JOSÉ LUIS MARTÍNEZ
La reforma laboral y de las pensiones de SarkoZy recibe sucesivos “izquierdazos” en la arena política. “Sarko” encaja los golpes con “cara de poker” y muy tocado en las encuestas. A casi el 70% de los franceses no le mola lo de jubilarse hasta los 62, ni la política privatizadora de los servicios públicos (salud, transporte, correos, educación, etc.) para que los exploten los amiguetes de Carla Bruni.
El eternamente bronceado presidente de la derecha francesa confía en que la marejada de huelgas remita antes de las elecciones del 2012 y que el ambiente se haya enfriado un poco. Además siempre conserva el as en la manga de cortejar al electorado de Le Pen, líder del Frente Nacional, con su política de persecución de rumanos, gitanos y otras gentes de mal vivir (como diría el Caudillo).
La izquierda gala se muestra poco complaciente con el aprendiz de Napoleón. Bien distinto que en España, donde los socialistas se encargan de hacer el trabajo sucio a la derecha y a la CEOE, con la peregrina idea de que los currantes terminen siendo benévolos con la reforma de Zapatero.
Muchos factores hacen bien distintas las circunstancias a un lado u otro de los Pirineos, pero sobre todo lo que pesa aquí es la propia sociología de la Gauche. Partiendo de la base que los socialistas franceses cosechan menos votos que el resto de la izquierda junta, pues ya esclarece algo las cosas. La “Gauche” es muy de izquierdas y esto se deja sentir.
Frecuentar la carretera te permite hacer nuevas amistades inesperadas. El severo régimen de bocadillo salchichón que observan los esforzados marchistas tiene, a veces, el contrapunto afectuoso de una cerveza fría en un bar de carreteras.
Tras escuchar a la enésima camarera decir “tu est fou” (tú estás loco) por andar no mucho más de 1.000 kilómetros por Europa, aparecen en el escenario otros sujetos que ya se han hecho familiares: los camioneros.
Los “Añuri”, por ejemplo, son navarricos. Jatorras ellos. Buena gente. Claro, como el que suscribe es de padre de Olite, pues que pichorras va decir.
Yo les digo a los colegas, inmediatamente abducido por el influjo de Los Hermanos Anoz: “La hostia, un camión de Iruña. Oye pues, si son navarros los muetes”. Sin coscarme que estoy leyendo “Iruña” en el toldo del camión, pero al revés.
Hablo con ellos y se me pone la piel de gallina, como si estuviera viendo cantar a los mozos a San Fermín antes del chupinazo del encierro. ¡Que cosa esta de las emociones cuando estas un mes fuera de casa!
Nos encontramos a otro, que es de Utebo, comiendo en un restaurant de carretera que regenta una salmantina. “Joder co, he visto la bandera aragonesa que lleváis en la mochila y pensaba que estaba alucinando”
La peña camionera es nuestro principal apoyo en la carretera. Unos porque están con la causa. Otros porque ver “marcianos” en la ruta europea da mucha variación al paisaje. Otros más porque sienten la secreta envidia de hacer una locura justa una vez en su vida. ¡Que buena peña esta de los camioneros!
ANA CUEVAS
Existe una expresión aragonesa que, personalmente, siempre me ha hecho mucha gracia. Se utiliza para calificar a una persona o un comportamiento como propio del grupo más equitativo y universal de todos cuantos conocemos: el género tonto.
Es un concepto generoso que no discrimina entre tendencias sexuales, clases sociales, creencias o ideologías. Todos en algún momento de nuestras vidas, y algunos de forma permanente, hemos hecho o dicho algo que nos ha delatado como entusiastas miembros de este club del descerebre.
Ser del género tonto no se limita a la habilidad de cada quien para pergeñar tonterías. Implica que esas estupideces son cometidas aun a sabiendas de que van en perjuicio propio.
Para explicarlo de una manera clara e inteligible pondremos un ejemplo al azar:
Imaginen una empresa que se pasa por los bemoles los derechos fundamentales de sus empleados, un Air-Comet o Marsans cualquiera, y cuyos representantes sindicales por ineptitud, desinterés, cobardía, lealtad inversa o pocas luces no ponen freno a los desmanes de su patrón. Sigan imaginando que un buen día, el astuto contratador convocara una asamblea de trabajadores donde las traiciones, torpezas e imprecisiones de sus sindicalistas fueran relatadas minuciosamente para coronar su discurso con la conclusión de que la plantilla estaría mejor sin ellos. Con toda probabilidad, sus argumentos torticeros lograrían convencer a gran parte de la audiencia que, sin estrujarse las meninges, podría decidir que es mejor eliminar a estos interlocutores y negociar directamente con el “amo” sus condiciones laborales.
Craso error, propio de los que practican el género tonto. En vez de exigir la mejora de la calidad de sus representantes o sustituirlos por otros más comprometidos, se entregarían dócilmente al lado oscuro dinamitando el instrumento más valioso para la clase obrera.
Pues dejen de imaginar y miren a su alrededor. Esto mismo, está sucediendo a gran escala extrapolando la situación a la reforma laboral y la huelga general del 29 de septiembre. Los voceros del capital lanzan consignas contra los sindicatos que en realidad van dirigidas, como certeros torpedos, a la esencia del propio sindicalismo. Y este mensaje ha calado en una sociedad que se escuda en su ineficacia y burocratización para no salir a la calle a combatir las tropelías que se nos avecinan. ¿No sería más lógico que empujáramos a las centrales sindicales a cumplir con sus obligaciones? Y que conste que, servidora, ha tenido más desencuentros que momentos felices con los mayoritarios. Pero como creo firmemente en la rehabilitación del ser humano, debo apostar por la reforma y nunca por la extinción soñada por pesonajillos de la extrema derecha, como doña Esperanza Aguirre, e inoculada subrepticiamente a la opinión pública.
Contribuir a desmantelar nuestros más útiles mecanismos de defensa constituiría el “premio gordo” del concurso de estulticia en el país del género tonto. No participar en la movilización y huelga del 29-S equivaldría a sacar matrícula de honor en la oposición a majadero.
A muchos les parecerá de necios nuestra quijotesca aventura caminando hasta Bruselas. Pero para nosotros, lo verdaderamente estúpido es la atomización de las fuerzas sindicales y sociales. La pasividad, la inercia, el desencanto y el individualismo, eso sí que son actos mentecatos.
Si caemos en su trampa, nos transformaremos en un Estado emblemático del género tonto. En un auténtico paradigma de cómo se desarticulan todos los logros sociales y laborales a cargo de nuestra propia sandez.
PEDRO LOBERA
Destino alcanzado. Bueno, el inicio del camino para mí y para Maribel. El sábado llegamos a Salbris. La verdad que todo muy bien, pocos incidentes en el viaje que reseñar, bueno una cosa: en el aeropuerto de Zaragoza me encontré con unos amigos que dio la casualidad que también iban a París ellos de viaje romántico,. ¡Qué mala suerte tuvieron! Ya que, como a mí no me cabía todo en la maleta ni en la bolsa de mano, en medio del aeropuerto empecé a sacar ropa y a meterla en sus bolsas. Muchas gracias. La verdad que no podrán olvidar la entrada a París cuando el Perikín, soy yo, desde el asiento de atrás les gritó ¡MIRAD MIRAD LA TORRE EFFIEL ¡ Me encanta formar parte de la memoria romántica de mis amigos, no sé qué opinarán ellos.
Bueno el encuentro con los compañeros marchistas muy emotivo. Los hemos encontrado muy bien, José Luis va como una moto todo el día, ande o no ande, y nada el domingo madrugamos y empecé andar 34km. La verdad que muy bien solo una pequeña ampolla pero sin importancia. Al final de la etapa nos esperaban unos compañeros de varias organizaciones francesas, bueno no me acuerdo ni del nombre del pueblo ni de todas las organizaciones, pero prometo que cuando lleve cuatro días iré recordando mejor las cosas. Es que ahora lo del francés no se me queda, no entiendo nada y me fastidia.
Los compañeros franceses nos prepararon en Orleans una pedazo de cena vegetariana con productos ecológicos. Impresionante el paté vegetal con pan de oliva, y lo poco que pude entender y hablar la verdad que muy interesante. Voy a recoger más datos sobre algunas cuestiones de estas organizaciones y os iré contando.
Como llevamos prisa hoy no me extiendo mucho, me duelen las piernas pero es un dolor muy agradable.
ANA CUEVAS
¿Han sufrido alguna vez esa clase de pesadillas en las que uno cree despertar para darse cuenta que estás atrapado en un infernal bucle de aberraciones oníricas sin salida? Esa sensación en la que un mal sueño te agarra y, al desadormecer, compruebas que estás inmóvil y no puedes liberarte de la sepultura de angustia en la que te ha sumergido la inconsciencia. Yo sí. Me ha ocurrido tantas veces que, hace ya un buen tiempo, decidí que solo podía soñar con los ojos bien abiertos. En un estado de letargo consciente que me permita estar alerta contra toda la gama de engendros que me susurran consignas al otro lado de la razón, para incitarme a traspasarla.
Como todo en la vida es sueño, las pesadillas husmean nuestros actos cotidianos. Las injusticias sociales y laborales se disfrazan, aprovechando el duermevela, para mostrársenos como terroríficas quimeras imposibles de abatir. Intentan alterar nuestra concepción de la realidad con el fin de que asumamos, como algo natural, aquello que nos ofende. Quieren convencernos de que todo es inútil. De que no merece la pena salir de esa eterna siesta de carneros resignados a lo inevitable.
La Marcha a Bruselas podría ser una columna de sonámbulos en el planeta de la narcolepsia. Personas que han decidido desperezarse y echarse a andar para buscar remedio a tanta somnolencia. Capaces de soñar más allá de los límites que quieren poner a nuestros sueños.
Son como un grito que llama a mantener la vigilia. A no dejarnos arrastrar a los inframundos donde pretenden instalarnos.
Y como la sociedad padece un sopor profundo, similar a la muerte, harán falta muchos gritos para sacudir tanta modorra.
La aventura de los activistas de la Marcha aspira a ser un alarido potente. Nació con vocación de convertirse en un estruendo que agite el mundo para liberarlo de sus terrores nocturnos. Para sacarlo de esa catatonia que impide a las víctimas tocar a rebato frente a sus depredadores.
Ustedes dirán que son muy pocas voces para tan ambiciosas pretensiones. Tienen razón y, aunque cada día somos más, necesitamos aún muchas gargantas para formar un descomunal coro berreante.
Prueben a hacer un ejercicio simple: Cuando la reforma laboral, los recortes sociales y la injusticia en general les tarareen la nana de la mansedumbre… Abran bien sus pulmones, tomen una generosa ración de aire y expúlsenlo aullando un rotundo “NO” que no deje lugar a dudas.
Vayan entrenando. Verán que resulta muy gratificante y que, además de amedrentar a los merodeadores, se consigue un efecto contagioso entre la gente.
La huelga del 29 de septiembre puede ser la ocasión idónea para un ensayo general de esta práctica. Podemos convertirla en un clamor popular o seguir durmiendo. Ninguna excusa nos exonera de la responsabilidad sobre este asunto.
Por eso, si no quieres esperar en los brazos de Morfeo mientras los poderosos deciden tu futuro, llena de aire fresco tu pecho y grita bien fuerte. ¡Grita!. Ya verás que bien te sientes luego.
MARIBEL MARTÍNEZ
Las largas e infinitas carreteras de la Francia interior, son como cintas sin fin en las que los caminantes pierden la noción de los kilómetros y del tiempo. Envueltos en la neblina de la mañana caminamos sumidos en nuestros pensamientos. Cada uno afronta el camino a su manera, todas las armas son buenas compañeras de viaje en esta rutina que supone caminar cada día una decenas de kilómetros en pos de la cita con la siguiente etapa.
Nuestro compañero Abdoulaye anda estos días un poco enmorriñado. Habitualmente poco hablador y un tanto tímido, está más callado de lo habitual. ¿Qué te pasa Abdoulaye?, le preguntamos. Él con una gran sonrisa nos responde que nada y sigue como siempre caminando en primera línea, sacándonos a todos una buena distancia. No se si como todos empieza a echar en falta a la familia y amigos, o tal vez sea el otoño que ya ha tomado posesión de la campiña. No sabemos, pero lo cierto es que estos días Abdoulaye y también todos andamos un poco enmorriñados.
Ya son muchos los días en la carretera, muchas las sensaciones y sentimientos, muchas las ampollas y el cansancio. Esa mezcla que te hace levantarte todas las madrugadas, emprender la marcha y llegar a destino cansados, felices y sobre todo satisfechos por cumplir una nueva etapa. A veces esa larga y aburrida carretera te depara alguna sorpresa. Ayer nos cruzamos con un grupo de motoristas que como nosotros también recorren las carreteras francesas.
Mucho antes de verlos, ya se podía escuchar el rugido de sus motos. Subidos a estas normes y potentes máquinas, son los nuevos caballeros andantes de la carreteras. Enfundados en sus trajes negros de cuero y parapetados tras sus cascos, nos rebasaron , saludándonos y haciendo sonar sus bocinas. Unos kilómetros más adelante, en un bar de carretera, nos los volvimos a encontrar.
Curiosa situación cuando se cruzan dos formas tan diferentes de abordar el camino. Ellos, devorando el asfalto, con la velocidad como enseña. Nosotros, tranquilos caminantes, vestidos con nuestros chalecos naranjas y con todo el tiempo del mundo para realizar nuestro objetivo.
Al vernos nuevamente, sin palabras, una sonrisa de complicidad se dibuja en las caras de ambos grupos. Entendemos la vida de manera diferente, nuestros objetivos pueden no ser los mismos, pero mientras recorremos la carreteras, algo nos unes. Todos estamos “on the road”.
MARIBEL MARTÍNEZ
La Marcha a Bruselas sigue su camino hacia Orleans. Los días empiezan a ser grises, el otoño ha entrado en Francia cubriendo sus bosques y campos de una fina niebla que a ratos se mezcla con la lluvia.
Cada día, al empezar nuestra jornada, los marchitas nos forramos de prendas impermeables para tratar de mojarnos lo menos posible. Algunos que van de fuertes, dicen que prefieren caminar con lluvia a sufrir los rigores del calor. Yo, sinceramente, prefiero caminar con calor y no tener la sensación permanente de estar mojada. La lluvia cala hasta los huesos, de eso saben mucho los que hacen el Camino de Santiago. Por cierto, por aquí debe haber algún ramal perdido, nos hemos encontrado con varios caminantes que lo hacían, para sorpresa nuestra.
En estos días en que lo único que hacemos es caminar, tras varias jornadas de rutas y reuniones con amigos de organizaciones francesas, tenemos tiempo para chequear el correo y leer los periódicos de la France.
Hoy nos enteramos que los sindicatos franceses, tras el éxito de la huelga general y las manifestaciones del día 7, van a seguir con su pulso al Gobierno de Sarkozy. Nuevas acciones están previstas para los días 15 y 23 de septiembre. La guerra entre trabajadores y Monsieur le President esta servida.
Otra confrontación parece que esta a punto de estallar. El pastor Terry Jones, un religioso fundamentalista de la América profunda, amenazaba con convertir el 11/S en algo parecido a la película Farenheit 451. Quemar el Corán, libro sagrado de los musulmanes, le parece la mejor manera de conmemorar dicha fecha.
Mientras mi amigo y compañero Abdoulaye camina con nosotros en representación de sus compañeros “sin papeles”. Como buen musulmán cumple diariamente con sus preceptos. Noticias como esta le llenan de preocupación y dolor. Las gentes que caminamos cada día también lo hacemos en defensa de los derechos de los emigrantes. En Francia viven muchísimos de tercera generación, sin embargo tan apenas los divisas por sus calles. Imagino que la política xenófoba de Sarkozy tiene mucho que ver en ello.
Me pregunto cuantas afrentas serán capaces de digerir los extremistas de uno y otro signo antes de que la confrontación y otros actos más dolorosos vuelvan a saltar a las primeras páginas de la actualidad.
Mientras en Ariño –Teruel, los mineros se han encerrado en la mina. Llevan años esperando los prometidos puestos de trabajo a cambio del cierre de la explotación. ¿A dónde han ido a parar los dineros que la UE dio para ello? Los trabajadores se sienten engañados y el Gobierno de Aragón parece estar sordo a cualquier tipo de negociación.
Seguimos caminando, mojados por fuera y con el corazón hoy un poco más triste.
ANA CUEVAS
Cuando a los impulsores y participantes de la Marcha se nos califica de cándidos o “primaveras”, en el mejor de los casos, están muy lejos poder llegar a ofendernos. En este mundo la inocencia se ha convertido en un concepto peyorativo. En una cualidad dañina para quien la padece puesto que, teóricamente, le deja expuesto a la crueldad de la vida, sin los recursos que se consideran imprescindibles para defenderse de toda la malignidad que nos acecha. Mecanismos como el de la desconfianza en el prójimo o el cinismo endémico, poderosos aislantes contra la solidaridad y la esperanza, que no hacen más felices a quienes los emplean pero les permiten creerse vacunados frente al desengaño.
Pero el desengaño prende con mucha más voluptuosidad que la esperanza. Como la mala hierba, inunda los puestos de trabajo, los hogares y hasta el más insignificante acto de nuestra rutina cotidiana sumergiéndonos en un autismo emocional de carácter voluntario. Desdeñando cualquier atisbo de optimismo como tratamiento preventivo de la tan temida desilusión. Arrojándonos de cabeza a un pozo negro en nuestra frenética huida de la oscuridad.
Con la Huelga General del 29 de septiembre pasa lo mismo. Para explicar su decisión de no sumarse a la convocatoria, la gente te habla de la traición de los sindicatos. De su respuesta tarda y acomplejada ante las agresiones que estamos recibiendo los trabajadores y la sociedad en general. Y tienen razón. Los sindicatos mayoritarios se han desentendido de sus bases para funcionar como empresas subvencionadas por el Estado. Y claro, no se puede esperar mucha fiereza a la hora de desafiar a la mano que les está dando de comer.
Pero no toda la responsabilidad es de los sindicatos. Los ciudadanos tenemos nuestra parte en esta culpa. Quizás, cuarenta años de dictadura actuaron como un potente narcótico cuyo efecto perdura todavía en nuestros días. Lejos de entender cómo debe funcionar un sistema democrático, sin duda a causa de nuestra escasa tradición asamblearia, nos hemos acostumbrado a delegar en unas siglas o en un líder carismático las competencias que son únicamente nuestras.
Como defender nuestros derechos laborales y sociales al margen de las ambigüedades de las organizaciones sindicales. Si nosotros no tenemos claro donde están los límites y estamos dispuestos a entrar en el juego de la competencia entre iguales y en el “sálvese quien pueda”. ¿Podemos exigirles a nuestros representantes mayor coherencia que la nuestra? ¿Es lícito no participar en el Huelga General escudados en la decepción? ¿Acaso nos hace mejores que ellos esconder la cabeza bajo tierra y “castigar” su deslealtad renunciando a la oportunidad de dar una respuesta contundente a la reforma laboral y los recortes sociales?
La definición de la candidez o la inocencia es la presunción de la falta de culpabilidad. Nosotros buscamos esa inocencia. No queremos ser culpables del futuro que nos están cocinando los mayores mercaderes del planeta. Por eso elegimos interactuar. No queremos entregarnos, cautivos y desarmados, en manos de quienes pretenden depredar todos nuestros recursos naturales y humanos. De quienes intentan impedirnos que nos desarollemos como mujeres y hombres libres que solo aspiran a vivir y trabajar con algo de dignidad. Si para eso tenemos que aliarnos con las huestes infernales (o acudir a la huelga general junto a CCOO o UGT), pues que así sea. Ya nos llegará el momento de saldar cuentas pendientes. De reconvertir a los sindicatos en aquello que siempre debieron haber sido: la más efectiva baza de la clase trabajadora.
Si no luchamos por nuestros intereses ahora, acabaremos arrepintiéndonos. Y entre todos, escépticos y miserables a partes iguales, terminaremos ofreciendo nuestras desencantadas cabezas en las bandejas de las que se nutre la insaciable Bestia del capital.
PEDRO LOBERA
Voilà! No tengo claro lo que quiere decir pero mi equipaje ya está listo, no hay vuelta atrás. El sábado me uno con los marchistas y caminaré, caminaré y caminaré hasta Bruselas y más allá. Vamos, lo que haga falta. En el viaje me acompaña Maribel, una mujer comprometida que es capaz de pedir un mes de permiso sin sueldo, al igual que otros marchistas, para dar la cara contra la injusticia.
Yo utilizo mis vacaciones para hacer este “largo” tramo final de la Marcha. Remarco lo de “largo”, casi tres semanas, que si no parece que voy a hacer un par de jornadas y mis compañeros de trabajo y de sindicato me toman el pelo. La verdad es que las reacciones de los compañeros de trabajo han sido diversa,s cuando les he contado que voy a caminar todas mis vacaciones en una Marcha que denuncia la barbarie que supone esta reforma laboral y las demás medidas anti-crisis que están consiguiendo que paguemos la crisis los de siempre.
Me sorprende gratamente que, el 90% a los que les cuento mis intenciones,tienen conocimiento de que la Marcha existe y de que se está realizando. Y unos, los que más me conocen, me dicen que estoy loco pero que es normal en mí. Y otros dicen que somos tontos y que con estas cosas no se consigue nada.
Yo estoy convencido que ante las injusticias hay que hacer siempre algo. Que si queremos transformar la sociedad nosotros, tendremos que movernos nosotros. De lo contrario son otros la que la transforman para su beneficio. Por eso, muchas veces, las prqueñas locuras de unos pocos provocan grandes cambios. Por lo pronto, a la gente que hemos participado y participarán en la Marcha a Bruselas, nos ha servido para darnos impulso de cara a la Huelga General del 7 de septiembre en Francia y la del 29 de septiembre en el estado español, que no es poco. Seguramente en sus centros de trabajo y entre sus amigos, hablarán que un puñado de locos caminan sin descanso para luchar contra la justicia y, solo por ya merece la pena. Del transcurso del viaje os cuento en breves, que soy un poco Paco Martínez Soria con esto de los viajes.
JOSÉ LUIS MARTÍNEZ
Gueret, municipio francés situado en el departamento de Creuse y en la región de Lemosín, amanece bajo la lluvia como cualquier ciudad de provincias. Hoy la Francia trabajadora está convocada a la huelga general contra las políticas sociales, laborales y de reforma de las pensiones de Sarkozy.
Aquí impera la calma chicha. Ni se ven piquetes, ni se escuchan broncas o gritos a la puerta de las pequeñas empresas. En Gueret la huelga es sagrada. Esta es la capital nacional de la resistencia a los planes de privatización de servicios públicos de la derecha francesa.
Desde su alcaldía, en manos de la izquierda socialista más combativa, se capitaneó la insurrección de los departamentos regionales en 2005. Aquí nació el más potente movimiento en defensa de los servicios públicos que ha conocido la sociedad gala. Una lucha que se extendió por las regiones como fuego sobre gasolina y que hizo desistir a la derecha en sus planes de extinción del “estado de bienestar”. Pero hoy Sarkozy persigue el mismo objetivo, pedazo a pedazo, servicio a servicio.
La hermosa fachada de la alcaldía aparece presidida por una gigantesca pancarta en defensa del servicio regional de Radioterapia, fulminado por “Sarko” en beneficio de las clínicas privadas.
En Gueret el movimiento sindical está más unido y más fuerte. Liderado por la CGT y con la presencia de Solidaires, FSU y Fuerza Obrera, Gueret no supera los 14.000 habitantes pero desde temprano se ha ido concentrando la gente de la zona hasta dejar repletas las callejas del centro. Los miles de asistentes confirman que aquí la huelga es general.
Conforme los “chalecos naranja” se acercan a la concentración el personal pregunta curiosa por sus banderas en español. Algunos ya saben de la Marcha por la prensa. Otros quedan perplejos al escuchar el relato de quienes llevan recorridos más de 900 kilómetros andando.
Defendiendo las pensiones hay mucha gente de edad pero también han venido chavales de los institutos. Los partidos de la izquierda “al copo”. Socialistas, en traje y corbata de faena, han bajado de los despachos de la Merie. Comunistas, Partido de la Izquierda y Anticapitalistas. Mucha mucha gente. Gueret y sus trabajadores siguen poniendo a Sarkozy contra las cuerdas.
MARIBEL MARTÍNEZ
Como en el juego de la oca, cada día, vamos saltando de lago a lago, de camping a camping, sin casi tiempo para asimilar todo lo que vemos y sentimos por estas carreteras francesas. Sin posibilidad de absorber en un día tanta belleza, de vez en cuando como hoy domingo 5 de septiembre, tenemos unos momentos de tranquilidad y descanso.
Tranquilidad para poder poner en orden nuestra revuelta existencia, siempre caminando o de reuniones con nuestros acogedores amigos franceses. Y de descanso, ¿quién dijo descanso?, para tratar de ordenar ese informe revoltijo en que se ha convertido la mochila, lavar la ropa, -esa que nunca parece que llega a secarse- o para algo tan deseable como poder leer un rato.
Son estos momentos los que me hacen reflexionar en la apacible existencia de unos animales tan bellos y poco apreciados en nuestro país como son las vacas. ¡Pensando en vacas!, Anda Maribel que estas ya un poco gagá me dicen El Negro y Luís, riéndose de mi.
La campiña de la Haute Vienne está plagada de unos bellezones de la raza limousine, marrones claras y con unos ojos preciosos. Cuando pasamos junto a ellas, a veces me sorprendo pensando en lo apacible de su vida, añorando infinitamente esa tranquilidad de la que no disfrutamos.
Lindas vacas paciendo por los verdes prados ¿Se puede pedir algo más bucólico? Pues si amigos, lo hay. Preciosos lagos, unos con su camping, otros más salvajes, todos acondicionados para disfrutarlos Tras la etapa del día, nada mejor para nuestros doloridos píes que un chapuzón en cualquiera de ellos.
Ayer en Limoges participábamos en una multitudinaria manifestación contra la xenofobia cada vez más escandalosa del gobierno de Sarkozy. La crispación se respira en el ambiente, Monsieur le President se encarga de calentarlo. Amigos y compañeros franceses te acogen y miman, compartiendo sus problemas y las posibles soluciones. Pienso que hay esperanza para esta maltrecha Europa.
Hoy paz y sosiego. Vuelta a la carretera, atravesamos los bosques de Armazac, un macizo montañoso plagado de verdes bosques y lagos. Nada mejor que la contemplación de tanta belleza para atemperar los ánimos, encontrarse con una misma, meditar y asimilar las recientes experiencias
Mis ampollas merecen este regalo, ya que de los árboles recibimos una lluvia de bellotas que rebotan en las tiendas. Pena no ser ardilla, ¿no les parece?