La santa y la pecadora

20 Nov 2008
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Al “hermano Bono”, dicho sea con el intencionado lapsus de Juan Barranco, le han pillado acordándose en voz baja del turbio pasado materno de algunos compañeros de partido, muy opuestos a la placa que la Mesa del Congreso pretendía dedicar a María Maravillas Pidal y Chico de Guzmán, monja y santa que vino a nacer en 1891 entre la sala de Prensa de la Cámara y los ascensores. Según afirmaba La Razón, “desde la clausura gestionó la construcción de cooperativas de viviendas para familias necesitadas (…) y convirtió sus preocupaciones en ladrillos y cemento”, lo que transforma a Santa Maravillas en la antecesora del Pocero bueno y a la malograda placa en un homenaje al vilipendiado sector de la construcción. Lo crean o no, esto cambiaba mucho las cosas.

Desde su enorme altura intelectual, María Antonia Iglesias arremetía ayer contra Bono en la tertulia de Luis del Olmo y explicaba “con todos los respetos” lo facha que era la religiosa. “La monja Maravillas representa al sector de la reforma carmelita más reaccionario, del que se ha apropiado el Opus Dei. ¿Por qué la monja Maravillas y no cualquier otra?”, se preguntó teatralmente. “Porque es la que nació allí”, le contestó una voz no identificada. Parecía, en efecto, un motivo a tener en cuenta.

Entre los contertulios de Punto Radio se encontraba el alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, quien, además de sostener que “la circunstancia de ser beata” no debería impedir que se encargara el mármol con su nombre, defendió el “hijos de puta” que Bono dedicó a sus compañeros con un argumento inapelable: “Los verdaderos enemigos siempre los tienes en tu propio partido. Es un hecho objetivo. (…) Tanto si lo dijo en serio como en broma, la frase no merece especial crítica. Es un comentario razonable desde cualquier punto de vista”. Vale, maño.
En otra onda estaba Joaquín Leguina explicándole a Carlos Herrera que “los perseguidos de un lado como los de otro deben de ser honrados ahora por todos”. Para el díscolo del PSOE, la discusión sobre la placa es pobre, tanto si la interfecta es monja como si es sindicalista. “Es una persona relevante que ha sido elevada a los altares (…). ¿Por qué tenemos que discutir eso? Que se ponga y ya está”.

Schlichting se confiesa

La Pocero de las Carmelitas fue beatificada por Juan Pablo II, pero algo habrá que hacer con el confesor de Cristina López Schlichting, al que hemos conocido ayer en su columna en La Razón. Cristina había pecado, es evidente, y el “cura viejo” con el rostro de “tortuga antigua” que parecía un ángel le impuso la penitencia: “Le voy a pedir que cante usted a la Virgen lo que quiera”. Cuenta que el domingo se lo pasó cantando. ¡Qué habría hecho esta mujer!


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