Opinion · Memento

Pablo Sánchez: “Siempre se ha dicho de mí que no soy muy buen músico pero sí soy buen creador de canciones”

Estreno este blog para hablar de cultura desde el barro. Cuando se baja el telón y se apagan los focos, la purpurina se desvanece y el artista se humaniza, con sus miedos, sus penas, sus alegrías y sus retos. El éxito tiene un pasado de trabajo y un futuro de incertidumbres. De todo ello quiero hablar con personajes de la cultura. Y no se me ocurría mejor persona para empezar que un buen amigo, Pablo Sánchez, vocalista de La Raíz. Nos conocemos desde hace años, cuando nuestros grupos tenían que pelear cada entrada que vendían y pasábamos más fines de semana en casa que en la furgoneta. Ahora que ha conseguido el éxito con La Raíz y que deciden parar a finales de 2018,  considero que es el mejor momento para repasar con él su vida, su trabajo y sus inquietudes.

Pablo Sánchez, vocalista de La Raíz. FOTO: JUAN ZANZA
Pablo Sánchez, vocalista de La Raíz. FOTO: JUAN ZANZA

 Buenas tardes, Pablo. Muchas personas sólo te conocen por ser vocalista de La Raíz, pero cuéntanos de dónde viene tu pasión por la música.
Yo siempre lo he relacionado con que, mientras mi madre trabajaba, mi padre era una persona que no tenía trabajo y decidió dedicarse a sus hijos. Nos crio una persona a la que le encantaba leer, que escribía libros, súper melómana y que estaba todo el día en casa con nosotros. Nos hacía teatro, nos ponía música… Realmente, nos criamos con un amigo en casa. Además, mi padre entiende muy bien la música, tiene mucho ritmo, sabe entonar bien y con él jugábamos mucho a cantar canciones mi hermano Panxo (cantante de ZOO) y yo. Hacíamos coros con él desde bien pequeñitos. Él nos enseñaba a hacer ritmos con las manos. Y, además, nos enseñaba mucha música con contenido, porque mi padre fue un joven con inquietudes. Yo creo que así empezó mi gusto por la música. Siempre estaba cantando canciones. Me regalaron un órgano y lo tocaba sin saber. O me regalaban una flauta y lo mismo. Y a los 13 años me regalaron una guitarra, que a mí no me gustó el regalo, porque significaba que tenía que ir a clases y era lo que no me gustaba de la música, la academia y todo eso. Pero pese a ello, con 13 años empecé a ir a clases y así comenzó todo.

Eso quería comentarte, porque además de ser una de las voces principales, tú compones toda la música y la mayoría de letras de La Raíz y quería saber si has aprendido de una forma autodidacta o has dado clases.
No tomé clases nunca. Las únicas clases que tomé fueron con el hombre al que le compramos la guitarra, que se comprometió a enseñarme durante un año y me enseñaba acordes, pero no aprendí solfeo. Y esa es la espinita que tengo clavada toda la vida y cada año pensaba en apuntarme. Y sí, he compuesto mucho. Desde pequeñito siempre intentaba hacer canciones. Yo creo que desde que me regalaron la guitarra. Y  mi padre, que es una persona muy leída, era mi público más exigente. Y creo que me hacía intentar buscar una frase que me llevara a pensar “seguro que mi padre esta no se la espera”. Siempre se ha dicho de mí que no soy muy buen músico pero sí soy buen creador de canciones.

No te voy a llevar la contraria con la afirmación de que no eres buen músico (risas). Supongo que las clases y haber aprendido solfeo ayudaría pero tal vez, parte del encanto, viene de haberlo aprendido todo tú solo, ¿no?
Yo siempre me he rodeado de mucha gente que sabe solfeo, tanto en el grupo como a lo largo de mi vida, y no hay ninguna persona que me haya gustado en exceso lo que ha hecho. Creo que los artistas que son autodidactas tienen algo diferente. Yo llevo 20 años cantando sin tener ningún hábito, maltratándome la garganta y jodiéndome la vida pero también es verdad que desde pequeño he intentado ser diferente.

Aunque La Raíz ha sido el grupo que te ha dado a conocer, yo recuerdo verte en un festival en Gandía con rastas y cantando con un grupo llamado Farenhate, ¿fue tu primer proyecto?
Había hecho más cosas. A los 13 años me metí en un grupo punki, luego con 16 años estuve con un chaval y tocábamos estilo Alejandro Sanz (risas). Pero era muy amigo mío el chico y estuve tocando con él 3 ó 4 años. Y luego siempre estaba colaborando con gente. Mi hermano hacía rap y yo me metía y hacía una canción con ellos, por ejemplo. Pero sí, con Farenhate estuvimos 5 años tocando y, además, estaba rodeado de un par de amigos que son buenísimos músicos y aprendí mucho de ellos. El álbum que sacamos  aún lo escucho a día de hoy y flipo. Es muy creativo. Creo que también influían los canutos y la cerveza en esa época (risas). Te hacían saltarte cualquier regla compositiva, inventarte cualquier cosa… No tenías audiencia tampoco. Hacías una canción de 7 minutos y pensabas “da igual, vamos a alargarla”. Ahora estás pensando que a partir del minuto 3 la gente deja de escucharte. O te vas a un estudio y el productor te dice que el estribillo debe entrar como muy tarde en el segundo 55. Y nosotros ahí hacíamos canciones sin estribillo. Yo creo que en el primer álbum de La Raíz, Guerra al Silencio, está aún todo ese desorden.

Pablo Sánchez, vocalista de La Raíz, en el concierto de Vistalegre. FOTO: IRENE BERNAD
Pablo Sánchez, vocalista de La Raíz, en el concierto de Vistalegre. FOTO: IRENE BERNAD

Llega el final de Farenhate y comienza a gestarse La Raíz.
En 2005 paramos Farenhate, nos separamos. Donde nosotros ensayábamos era un conjunto de locales y en uno de ellos estaba La Raíz antigua, que no tenía nada que ver con lo que hay ahora. Yo no formaba parte aún, de hecho sólo estaba Edu (guitarra). Ellos también se separaron y dejaron de tocar. Hacían música mucho más latina, no tenían distorsiones. Era muy mestizaje. Pero yo era muy amigo de Edu y siempre había ido después de ensayar con Farenhate a tocar con ellos.
Además, en esa época, en 2005, vi el DVD  En Moviment de Obrint Pas y aunque no era gran fan, y al principio en los discos no me convencían ni la música ni la dolçaina, tampoco había entendido lo que era la música combativa realmente. Vi el directo, también alguno de La Gossa Sorda y descubrí cómo molaba el movimiento que creaban, cómo se identificaba la gente con ellos sin ser grandes músicos. Descubrí lo que era un mensaje, una unión, un movimiento de masas… todo eso me cautivó. Ello me motivó para cambiar.

Y pasas de un grupo de rock “típico”, con 4 personas, a una banda de 11 personas.
Sí. También escuchaba por la época Hechos contra el decoro, que era un grupo que a mí me encantaba y que mezclaba un poco de música mestiza con un poquitín de rock y, sobre todo, cantantes de rap. Y oyendo Hechos contra el decoro y viendo Obrint Pas pensé en hablar con Edu, a ver si retomábamos La Raíz y hacíamos un grupo numeroso. Además, nos juntábamos todos en el mismo parque, nos juntábamos ahí a hacer botellón, llevábamos la guitarra y ahí empezó a venir Sen-K, Julio (voces de La Raíz) y rapeaban. Felipe (batería) también venía. Y dijimos “vamos a hacer un grupo haciendo esto que hacemos aquí”. Se lo conté a mi hermano Ferdi, que era mi confidente y mi guía y me dijo “yo te apoyo a muerte”. Además, a él le gustaba escribir textos combativos, aunque nunca había tenido ningún grupo. Pero escribía y me pasó ideas de letras y yo me ponía a componer a raíz de esos textos. Y así empezó La Raíz. 

Tuvo que costar al principio motivar a tanta gente.
Sí, costó muchísimo. Yo me lo tomé como algo muy personal. Como un reto. Un proyecto en el que me dejé la vida. Yo tenía otros trabajos y en cuanto tenía una hora de hueco me iba a casa de Josep Panxo (vocalista de La Raíz) y le miraba las libretas a ver si cogía algunas frases. Me iba a casa del bajista y le enseñaba unas líneas que había pensado. Durante esos 3 ó 4 años estaba pensando todo el día en La Raíz y en cómo hacer canciones y mejorarlas. Pensaba en el siguiente disco… no paraba de pensar. Creo que la fuerza que tenía yo en ese momento fue lo que a ellos les contagió para tirar con el proyecto hacia delante sin ninguna pretensión económica. Era raro, porque ya tenía 26 años y es extraño encontrar de repente a esa edad una motivación que te haga pensar que quieres hacer algo especial. Pero tenía confianza porque veía talento en la gente. Veía que las personas que me rodeaban trasmitían.

Y poco a poco empezáis a crecer, hacéis una gira por todo el estado con Bongo Botrako, comenzáis a ser fijos en la mayoría de festivales, pero sé que seguía sin ser vuestro principal empleo. También recuerdo que Josep Panxo dejó La Raíz unos meses. Imagino que fue una época complicada. ¿Cómo salís adelante?
Al principio teníamos que compaginarlo con otros trabajos, pero tuvimos suerte porque había gente que trabajaba los fines de semana y tuvo el permiso y la comprensión de los jefes. Sabían que La Raíz no generaba económicamente una vida, pero sí girábamos cada vez más y ello requería un esfuerzo y todo el mundo lo comprendía. Entendían que estábamos creciendo y nos daban permiso. Al principio había meses que no cobrábamos nada de la música porque teníamos que pagar todos los gastos que suponía moverse, el local de ensayo o los materiales que teníamos que comprar para 11 personas. Pagar un gestor, unas nóminas… no ganábamos nada. Pero bueno, también lo bonito (y lo jodido) ha sido eso, que lo hemos hecho todo nosotros y al final la satisfacción es mayor.

La Raíz, concierto de Vistalegre. FOTO: IRENE BERNAD
La Raíz, concierto de Vistalegre. FOTO: IRENE BERNAD

De la siguiente pregunta puedo conocer la respuesta, ya que nosotros con Los Chikos del Maíz también paramos en un nuestro mejor momento y te puedo entender. Pero mucha gente desde fuera se preguntará por qué con todo lo sufrido y con todo lo peleado, y también con todo lo logrado, decidís parar ahora.
Nunca nos hemos ceñido al patrón de funcionamiento de un grupo normal y el hecho de querer guisarnos todo siempre nosotros también hace que las fuerzas se agoten. No es lo mismo empujar un coche con ayuda que sin ella. Y a parte también está la inspiración. Ahora mismo en La Raíz no hay inspiración para sacar otro disco y conforme somos nosotros (y conforme hemos hecho las cosas siempre) no nos vamos a conformar con sacar cualquier disco. Para nosotros hacer un disco es una locura creativa y una exigencia brutal. Siento que necesitamos parar… Los grupos paran, no pasa nada. Y al cabo de unos años vuelven. Pero sí, es difícil de explicar.

Supongo que la continua presión de los conciertos, de escribir nuevas canciones sabiendo que hay expectativa, puede agotar. ¿Disfrutas menos de la composición y de los directos cuando hay tanto seguidor esperando?
Yo sí lo disfruto menos. A ver, te excita mucho saber que hay mucha gente escuchando. Poder crear una obra que quieres regalar a la gente y saber que a muchos les va a gustar ese regalo. Eso es la hostia y te pone. Pero es la inspiración la que manda.

Es excitante y gratificante, sí. Pero también es difícil gestionar esos altibajos que genera la música, ¿no?. Cómo pasar de un día de actuar para 10.000 personas, al día siguiente volver al barrio, a tus estudios, a tus tareas cotidianas… Diferenciar el músico y la persona. Huir del álter ego, del superyó que decía Freud.
Yo personalmente sí necesito escapar de eso un poquito. Porque al nivel que está La Raíz y con la creación, con estar en los bolos, con ser la cara visible en las entrevistas… Este nivel de exigencia pasa factura y hay veces que, cuando llega un momento en el que disfrutas más de estar en casa que de estar girando, piensas que está pudiendo contigo. No me deja disfrutarlo como se debería. A mí, personalmente. Y piensas que quieres un par de años para ti. Estar tranquilo y poder disfrutar de los amigos, de la pareja. Intentar tener otros proyectos no musicales. Proyectos de vida.

Os despedís con un formato que ya parecía destinado al ostracismo, un DVD en directo. Ni recuerdo cuál fue el último DVD en directo que vi y ni siquiera tengo DVD en casa. ¿Sois masocas? (risas)
Ahora que lo has dicho, es verdad, yo tampoco te sé decir un DVD que haya visto recientemente…. Pero era una cosa que nos gustaba mucho de los grupos de antes. Creo que es el culmen a una carrera. La gente lo ve como una reliquia, porque hay mucha gente que ha seguido a La Raíz por todo el estado español y a lo mejor piensan que quieren enseñarle eso a sus hijos, decirles que ellos iban a esos conciertos. Es una manera de guardar una etapa de tu vida. Y te digo una cosa además, se está vendiendo mucho más que el último CD.

Para ese culmen a vuestra carrera llenasteis el Palacio de Vistalegre de Madrid. Recuerdo que desde el lateral del escenario, cuando salisteis, fue muy emocionante  ver tanta gente cantando vuestras letras. De hecho estaba con tus dos hermanos al lado y no pudieron contener las lágrimas. ¿Cuál fue tu sensación al pisar el escenario?
Fue un concierto diferente. Por primera vez en mi vida tenía una sensación extraña antes de salir. Pasó por mi mente toda la trayectoria de La Raíz, pensando que lo habíamos logrado. Éramos los que estábamos en el parque hace años y todo ese público de Madrid venía a ver lo que habíamos hecho nosotros solos. Venían a ver lo que habíamos creado en nuestras casas, en nuestros parques… Y ves que sois una banda de amigos, que no tienes músicos contratados, que no tienes a nadie que no hayas conocido en tu pueblo. Está tu hermano organizándolo, todas las familias. Familias de Mozambique, de Colombia… Es flipante.

Ahora os queda un año por delante con olor a despedida. ¿Qué esperas de estos meses antes del parón?
Espero poder acabar igual que empezamos. No sé qué decirte. No estoy en condiciones de responder ahora a esa pregunta. Lo echaré de menos, seguro. Cuando salga a la calle pensando “ahora mismo ya no soy La Raíz”, ¿sabes? Enseguida lo voy a echar de menos. Pero necesito parar y desconectar.

Pero seguiremos oyendo música tuya, supongo.
Como cualquier artista tengo cosas que quiero seguir enseñando. Pero no sé si las voy a enseñar por escrito, grabando un disco, sacando alguna canción suelta o si alguna vez voy a tener un proyecto fuerte.

Hace tiempo me enseñaste que tenías un libro de poesía. ¿Verá la luz?
Hay una editorial de Madrid que siempre me mete caña para que lo saque. Pero escribí bastante en una época y ya no me ha vuelto a dar la vena poética. Aunque de vez en cuando hago algo, pero me cuesta muchísimo. Para escribir un libro de poesía tiene que venir una fase fatal en mi vida.

La última pregunta es sencilla pero necesaria, ¿nos volveremos a ver?
Espero que sí.