Memoria Pública

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El sueño republicano

13 Abr 2012
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Texto: Marisa Peña

Dibujo: J. Kalvellido

Hoy se cumplen nada menos que ochenta y un años del sueño republicano que tuvo como protagonistas a destacados intelectuales y artistas de la época (Antonio Machado, Lorca, Marañón, Pau Casals, Alberti, Díez Canedo, J. Ramón Jiménez, Altolaguirre, Prados, Cernuda, Aleixandre, Miguel Hernández, J. Marías, Cipriano Rivas Cherif, León Felipe, Alejandro Casona, María Zambrano, Victoria Kent, Max Aub,…), pero también a miles de españoles anónimos, hombres y mujeres, que quisieron formar parte de aquel viento de libertad.
Soñaron una España más moderna, más justa; donde la educación, la sanidad, la economía y otros muchos sectores sufrieran un profundo cambio. No querían seguir teniendo un país pobre, analfabeto, anquilosado en tradiciones que no le permitían avanzar científicamente; cercado por una religión todopoderosa y asfixiante que todo lo prohibía.
Pero ese sueño se convirtió en una terrible pesadilla, porque no todos estaban preparados para aceptar aquella transformación. Su enfrentamiento directo con las oligarquías y con el caciquismo profundo fue su sentencia de muerte, y la alianza que desde el primer momento urdieron terratenientes, empresarios, banqueros, iglesia y ejército, alentados por las nuevas ideologías fascistas mesiánicas con fuerte contenido nacionalista, forjó su perdición. La España de los años 30 era lo más parecido a un campo de minas o a un polvorín: demasiados odios, demasiados miedos, demasiada miseria, demasiada rabia, demasiada ignorancia. Cuarenta años de dictadura y una transición basada en la amnesia y el silencio, han querido relegar a una mera anécdota, a un paréntesis olvidado, a un “tiempo del que mejor no hablar”, aquel intento único en la historia de España de renovar la educación, la agricultura, el ejército, las entumecidas  instituciones.

Aquel fue su sueño. El sueño de toda una generación de hombres y mujeres valientes, que quisieron empujar la historia y abrir las ventanas a los nuevos vientos. Por defenderlo sufrieron cárcel, exilio, derrota y humillación. Ahora, tantos años después, las semillas de la razón, la tolerancia, la igualdad y la libertad han querido germinar  en aquella tierra que ellos encontraron yerma. Me contaba mi abuela que el día que se proclamó la Segunda República había mucho miedo, mucha incertidumbre; pero también mucha ilusión. En medio de aquel dilema mi abuela optó por la ilusión. Se puso su mejor vestido, dibujó sus labios con carmín, y salió de la casa paterna rumbo a la Puerta del Sol, dejando atrás a un padre temeroso y a una madre recelosa. Cuando lo contaba, muchos años y muchas penurias después, siempre se le humedecían los ojos. Por ella, y por todos aquellos que tuvieron un sueño… por los que aún lo tenemos, SALUD.


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