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La traca final

31 ago 2009
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Hoy termino “Con un par”. Lo he escrito porque no creo que “el deporte más importante para una chica es casarse” como declaró en “El año de la mujeres” (1998) el Presidente de

la Federación Internacional de Atletismo (Primo Nebiolo); porque María Antonia Trujillo (siendo ministra de gobierno paritario) me dijo, en una conferencia de Solbes, que no le preguntara porque seguro que lo hacía sobre economía y eso “es cosa de hombres”; porque la directora del Instituto de
la Mujer (Rosa Peris) los fines de semana pone lavadoras ejemplificando la estadística (dedicamos el triple de tiempo que ellos a las labores del hogar); porque, como me dijo Cayetana Guillén Cuervo, también estoy harta de “los que tocan el violín, leen a Proust y van de progres” para luego alardear de “qué buen polvo tiene esa” o de si se follaron a la otra; porque, aunque a Verónica Sánchez cuando era una desconocida y trabajaba  asustando en el pasaje del terror le dijeran “tía buena, maciza; yo sí que tengo algo que te va a dar miedo”, a mí no me lo dan y, además -como no-, porque Aznar me metió un bolígrafo en el escote y eso da coartada. 

De él (exlíder de media España) podría escribir otro anecdotario ya que, desde entonces, tengo imán para sus hazañas: que si en un mitin en un ataque de chulería pidió que le midieran los genitales; que si en campaña electoral se jactó, delante de los periodistas en el bar del hotel, de que se iba a la habitación “a darle a Ana lo suyo”; que si le contaba chistes a Schröeder (con traductora presente de por medio) tan verdes fosforito que el alemán se avergonzaba por ella… 

En fin, que para mí la ley de Igualdad era más que necesaria y que aunque, como me dijo Magdalena Álvarez, las leyes no sirven de nada si la sociedad no está preparada, creo que la nuestra lo está y, partidismos aparte, más de la mitad.  

PD: Gracias a todas.

Más cosas de la tele

30 ago 2009
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Luis Ángel de
la Viuda
, siendo director gerente de Antena3TV, afirmó el 18 de abril de 1988 en el programa de Radio Nacional de España  “Aquí te espero”: “la ley de televisión privada, no nos engañemos, es como las mujeres: está hecha para ser violada”. Ese año se salvó de llevarse el premio Estropajo, por aquello, porque coincidió con la famosa sentencia de la minifalda; esa en la que se justificaba una violación por llevar falda corta.  

Por cierto, a Ana García Lozano, la presentadora de televisión que trajo los talk-shows a este país, hoy locutora de Punto Radio, le dijo un directivo delante de todo su equipo, después de visionar un número cero de “El Programa de Ana”, que no iba a funcionar porque se había puesto para la grabación  minifalda y, como las mujeres son las peores enemigas de si mismas y el programa era para señoras, ya estaba sentenciada.  Ana cuenta que presentó aquel formato durante seis años en Telemadrid y en Telecinco y que, el día que se despidió, lo hizo embarazada de nueve meses, con un 48% de audiencia (muchísima) y con una falda muy corta. Esa fue su pequeña venganza que, aunque se sirve en plato frío, no siempre lleva sólo sobras. 

Sobre vestuario, la presentadora Nuria Roca me confesó que se ha llegado a probar cincuenta estilismos distintos para que le aprobaran uno. Está convencida de que los presentadores no pasan por esto y que ningún jefe se plantea que la audiencia dependa de lo que se ponga un hombre. 

De propina la anécdota sin complejos de Rosario Pardo, (la actriz andaluza de Crónicas Marcianas). Le dijo a uno de “Los del Río” en directo (después de que él declarara que las mujeres tenían que estar en casa con la pata quebrada): “Tú lo que eres es un gilipollas”. Según Rosario, el presentador se quedó blanco pero ella después de explicarse, tenía muy buen color y estaba tan contenta.

Cosas de la tele

29 ago 2009
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A Mayra Gómez Kemp (archiconocida presentadora del UN DOS TRES) en una Gala de los premios TP, un realizador de TVE -de cuyo nombre no se acuerda aunque sí de su lengua- al ir a saludarle con los típicos dos besos, le metió lo que recuerda en la oreja.  Para evitar un lío delante de los fotógrafos, sólo le soltó unos cuantos improperios en flojito y se fue a su casa a esperar a que apareciera este anecdotario. Además, en los ochenta, estando a punto de entrevistar en directo, otro señor realizador -de alguna manera hay que llamarlo- estuvo diez minutos explicándole como tenía que poner el pie al cruzar la pierna. Ella, con la tensión del momento, no entendía por qué eso era tan importante. Hasta que se dio cuenta de que, colocando el pie como el susodicho pedía, se le veía casi hasta la entrepierna.   Isabel Gemio presentaba “Sorpresa, Sorpresa” en la etapa de mayor éxito del programa y una noche el actor Mickey Rourke era la estrella invitada. Llegó, digamos, contento. Yo le vi, entre bastidores, darse un golpe inexplicable en toda la cara,  con un extintor rojo que colgaba de una pared desnuda blanca a la altura de sus ojos. Claro que, llevaba unas gafas oscuras enormes (¡menuda resaca!). Tanta que, aún con todo lo que había cobrado por dejarnos verle el careto, al director no le pareció mal que se las dejara. En realidad, eso fue lo de menos, porque en el directo enseguida apareció entre ellos una gran tensión, no precisamente sexual aunque recordara a “Nueve semanas y media”. Isabel intentó darle de comer fresas mientras le preguntaba, en alusión a las acusaciones que le señalaban como maltratador, si prefería dar o que le diesen. Mickey no se lo pensó, le dio la vuelta y, mientras ella preguntaba para qué, él la convirtió en la gran sorprendida de la noche dándole unos azotes en el culo en directo para media España.

De actrices y taxistas

28 ago 2009
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La actriz Alicia Borrachero (“Periodistas”, “Hospital Central”, etc) denuncia que la mayoría de los taxistas de Madrid no paran si vas con un carrito de bebé aunque diluvie, nieve o te cuezas y confirma que resulta bastante enervante ver cómo las luces verdes encendidas pasan de largo y, más aún, cuando a través de sus ventanillas salen cuerpos que gritan: “¡Con carrito no!”. Para redondear su testimonio sobre el gremio añade que cuando alguno se apiada y quiere montarla –en el taxi– lo hace sin mover ni un dedo; ni se bajan del vehículo que constituye la república independiente de su casa.   

Aitana Sánchez Gijón, otra actriz maravillosa, cuenta que, saliendo del teatro en el que acababa de actuar, con un gran ramo de flores en las manos, se subió a uno de estos estados tan particulares y que el tipo se dio la vuelta a lo Humphrey Bogart para declararle mirándole a los ojos: “Pues no está usted tan buena como piensa mucha gente”; dejándole sin palabras.  

La que sí que encontró que decir fue Pilar Bardem, que se topó con uno al que le gustaba y que le decía: “¡Cómo me estás poniendo de cachondo!”. Y ella le siguió el juego: “Pues anda que tú con ese cogote…”. Aquel rey del asfalto se desconcentró con tanto piropo  y se metieron una pequeña galleta. Pilar remató la faena al bajarse con un: “Eso te pasa por dar la brasa a las mujeres, so peseta.” 

El que molestó a Victoria Abril pretendía llegar aún más lejos. Ocurrió en París y bastante tarde. Ella no iba precisamente vestida de colegiala y,  aunque llevaba encima un abrigo enorme,  el taxista pensó que se la podía beneficiar. Así que, para que le dejara en paz, Victoria le prometió que le enseñaría algo al llegar a casa. Cuando pasaron por
la Plaza del Arco del Triunfo se bajó del coche aliviada porque había gente y cumplió con su palabra: de propina ácida le dejó un calvo.