo sabe bien Mariano Rajoy, preocupado él por la elevada prima de riesgo que España debe afrontar para evitar los estragos del terrorismo de los mercados financieros. Con Zapatero necesitamos gobernar rodeados de escoltas, con todos los arcos de seguridad pitando al menor descuido, porque no “genera confianza”. Mariano sí. Es un misterio, pero sí. Él genera confianza. Y ahora es cuando viene la pregunta: ¿Con Mariano ya no nos van a amenazar los mercados porque los terroristas financieros son sus amigos?
Que yo recuerde, nunca una mujer candidata a unas elecciones se fotografió tomando niños en brazos y besándolos, porque se supone que las mujeres, a no ser que se llamen Rita Barberá, no necesitan ese plus de ternura para su imagen pública. Desde la mili, a los varones se nos supone el valor, y a las mujeres, el amor a los niños. Como en el caso de los curas, pero por otras razones. Por eso resulta muy fácil descubrir el engaño cuando los políticos varones se fotografían con bebés en los mítines por exigencias del guión.
Un bebé es un instrumento de propaganda de difícil manejo porque nunca sabes en qué estado llega a tus brazos. Si os fijáis bien, veréis que los candidatos varones los cogen como si acabasen de comprar una pescadilla, con miedo a que se les escurra, y desconfiando siempre de si le vienen meados. Poner cara de felicidad o guardar el aplomo exigido en semejante trance requiere de mucho entrenamiento, y ahí es donde se nota que muchos de ellos jamás en su vida han cambiado un pañal.
Como las imágenes son las que perduran, por mucho que historiadores fascistas se empeñen en reescribir la historia de sus ídolos, los políticos siempre están dispuestos a hacer el ridículo por una buena foto que se cuele en las retinas de sus votantes, sea con bebés, sea jugando a dar de comer a los pobres en Navidad, como Rajoy. Fraga se bañaba en las aguas radiactivas de Palomares, el ministro Arias Cañete se atiborraba de colesterol comiendo en público chuletones de vacas cuerdas, y Mariano, con su plana mayor, no encuentra ridículo representar ante los medios de comunicación un festín de pepinos de Almería para demostrar que para patriota, él.
Se le notaba que aborrece los pepinos, pero más amarga un bebé meado.
Al día siguiente a la muerte de Franco, y a falta de pruebas más científicas por la ausencia entonces de libertad de expresión, sabías dónde vivía alguien de izquierdas rebuscando en su basura. Unas botellas de cava vacías lo delataban. Ayer, los líderes del PP estaban todos afónicos de tanto gritar “Mariano, Presidente” o “Zapatero, dimisión”, y por el grado de ronquera de mis vecinos supe inmediatamente cuál había sido el sentido de su voto.
La primera novedad que nos trae el resultado de las elecciones es que a Mariano Rajoy, famoso en su propio partido por ser un activo militante de la pereza (una contradicción en sus términos), se le ha acabado la siesta: “Yo, mañana, me voy a poner a trabajar”. No sé si es una buena noticia, pero hay que reconocer que eso es estrenarse como líder, una vez que ha matado al padre, freudianamente hablando, tras haber superado los resultados obtenidos por el hombrecillo insufrible que le nombró a dedo como sucesor. Mariano ya se ha hecho mayor… aunque no tanto como yo quisiera.
Mientras sus compañeros lloriqueaban de emoción (¡qué imagen la de los pucheros de Esperanza Aguirre, de Gallardón, de Cospedal!), como si el poder les hubiese tocado en suerte, como una lotería, o bien vociferaban pidiendo elecciones anticipadas, Mariano se esforzaba por abandonar su reciente imagen de político antisistema y presentarse como el gran líder salvador y responsable: “El PP gobernará para todos por recuperar la economía”.
No os llevéis a engaño. Es solo una tregua. Si pensabais que con estas elecciones se acabó la crispación es que sois incapaces de imaginar la larga campaña electoral que nos espera hasta la próxima primavera. Acabaremos pidiendo a gritos elecciones anticipadas para que cese la tortura psicológica. Ya lo veréis.