Memoria Pública

El sumario de la causa del juez Baltasar Garzón contra el franquismo

80 años del desembarco del “Conde Rossi “ en Mallorca.

26 Ago 2016
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El "Conde Rosi" en Mallorca

El “Conde Rossi” en Mallorca

Sol López- Barrajón

Una de las causas fundamentales de la derrota de la República española fue la desproporción entre el apoyo exterior que recibió y lo que consiguieron los rebeldes que se habían levantado en julio de 1936. Y toda la ayuda tanto de italianos como de alemanes fue a través de las Islas Baleares, a las costas de las islas llegó todo tipo de armamento desde cargueros repletos de material bélico hasta submarinos. Italia no regalaba el arsenal militar, lo cobraba muy bien a través de unos fondos que el mallorquín Juan March habilitó para estas cuestiones en el Banco de España.
La intervención de la Italia fascista en la guerra civil española es quizá una de las páginas más oscuras y menos conocidas. Guadalajara ha quedado en la memoria de muchos como símbolo de esta intervención. Sin embargo, tanto o más importante que esto fue la presencia italiana en la conquista de Málaga, en los bombardeos de Valencia y Barcelona o el activismo fascista en las Baleares. Mallorca era la gran basa aeronaval, una base desde donde salían los bombarderos para aniquilar al levante español en manos republicanas.
El interés fundamental de Mussolini en las islas Baleares residía en que estaban situadas directamente en las principales rutas entre las colonias francesas del norte de África y los puertos franceses del Mediterráneo. En caso de un grave conflicto europeo, el Estado Mayor francés planeaba trasladar al menos un millón de soldados de las colonias a la metrópoli por esas rutas. Si la Marina italiana estaba en condiciones de utilizar los puertos de Mallorca y Menorca para impedir ese tráfico, su posición en el Mediterráneo se vería considerablemente fortalecida. No hay duda de que éste era un elemento consciente en la política italiana.

El Desembarco de Bayo

En la madrugada del 16 de agosto de 1936, una abigarrada y heterogénea fuerza republicana bajo el mando del capitán Alberto Bayo desembarca en la costa este de Mallorca con el objetivo de reconquistar la isla en poder de los sublevados. La operación fracasa por la necesidad que tiene el Gobierno de Madrid de los hombres de Bayo en otros frentes y sobre todo la aviación y las bombas italianas que proporciona al bando rebelde. Al reembarcar la fuerza de Bayo diversos grupos dispersos quedan rezagados en tierra quedando a merced de la barbarie que se avecinaba.
Los nacionales de Mallorca desataron su furia, ya conocida en la Península, contra los que habían quedado atrapados en tierra: algunas enfermeras libertarias fueron violadas y asesinadas; los heridos, rematados en el hospital ante la mirada de las religiosas que no movieron un dedo por evitarlo. Algunos jóvenes internacionalistas -atletas que habían participado en la contra-olimpiada de Barcelona frente a la del Berlín nazi, periodistas europeos, etc.- fueron acusados, después de asesinarlos, de mercenarios extranjeros al servicio de la horda comunista..

conde_rossi2El “Conde Rossi llega a Mallorca
Mussolini siguiendo el plan de ayuda al ejercito sublevado envió a un loco patológico, uno de los miembros más antiguos de sus escuadras fascistas, que había alcanzado el grado de cónsul en la milicia fascista, Arconovaldo Bonaccorsi, “El conde Rossi¨” se hacía llamar .Ni era conde, ni general de ningún ejército. Era prepotente, putero, sin escrúpulos y un auténtico criminal. El “conde Rossi” fue “un general de opereta”, un fanfarrón de gran fuste, un cantamañanas muy singular que, sin negarle un incuestionable carisma o una indiscutible temeridad embaucadora, condujo a los más jóvenes y exaltados de aquel momento hacia unas acciones que, a pesar de los cincuenta años transcurridos, todavía les pesan en la conciencia Eran los “Dragones de la Muerte”, fundación exclusiva y personal de Rossi, integrada por cincuenta mozos falangistas, en su mayoría estudiantes, que fueron pelados al cero, empuñaron las armas y se fueron a jugar a la guerra, cuando ya no había guerra en Mallorca, sino víctimas apabulladas, bajo la consigna de cada día, que era aquella que Rossi predicaba a grito pelado: “¡Exterminio de rojos! Fucilati súbito!
“El número de prisioneros que encontré a mi llegada se ha reducido. Se están realizando a diario labores para lograr una limpieza radical de personas y lugares infectos”

Y así empezó en las tranquilas Islas Baleares lo que sucedió en todos los pueblos y ciudades de España. Capturas, encarcelamientos, juicios sumarísimos, fusilamientos y asesinatos; cirugía precisa a punta de bisturí plúmbeo, enseguida se superpuso otra mucho más estrepitosa, en los pueblos y las ciudades: la de las armas en la calle, las camionetas, los camiones y los automóviles requisados rondando las calles, «la llamada en el portal, las miradas que se esconden detrás de las ventanas, unas voces en las escaleras y la excusa de un interrogatorio» para iniciar un viaje sin vuelta.
Militares y políticos no fueron, ni mucho menos, los únicos en caer bajo las balas, sobre todo a partir de agosto. La «limpieza» de la retaguardia llevó a la tumba y a la fosa común, espacio físico preferencial de ese modelo de violencia muchas veces cavada por los propios finados, a miles de personas desde finales de julio y hasta finales de año. A la captura del «enemigo» interno, seguida o no del internamiento en una cárcel improvisada por rebelión militar o auxilio a la rebelión, le sobrevenía en las zonas sublevadas el asesinato impune, el tiro en la nuca, la exhibición del cadáver o el enterramiento ilegal, se aplicó la teoría “africanista” de no hacer prisioneros, es decir, pasaron por las armas a todos los que consideraban enemigos, incluso a periodistas extranjeros que acompañaban a las tropas de Bayo.
A partir de entonces, la vida humana perdió todo valor y se despertaron los más bajos instintos, procedentes del odio, del sentimiento de venganza, de la enemistad personal o del deseo de extinguir deudas o satisfacer inconfesables impulsos sexuales. Así, pues, ya antes de la llegada del “conde Rossi” Mallorca se convirtió en un inmenso cementerio, en el que nadie se sentía seguro y en el que todo el mundo tenía licencia para matar, de día y especialmente de noche, durante la cual las cunetas de las carreteras se llenaban de cadáveres. Siempre, no lo olvidemos, bajo la bendición de la Iglesia. Josep Miralles, obispo de Mallorca.
“Solamente el 10% de los amados hijos han rehusado los santos sacramentos antes de ser fusilados por nuestros buenos oficiales”., palabras del Obispo Millares de Mallorca, el mismo que suministró la comunión en una cucharilla de café al alcalde Emili Darder, frente al pelotón de fusilamiento, mientras aquel hombre, que no se sostenía en pie, padecía un infarto. Las Islas conocieron cómo funcionaban las locas arremetidas de un enemigo sin entrañas

Cuando todas las cárceles y lugares de internamiento estuvieron repletos de detenidos, paso lo de siempre: hay que hacer limpieza y así las “sacas” y “paseos” no pararon. Tapias de cementerios, carreteras, pozos, cualquier lugar era bueno para deshacerse de los “rojos indeseables”. Hombres, mujeres, ancianos y niños, todos fueron eliminados. No debía quedar ni una raíz “roja” viva.
Un capítulo especial de esta matanza fue el asesinato de cinco enfermeras de la Cruz Roja Internacional que desembarcaron con Bayo y se quedaron en Manacor. Tras la retirada republicana, quedaron en la isla muchos heridos y cinco de ellas se quedaron cuidándolo. Las cinco enfermeras, las milicianas miembros de varios colectivos de izquierda, fueron presentadas por “intelectuales” del régimen fascista como simples prostitutas, degeneradas sexuales provenientes del “barrio chino” barcelonés que había exterminar como un campesino extermina las ratas o los escarabajos. Con mentira sobre mentira, difamación tras difamación, se fue construyendo la “historia” fascista sobre la guerra civil.
Cuando las tropas nacionales tomaron esa zona y al frente de ellas estaba “el conde Rossi” . Como se podía esperar de un fulano semejante, las detuvo, las ultrajo, las vejó y las fusilo, como Dios manda.
No obstante, antes de su triste final, fueron violadas repetidas veces por sus captores en la Escuela Graduada, donde estuvieron encarceladas, y paseadas como un triunfo, por las calles de Manacor. Se dice que fueron también maltratadas por el personal médico que las custodiaba. Aunque llevaban uniformes de milicianas, llevan en su manga el brazalete de la Cruz Roja internacional.
En lugar de respetarlas, se les paseó en un camión y, con las manos atadas, se las expuso ante la gente de la población de Sa Bassa (Manacor) para que las insultaran llamándolas continuamente prostitutas. Por supuesto, ningún miembro de la Iglesia protestó, salvo un fraile capuchino, el padre Atanasi de Palafrugell, que fue a pedir clemencia al citado Rossi, pero no le hizo ningún caso.
Su fusilamiento se realizó públicamente, a las 11 de la mañana del 5 de septiembre de 1936, en el cementerio de Son Coletes, de Manacor. Fueron enterradas en una fosa común.
Sus nombres eran: Daría y Mercé Buxadé i Adroher, de 22 y 18 años, respectivamente, mexicanas de origen español. Otra se llamaba María García y otra, Teresa, de la quinta no se sabe su nombre, solo que escribió un diario de su estancia en Manacor.
De esta manera las islas risueñas y confiadas del Mediterráneo conocieron el miedo y el terror franquista, las humillaciones y sus 3.000 muertos inocentes que por supuesto no existen. No están inscritos en ningún libro de registros. Solo están en la memoria de sus familiares y amigos. Esa memoria no se puede borrar ni doblegar.