Menores fuera de la ley

21 jul 2009
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Desde que Rousseau parió aquello de que el hombre es bueno por naturaleza hasta que la malvada sociedad le corrompe y Dickens le puso letra a esa música entre las brumas de Londres, hemos ido acostumbrándonos a entender como errores propios las acciones más terribles de nuestros tiernos infantes. Evidentemente, algo de eso hay, aunque conviene no olvidar que entre esos locos bajitos, que diría Serrat, hay mucho cabrón suelto, seres amorales que creen que violar a una niña es un divertimento de pandilla, como ha ocurrido estos días en Baena e Isla Cristina.

Dicho esto, está bien reflexionar sobre los motivos de una trivialización de la violencia “en la que la emulación y la ausencia de compasión y culpa pueden actuar como catalizadores”, como hacía el editorial del Diario Montañés, e interrogarnos acerca de cuál ha de ser “la respuesta familiar, educativa, social y judicial que puede darse no sólo ante delitos consumados, sino para su prevención”. Pero sin perder de vista que se puede ser niño y tener capacidad para distinguir entre el bien y el mal.

“A los 13 años claro que se tiene conciencia de lo que es violar a una niña”, opinaba Javier Nart en Punto Radio. Y si se le da la razón, habrá que convenir que la Ley del Menor, que considera inimputables a los menores de 14 años, ya violen, maten o injurien al rey, quien, por cierto, también es inimputable, debe ser retocada. “La cuestión no reside tanto en el endurecimiento de las penas sino en el límite de edad. Habría que bajarlo a los 12 años (…) en los casos de violación, homicidio y multirreincidencia”, destacaba Javier Urra en una entrevista en El Correo.

Lagunas legales como esta son las que indignan a la siempre indignadísima Pilar Cernuda, quien recordaba el caso de uno de los asesinos de Sandra Palo, en libertad después de cumplir sólo cinco años de reclusión. “Tenemos que estar protegidos de estas bestias”, proclamaba en Onda Cero, antes de amenazar con borrarse del país “si no tenemos legisladores capaces, por lo menos, de dedicar cinco minutos de su tiempo, que normalmente pierden en tonterías, en revisar estos casos”.

No violar
“Hay que decir a la gente que la vida humana es muy respetable (…) que no se puede violar nada, ni los secretos de sumario, ni las personas, ni nada”, explicaba Juan Cruz en RNE como parte de su idea de escuela. Lo de la violación sumarial debe de ser una gracia. O una tontería.


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