Publicidad

La lotería

23 dic 2008
Compartir: facebook twitter meneame delicious

Einstein sostenía que el azar no existe porque Dios no juega a los dados, aunque no está comprobado que no lo hiciera a la lotería. Uno puede creer en los niños de San Ildefonso y en el desaparecido calvo de la Navidad, o ir de Marina Castaño que, hasta escribiendo de infancia y liposucciones, como ayer en La Razón, le sale la vena mercante: “No hay nada mejor que tener un amigo con barco, para que sea él quien se ocupe del mantenimiento”. Marina es un primor por lo desprendida que parece.

En la lotería cree hasta Montilla, que ha estado este fin de semana en Moncloa para ver si Zapatero le daba el Gordo, como si fuera Doña Manolita. Ayer a la tarde estuvo Esperanza Aguirre para recoger sus décimos. Antonio Lucas, que es joven y poeta, dice en El Mundo que “la lotería es la superstición oficial, la falsa magia timbrada, la niña bonita con culo de peseta y pezón de cava”. A Pujol le tiraban pesetas cuando venía a Madrid a pedir el 15% del IRPF, pero el de Iznájar que gobierna la Generalitat no quiere calderilla.

“Para compensar el bombo catalán, Zapatero aprovechó el fin de semana para sortear también el número andaluz recibiendo tras Montilla a Manuel Chaves (…). Este sorteo tiene una virtud: no gusta a nadie, preocupa a la mayoría y siembra de recelos a todos”, asegura Javier Ruiz de Vergara en La Nación. Está visto que estos tíos no son de buen conformar, todo lo contrario que aquellas monjitas que pidieron a Pío Cabanillas padre cuando era ministro que les diera el Gordo, según recuerda J. A. Gundín en La Razón. La necesidad era mucha, pero se resignaron a su suerte: “No ha sido el Gordo, pero el segundo premio nos ha venido muy bien, gracias”.

Que la vida es una tómbola lo sabía hasta Marisol. Y Josep Pernau, que recuerda en El Periódico que en la Guerra Civil cada bando organizó su propio sorteo. “Ganara quien ganara el conflicto, el juego de la lotería saldría victorioso siempre. Era el triunfo de la fe en unos números, por encima de las ideologías”.

Losantos y el destino

Sin embargo, puede que la lotería sea “un juego inequívocamente capitalista en el que gana más quien más invierte”, como explica Ignacio Camacho en ABC, que es como decir que para burlar al azar basta con comprar todos los números o liarse con la bruja de Sort. ¿Tiene Federico I todas las papeletas para dejar la Cope si Rajoy se impone con holgura en las elecciones europeas? Pues sería lo lógico, pero Joan Valls, que escribe en Libertad Digital y cobra del turolense, se ríe del destino: “Para Losantos no hay recambio; no sólo por la originalidad del personaje, sino, sobre todo, porque sus seguidores así lo han querido”. ¡Qué buen vasallo si hubiese buen Señor!

Las cartas boca arriba

26 nov 2008
Compartir: facebook twitter meneame delicious

Las cartas al director se inventaron cuando no existía Internet y las palomas mensajeras seguían en servicio. Trataban de asegurar eso de la retroalimentación de la información, de forma que los periódicos conocieran lo que opinaban los lectores de sus noticias, expresaran sus preocupaciones o, simplemente, alertaran de las erratas. Con el tiempo se convirtieron en la coartada perfecta para rectificaciones sotto voce, porque la relevancia tipográfica de las cartas es similar a la de los anuncios por palabras. El ridículo es menor si los que miran son pocos.

Un ejemplo de esta sordina es la que le ha dado El País a la indignación del escritor, académico y columnista de la casa, Antonio Muñoz Molina, por el artículo de Almudena Grandes del pasado lunes en ese mismo diario. Hace algún tiempo a la novelista del “corazón helado” le daban ganas de fusilar cada mañana a algunas voces, sobre todo a una que pronuncia fatal la erre. Ahora le ha dado por hacer befa del ideario masoca de Santa Maravillas, de su “déjate sujetar y despreciar”, e imagina su “goce” al caer “en manos de una patrulla de milicianos, jóvenes, armados y –¡mmm!– sudorosos”.

La supuesta broma no le ha hecho gracia a Muñoz Molina, que le da un repaso y una clase de historia por el mismo precio: “Ni a Manuel Azaña, ni a Indalecio Prieto, ni a Arturo Barea, ni a Julián Zugazagoitia les costó nada imaginar la tragedia de tantas personas asesinadas por esas pandillas no siempre incontroladas que preferían mostrar su coraje sembrando el terror en Madrid en vez de combatiendo al enemigo en la sierra”. Por si no había tenido bastante, a la “escritora del régimen” le sacudía desde el ABC Herman Tertsch, un hombre tan contenido como la gota que desborda el vaso: “Aquellos hombretones fraternales de la izquierda progresista sólo violaban para hacer favores, nos dice Almudena. Una santa laica más del país que parece añorar que se repita”.

Conde y el conde-duque

En esto de las rectificaciones hay que descubrirse ante el logroñés Ramírez, que ayer daba una clase magistral en las cartas a él mismo de El Mundo. El periódico había publicado el lunes una historia tan graciosa como falsa, según la cual Mario Conde, travestido al taoísmo, se había arrodillado ante Alfonso Guerra en un AVE a Sevilla implorando su perdón. Conde envió una réplica que se mutiló ayer, según la costumbre de la casa. “Creí que el comentario era una broma y así me lo he tomado (…). El objetivo perseguido al comentar como noticia hechos falsos no son de mi incumbencia sino de la suya. Lo mío es sencillamente aclarar la falsedad”. Nada de esto se publicó. ¡Es grande el conde-duque!