Opinion · Memento

David Ruiz (La M.O.D.A.): “Esperemos no acabar en un panorama en el que sólo haya conciertos de junio a septiembre”

Del campo amarillo de Antonio Machado, de las melodías de Miles Davis y de las cuerdas de la guitarra de Johnny Cash. De la pasión por la música en directo y de cada detalle de la grabación en estudio. De todos esos paisajes conocemos a este héroe del sábado que pasea su música en tirantes y con la mayor de las sonrisas. Porque la música es su vida y compartirla y aportar su granito de arena mediante ella es su manera de no naufragar en esta inmensidad.

Conocí a La Maravillosa Orquesta del Alcohol tras verles en muchos carteles de distintos festivales y, aunque confieso que al principio recelaba de ellos, poco a poco su música se convirtió en mi himno nacional. Más tarde conocí a David, entre vasos vacíos, y descubrí que no siempre hay que matar a tus ídolos. O al menos, antes de disparar la bala, qué menos que escucharlos y que puedan preguntarse quién los va a salvar.  

He leído que decides formar la banda cuando vuelves de vivir en Dublín y de actuar allí por la calle. Te contagias del ambiente musical de la ciudad y llegas a Burgos decidido a juntarte con amigos y crear canciones. Pero vayamos un poco más atrás, ¿de dónde viene tu pasión por la música?

Desde niño siempre tuve bastante contacto con la música. Mis padres siempre han escuchado buenos discos y en casa he tenido alcance a música todo tipo. Desde Camarón a Chick Corea pasando por Ravi Shankar. Grupos más tradicionales como Supertamp, música clásica, blues, soul… todo eso lo escuchaba sin saber lo que era y  fue mi primera base. Luego con 6 años me apuntaron al conservatorio. Mi madre por aquel entonces daba clases de guitarra aunque yo no quise aprender, preferí aprender piano. Aunque tampoco quería ir al conservatorio a esa edad. Como cualquier chaval, quería quedarme con los amigos por la calle. Pero me tocaba ir y aprendí cosas que, en el momento no tenían mucho sentido para mí, pero que luego sí me han ayudado. Más que técnicamente, me ayudaron a tener una base que me hiciera comprender a otras personas que tocaban. Eso lo valoro mucho.

Desde pronto me gustaba componer canciones. Con 12 años me regalaron una grabadora de casete y yo ya me grababa mis demos. Me hacía mis canciones sin saber tocar nada más que el piano. Luego pasé una época en la que me distancié y en la que me desilusioné un poco con todo. De los 14 a los 18, más o menos. Pero terminé el instituto y empecé a tocar la batería. Al principio tenía una caja sorda que me habían regalado y utilizaba un flexo como si fuera el plato (risas). Todo muy casero pero lo recuerdo con muchísima ilusión porque tenía un poco el espíritu con el que me levanto hoy, que es tener esa inquietud y ese espíritu de seguir aprendiendo y tocando. Después de unos años, durante la universidad, aprendí a tocar la guitarra. Luego iba tocando la batería, empecé a cantar para mí, ya que nunca lo había intentado… y tras ese proceso de aprendizaje solitario, sin maestros ni gente que me señalara el camino, con 22 años decidí marcharme a Dublín. Y de mi viaje allí vendrían los comienzos del grupo.

He estado buscando y no he encontrado referencias anteriores. ¿Soy mal periodista o La M.O.D.A. es tu primer proyecto musical? Al menos de cara al público.

No eres tan mal periodista, has buscado bien (risas). Antes había colaborado con algunos grupos y había hecho directos pero nunca había grabado en estudio ni había hecho nada que pudiera considerarlo serio. Así que estás en lo cierto, Toni.  

Comenzáis cantando en inglés los primeros EPs (imagino que por vuestras influencias musicales) y después cambiáis al castellano. ¿El cambio se debe a pura estrategia o veíais la necesidad de empezar a trasmitir mediante la letra?

La verdad es que nunca ha habido una estrategia en el grupo porque, si  lo hubiéramos pensado mejor, lo más coherente hubiera sido cantar desde el principio en nuestra lengua materna. Como bien señalas, la mayoría de la música que hemos ido escuchando durante todo este tiempo estaba en inglés, nos sonaba mucho mejor. También había cierta cobardía y parecía que en inglés era más fácil encajar las cosas y que mucha gente no se iba a enterar de la letra. Parecía que de ese modo nadie te iba a decir nada. Al escribir en castellano, lógicamente te expones mucho más y supongo que yo, que me considero una persona tímida y reservada, no quería pasar por ese trago de tener que dar explicaciones. Sólo pensar que todo el mundo iba a entender lo que cantaba me echaba un poco para atrás.

Supongo que cantar en inglés fue una forma de poner una barrera. Era la primera vez que nos enfrentábamos a un proyecto musical y seguro que, consciente o inconscientemente, nos aportaba mayor sensación de seguridad. El cambio al castellano vino motivado por la cruda realidad. Empezamos a hacer bolos, empezábamos a saber lo que era interactuar con el público (aunque fuera poco) y, en definitiva, a darnos cuenta del poder que tiene la música y la canción cuando la entiendes y cuando ya no sólo la sucesión de notas y acordes te provocan una emoción sino que, si acompañas eso con un contenido o un significado, el efecto se multiplica. Eso fue lo que me hizo escribir en castellano y lo cambió todo.

También comprendí que estaba más expuesto pero que me permitía expresarme, decir cosas con más sentido y vaciarme más, que al final es lo que uno quiere cuando escribe. No menos importante es la reacción del público, que podía entender lo que estábamos cantando, podía cantar esas letras y podía hacerlas suyas. Estamos muy orgullos de haber tomado esa decisión. No fue fácil. Para mí escribir en castellano es más duro que cantar en inglés porque, al final, los referentes están como muy claros, ¿no? Uno cuando escribe en inglés se siente más libre pero en castellano es muy difícil salirte de los géneros, de los clichés o de los estilos que ya se han creado. Es más difícil elegir determinadas palabras o descartar otras para que no suenen al estilo de otro escritor. Es un trabajo mucho más duro pero mucho más satisfactorio. Al final merece la pena y estoy muy contento de haber tomado esa decisión.

Es un cambio que, sin duda, contribuyó a vuestro éxito. Algo similar sucedió con Love of Lesbian.  Pero por ejemplo, de la música que a mí me gusta, el rap, cada vez vienen menos grupos que cantan en inglés porque no existe demanda. Hacen giras por toda Europa y se olvidan de España y sucede similar en otros estilos musicales. ¿Se debe a una falta de cultura musical o de educación bilingüe?

Pienso que ambos factores contribuyen a esa situación. Sin querer generalizar, nuestra experiencia nos ha hecho comprender que en otros países se valora más la música en directo y al propio músico. Que aquí también hay mucha gente que también lo hace, vaya. Pero da la sensación de que fuera de España es algo más sagrado. Hay más profesionalismo y las salas están más equipadas. Es una cuestión bastante profunda y que no se puede explicar de forma simplista pero imagino que, al final, a las bandas les sale más a cuenta hacer 3 o 4 fechas por Centroeuropa ya que va a ir más gente a verlas, van a ser mejor tratadas y más valoradas.

También lo considero un problema de toda la sociedad, no sólo del público musical. Por ejemplo, los medios de comunicación de fuera dedican más tiempo, más espacio y más recursos a la música. No hace falta pensar en la BBC y sus programas brutales de todo tipo de géneros sino incluso el periodista, digamos, de a pie. Aquí se sigue viendo la música como una especie de circo o de juerga. Una especie de chiste adolescente. Y es responsabilidad de todos darle la vuela a esta situación y que valoremos más al músico, a la música y, sobre todo, a la música en directo.

También la barrera del idioma es importante, claro. Es que si no entienden las letras muchas veces la gente se desconecta. Lo que les gusta es ir a un concierto a cantar, a compartirlo y a “dejarse ahí la vida”. Supongo que el hecho de que el nivel de inglés en España sea bajo, si nos comparamos con muchos países vecinos, dificulta que bandas de fuera puedan venir aquí o sean escuchadas y no debería ser así. Es importante que podamos abrirnos a otras propuestas. Ya no sólo en habla inglesa, que es lo mayoritario, sino que hay mucha música interesante por descubrir en todo el mundo y que, a veces, rechazamos y no hacemos el esfuerzo o no tenemos la inquietud por descubrir cosas nuevas.

Así que es un poco una mezcla de estos dos factores y, seguro, que de muchos otros. Tal vez haya simplificado mucho pero es lo que yo pienso.

Tenéis canciones con tintes de rock, folk, jazz, country o blues. Entre vuestras colaboraciones vemos a  raperos como Victor Rutty, a rockeros como Gorka de Berri Txarrak o a cantautores como Quique González. Nombráis en vuestras letras a Johnny Cash, Nick Drake o a Miles Davis. Habéis versionado a Silvio Rodríguez… ¿Se ha superado ya la época en la que sólo te identificabas con un estilo de música y repudiabas o mirabas con recelo el resto?

Yo creo que sí, que es cosa de generaciones pasadas. Todo eso de las tribus urbanas y los clubes cerrados a los que sólo podían pertenecer cierta gente. Antes si eras heavy, eras heavy, si eras rockero, eras rockero y si eras rapero, eras rapero. No había cierto intercambio. Nosotros siempre hemos reivindicado la libertad de escuchar lo que nos da la gana y buscar la inspiración donde queramos, sin tener que dar explicaciones ni responder a clichés y a lo que se espera de ciertos géneros. Eso es lo importante.

Tiene relación con la pregunta anterior y es algo que en Europa tienen más asumido. De hecho, los festivales más multitudinarios tienen una oferta variada de géneros y un público heterogéneo, que es lo suyo. Si no parece que todo responde a esa necesidad del ser humano, del periodista o del músico de etiquetarlo y catalogarlo todo para ponerlo en un cajón y poder asimilarlo y comprenderlo. Está muy bien que hayan intercambios entre músicos y entre público. Que alguien que sólo escucha a Hellacopters pueda descubrir a The Roots y viceversa. Al final, la música viene toda de un mismo sitio y se dirige a lo mismo: al corazón o al cerebro o donde la reciba cada uno. Pero es algo universal y que no debería estar fragmentado en habitaciones cerradas sino que debería ser una casa abierta por donde puedas transitar con libertad. Eso es lo más interesante que nosotros vemos en la música, esa riqueza y esa variedad de estilos. Poder beber de diferentes botellas y que no te siente mal.  

Esa actitud musical de “no casarse con nadie” también os ha servido para actuar en todo tipo de festivales. Podéis tocar un viernes con Gatillazo y al día siguiente con Lory Meyers. Mójate, ¿dónde os sentís más cómodos?

Claro, el hecho de no querer que nos etiqueten o que nos limiten nos ha permitido eso que dices, poder tocar en el Sonorama y al día siguiente en el Aúpa Lumbreiras y que nadie se eche las manos a la cabeza. A nosotros esta libertad de poder escuchar cosas diferentes y no pertenecer a ningún grupo concreto es algo que nos viene de forma natural, no es algo que hayamos reflexionado y hayamos tomado esa decisión.

Respondiendo a título personal (aunque creo que también en nombre de mis compañeros) sí es verdad que nos sentimos más cómodos en otros festivales que en los llamados “indies”. No sé, hay mucha música que nos atrae y escuchamos de todo tipo pero nosotros no nos hemos criado con lo que ahora se conoce como música indie. Nunca hemos escuchado a esas bandas. También he de decirte que tenemos respeto por los grupos y por las personas y no por lo estilos pero, personalmente, nos sentimos más cómodos con un rockero o un punki. Tampoco me quiero cerrar a rechazar todo un estilo de pleno y, aunque suene un poco a respuesta de futbolista, siempre hemos sabido estar a nuestra bola y mantenernos al margen, lo que nos permite actuar en todo tipo de festivales y con todo tipo de bandas y estilos.

Leía en una noticia que sois el grupo con más festivales este verano, ¿no existe cierto miedo a exponerse demasiado y acabar ‘quemándose’? En una entrevista decías “Este es un mundo donde un día te ven diez, otro día mil y otro no le importas una mierda a nadie” ¿Vivimos los músicos con miedo al futuro y a que se acabe todo lo logrado?

Sí, tenemos miedo a ser unos pesados, a dar demasiado la chapa y, no sólo terminar quemando al público, sino quemándonos nosotros mismos, que sería lo peor. Siempre hemos intentado tener un poco de equilibrio en ese aspecto. En función del crecimiento del grupo y al ir ganando seguidores, siempre hemos intentado tener un poco de cabeza y cuidado para evitar quemarnos y quemar a la gente. Al final, si tocas todos los días en todos los sitios cada actuación pierde valor. Y cuando te haces más de desear, lo contrario.

Cuando éramos desconocidos, los primeros cinco años, sí que tocábamos todo lo que podíamos. Pero, por ejemplo, antes de sacar el último álbum (Salvavidas de las balas perdidas) lo que hicimos fue estar un año parados y no tocar en ningún sitio. Y este año, con álbum nuevo, y que ha funcionado muy bien y nos ha abierto nuevo público y nuevas ventanas, lógicamente nos han llamado de más festivales. Pero hemos intentado no hacer todo; también hemos dicho que no a bastantes conciertos. Que es algo que también te jode realmente porque, enlazándolo con la frase mía que citabas en la pregunta, puede que mañana no haya tanta gente llamándonos y no haya ese público.

Considero importante disfrutar del momento. Nos encontramos muy a gusto con las canciones nuevas, con toda la banda, con todo el equipo con el que viajamos y que forma parte de esto e intentaremos no pasarnos y no ser unos pesados. También hay que escucharse a uno mismo y hacer en cada momento lo que te pide el cuerpo y ahora a nosotros nos pide tocar todo lo que podamos. No nos vamos a limitar a tocar sólo en territorio peninsular sino que vamos a salir fuera. Vamos a estar en Colombia y en México y hace una semana estábamos en Estados Unidos. Se trata de tocar pero con conciencia. Confiando en que no llegue ese día en el que nos convirtamos en unos chapas (risas).

En cuanto a los festivales, yo recuerdo que de adolescente tenía marcado Viñarock en rojo en el calendario como una cita imprescindible cada año. Y salvo Festimad, Doctor Music y alguno más, no habían más festivales. ¿No crees que vivimos en una burbuja de la cual los grupos también tenemos parte de responsabilidad o crees que existe realmente tanta demanda?

Es un tema controvertido y sobre el que bastante gente está opinando. Personalmente, creo que nunca está de más que haya conciertos, sean festivales, salas o ciclos. Creo que no podemos quejarnos de que haya demasiados porque, en el fondo, todo lo que sea música en directo es positivo. Pero sí es verdad que todo crecimiento tiene que tener un equilibrio y que, de alguna forma, estaría muy bien que puedan coexistir diferentes formas de conciertos. Los festivales, las salas, los garitos, los bares de jams… que no todo tenga que tener un formato que lo monopolice todo y que destruya las demás formas de música en directo. Que no acabemos con un panorama en el que sólo haya conciertos de junio a septiembre.

Es importante también que el público y los grupos seamos conscientes de lo que supone un festival. En muchos casos suponen repertorios más cortos, menos tiempo para probar sonido y, por tanto, menos calidad de sonido en las actuaciones. Muchas veces también es peor calidad de sonido por las propias instalaciones, ya que tocar al aire libre conlleva otro tipo de dificultades técnicas. De alguna forma los grupos no somos conscientes del todo y ahí sí estoy de acuerdo con lo que dices. Por ejemplo, las entradas para los festivales… yo a veces alucino. Ofrecen, por ejemplo, un megaconcierto en la costa mediterránea con 200 grupos por 23 euros. Claro, al final los grupos estamos yendo a todos los festivales a cualquier precio porque, joder, los festivales son la hostia para las bandas porque te ve muchísima gente que no te vería de otro modo. Pero por otro lado, cómo va a pagar luego la gente 15 euros para una sala en enero si por poco dinero más va a poder ver a 198 grupos más. Tenemos que hacer una reflexión e intentar buscar un equilibrio. Tener determinada coherencia con lo que cada uno piense y su forma de entender su grupo y la música.

La proliferación de festivales en los últimos años es un hecho, un fenómeno que todos estamos viendo. Tiene su aspecto positivo, que es que muchas personas están empezando a disfrutar de la música en directo gracias a los festivales, ya que tal vez no hubieran ido nunca a una sala. Tal vez a raíz de ir a un festival le cogen el gusto a la música en directo, se compran un disco  y vuelven a ir a ver a ese grupo cuando vaya a su ciudad en primavera o en otoño. Yo me quiero quedar con eso. Pero también es verdad que hay mucha gente que va a los festivales a otras cosas y les da igual la música y la dejan en un segundo plano.

Ahí somos los grupos los que tenemos esa responsabilidad para con nosotros mismo y para con nuestro público. No ir a ciertos festivales si consideras que el público no va a estar bien tratado, si consideras que las condiciones de sonido no van a ser las óptimas o que el cartel no te llena o no te sientes cómodo con él. No sé, al final todo se resume a poder tener el volante cogido y sentir que tú manejas y que tú decides la dirección de tu banda. Y como hay mil formas de llevar un grupo, cada uno lo hará lo mejor posible. En ese sentido, considero que la pregunta es interesante y que el debate y la reflexión es necesaria.

Abandonando el tema de los festivales, tengo una pregunta un tanto personal. Viniendo de Burgos, una de las ciudades más frías de todo el estado español, ¿qué carajo hacéis tocando siempre con camiseta interior de tirantes? (risas)

Tiene que ver con el espíritu con el que se creó el grupo, con esos primeros ensayos en los que nos juntábamos unos amigos para beber y tocar juntos. Todavía no teníamos pensado para nada el formar una banda, digamos, estable. No nos planteábamos todavía los siguientes pasos. Entonces en uno de esos ensayos, Jorge, el bajista, vino con una camiseta de interior, lo vimos y nos pareció un puntazo. Como te digo, no había planteamiento de futuro ni nada. Estábamos en primavera cuando formamos la banda y a ninguno se nos pasaba por la cabeza que llegaríamos ese mismo invierno a tocar ni mucho más allá. Pero nos molaba porque es una prenda de ropa que puede llevar desde un niño pequeño hasta un abuelo o una curranta. Todo tipo de personas.

De alguna forma tiene su importancia, porque da sensación de conjunto y trasmite esa imagen de bloque que queremos dar. También porque es una prenda sin glamour y sin tonterías que va bastante con nuestra forma de ser como personas y como grupo y, al mismo tiempo, es una declaración de intenciones porque ves lo que significa para nosotros la música: un curro, un oficio. Algo que tiene que ver más con lo artesano que con lo artístico También, de alguna forma, es una reafirmación de nuestros principios frente a ese tipo de bandas de los  maquillajes, de las ropas caras y todo ese tipo de historias que para nosotros son secundarias en la música.

Personalmente, sacaste hace dos años un libro donde incluías muchas letras de las canciones ¿es una manera de darle importancia a vuestras letras?

Sí es una manera de darle importancia a las letras. De decir, esto va acompañado de una música y suena así pero no nació concebido para ir acompañado de melodías y las palabras, por si solas, también tiene fuerza y se sostienen.

Realmente no era algo que me había planteado en un principio pero, con el paso del tiempo y cuando surgió la posibilidad de editarlo con Frida, la editorial, me pareció atractivo. Me pareció una espinita que te quitas. Algo que no puedes hacer muchas veces y que no todo el mundo tiene la oportunidad. Me pareció muy atractivo lo de editar un librito donde estuviera parte de lo que había escrito durante estos años. Muchos poemas han acabado en letras de canciones pero también aporté escritos inéditos. Sin ninguna pretensión y, a la vez, con toda la intención del mundo, me fascinó la idea de poder dejar esos escritos con una edición cuidada. Me motivaba el poder verlo dentro de unos años y sentirme orgulloso.

Jara Álvarez

¿Tienes algún otro libro en mente?

De momento no me planteo sacar nada nuevo pero sí me gustaría en un futuro editar algo con todos los poemas que he ido escribiendo. Probablemente no haya nada de letras de La M.O.D.A., sería algo diferente. Tengo varias ideas rondando por la cabeza pero nada concreto. Ahora mismo andamos muy de lleno en esta gira y con este disco y no hay tiempo para casi nada más.

Para finalizar, un poco de promoción. El 22 de julio tienes un concierto en Madrid bajo el título “David Ruíz y amigos”. Considero  importante destacar que el dinero recaudado irá íntegro a la Escuela Municipal de Burgos para comprar instrumentos. ¿Consideras la música, además de cómo elemento de ocio, una herramienta para transformar la sociedad?  

Nunca me lo había planteado hasta estos últimos años. Qué papel o qué significaba la música para mí. Creo que lo más importante (y como yo la concibo) es que es un acompañamiento personal. Es una forma de sentir que no estás solo en el mundo. Con el tiempo he ido desarrollando o desenterrando una sensibilidad pero ya no solo hacia uno mismo y lo que a mí me hace sentir personalmente la música. También he ido comprendiendo y desarrollando un poco más de conciencia del poder que tiene para transformar la vida de las personas. Cada uno tiene que hacer lo que quiera y creo que no debe ser una imposición. Cada uno puede utilizar la música como quiera pero yo sí que siento ahora esa necesidad de poder contribuir y ayudar a otras personas.

Esto no deja de ser un granito de arena minúsculo. Ojalá con la música pudieras ayudar a muchísima más gente. Es algo muy bonito poder contribuir a una causa que consideras justa y necesaria con las canciones. Es llegar mucho más lejos de lo que nunca habría pensado. Ojalá pueda, durante todo lo que me queda de vida, organizar todo tipo de historias para sacar dinero para cosas necesarias. Porque al final, muchos no estamos en este mundillo por la pasta y no es lo primero que nos mueve pero, por desgracia, sí es lo que mueve el mundo.

Entonces quise ayudar y pensé en lo que más cerca tenía, la música. Poder aportar para que los chavales de mi ciudad tengan más instrumentos y la posibilidad de aprender a tocar pronto. Y este tipo de cosas me conducen a la respuesta. Además de entretener sí que tiene ese poder transformador. Porque imagina lo que le puede cambiar la vida a una chavalillo de 6 años de Cuenca, de Almería o de Burgos tener en la escuela de su ciudad  una guitarra, un xilófono o no tenerlo. Y que puedan aprender a tocar. Piensa lo que cambia tener esa oportunidad o no. De ese pequeño ejemplo, que puede parecer insignificante, se saca la conclusión. Sí, sirve para transformar y ayudar.