Opinion · Memento

Panxo (ZOO): “Quien diga que cantar en valenciano te abre puertas está mal de la cabeza”

Seguro que has visto alguna vez la camiseta con el mono de su logo o has bailado alguna de sus canciones sin saberlo. ZOO ha hecho suyo el significado de transversal, la palabra de moda. Ha conseguido romper barreras lingüísticas y nos ha hecho bailar hasta a quienes parecíamos tener la cadera oxidada. Todo ello hablando de Chávez, de la historia del País Valencià o de resistencia frente a la represión del Estado español. Hablo con Antonio Sánchez ‘Panxo’ sobre el éxito de su banda y sobre sus comienzos. Y sobre un país a orillas del mediterráneo que comienza a ver las luz tras años de gaviota, garrote y mordaza. Vivimos tiempos difíciles pero dejemos que la canción mate la pena.

Antonio Sánchez “Panxo”
Antonio Sánchez “Panxo”

Hace dos meses hablé con tu hermano (Pablo de La Raíz) y nos contó que de vuestro padre venía vuestra pasión por la música, por ello quería centrarme más en el género rap, que es el estilo principal del que nutres tu música actual y, sobre todo, la que hiciste antes de ZOO. Cuéntanos un poco cómo te introduces en la cultura rap.
Basándome en hechos concretos, conocí la cultura rap en el instituto. Hasta entonces escuchaba lo que había mamado en casa de mis padres, sobre todo cantautores, y también  mucho rock estatal, Extremoduro, Reincidientes, Piperrak… Entonces, en el instituto empiezo a ver a dos chavales que iban vestidos de raperos y que pintaban grafiti.  Empiezo a flipar con esa imagen ya que se me hacía extraña en Gandía. Sólo lo había visto en la televisión y a mí me daba mucha curiosidad saber de qué iba ese mundo, que era nuevo para mí. A su vez, a través de un amigo, que su hermano jugaba a baloncesto con esos chavales de mi instituto, me llega una cinta que mezclaba rap español y rap estadounidense. Yo escuchaba las canciones pero no sabía quiénes eran los que cantaban, porque no ponía nombre. Y la primera canción que escuché era de CPV (El Club de los Poetas Violentos), esta que era un freestyle que sale Krazé Negrozé, Mucho Muchacho…

Sí, recuerdo el tema que me dices. Se titulaba “Es lo que hay…”
Exacto. Y yo con ese rollo, flipé. Un tiempo después, empecé el segundo curso de instituto y fui a la misma clase que esos dos raperos, aunque yo todavía iba con mis camisetas de Reincidentes, de S.A y tal. Entonces, al mismo tiempo que iba conociéndolos a ellos, en mi casa se compraba El País… Esto es una confesión familiar (risas). Y en esa época salía El País de las Tentaciones los viernes y venía una reseña del disco Hecho es Simple de 7 notas y 7 colores. El crítico hablaba de él maravillas y yo a la semana siguiente les pedí a los raperos de mi clase que me lo grabaran en una cinta. También me grabaron Cypress Hill, Brand Nubian y mucho más rap americano, que por aquel entonces me seducía menos porque no entendía las letras. Y a raíz de ese momento comencé a hacer amistad con ellos y fui descubriendo más grupos en castellano: La Puta Opepe, Los Verdaderos Kreyentes de la Religión del Hip Hop

Además, lo que más me atrajo fue el tema de poder hacer música y escribir de una manera tan sencilla, en el sentido de que no tenías que cantar ni afinar. Trabajabas con la rima y a mí, que  provengo de una casa donde el lenguaje ha sido bastante importante siempre, me flipó. Poder hacer música sin saber cantar y jugando con el lenguaje, a nivel técnico me encantó. Aparte, a nivel de narrativa, también me identificaba con el rap, porque los 15 años son una edad en la que tú quieres afirmarte en alguna identidad concreta y esto era algo muy individualista.

 

Sí, es cierto que es un estilo de música donde incluso dentro de las bandas existe una competitividad sana entre los componentes de la misma.
Eso es. Entonces, aunque estés completamente solo, que es como se sienten los adolescentes de normal, desde esa soledad podías construirte una identidad.  Te podías identificar con un colectivo. Y eso era un MC (Maestro de Ceremonias, como se denomina al cantante de rap). Era una persona que en su soledad decía “este soy yo”.

Porque una banda de rock parece que es algo más homogéneo, que se necesitan todos para funcionar.
Sí, necesitan a toda su crew, todo su discurso bien articulado. En el rap no, no había ni discurso ni nada. El  discurso eras tú, tus pensamientos y tu ego. Esa parte a mí me sedujo mogollón. Yo creo que lo que más me marcó fue que me ofreció la posibilidad de desarrollar una faceta creativa que me atraía más que el hecho de aprender a cantar. Me atraía más hacer la rima o frase más guay, más profunda… que hacer la melodía más bonita.

Hablas de que fue en tu época de adolescente, pero en una letra antigua decías que empezaste tarde en el rap, que ya tenías 20. ¿En serio con 20 años consideras que es tarde?
Empecé tarde a escribir porque no me atrevía. Lo conocí con 16 años y no había casi nadie que rapeara en Gandía. En esa época me gustaba consumir esa música pero no me atrevía dar el salto. Sobre todo porque yo todavía todavía pertenecía, digamos, a la tribu urbana del punk rock y veía al rap como algo muy cerrado, en el sentido de que entre ellos siempre apreciaba mucha competitividad y parecía que a nadie le gustaba lo que hacía el de al lado. Entonces yo pensaba que si no les gustaba lo que hacía otro rapero, cómo le iba a gustar lo que hiciera el rockero. Hasta que con 20 años empecé a escribir  algunas cosas, más por jugar que por hacer canciones, algo que todavía no concebía. No tenía el concepto de canción todavía. Y creo que sí que era tarde porque, por ejemplo, tú empezaste más joven.

Sí, a los 14 ya hacía mis canciones, si lo podemos llamar así (risas).
Casi todos los que yo conozco comenzasteis con esa edad y yo cuando empecé con mi primer grupo (Stigma Líriko)  ya tendría 23 o 24 años y ellos tenían menos de 20. En ese momento fue cuando empecé a pensar ya en modo de canción.

Entonces, ¿Stigma Líriko fue tu primer contacto con el mundo de la música en ese sentido? La primera vez que hiciste canciones, directos…
Sí, aunque no duró mucho. Realmente, yo entré cuando el grupo ya estaba en marcha y nos pusimos a hacer una maqueta bastante ambiciosa. Estábamos en un momento en el que teníamos una propuesta bastante fresca, novedosa. Hacíamos buenos estribillos, era innovador. Teníamos potencial, creo yo. Pero en ese proceso de creación nos desgastamos y no fuimos capaces de terminarlo porque no había disciplina. A cada uno se nos iban despertando otras inquietudes.  Por ejemplo, a Jim (cantante de Stigma Líriko y actual guitarra de La Raíz) se le despertó la curiosidad por la guitarra y él, que era el que producía los ritmos en el grupo y se encargaba de grabarnos,  poco a poco se fue distanciando. También nos salieron curros y otras movidas personales y todo se fue a pique. Pero el orgullo de esa derrota fue que de ahí germinaron otras bandas, como Sophy Zoo.

Tu primer proyecto personal.
Sí. En esa época yo estaba fascinado por el disco Quimera de Solo los Solo. Me encantó esa manera de cantar más pausada, los ritmos… El estilo más reflexivo de Juan Solo. Además, tenían letras que no hablaban de la calle, que era una recurrencia muy típica de esa época en el rap y que a mí me costaba, porque lo veía una impostura. No podía ir de macarra cuando nunca lo he sido ni me apetecía serlo.

Antonio Sánchez “Panxo”
Antonio Sánchez “Panxo”

¿Qué trayectoria tuvo Sophy Zoo?
Sacamos dos maquetas de 7 cortes, hicimos algunos conciertos, sobre todo por la zona de Gandía y Valencia, y poco más. Pero yo creo que me sirvió para que personas que estaban dentro del mundillo del rap underground de la zona me tuvieran en buena consideración. Quiero decir, aunque no trascendí nada, me sirvió para que me valoraran dentro de la escena.

Te sirvió para que yo te hiciera de corista (risas).
Sí, sí, es un ejemplo. Recuerdo que a ti te molaba y tú ya estabas inmerso en Los Chikos del Maíz. También Charly Efe (rapero y poeta valenciano), que no me conocía de nada, escuchó la primera maqueta y contactó conmigo para decirme que sólo escuchándome ya pensaba que era una persona que le interesaba conocer. Entonces, esos ejemplos me motivaron. Porque nosotros somos de Gandía y los grupos de allí, en aquella época, nos movíamos sólo entre nosotros.

Después tienes un periodo en Orxata Sound System y, más tarde, te conviertes en DJ de Riot Propaganda. ¿Cómo ese ese proceso tan extraño que te hace acabar siendo DJ de una banda de rap metal?
Cuando comencé con Stigma Líriko, en los ensayos, empecé a practicar con los platos y me empecé a aficionar. A partir de ahí siempre he tenido interés por esa modalidad. De hecho, en la última fase del grupo, hubieron conciertos donde hacía de DJ y de MC. En cuanto a Riot Propaganda, se dieron las circunstancias y surgió.

La primera etapa de Riot Propaganda fue así, ¿no? Todo iba surgiendo de manera natural y algo improvisado, porque era un proyecto sin una idea previa clara ni una meta fija.
Sí, coincidió con que se quedó libre ese hueco porque Bokah (DJ de Los Chikos del Maíz) no podía cubrirlo por temas laborales. Así que acabé en 2013 como DJ de Riot Propaganda. No hay mayor misterio, pero fue un proyecto que afronté muy ilusionado.

Termina Riot Propaganda y comienza la etapa actual.  Sacas la canción Estiu, que fue un pelotazo. Sé sincero, ¿esperabas esa repercusión?
No, ni de coña esperaba esa repercusión. Pero creo que eso no se lo esperaba nadie. Fue un hecho que sucedió y que si lo intentas ahora repetir, no sale. De hecho, muchos grupos han intentado repetir la fórmula y no ha salido. Surgió en el momento y el lugar idóneo. Es como si en ese momento el público del País Valencià estuviera esperando algo “nuevo”. La forma en que se hizo viral los primeros días fue algo anormal.

Creo que tiene similitudes a la aparición de Los Chikos del Maíz. En 2005, el rap más social o político estaba algo muerto, digamos, y tal vez por surgir en ese momento funcionó. Quién sabe si años más tarde no hubiéramos tenido la misma repercusión.
Eso es. Hay muchos factores externos que influyen en el funcionamiento de una canción o de una banda.

De tus comienzos cambias la lengua y te pasas al valenciano. ¿Qué te motiva a hacerlo? ¿Existe algún tipo de estrategia o es un cambio natural?
Ya había hecho algunas colaboraciones en valenciano y cuando comencé a escribir en esta lengua me di cuenta de lo divertido que es para componer letras, básicamente por un tema de sonoridad. El valenciano tiene mogollón de palabras que acaban en consonante y mucho monosílabo, por lo que me pareció brutal para rapear, muy divertido. Aparte, desde años atrás, la mayor parte de mi vida social la desarrollaba con gente valencianoparlante y, además, yo fui el único de mi casa que entró en la escuela en la línea en valenciano desde los 8 años y lo hablo al mismo nivel que el castellano. Es decir, también es mi lengua, no es algo forzado ni impostado.

Volviendo a la música, repito, me gustó mucho cómo quedaba el rap hecho en valenciano y, de hecho, tenía más razones para continuar haciéndolo así. Una de ellas es que yo entendía que podía tener más trabajo de continuo cantando en esta lengua, pese a que mucha gente me decía lo contrario, que me estaba poniendo barreras. Lo curioso es que mucha de esa gente, tiempo después, me decía que si lo hubiera hecho en castellano me hubiera comido una mierda. Y más curioso aún es que más tarde, esa misma gente, cuando he hecho algo en castellano me ha dicho “ahora cambiando, eh”. Pero bueno, es algo común dentro del mundillo de la música.

De hecho, te he leído decir en varias entrevistas que hay que desterrar el concepto de “música en valenciano”. ¿Crees que la música en valenciano abre puertas o facilita hacer más conciertos?
Yo creo que quien diga que cantar (o hablar, o escribir) en valenciano te abre puertas está mal de la cabeza.

Pero no negarás que existe un circuito específico.
Tampoco diría eso. Es cierto que muchos grupos de aquí, si no hubieran cantado en valenciano, no hubieran hecho tantos conciertos. Es posible. Y todo ello motivado por, entre otras cosas, Escola Valenciana (entidad cívica para la normalización lingüística). Una entidad de voluntarios que hizo un trabajo brutal para que el valenciano no muriera. El soporte institucional era escaso porque durante muchos años ha existido un bloqueo o censura del Partido Popular, que no daba un solo euro para la normalización del valenciano. Entonces, supongo que la vía era algo así como conseguir alguna concejalía de cultura de algún ayuntamiento y que el concejal de turno que estuviera en esa pequeña localidad decidiera organizar una noche de música en valenciano, organizada por Escola Valenciana. Entidad que, no olvidemos, estaba formada en su mayoría por profesorado de todo el País Valencià que en sus horas libres intentaba organizar y articular un circuito musical en esta lengua, entre muchas otras cosas. Entonces, se hacían conciertos en un pequeño parque de una localidad perdida y de repente iban mil personas. Porque, aunque se había invisibilizado, existía una demanda de música en valenciano.

A lo mejor el público estaba y existía la demanda de música en valenciano porque era su lengua. Eso es lo que mucha gente no va a entender nunca. Mucha gente cree que el circuito en valenciano se ha creado sin que exista una demanda. ¡Claro que hay demanda! Pero durante muchos años se ha invisibilizado a la mitad de la población. Personas que piensan y hablan en valenciano y que quieren escuchar música en su lengua.

También esos primeros años puede que motivaran a que salieran más grupos a cantar en su idioma, sin miedo y sin prejuicios, y al final la calidad ha ido en aumento.
Exacto. Ahí es donde Obrint Pas es una de las claves de este proceso. El hecho de que Obrint Pas hiciera ver a todo el mundo que cantando en valenciano podías ser un grupo, digamos, normal y salir de este tipo de circuitos, dio un impulso grande a muchos grupos para asumir que no estábamos condenados a actuar sólo dentro de nuestras fronteras lingüísticas. También eso ha permitido contagiar a mucha gente de fuera de nuestro discurso y que se pregunten qué pasa en Valencia para que surja tanto grupo comprometido y talentoso. Y no sólo de música en valenciano, también se preguntan qué sucede en valencia a raíz de grupos como el vuestro o La Raíz, por ejemplo.

Justo acaba de ser el Viñarock, donde habéis actuado vosotros, Auxili, Xavi Sarrià, VaDeBo, Frida, Smoking Souls… Parece que ya se ha roto esa barrera.
Yo creo que se rompió esa barrera por la calidad o la relevancia (porque eso de la calidad da para mucho debate). Por la relevancia que adquirieron grupos como Obrint Pas o la Gossa Sorda, entre otros. Fueron originales, y lo fueron porque, históricamente, el Pais Valencià es un territorio con mucha riqueza musical y ese componente, al final, ha sido decisivo. A nivel de cultura popular somos un país con una gran riqueza y se consiguió mezclar esa música popular, que gusta a todo el mundo, y transmitirla muy bien a través de sonoridades más modernas.

Siguiendo el hilo que comentabas de Obrint Pas, que lograron mostrar un camino para salir del circuito en valenciano, vosotros desde el primer momento os liasteis la manta a la cabeza y decidisteis hacer salas por todo el Estado. Y en ello seguís. ¿Crees que parte de vuestro éxito actual se debe a esa idea de salir de la comodidad desde el primer momento pese a los riesgos iniciales que pudieran existir?
Yo tenía muy claro desde el primer momento que no quería ceñirme sólo al circuito en valenciano. También es verdad que cuando arrancamos el proyecto de ZOO teníamos la experiencia (con sus aciertos y errores) de otros grupos. Entonces, ya conocía los  muchos obstáculos donde otros grupos habían tropezado. De alguna manera, por mí proximidad a muchas bandas formadas por amigos míos, tenía más ideas sobre qué fallos no había que cometer que si me hubiera montado un proyecto con 18 años y sin ninguna experiencia previa. Entonces, eso fue muy importante.

Aparte, tanto el primer año como el segundo, hicimos una apuesta muy fuerte para que el grupo creyera que podía trascender las fronteras lingüísticas. Fue una apuesta no sólo económica, sino en todo lo que abarcaba al proyecto. Incluso desde los vídeos que hemos sacado, que desde el primer momento han estado subtitulados. También quisimos trabajar con Bola 9 (empresa de management afincada en Vallecas) para buscar otros circuitos. Fue una apuesta que teníamos clara desde el principio y que, por suerte, ha funcionado.

Del éxito fuera del circuito valenciano, ¿cuánto porcentaje le das a la música y cuánto a la letra? Porque puede resultar más fácil hacer llegar un mensaje con música bailable.
Hostia. Buena pregunta, cabrón (risas). Yo creo que nuestro valenciano es muy  entendible porque está algo “castellanizado”. Mucha gente de Madrid, por ejemplo, nos dice que nos escucha y entiende todo y que escucha catalán de otras zonas y le cuesta más. Eso ha ayudado. También la música ha hecho mucho. Hacer una música electrónica que invita a bailar, con melodías pegadizas y alegres… Existe un trabajo de composición y armonías que atraen. De hecho, a muchos niños les gusta nuestra música, tío. Es algo que me llama mogollón la atención. Y claro, el niño no está pendiente de la letra, le gusta la música. Y ahí radica la clave, que existen otros componentes que atraen.

También un hecho que ha gustado mucho ha sido el directo. Hacerlo dinámico, que sea un concierto para bailar. Que pueda gustar aquí o en Japón. Porque la gente está escuchando una música que les mueve. Yo eso sí lo tenía clarísimo desde el principio, no quería hacer más rap en directo porque como público, un directo de rap, se me hacía aburrido.

Antonio Sánchez “Panxo”
Antonio Sánchez “Panxo”

Muchas gracias, eh (risas).
Es verdad, joder. Al final la forma que yo tengo de expresarme es el rap pero quería mezclar esas dos vertientes: la técnica que yo utilizo para escribir pero, musicalmente, algo que fuera bailable. Algo que invitara a desfasar un poco en el directo.

También la música en valenciano suele ir ligada a la defensa de determinados valores, reivindicaciones y tradiciones ligadas a la terra. Un hecho que has ido introduciendo en tus letras, sobre todo en el último disco, pero también en tus conciertos. ¿Te ha servido este proyecto para conocer más a fondo las luchas actuales e históricas del País Valencià?
Me ha servido pero ya tenía conocimiento previo. Mi época con Orxata Sound System me sirvió para compartir la vida con amigos que de toda la vida han estado en ese mundo. Me sirvió, sobre todo, porque mis padres culturalmente provienen de otra tradición. Ellos son de La Vega Baja (comarca alicantina), que es una comarca donde esta tradición cultural prácticamente no existe. Ellos están más ligados a la tradición cultural más castellana, de la República y el progresismo español.

Aunque realmente, desde que comienzo a estudiar en la línea en valenciano, los padres de mis compañeros de clase ya escuchaban música de cantautores catalanes mientras que mis padres escuchaban a Sabina o Serrat. Entonces, siempre he tenido ese contexto presente. Y cada vez me he ido sintiendo más conectado a la historia de este país, a su cultura y a todas sus causas.

Para finalizar, cantas en Hivern “sempre en peu, sempre desafiant la por i és que el poble que canta mai no mor”. Con el momento actual de represión, con artistas denunciados, perseguidos o condenados, ¿por qué hay que seguir en pie cantando y desafiando al miedo?
El otro día fui a un concierto donde Borja Penalba (músico valenciano) dijo que era o hacer canciones o la lucha armada y se nos da mejor hacer canciones (risas). Creo que hay motivos objetivos de sobra para decir lo que decimos y para pertenecer a una tradición de lucha. Porque además yo vengo de esa tradición, la que entiende la música (y el arte en general) como una buena manera de reivindicar y desafiar el miedo.