Memoria Pública

El sumario de la causa del juez Baltasar Garzón contra el franquismo

La mirada y el silencio de Pili Zabala

19 Sep 2016
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Por Marina Montoto Ugarte*

Momento en el que Pilar Zabala deja callado a Alfonso Alonso

Momento en el que Pilar Zabala deja callado a Alfonso Alonso

El pasado jueves pudimos ver retransmitido en la televisión vasca Euskal Telebista  el primer debate en castellano de l@s candidat@s a Lehendakari en Euskadi. En un momento dado, la candidata por Elkarrerin Podemos, Pili Zabala (hermana de una persona asesinada y hecha desaparecer por los GAL en 1983) le pregunta a Alfonso Alonso, candidato por el partido popular, si él le considera a ella una víctima del terrorismo (de Estado). Se ha hablado mucho estos días del balbuceo de Alonso y el silencio posterior de la candidata tolosarra, sobre todo desde el ejemplo de dignidad que se muestra. Y no es para menos. Porque en la pregunta, la mirada y el silencio como respuesta de Pili Zabala hacia Alfonso Alonso se da un desplazamiento de nuevos sujetos políticos, nuevas narrativas y nuevos reconocimientos sociales a “otros” que permiten la construcción de nuevas voluntades populares (en Euskadi y en todo el Estado español) más democráticas y plurales. Merece la pena pararse un momento y reflexionar sobre lo que pasó en esos escasos 60 segundos.

La pregunta. En primer lugar, Zabala, al lanzar la pregunta, encarna y visibiliza a las víctimas del terrorismo de Estado. La irrupción pública de este tipo de víctimas ya es, en sí misma, una apuesta política hacia otro tipo de construcción popular en nuestro país. De esto ya se ha hablado mucho, pero conviene repetirlo. Las víctimas del terrorismo de Estado (como las del franquismo..) funcionaron, durante el régimen del 78, como la parte sintomática de la sociedad española. El síntoma es aquí entendido en su sentido psicoanalítico, o como lo describiría el filósofo Slavoj Zizek[1], “algo “fantasmático, que sostiene eficazmente la tradición simbólica explícita, pero que tiene que permanecer excluida para ser operativa” Las víctimas del terrorismo de Estado cumplían ese papel sintomático, ya que se quedaban por fuera del relato dominante, en donde las víctimas sí reconocidas eran las víctimas de ETA, ya que eran las que permitían reproducir el antagonismo entre un nosotros (“los demócratas”) y un ellos (“los terroristas”) del discurso hegemónico de aquellos años. La irrupción de Pili Zabala como candidata a Lehendakari encarna la voluntad (y posibilidad) de construcción de un nueva articulación popular que trascienda ese antagonismo y ponga encima de la mesa un tercer nosotr@s (justamente el excluido en el relato anterior): el de una (nueva) sociedad vasca que quiere superar este antagonismo y se hace cargo de las consecuencias (dramáticas) de uno y otro lado.

La mirada (y el balbuceo de Alfonso Alonso). Al lanzarle la pregunta al candidato del PP, Zabala le mira. Le está interpelando. Ella le está pidiendo una respuesta, un sí o un no, un reconocimiento. La víctima es una categoría que, aunque pueda parecernos tremendamente normal y natural, es bastante reciente (históricamente hablando). Y sobretodo, es bastante compleja. Su posición dentro de la sociedad es ambigua. Por un lado, la víctima tiene algo de sospechoso (no “te hagas” la víctima”), de decadencia del sujeto ciudadan@, de interminable demanda (y a veces dependencia) hacia un Otro. Por otro lado, la víctima es también un sujeto doliente con el que podemos empatizar, poder generar una identificación y crear cierta comunidad (simbólica y política). Pasar de un yo a un nosotr@s. El reconocimiento social de una víctima (antes invisibilizada) permite restituir el lazo social dentro de una comunidad política que no quiere dejar a nadie afuera (a nadie “atrás”, como se suele decir ahora). En la pregunta y la mirada, Zabala le está exigiendo a Alfonso Alonso que se moje, que se posicione, que le diga si la reconoce como víctima legítima, como posibilidad de una nueva comunidad política. Y ella le mira abiertamente, espera de verdad en él una respuesta sincera, y (yo me atrevería a pensar) una respuesta positiva. Le está midiendo. En ese momento, el balbuceo del candidato popular como respuesta lo dice todo. Alonso no la va a reconocer como víctima, pero sabe que ya ha habido un desplazamiento en la sociedad, sabe que el discurso de las “víctimas de ETA como las únicas víctimas” ya no vale, que no estamos en los 90. Que la sociedad (vasca y española) ha entendido muchas cosas, se ha hecho cargo de las mismas. Por eso balbucea. Por que sabe que ya no tiene “el sentido común” de su lado. Ese balbuceo es una parte de la hegemonía del régimen del 78 que sabe que se está desmoronando. De ahí mismo su tweet reconociendo el dolor de Zabala de esta mañana ( http://bit.ly/2cL1koY)

El silencio. Los silencios no (sólo) son algo que “impide la toma de la palabra”, en su dimensión negativa, inhibidora. Los silencios (también) pueden ser densos, pueden ser una práctica (no) discursiva más. Los silencios intervienen, afectan, produciendo realidad. El silencio de Zabala que sigue a la respuesta de Alonso es, en sí mismo, una respuesta. Le está diciendo que no, que ella sí que no le reconoce como interlocutor, que puede “recepcionar” su discurso, pero no piensa digerirlo, no piensa tragárselo. Es como si fuese una pelota y rebotara: no entra. Y en este ejercicio, invierte los roles de manera magistral. Ya no es ella (la víctima, la integrante de la sociedad civil) la que pide ser reconocida a una institución o partido político (Alonso, el gobierno..). Ahora ella es parte de la construcción de una nueva institucionalidad (¡por algo se presenta a lehendakari!) y su propia corporeidad, su propia existencia como hermana de un desaparecido, desplaza a Alonso y su discurso como lo falso, lo marginal, lo extraño, lo cutre, y lo no querido. En menos de un minuto, Pili Zabala ha mostrado la posibilidad real de un nuevo nosotr@s. Más abierto, más democrático, más plural. Una comunidad política, volviendo al principio, que se hace cargo de su parte sintomática. A eso aspiramos.

Gracias, Pili Zabala, por esta lección magistral de dignidad y posibilidad de algo nuevo, que, paradójicamente, ya está siendo.

[1]  (Zizek. Islam y modernidad. Reflexiones Blasfemas)

* Marina Montoto Ugarte (Madrid, 1988) es licenciada en Sociología y Master en Antropología Social y Cultural. Actualmente, es doctoranda de la Universidad Complutense de Madrid, investigando sobre la construcción social de la memoria y las narrativas históricas. 


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