La felicidad de Rajoy

29 jul 2009
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Decía Freud que sólo hay dos maneras de ser feliz en la vida: una, hacerse el idiota; la otra, serlo. Rajoy ha elegido la primera, y el CIS le ha venido a dar la razón. Acostumbrados a convivir con la corrupción, los españoles han desarrollado articuerpos que previenen la urticaria. Así, con la piel tersa e hidratada, lo que notan son los puñetazos del paro en el hígado. La última encuesta del Centro otorga por primera vez en cinco años una ventaja al PP en intención de voto. En su papel de estatua, Rajoy recoge las monedas de los viandantes, dispuesto a no pestañear en tres años, hasta las elecciones. Demasiado tiempo para que no le acaben levantando el pañuelo con la calderilla.

Incluso entre los más entusiastas, el dontancredismo de Mariano despertaba cierto recelo. “El 40,2% de los votos que le otorga el CIS es un resultado escaso para gobernar, especialmente porque ello les obligaría a pactar con los nacionalistas de CiU y PNV, una tarea más que difícil en el momento actual. Si el PP se duerme en los laureles se podría equivocar”, advertía Pablo Sebastián en La Estrella Digital.

Para combatir la somnolencia, Antonio Martín Beaumont proponía “cambiar su estrategia de comunicación”. ¿Estamos ante un reproche del periodista a Esteban González Pons, responsable de la cosa e íntimo del susodicho desde que le colmó de concesiones digitales cuando era conseller en Valencia? Pues no. Beaumont dispara a la pianista, o sea, a la jefa de prensa del gallego, la mujer que le prepara las piedras para que meta la cabeza cuando toca hablar de la Gürtel: “La comunicación, sobre todo de Mariano Rajoy y María Dolores de Cospedal, tiene que elaborarse con naturalidad, sin tanto corsé, dirigida a hablarle a la gente (…) de los asuntos que interesan”, explicaba en El Semanal Digital.

Y comieron perdices
Y como una vez en movimiento hay que ir hacia algún lado, el editorial de El Mundo marcaba el camino al líder de mármol, que para eso Ramírez presume de influir más que la luna sobre las mareas: “El reto de Rajoy debe ser convencer a Zapatero de la necesidad de un gran pacto de Estado que permita a España acelerar los pasos para su recuperación”. Marhuenda el de La Razón, también feliz aunque de otra manera, se apresuraba a certificar “el deseo de los españoles de que se concrete el relevo en La Moncloa”. Hace demasiado calor como para que alguien compre la piel de un oso que sigue dando zarpazos.


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