JOSÉ LUIS MARTÍNEZ
Mientras la fauna ibérica se aprieta una gamba rebozada, unas croquetas de jamón y una jarra de Mahou, los trabajadores franceses se echan a la calle en las principales ciudades del país. Que aquí el personal no almuerza a la hora cristiana.
Hoy es sábado, las dos de la tarde y estamos en Limoges, ciudad industrial, estratégicamente situada en el centro del mapa galo. Cientos de personas se mueven lentamente hacia la plaza de la República con la digestión en ciernes. Acuden a la manifestación en defensa de unas pensiones justas. Hay mucha gente de toda la izquierda. Todos los sindicatos. Verdes, socialistas, comunistas, anarcos. Tout le monde. Reconfortante.
La aparición de la pancarta de la Marcha levanta gran expectación. Mucha gente se acerca a tirar fotos. La llegada de trabajadores españoles a una protesta francesa resulta ser un auténtico acontecimiento. Sabiendo que llegaron a pie la cosa toma otra dimensión.
Toda la izquierda está presente en el acto contra la política migratoria del gobierno francés. Sarko quiere “echar al mar” a los rumanos, pese a ser ciudadanos comunitarios. Los votos del ultraradical Le Pen son demasiado golosos como para andarse con “tiquismiquis” democráticos.
Un portavoz de la marcha se dirige a los asistentes en un precario francés. La gente aplaude sin reparos. Demasiado emocionante como para que la gramática se convierta en un obstáculo. Por una vez en la vida un currito español se convierte en estrella del escenario solidario francés. Como decimos aquí “ils sont choses de la gauche”. En la mejor tradición española acabamos tomando cervezas con republicanos del Centro de Limoges y gente de la CNT.
El personal aquí se cachondea porque me llaman “el negro”. 900 kilómetros bajo un solazo modelo “efecto invernadero” dan para ese mote y para mucho más. Sin embargo estos mendas se quedan conmigo porque realmente solo estoy churrascao.
Tal cosa no supone que uno se las de Julio Iglesias y se ande barnizando solo el hemisferio chachi de su fachada. ¿Vuelta y vuelta?.
No, la cosa tiene su lógica. Como andamos caminando siempre hacia el norte, todos los días nos arrea Su Majestad en la misma zona del cuerpo. Así he descubierto que tengo una mano cobriza y otra más lechosa. Otro tanto sucede en mis piernas enfundadas en mallas “piratas” o en mis brazos. El efecto resulta ciertamente potente. Desnudo parezco vestido de Arlequín. Como aquellas camisas op-art que hicieron furor en tiempos de Los Salvajes y Los Bravos. ¡Que manía, entonces, la de los grupos musicales celtibéricos de vestirse como un futbolista del Sabadell y ponerse nombres de aborigen norteamericano.
Una criatura, que se acerca a nosotros en la manifestación repleta de pegatinas como la sala de prensa del Madrid, le confiesa en secreto a Abdulay que “su papa (yo) está extremadamente arrugado. Que lo tienda tras el lavado para evitar que le salgan arrugas en las arrugas”.
MARIBEL MARTÍNEZ
¿Quién me mandaría a mí meterme en estos berenjenales?.
Una vez más me veo en el fatídico momento de tener que hablar delante de una “alcachofa”. Si, ya saben, esa cosa forrada de colores chillones y logos que esconde dentro un micrófono. Las veo delante de mí y un escalofrío recorre mi cuerpo. La boca se me seca y yo, de normal locuaz y parlanchina, enmudezco y tiendo en el mejor de los casos a tartamudear como una estúpida.
Seguro que alguna vez les ha pasado ésto si han tenido que hablar para los medios periodísticos y no son profesionales de la cosa. Para los que no hablamos habitualmente en público y mucho menos con los periodistas, esto de hablar ante las “alcachofas” es un pequeño/gran trago que cada uno afrontamos como podemos.
Servidora, como diría mi abuela Isabel, es de naturaleza locuaz y bastante abierta. Me considero muy comunicativa, vamos que no soy vergonzosa. Como buena Martínez, la gente que me conoce me definiría como intesa, pues soy de las que habla por los codos y con cualquiera. Pero ay amigo, me ponen el dichoso micrófono en los morros, me entra un tembleque y enmudezco, incapaz de transmitir nada que sea medianamente coherente. El mensaje que intento dar se evapora como por arte de magia.
Imaginarán que toda esta explicación tiene que ver con La Marcha a Bruselas, en la que por primera vez me he visto en la tesitura de hacer declaraciones y atender a los periodistas. Puedo asegurarles que todo ese aplomo que a las personas normales se nos supone, sobre todo si como yo ya se tienen unos añitos, desaparece en cuanto me ponen delante las dichosas hermanas acústicas de la sabrosa verdura. Y ya no les cuento si encima mi interlocutor habla francés, ya es para salir de estampida y no parar hasta llegar a España.
Creo que nunca me he sentido más estúpida que cuando tras atender al “plumilla” de turno, he podido escuchar mi intervención. ¿Quién es esa marciana que me ha poseído? ¿Se sentirán los demás ante los medios tan fuera de lugar como cuando yo me escucho?
Ya se que todos en algún momento de nuestra vida deberíamos de tener nuestros diez minutos de fama o al menos de protagonismo.Dicen los psiquiatras que es muy saludable para el ego, pero yo a la vista de los resultados y de como que se le queda a uno el cuerpo tras estas intervenciones, les aseguro que les regalo los míos, los ya sufridos y todos aquellos que estén por venir.
Solo les pido un poco de paciencia con esta ciudadana metida a vocera pública. Sean condescientes conmigo, esto termina pronto y después, lo juro por mi perra Rasta, vuelvo a la barrera del día a día y a seguir haciendo aquello que se me da mejor, trabajar.
JOSE LUIS MARTÍNEZ
El paso de la Marcha por la localidad de Cahors ha dejado marcas indelebles entre los caminantes del “chaleco naranja” y posiblemente entre los mismos franceses que los acogieron.
Aquí el personal ya ha regresado de vacaciones. Los sindicatos franceses se preparan para sacar a la calle más de tres millones de futuros pensionistas. Empieza la traca el día 4. Sarkosy está empeñado, como el gobierno español, en obligarlos a ir a trabajar con la sonda puesta. La Marcha no faltará a esta cita en Limoges. Si no se pareciesen tanto las reformas laborales que están aplicando en toda Europa uno pensaría que todo esto forma parte de un complot. Y no es complot, es que los “mercados” nos han tomado la medida y creen no tenemos pegada. Veremos que pasa el 29-S.
La llegada de estos españoles combativos al sur de Francia enardece al rojerío, en general, y a los descendientes de españoles, en particular. Lo español chachi mola cantidad. “Libertades digitales” y otras faunas del aguilucho abstenerse. Les cuesta creer que Don quijote se levanto de la tumba para luchar por la plebe en las rutas de Flandes. Se contagían de nuestra ingenuidad, la única capaz de ayudar a construir un mundo mejor. Y su cariño y hospitalidad deja un reguero de corazón melancólicos entre nuestras magras filas.
Alguno ya lleva dos noches sin dormir. Un rostro, unos gestos, una sonrisa y de repente cree haber encontrado la mujer de su vida. La propia situación extrema de la marcha, desubicados, agotados y ahitos de adrenalina, provoca cambios de comportamiento más propios de los Amantes de Teruel. Por la cosa regional.
Luchar y amar. No es una receta nueva pero siempre ha dado resultado. Es la viagra del aventurero. Que nada mata más el deseo que “Corazón de Verano”.
Las noticias que vienen de España son duras. Se consuma la “escorquerie” que dicen aquí. La estafa. La tramitación parlamentaria de esta ley del despido libre, de la jubilación post morten y del salario a la china continua en las instituciones. Que esto no es un ajuste, es un mamoneo. Que se lo pregunten a mi primo que se compro un piso de 250.000 euros. Paga dos veces ese precio y ahora vale la mitad.
Pero no es hora de deprimirse sino de mover el trasero. Y en cualquier caso, como decía Bogart en Casablanca, “siempre nos quedará Paris”.
ANA CUEVAS
Esta mañana me ha llamado mi amigo “El Negro” Martínez, para contarme cómo iba discurriendo la etapa del día y para decirme que me tocaba hacer todo el curro de medios porque les había fallado de nuevo el “internete”. Y nos hemos estado “descojonando” de risa mientras me contaba que había partido como “liebre” junto a otro compañero sobre las 6 de la mañana, mientras el resto de la comitiva naranja recogía el campamento y se ponía en marcha. Y que por uno de esos azares caprichosos de los hados, habían interpretado mal el mapa y se habían chupado diecisiete kilómetros en dirección contraria. Luego, un recorrido inicial de 32Km., se había transformado en un “paseico” de 56. Había que desandar lo andado. Y los que conocemos al “Negro” Martínez sabemos que es capaz de dejarse los muñones en el camino, antes de reblar con debilidades como esperar que te recoja el coche escoba o recuperar el error de cualquier otra forma fraudulenta como tomando un autobús de vuelta, por ejemplo. Vamos, lo que haríamos cualquier hijo de cristiano, judío o musulmán…
Si echamos la partida, nos jugamos toda la hacienda. Así es él. Tan honesto que uno se siente incómodo bajo su influjo y acabas comprometiéndote en cualquier movida que sugiera para aliviarte de su exceso de coherencia. Será por eso que, siempre que nos propone a los colegas cualquiera de sus disparatadas ideas, acabamos haciendo las cosas más inverosímiles en las situaciones más suarrealistas que se puedan imaginar.
Cuando conocí al “Negro” Martínez, hace más de un cuarto de siglo, andaba yo sumida entre el sindicalismo marginal y la depresión profunda. Recuerdo que el médico me había recetado algunas vitaminas y otros fármacos. Como teníamos una reunión sindical, nos vimos esa tarde. Tras un rato de charleta, vi como mis recetas caían hechas añicos a una papelera. Lo siguiente que recuerdo es que me había comprometido a formar parte de un grupo ecologista llamado “Ecofontaneros”. Lo siguiente, es una postal bucólica a los pies del Moncayo, con cuatro tíos y una tía, servidora, enterrados en cemento rápido hasta la cintura para paralizar las obras de una urbanización. Todavía conservo las marcas de las quemaduras del cemento en mis piernas, como recordatorio perenne de la primera vez que me sentí libre.
Soy de la opinión que cualquier movimiento que se precie, necesita tener iluminados, poetas y otras patologías surtidas para desarrollarse por completo. “El Negro” es un poco de todo eso y doblo la apuesta. Por contagio virulento de “lo suyo”, me he visto durante los últimos casi treinta años desarrollando todos mis talentos ocultos. Entendiéndose como tales la disponibilidad para eventos como: Colgarse de los puentes, escalar edificios oficiales, paralizaciones varias de obras variadas, encadenarse a tal o cual sitio, escayolarse el cuerpo entero, disfrazarse de super-héroe/ina o hacer coreografías reivindicativas entre otros palos.
Siempre consigue meternos en el lío a gentes de variados pelajes con objetivos comunes. Tiende redes entre iguales que se sienten diferentes.
A menudo bromeamos con la posibilidad de montar un espectáculo reivindicativo itinerante. Un estilo a “La Barraca” pero explotando nuestra maestría del absurdo. Como gitanos ambulantes, iguaitosl que los que está echando Sarkozy, que vayan de población en población agitando a la gente para que también quiera ser libre y feliz
¡Vaya! Va a ser por eso que se nos ha ocurrido organizar esta Marcha. Porque “el Negro” Martínez y el resto de “chiflados” que gozamos del honor de ser sus amigos, tenemos alma de gitanos.
ANA CUEVAS
La Marcha arranca hoy de la localidad medieval de Cahors después de una jornada emocionante de encuentros con descendientes de españoles (que están trabajando en la creación de un centro de interpretación de la Memoria Histórica española), organizaciones libertarias y de la izquierda auténtica francesa, agricultores biológicos que han eliminado a los intermediarios en su comercio y un acogimiento ciudadano en general cálido y proclive a iniciativas como la nuestra.
Mientras mis nómadas amigos me cuentan a diario sus experiencias, mi imaginación vuela y viaja con ellos. Y he de hacer sobrellevable la esquizofrenia de soñar con los ojos abiertos y un exceso de consciencia. Porque aquí la realidad es muy diferente. En las asambleas, allá donde las hay, la gente escucha entre ojiplática y escéptica las consecuencias que esta reforma laboral tiene en sus vidas. Ignoran, o pretenden ignorar, que los convenios colectivos y los derechos más elementales de los trabajadores están en juego. Que la educación y la sanidad son, junto a la precarización del empleo, las estrategias trazadas por los artífices de haber quebrado la economía mundial para continuar con el saqueo. Y que ante tal provocación por parte de los responsables de la ruina general, la respuesta de la clase trabajadora debe ser clara y contundente.
Y entonces, me siento una vez más la tía más rara entre las raras. La mayoría me mira como se mira a una mona exótica pero pelín pesada y toca… Y de pronto, algunos de los compañeros y compañeras que han estado contando hasta la extenuación sus paradisiacas vacaciones o de los que sienten debilidad por las prendas de Louis VuiTton o similares y hacen gala de ello, te dan una respuesta pecuniaria y te explican que si la hipoteca, el cole de los niños… ¡Total! Que no pueden permitirse el descuento de un día de salario.
Y si no está el factor miedo. Que se ha ido inoculando a la sociedad convirtiéndola en devota creyente de que lo mejor es no buscarse líos. Como decía el Criminalísimo: “Españoles, hagan como yo y no se metan en política”. Pues eso seguimos haciendo la mayoría. Sustitúyase la chaparra figura del dictador por la imagen abstracta de la de los Señores de los Mercados y ¡Voilà! Seguimos dejando la política en manos del Maligno.
Es como una bofetada en el centro de mis mejores intenciones y no puedo evitar entrar al trapo. Dependerá del día que lleve estaré más ponderada, cáustica o posesa en mis respuestas. Pero por definición y asunción de mi personalidad, no puedo cerrar la boca. Eso ha ido degenerando, al cabo de los años, en un juego perverso entre algunos de mis compañeros y yo, en el que servidora se convierte en el blanco preferente de todos los comentarios fachas, machistas racistas u homófobos con la única intención de provocar a esta marciana.
Y yo siempre les contesto lo mismo: La anomalía eres tú. Si eres capaz de compartir la filosofía de los Señores del Mundo y acatar sus decisiones como un borrego, es que algo funciona fatal en tu cabeza. Porque te vuelves cómplice de lo que te está robando: tu dignidad y tus derechos. Después de estas cosas, mi ranking en frikilandia se dispara por las nubes.
Como me decía siempre mi querida abuelita. “Tú has de morir como Rodrigo en la Horca, que mientras le apretaban el nudo de la soga, gritaba a sus ejecutores: ¡Piojosos, piojosos!
MARIBEL MARTÍNEZ
Pero mira que están locos los humanos. ¡No te digo! Los he oído antes de verlos. Viene un grupo de ellos por la carretera, parloteando a voz en grito. Sin duda que tienen que ser españoles, solo a ellos se les ocurriría ir por estos caminos, con este sol que lo que menos invita es a caminar y encima cantando.
¿No se dan cuenta de que mis pobres oídos perciben todo en un tono mucho más alto y agudo que los suyos? No, si ya lo dicen estos franceses estirados, son unos brutos, hablan a gritos como si los demás fuéramos sordos. No se si acercarme, a lo mejor me echan a patadas. Bueno lo intento y a las primeras de cambio como vea que me patean salgo disparado.
Perrito, perrito. ¿Que es eso de perrito? Pero no ven que soy un pastor de ovejas y ademas con pedigrí. Lo dicho, están locos y además ciegos. Uno, que parece más amable me llama. Chucho, chucho ¿como que chucho?. Mi nombre es Boris, pero eso ellos no lo saben. Claro como que no son mis dueños. Ellos si me llamaban así, pero de eso hace ya mucho tiempo. Tanto que ya casi ni me acuerdo. Ahora soy un perro vagabundo, recorriendo estas carreteras en busca de algo que comer.
Comer, comer, pues parece que estos locos se disponen a hacerlo. ¿Me acerco o me largo?. Hay uno con unas pintas muy raras que se aproxima. Huy, que quiere tocarme. No, si al final le voy a tener que dejar que me acaricie. Todo sea por un pedazo de algo que llevarme al hocico. Bueno, vale, que te dejo, pero no te animes Boris, que solo es un poco de mimo. Pues no sabe tan mal. ¡Cuanto tiempo desde la última vez!. ¡Que gustito! Le voy a dejar que siga un poco más. Comer no se si comeré pero una rascadita detrás de las orejas ya no me la quita nadie. Que tipo más raro este, va todo lleno de cachivaches, cosas que le cuelgan por todos lados y que como se descuide le arrancaré. Brillan y se mueven, son una tentación. Este es de los míos, no solo me acaricia sino que me da un poco de su comida. Ya digo un tipo raro pero amable. Sabe de perros.
Se acercan sus compañeros. Que raros visten, van todos con una cosa naranja. Les oigo decir que re emprenden el camino. Hablan de Bruselas y de algo que no comprendo pero que parece hacerles muy felices. Le llaman La Marcha a Bruselas. ¿Que hago, me quedo un poco más?. Si me dejan les acompañaré un rato, pero no mucho, no sea que se encariñen conmigo y yo con ellos. Hasta la noche, sólo hasta la noche, luego seguiré buscando a mis amos.
JOSÉ LUIS MARTÍNEZ
Emulando a El Lute continuamos nuestro éxodo por La Tarn et Garonne. Ya pasaron las jornadas a 44 grados sobre asfalto. Pronto llegaran otras nuevas y calientes con la convocatoria de huelga general en Francia. Oiga usted, que aqui el personal no se la coge con papel de fumar y ya anda preparando el “mambo” a Sarkozy. Tomen nota en España. Llega a Europa “Paco con la rebaja”.
Si me quieres escribir, ya sabes mi paradero, el 7 de septiembre,en la manifestacion de los obreros en Limoges. Poco a poco voy mudando mi aspecto y personalidad en la ruta. Soy el hombre lobo en Paris. Negro como el negro de tanto sol.
Con este inequivoco aspecto de “clochard” os relato la composicion del autentico “kit” del marchador “camina o revienta”:
Sandalias con calcetines como un guiri de Liverpool.
Gorra caqui para proteger la alopecia. Gafas de sol para dormir tranquilo andando. Hay que aprovechar bien el tiempo.
Chaleco naranja “guilet orange” como dicen los gabachos.
Dos moviles para mi desesperacion.
MP3 con los “10 C.C.”, los Flok y toda la morralla sesentera que se puedan imaginar. Hyppi total.
Mapa de la region para perderme con conocimiento de causa.
Esparadrapo para pegar carteles en español, que es lo “plus dernier a la france”.
Y sobre todo mi paraguas de pastor pirenaico, a cuadros, regalo de mis amigas de L’Ainsa.
Con el abierto parezco, en la lejania, un marciano de serie B. Con el trasto extendido, cuando me protejo del sol, el calor que emana del asfalto distorsiona mi imagen, . Algún chofer me ha confundido con el primo de E.T. y se ha salido de la carretera. La “gendarmerie” investiga la identidad del alienigena que asola las carreteras del sur de Francia.
Pedro Lobera
La marcha a Bruselas también se hace desde Zaragoza, algunas personas nos hemos quedado por aquí, pero hacemos apoyo logístico a los compañeros y compañeras que van caminando, hoy he hablado con ellos y van adentrándose por Francia, están imparables
Yo ando liado con varias cosas, la primera es que a mediados de septiembre voy a unirme a la marcha, creo que en Orleans o por ahí más o menos. Tendré que empezar a mirarlo bien que sino, como siempre, todo a última hora. Por lo menos ya tengo los billetes. Mentalmente voy haciéndome la mochila, pero si meto todo lo que estoy pensando, creo que no va haber macuto lo suficientemente grande para que me quepa todo. Estoy pensado sobre todo en el calzado. Me llevaré las zapatillas con las que hice la calcenada y me han recomendado que para andar por asfalto me irían bien unas sandalias de trekking, para que no se me recaliente el pie, pero dicen que con calcetines es mejor y la verdad que no me veo con sandalias y calcetines, no sé que haré.
Otro de los asuntos que estoy haciendo por Aragón, y que debo de dejar bastante avanzado, es la organización de las movilizaciones de cara a la huelga general. Muchas de las organizaciones que apoyamos la marcha formamos parte de la Plataforma “Que los Ricos Paguen la Crisis”. Esta plataforma ya tiene casi un año de existencia y hemos conseguido algo histórico; que un buen número de sindicatos, pequeños y medianos y organizaciones políticas nos pongamos de acuerdo para hacer movilizaciones. Primero para denunciar la situación de crisis general y ahora, para mostrar nuestro más profundo rechazo a todas las medidas que está realizando el gobierno español y sobre todo por la reforma laboral. La verdad es que estamos crecidos y vamos hacer varias convocatorias, pero la que me lleva un poco de cabeza es la organización de un concierto para el día 17 de septiembre en la Plaza de San Bruno de Zaragoza. Seguro que vamos a conseguir un buen cartel y mucha presencia. A lo mejor me voy al concierto con sandalias y calcetines, a ver si no me abuchean mucho. ¡si no me acordaba que estaré caminando!.
Maribel Martínez
Un calor infernal acompaña a la “serpiente naranja”en su recorrido por tierras del Midi. ¿Donde estamos?, se preguntan los acalorados caminantes. ¿Acaso recorremos las áridas tierras aragonesas? Tal parece dadas las altas temperaturas que este final de agosto regala a la campiña francesa.
Animo nos dice Dámaso, seguid adelante, un poco de agua fresquita y al camino. Las primeras ampollas ya están curadas y las próximas aún tardarán en aparecer.

Hoy hemos salido tarde y sin duda sufriremos los rigores de este “ferragosto” galo. Pero la ocasión lo merecía: desfilar por Toulouse acompañados de los amigos franceses es un privilegio. También es nuestra manera de agradecerles su bienvenida, su compromiso y porque no, la buena acogida que los propios vecinos de la ciudad nos han brindado.
Apuramos los kilómetros, la carretera es una larga línea asfaltada que a estas horas ya parece a punto de derretirse. Un poco de sombra se agradece, una breve parada bajo los árboles y otra vez a la carretera.
¿Quienes son esas gentes que como nosotros se refugian del calor y reparan fuerzas en esta umbría? Son búlgaros que recorren las carreteras secundarias francesas evitando a los gendarmes. Les han comentado que muchos compatriotas suyos están siendo repatriados a la fuerza, así que evitan las rutas principales, no quieren problemas.
¿Qué hemos hecho para merecer este trato?, nos dicen. Somo ciudadanos comunitarios y nos tratan como a animales. Ahora, en Francia, ser de etnia gitana acarrea muchos problemas y la más que probable expulsión.
Como no sentirse avergonzados de pertenecer a este primer mundo que ya incluso se permite segregar a sus propios convecinos. Qué pronto se le olvida al Presidente Sarkozy sus origenes polácos y los años transcurridos desde que sus padres fueran acogidos por la liberal y fraternal Francia.
Compartimos comida con esta atribulada gente y seguimos nuestro camino. Ya no nos sentimos tan alegres y animados. ¿Que importancia puede tener ahora que ayer nos entrevistara la cadena France 3, la rueda de prensa con medios alternativos de la zona, el mitin ante más de cien personas o la visita a una diputada regional del partido verde Europe Ecologie? Puede que ayer nos sintiéramos reconfortados y agradecidos por el recibimiento de las gentes de Toulouse, en especial de los descendientes de aquellos españoles que tras nuestra guerra se tuvieron que exiliar en esas tierras, pero hoy tenemos el corazón doliente.
Son pequeñas alegrías que se apagan ante el desasosiego y la tristeza de esta pobre gente. No han cometido otro pecado que creerse el cuento de “El Dorado” europeo. Huir del hambre y buscar un mundo mejor y más justo no esta al alcance de todos en esta Europa tan pretendidamente moderna y democrática.
Antes Italia y ahora Francia expulsa a sus convecinos amparándose en su etnia y echando mano de una pretendida seguridad policial.
Errantes durante cientos de años por los caminos de Europa, creyeron que por fin eran ciudadanos de primera, que sus derechos eran reconocidos y respetados. Pero la realidad les ha devuelto a la carretera, a la exclusión y a constatar que el “Dorado” europeo era solo un espejismo.
J. Luis Martínez
Torrido verano en TOULOUSE; La alerta naranja hoy nada tiene que ver con el color de los chalecos de la Marcha a Bruselas. Mas bien con el asfalto derretido de la periferia de la capital del Midi. Surcamos su área metropolitana bajo un fuego infernal impropio de final de agosto.
Atravesamos las urbanizaciones de pequeños chalets que conforman la kilométrica aureola de la ciudad. Caminando, escuchamos en radio internacional que ya comenzó el debate sobre la reforma laboral en el SENADO. Continua el ensayo gubernamental de convertir, a ojos del ciudadano, a los funcionarios en canallas privilegiados. A los trabajadores despedidos en “efectos colaterales”.
Pero aquí el personal no se chupa el dedo. Los mas, son conscientes de que la ofensiva va contra todos los currantes europeos. A los franceses un poco menos, pues Sarkosy les tiene mucho respeto. Por la cuenta que le traé Prefiere malmeterse con los emigrantes, que se han puesto farrucos hace tiempo y no dan tanto dinero a ganar. En España el poder aun esta por verle los dientes a los trabajadores. Por eso se andan con tanto cachondeo con nosotros, los del tajo.
El personal “gaulois” se suma a la caminata en la fase mas abyecta. Cuando la temperatura supera los 35 “grados”. Ni un alma en esta Sevilla del Midi. Solo un largo cortejo de orates empeñados en defender lo mejor de este continente: Sus trabajadores. Al atardecer, cuando el sol se ha cansado de mortificarnos, entramos en la majestuosa Plaza del Capitolio, entre banderas rojas, naranjas y rojinegras, a nuestra cita con los medios de la ciudad. Tras 12 dias y 450 kilometros de marcha tan solo tengo ojos para esa exquisita cliclista que nos saluda cuando atravesamos el carril bici: “Joder Negro, atiende, que te están preguntando los de la prensa”