Salvo para Herodoto Vidal, que es capaz de escribir un libro de 300 páginas mientras se lava los dientes, juntar palabras puede resultar un ejercicio agotador. Un periodista desfondado es como un boxeador al borde de la lona. En su KO técnico, Javier Fumero, director de El Confidencial Digital, nos regala un texto antológico de diez líneas: “Es viernes. Día sin corbata. Algo más de relax y sosiego después de una semana de argumentos densos, denuncias y felicitaciones. Realmente, hoy me apetecía sosegarme un poco. Y, miren por donde, me he encontrado con una pequeña joyita. Admito que me encantan las buenas películas de animación. Disfruté lo que no está escrito con Ratatotuille (…) y tengo muchas ganas de hincarle el diente a Wall-e. Pero acabo de encontrar lo último de la factoría Pixar/Disney. (…) se llama Up…”. A este hombre le hacen faltan vacaciones o una baja, lo que llegue antes.
Influido también por Disney, el enigmático Del Pino nos presenta otro cuento de los suyos en el que Zapatero es la Cenicienta que pierde su zapato pero, en vez de hacerlo en las escalinatas del Capitolio para que Obama pueda buscarle y hacerle príncipe refundador del capitalismo (esto suena muy gay, Luis), se deja el Sebago en el pasillo del Congreso, víctima de un alud de periodistas: “Los periodistas son unos hijos de puta, sentenció una vez Ludolfo Paramio, en la que probablemente sea la mayor contribución del socialismo español a la Historia del Pensamiento Occidental”, nos recuerda.
Lo de contar cuentos está muy bien, pero queda mucho más fino citar un poema. César Alonso de los Ríos, con su proverbial optimismo, nos regala en ABC la Séptima Elegía de Duino de Rilke y Raúl del Pozo, en extraña coincidencia, también esparce en su columna de El Mundo unos versos del alemán. “¿Quién se atreve a hablar del otoño y de sus rosas con la que está cayendo? Yo me atrevo”, dice al comienzo. ¿Ven cómo las musas de la actualidad no siempre están a mano cuando se las necesita?
El fitoplancton de bajo consumo
La síntesis perfecta entre cuento y poesía en un campo desértico de ideas se llama Mónica Fernández Aceytuno. Su columna de ayer en ABC es irrepetible, como todas las suyas. “Yo también a veces necesito que haya poca luz para escribir; pero nunca me había visto de noche en un kayak, tapada con una lona, sobre una laguna cálida y profunda y con las manos en el agua para que, al moverlas, brillaran sus microorganismos con una luz irreal, como de otro mundo”. Mónica nos ilumina acerca del “dinoflagelado Pyrodiniun bahamensis”, un fitoplancton de bajo consumo. Confirmado. Se puede vivir tranquilamente del cuento.
Sabiéndole sentado junto a Federico I y el conde-duque de Logroño en la tertulia de ayer de la Cope, pudo pensarse que el director de La Razón, Francisco Marhuenda, iba a descubrirse como el más bizarro y valiente de los mortales. Pero, a medida que le fueron dando hasta en el cielo de la boca, pronto quedó claro que el empleado de Lara no era un héroe, sino un suicida. “Si me queréis atacar con fundamentos falsos pues sigamos con el fair play”, exclamó en un momento presa de los nervios. “Pero hombre, cómo va a ser fair play, si dices que te atacamos con fundamentos falsos”, le corrigió Losantos con toda la razón del mundo, valga el juego de palabras. Ahí cavó su fosa.
Marhuenda trataba de justificar por qué al dueño de su periódico le habían adjudicado varias emisoras en Cataluña, entre ellas una que provisionalmente ocupaba la Cope desde hacía seis años, mientras que Ramírez&Losantos y sus respectivos grupos se habían quedado compuestos y sin frecuencia. “Hay un mandamiento que es no hurtarás y el octavo es no mentirás”, le espetó el de Teruel al “católico profesional” que tenía enfrente tras escuchar entrecortadamente sus argumentos: que nada se le había quitado a la Cope porque nada tenía en firme; que a Radio Stel, también propiedad de la Iglesia (“de la Iglesia catalana”, precisó Losantos) se había llevado siete emisoras en el cepillo; que ellos también habían optado a emisoras que explotaban otros grupos; y que él criticaba mucho al Tripartito, tanto como el que más.
Para dar mas surrealismo a la bronca, Ramírez empezó a cabalgar a lomos de los principios. “¿No es prostitución cuando una compañía hace cualquier cosa contra sus ideas declaradas para obtener favores de los poderes públicos?”, preguntó sin que nadie se muriera de risa. El Demóstenes de La Razón aguantaba los envites hasta que un patinazo neuronal le hizo valorar la adjudicación. “En unos casos se habrá decidido técnicamente y en…”, dijo antes de callarse y comprobar el jardín que estaba pisando.
Eran pocos y llegó Tertsch
Marhuenda flaqueaba. Por tres veces pidió que descendiera a los micrófonos el director general de la Cope y confirmara su versión, pero el que llegó del éter fue Herman Tertsch para comprobar que no quedaba nada por patear del muñeco: “Si se tiene un empresario (Lara) que es un felpudo del poder, pasa lo que pasa (…). Como profesional, no deberías estar en este berenjenal”, afirmó invitándole a la dimisión. “De Lara sólo puedo hablar bien”, replicó, no sin antes pedir árnica a un Losantos que decía preocuparse por su futuro laboral. “Siempre me acogerás aquí”, dijo Marhuenda. “Siempre, no” le contestó. Pongan música de suspense.
Si es verdad que sin la amistad el mundo es un desierto, entre Federico I de la Cope y el facundo Marhuenda, director de La Razón, se ha abierto el Gobi. El reyezuelo de las ondas ha hecho cruz y raya del ex asesor de Rajoy, después de que este haya defendido que el famoso CAC le quite a la Cope una emisora en Catalunya para dársela a Planeta, o sea, a Lara, o sea, a su jefe. La marejadilla ha rolado a maremoto: “Paco, esto se avisa; no sabía yo que tuvieras tantos problemas de continuidad en el periódico (…). ¿Es verdad entonces que en enero adiós? (…). No tienes necesidad de extremar tu servilismo ante Lara (…). ¿Estás con el nacionalismo del Avui o con la carcundia de La Razón? ¿Estás con el catolicismo de boquilla o con la caradura profesional?”. El más difícil no es el primer beso, sino el último, que decía Géraldy.
Sobre cómo hacer amigos existe un manual muy solicitado. Pío Moa, presunto historiador, sólo llegó hasta el capítulo dos y, por eso, no le sale aunque lo intenta. “Cuesta trabajo imaginar un político más idiota que este jefe de la oposición. ¿Qué vería Aznar en él? ¿O no será un submarino del PSOE como Gallardón?”, decía ayer en su blog a propósito de Rajoy. Definitivamente, va por mal camino. Al fin y al cabo, ¿qué amigo no tiene defectos?
Hay quienes creen, en cambio, que la amistad debe incluir un punto de adulación, ignorando que se trata de una práctica muy mal vista porque hace evidente que el adulador sobrevive a costa del adulado. Toni Bolaño, el ex jefe de prensa de Montilla, ha recalado como columnista de postín en La Razón de Lara y del católico Marhuenda. Desde allí reparte lisonjas como si le fuera la vida en ello: “Zapatero –escribía ayer– no sólo ha conseguido situar a España en la cumbre, sino que ha permitido que España recupere la dignidad internacional. Zapatero, el empecinado, ha hecho una buena versión española del Yes, we can de Barack Obama”.
Y no faltan los que sostienen que, a falta de amigos, siempre nos quedará el perro, “ese napoleón sentimental” que, según Ignacio Camacho en ABC, será lo que le quede a Obama cuando estire las piernas en la cúspide del poder: “Los césares modernos ya no tienen un esclavo que les recuerde al oído que son mortales, pero siempre les quedará, en última instancia, un perrito que les ladre”.
Mejor un gato
No todos piensan como él. A unos cíceros de distancia, Antonio Burgos, que antes era bastante señorito y ahora también, que antes no era gracioso y ahora tampoco, pide un felino en el Despacho Oval: “Hasta que no vea un gato en la Casa Blanca no creeré en el pregonado cambio de Morenito de Chicago”. Evelyn Waugh afirmaba que la amistad entre hombre y perro no duraría mucho si la carne de perro fuera comestible. Está claro que hay gente que come de todo.
Estamos en Afganistán en misión de paz o hemos ido a una guerra disfrazados de “repartidores de magdalenas para un pueblo que nos ama y nos recibe con confeti” como dice David Gistau en El Mundo? ¿La ministra Chacón “desempeña el cargo con seriedad” (José Antonio Vera en La Razón) o debería dimitir porque “ni es hombre ni tiene honor”, como vocifera Herodoto Vidal, el precursor de la escritura automática en la crónica histórica? ¿“Un debate político con dos soldados caídos por España de cuerpo presente es una obscenidad” (Alfonso Ussía) o guardar silencio “al cabo de tantas muertes, de tantos muertos, ni es bastante ni es honrado”, como proclama Carlos Dávila en La Nación? De estas grandes cuestiones se ocupaba ayer por tierra, mar y aire nuestra vanguardia opinativa más preclara.
Siendo antigua ya la polémica sobre si el Gobierno tendría que cambiar su discurso y conceder que los soldados españoles combaten en una guerra –“¿no sería ese reconocimiento el mejor homenaje a su labor?, se pregunta el director de ABC, Ángel Expósito?–, no deja de sorprender la ferocidad de los ataques a Chacón. Su nombramiento –asegura el ultracatólico y militarista Diario Ya– “fue una noticia que movía a la risa, como poco”. Al parecer, estamos ante la pieza clave de Zapatero para ejecutar otro de sus perversos planes, en su línea de acabar con la familia, romper España y entregar Navarra a la ETA: “Debilitar, ridiculizar y reducir a su mínima expresión a las Fuerzas Armadas”.
De Chacón molesta casi todo. Que “presida actos oficiales con la bandera, mientras pertenece a la dirección del PSC, un partido que (…) rechaza identificarse con los símbolos nacionales”, tal y como reza el editorial de El Mundo. Al citado Dávila, por ejemplo, le desagrada su tono, “el tonillo de monja laica, de presidenta de una filantrópica oenegé que utiliza la mermelada y no la arenga para referirse al drama de Afganistán”. Esta claro que el de Época es un periodista viril y de pelo en pecho, y no un “abreculos abyecto” como Boris Izaguirre, mientras que Chacón es una mujer “espectacularmente ignorante en cuestiones bélicas” que “no se da cuenta de que manda soldados y no voluntarios de enfermería” a una guerraen la que “se puede morir y a veces hay que matar”.
El objetor de conciencia
En eso viene a coincidir con Vidal el prolífico, quien directamente en La Razón acusa a la ministra de las muertes de los soldados: “Se ha preocupado de cambiar los uniformes femeninos en el Ejército pero no los carros de combate (…). Sabe hasta qué punto es culpable de que nuestras tropas se jueguen la vida sin contar con un equipo suficiente (…) que pueda salvarlos en episodios como el de las últimas horas”. ¡Cuánto ama este hombre el Ejército para haber sido objetor de conciencia!
Los fabricantes de la opinión prefieren ignorar que en un porcentaje elevadísimo de casos sus geniales aportaciones al debate público son ignoradas, olvidadas o, en el mejor de los casos, desatendidas. De la quebradiza memoria del auditorio se aprovechó Cela para cobrar durante años por la misma conferencia y de sus enseñanzas ha debido de tomar buena nota su viudísima, que ayer repitió en La Razón la misma columna que los lectores borraron de su memoria una semana antes. Marina Castaño podría estar toda la vida reflexionando sobre los cerdos, las trufas y la modernidad obsoleta sin que nadie reparara en ello, incluido el editor que sufre en silencio su sintaxis: “Me pregunto por qué envejece tan rápido lo novedoso”, dice Marina en su 2ª edición.
Convengamos en cualquier caso que para un columnista puede ser una tragedia que no le lea ni Blas, tanto como para una emisora no ser escuchada. En ese crujir de dientes están los damnificados por el reparto de licencias de radio en Catalunya, asunto que tiene en armas a la Cope, al ABC y a El Mundo. El parte de guerra lo firma Félix Madero en la monárquica cabecera: “Han castigado a Punto Radio por las informaciones que ABC ha publicado sobre el coche del jardinero Benach y otras bagatelas en tiempos de crisis. Le han dado una patada al centenario periódico en las posaderas de la joven emisora. ¡Qué valientes estos del CAC!”.
¿Que qué es el CAC? Federico I tira de diccionario en su versión mundana. “Sí, CAC, que en español de Cataluña es Comité Anti-Cope pero que cada idioma deberá traducir a su modo: Comité Autoritario para la Caspa, Centro Antiliberal Comatoso, Cauce Antidemocrático Cáustico, Cítrica Alianza Corrupia…”. De la alianza de los agraviados daba fe en las ondas el propio Losantos con una noticia de última hora: “Me comunican que a las 7.45 Luis del Olmo ha defendido también a la Cope del atropello”. Lo nunca visto.
Según parece, lo que más ha dolido ha sido “el clamoroso silencio de los corderos de la prensa doméstica ante la última fechoría liberticida de la Banda del Tinell”, tal es la descripción de José García Domínguez en Libertad Digital.
El olor de ‘la peste’
A decir de Tomás Cuesta (ABC), los corderos que “abrevan en el barril de amontillado” (o sea, de Montilla) son “chupópteros mediáticos que pregonan las mieles y silencian las hieles, caganers adiestrados que plantan el zurullo donde mejor convenga…”. Cuesta entiende de eso: conoce tan bien la atmósfera catalana que Aznar le hizo director general adjunto del Forum Barcelona 2004; y ha sido director de programas de Libertad Digital TV, una concesión de Esperanza Aguirre en 2005 hecha con criterios profesionales: en el reparto de las 30 licencias sólo trincaron los afines al PP. “¿No olfatean la peste?”, pregunta. Completamente.
Salvo al popular y clarividente Gustavo de Arístegui, que ya lo sabía antes incluso de que lo soñara el protagonista –“yo vaticiné hace casi cinco años que Barack Obama sería el primer presidente afroamericano de los Estados Unidos”, decía ayer en ABC–, el hecho de que un negro se haya convertido en el emperador del mundo y tenga ya a la CIA limpiándole las botas ha causado sorpresa, ha desbordado las ilusiones, ha alimentado la esperanza de muchos en un tiempo nuevo y hasta ha encendido la llama del amor: “O sea, que además de guapo, resulta que también era bueno (…) ¿Será posible que haya un tío tan perfecto en el mundo y que además sea el presidente de los Estados Unidos?”, se pregunta embelesada Lucía Méndez en El Mundo.
El quiosco entero trataba ayer de explicarnos quién es Obama, con la excepción de El Correo que, quizás por eso de la independencia (del periodismo vasco, se entiende), desvelaba los secretos de Michelle, su santa, una señora que, según relata, le dio a su marido órdenes antes que besos y que le manda a por insecticida al híper del barrio: “A Michelle le gusta presumir de americana media que se compra la ropa en la tienda on-line de la firma J.Crew (una especie de Cortefiel), aunque cada vez recurre más a la diseñadora Maria Pinto”. Habrá que llevarla a Zara cuando Zapatero invite al matrimonio al rancho de Doñana.
Camuflados en la ola del halago general, el Grupo de Estudios Estratégicos, que es donde se pluriemplean los analistas de FAES para llegar a fin de mes, conseguía colar varios artículos de sus neocones más afamados. Para la cabal comprensión de los lectores, un neocon no cree que Obama esté a la derecha del PP –como vienen opinando los cronistas más reputados de la caverna para desengañar a Pepe Banco– sino que es un rojo peligroso. Así lo describe Manuel Coma en La Razón: “Es inteligente, cínico, hipócrita, oportunista, despiadado killer político (…) falso, farsante pero comedido, frío, cerebral, calculador (…) maestro en la puñalada trapera, con una concepción del mundo izquierdista, estatista, intervencionista, igualitarista”. Está claro que a sus colegas neocones de Washington se les ha acabado el chollo.
En el platillo de enfrente, Moisés Naim en El País esta convencido de que el elegido es el ídem, un chamán, “un hombre medicinal”; “Obama hablando a la multitud en el parque Grant de Chicago enlaza con gigantes de la política norteamericana”, asegura en esas mismas páginas Francisco G. Basterra; “Adoro a Obama, tiene manos de pianista y orgullo de antílope”, dice Carmen Rigalt en El Mundo; y hasta Ignacio Villa afirma en Libertad Digital que Obama y Zapatero son “como la noche y el día”, lo cual es el mayor piropo que podría dedicarle. ¿A qué carta nos quedamos?
La mayoría no pegó ojo hasta las cinco de la madrugada y comprendió, al fin, la verdadera dimensión del sueño americano. Afectados por la vigilia pero inasequibles al desaliento, algunos de nuestros opinadores más pertinaces han logrado apostillar en tiempo y forma la histórica elección de Obama como presidente de EEUU. Se han esforzado por responsabilidad histórica y porque saben que en sus manos está impedir que la sociedad camine a ciegas sin sus certeros puntos de vista. They also can, que diría el futuro inquilino negro de la Casa Blanca.
Poco antes de las diez de la mañana de ayer, Luis del Pino, ingeniero de profesión y agujerólogo vocacional, lograba colocar en su blog de Libertad Digital un análisis de urgencia sobre el triunfo del candidato demócrata: “Ha pedido libertad individual y unidad nacional, y ha hecho un llamamiento para despertar un nuevo patriotismo. Como si fuera un tertuliano de la Cope (…) El triunfo de Obama ha sido recibido por los verdaderos tontiprogres como una especie de venganza retardada sobre George Bush Junior, como una batalla más de la Guerra de Irak. Hoy, todo progre que se precie se siente un poco Hussein, pero no por Barak Hussein Obama, sino por Sadam”.
Interesante perspectiva, aunque los seguidores de Del Pino estamos muy decepcionados por su clamoroso silencio acerca del otro gran tema de la jornada. ¿Por qué el revelador de enigmas más importante desde el Renacimiento no menciona que el hijo de Bin Laden que ha pedido asilo en España es clavadito a Diego el Cigala? ¿Habrá una conjura gitana y flamenca para devolver Al-Andalus a los descendientes del Profeta? ¿Qué ha sido de tu olfato, querido Luis?
Volviendo a Obama, Pedro-Juan Viladrich en lanación.es, el referente digital de esa derecha moderna que se agrupa en Intereconomía, nos muestra la enorme complejidad de opinar atinadamente antes del vermut: “¿Cómo será el mandato Obama para USA, para el mundo y para España? –se pregunta–. Creo que el lector, con alivio, me exonerará hoy de responder a cuestión de videncia y, sobre todo, compleja”. Disculpado Pedro-Juan, faltaría más.
Hay que reconocer que, en este menester de la opinión relampagueante, la veteranía es un grado. Desde El Plural, frisando el mediodía de ayer, Enric Sopena respondía a algunos de estos interrogantes con esa gélida imparcialidad a la que nos tiene acostumbrados: “No va a ser fácil la gestión de Obama. Los votantes, y los que fuera de EEUU hubiéramos querido también votarle hemos de asumir que Obama no es Dios y, por tanto, todopoderoso. Se equivocará y generará a veces una cierta frustración. Pero que sepa que contará desde España con millones de ciudadanos que le apoyaremos y le respaldaremos por encima y más allá de sus errores. ¡Mucha suerte Barack! Tu suerte será la nuestra”.
La CIA pontificia
Para quien la suerte está echada es para Bush, a quien Santiago Martín, el mejor analista con alzacuellos del momento, dedica un responso en La Razón. ¿Acertó con Irak?, se cuestiona. “Lo que yo sé es que Juan Pablo II le desaconsejó que emprendiera ese camino. La Iglesia suele tener muy buena información y estoy convencido de que si allí hubieran existido las supuestas armas nucleares que sirvieron para justificar la guerra el Papa no se habría opuesto como lo hizo”. Por lo visto, la inteligencia vaticana es la bomba.
Si no se ha repetido el mismo escándalo de 2000 cuando Al Gore tuvo que cambiar la presidencia de EEUU por el carnet de Greenpeace, a estas horas ya tendría que conocerse el nombre del futuro emperador del mundo. Todo parecía apuntar a Obama, y ha sido este síndrome del caballo ganador el que ha unido en sus preferencias a buena parte del columnismo patrio, que habría corrido, como es habitual, en auxilio del vencedor. Claro que ha habido excepciones dignas de mención.
Entre estas últimas está la de Francisco Marhuenda, director de La Razón, quien ayer mismo en la Cope exponía su singular punto de vista: “Obama es bastante fraude porque ni siquiera es que venga de esos negros esclavos sino que es el hijo de una progre rica, de una familia acomodada blanca (…) Es el prototipo del progre que tanto gusta a la izquierda en España (…). Obama es un fraude, un radical peligrosísimo, como su esposa Michelle, que esa sí que es negra (…) Yo confío en que gane McCain por el bien de EEUU y del mundo libre”.
¿Significa esto que Marhuenda tiene un tic racista o que está obsesionado con los progres? Es posible, pero lo que queda demostrado es que el director de La Razón no hace los editoriales de su periódico y, lo que es peor, tampoco se los lee: “Obama –dice el rotativo– responde a una nueva mentalidad ganadora que ha calado en un electorado ávido de cambiar de paisaje político”. ¿A qué se dedica Marhuenda los días laborables?
La segunda excepción procede de Sánchez Dragó, que iba a exiliarse para huir de Zapatero y que no ha debido de encontrar billete en Air Europa. En su artículo de ayer en El Mundo, además de manifestar su pasión por la democracia –“rara vez acierta el pueblo cuando vota”–, se posiciona contra Obama porque le apoyan los progres –“si no fuese negro, casi nadie le votaría”– y se decanta, ¡oh sorpresa!, no por McCain, sino por Sarah Palin: “Si yo tuviera calabaza en ese Halloween votaría a la Palin, aunque fuese negra, pero no por serlo”.
¿Cómo salvar la contradicción y apoyar al candidato de la progresía siendo de Logroño y dirigiendo El Mundo? La pregunta de su editorial de ayer –“Por qué queremos que gane Obama”–, ya fue respondida Ramírez en su filípica dominical: “Porque pronto sabremos quiénes eran anti-Bush y quiénes antinorteamericanos”. Miguel Ángel Aguilar en El País despejaba la duda: “Somos pro norteamericanos”. Aclarado queda.
A contracorriente, ese esforzado nadador que es Herman Tertsch rompía en el ABC una lanza por George W., a quien, como a Castro –con perdón–, la historia le absolverá: “Estoy convencido de que dentro de dos décadas el balance que se hará de la historia de los ocho años de George Bush no será tan demoledor (…) La vida sin Bush va a ser mucho más ardua de lo que creen”. ¿Quiénes? Los de izquierdas, of course.
Peligro a la izquierda
Ahora bien, ¿qué es la izquierda? Nos lo aclara un estudioso del tema, Javier Somalo, empleado de Federico I, director de Libertad Digital y coautor de un libro el que tipos como César Vidal cuentan su tránsito a la fe verdadera. La izquierda es “peligrosa, siniestra, mentirosa, engañabobos…”, salvo la única decente, “la que encarna Rosa Díez”. Somalo la querría ver de jefa de la oposición con Esperanza Aguirre de presidenta del Gobierno. Este chico tiene futuro y la lección bien aprendida.
Sánchez Dragó, que iba de budista y en realidad es un nigromante, ya lo había advertido hace año y medio en uno de sus monólogos tipo Club de la Comedia que se marcaba en Telemadrid. La debilidad de la derecha, nos dijo un día, es que tiene emboscados a muchos socialdemócratas ocultos. Al argumento se ha sumado ahora un granado ramillete de apóstoles de la cosa, que han descubierto el perfil marxista del popular González Pons por criticar la verborragia de la Reina y denuncian que Mariano el indiferente se nos haya vuelto progre. Todo esto ha ocurrido mientras sus homónimos al otro lado del espejo no han gastado ni una gota de tinta para resaltar el inusitado fervor monárquico de esos republicanos socialistas que nos gobiernan. El mundo al revés o, mejor dicho, patas arriba.
“Lo que dijo Esteban González Pons era una reflexión perfectamente legítima (eso, en cualquier caso) y absolutamente lógica en un portavoz del PSOE o de IU”, asegura el apóstol Federico en su púlpito de El Mundo. ¿Que por qué cayó en la trampa de esa “urbanada minuciosamente urdida por la logia republicana de la Zarzuela” y afirmó que nuestra esfinge griega tiene esas opiniones de los gays porque es católica y más antigua que la copla? Pues porque el PP tiene interiorizado “no sólo el discurso sino el modelo político de la izquierda”, y así le luce el pelo.
Sería lógico presumir que si el PP favorece al PSOE por pedir neutralidad a la reina, a la inversa, los halagos del Ejecutivo a la primera dama equilibrarían la balanza. Nada más lejos de la realidad. “El genuino Plan Pons de Belleza En Siete Días, o cómo convertir el asperón en terciopelo (…) El ínclito González Pons no se imagina hasta qué punto le ha hecho el caldo gordo a Rodríguez Zapatero y qué flaco servicio le ha prestado a sus huestes”, asegura Tomás Marco en ABC.
Todo se resume en la definición de “progre de derechas” que José Manuel de Prada –un hombre que se escucha a sí mismo incluso cuando escribe– aporta a la ciencia política en plan trabalenguas: “Un progre de derechas es un tonto útil que sabe a ciencia cierta lo que piensa una señora católica de setenta años; en cambio, no sabe ni siquiera si piensa por sí mismo o piensa lo que otros desean que piensen”, tal es el desenladrillador pensamiento que nos transmite en ABC.
El PP, de la inopia y las tinieblas
Lo de Pons es sólo la muestra de que el PP, como Marlow, vive horas terribles en el corazón de las tinieblas. César Alonso de los Ríos –sí, también en ABC– vuelve a hacer un alto en su artículo perpetuo sobre la rendición del Gobierno ante ETA para ilustrar la tragedia: “La toma de distancia de Esteban González Pons (…) y la apuesta de Jorge Moragas por Obama y McCain, a la vez, nos llevan al corazón de los problemas del PP, esto es, a su indefinición programática, a su desdibujamiento ideológico”.
El PP era una piña de hormigón armado cuando perseguía al PSOE en las encuestas, pero ahora que está a la par o por encima se descompone. Es un circo al que le crecen los enanos, explica Martín Beaumont, en El Semanal Digital. Eso sí, ni un solo reproche a Pons, persona a la que el autor admira desde que el entonces conseller valenciano regó a su empresa Mediamed con más de una docena de emisoras locales en Valencia. “España camina por un lado y el PP está a su rollo”, asegura este periodista independiente nacido para la radio. Que lo sepan.
A la silente profesional que era la Reina se le ha calentado la boca ante Pilar Urbano y ni el surrealista desmentido de Zarzuela acerca de la “inexactitud” con la que la periodista ha reflejado en un libro afirmaciones hechas “en un ámbito privado” ha evitado la sensación de que su católica majestad ha metido su real remo hasta el fondo del mar, matarile, rile, rile. “Estamos a dos entrevistas de la República”, dice David Gistau en El Mundo. Tampoco hay que exagerar.
“Resulta que doña Sofía está contra el aborto y a favor del crucifijo. Y encima tiene su puntito de homofobia. Lo nunca visto. El acabóse”, ironiza Enric González en El País antes de confesar que él opina lo mismo que la Reina respecto al aborto, la eutanasia y la muerte digna. “Ahora bien –añade– lo de los gays y las carrozas siempre me ha parecido una horterada. ¿Estaré volviéndome monárquico?”.
La idea de que la Reina tenía derecho a manifestarse es defendida abiertamente por los tirios y censurada por algún que otro troyano. Entre los primeros, Justino Sinova, al que no le ha hecho falta volverse monárquico porque ya lo era, y para quien “no es aceptable que traten de tapar la boca” a la señora de la Zarzuela. “La Reina se muestra respetuosa con los homosexuales (…) pero ya se ve que algunos entienden que no es libre para discrepar sobre el nombre de esa unión”, dice en El Mundo. Entre los troyanos, Arcadi Espada, quien unas páginas antes atribuye a simple vanidad que la esfinge haya roto su silencio para decir lo que piensa sobre los gays y sus anormales familias. “¡Por los clavos del Borbón! Es probable que el mundo no pudiera vivir sin esas opiniones; pero es seguro que la Reina ya no podía vivir sin darlas”.
Entre tanto, los antimonárquicos no saben a qué carta quedarse. Lo de Javier Parra en larepublica.es recuerda bastante al asno de Buridano: “La Historia empieza dar la razón a los republicanos, es decir, a los demócratas. La institución caduca que supuestamente nos representa tiene los años contados en España, así que, Sofía, ¿por qué no te callas? O aún mejor, sigue hablando”.
Acostumbrada a escribir de nenúfares y tulipanes, Mónica Fernández Aceytuno se atreve en ABC a volver hablar de los homosexuales, pese a que lo hizo una vez “y me cayeron cartas como piedras”. ¡Cuánto se aprende con esta mujer! ¿Sabían que existen rebecos hembra un poco marimachos y que hay vacas que se vuelven lesbianas? “El día que las asociaciones de homosexuales acepten que se puede discrepar en público de sus conceptos, estaremos orgullosos”, asegura. Ha tenido mucho valor para decir esto. Su siguiente columna irá de gladiolos.
Test vaticano
De los gays hay que protegerse y la Iglesia, que lo sabe, va a someter sus seminaristas a un test psicológico, no sea que se les cuele algún marica en el templo y se ponga a dar misa. Por principio, un homosexual es una persona inestable, ya sea casto o Susana. El padre Jesús Higueras aporta desde el ABC la luz necesaria sobre este particular: “Si algún candidato al sacerdocio padece algún tipo de desequilibrio que pueda afectar a su futuro ministerio, debe ser atendido por aquellos que conocen y estudian la mente humana en cuanto a los afectos y su relación con los demás”. Y que lo pague la Seguridad Social, que para eso hay un convenio.