El cuento ha cambiado un poco pero, se crea o no, Madoff, el estafador con cara de abuelito adorable que se ha pulido 50.000 millones de dólares, es el Robin Hood del poscapitalismo. Bernie robaba a los ricos para dárselo a otros ricos, con la esperanza de que siempre hubiera nuevos ricos a los que robar. La moraleja es que los ricos son finitos y además bastante lelos. Es comprensible que al resto nos haya dado la risa floja.
Una de las que, por fuerza, se ha tronchado es Edurne Uriarte, que nos abría su corazón en ABC para reconocer que ella también quiso duros a cuatro pesetas y le dieron gato por liebre: “En mi experiencia de estafada, que la tengo, casi tan malo como el dinero estafado es que te llamen idiota”, aseguraba. A Uriarte le parece de “justicia poética” que “los más listos y ricos del mundo” sean igual de “imbéciles”. El mal de muchos siempre fue un consuelo para algunos.
De estos casos siempre se desprenden enseñanzas. Lo explicaba ayer José Miguel Andrés Torrecilla en Capital, la tertulia de Radio Intereconomía: “¿Cómo se ha conseguido este volumen de fraude sin haberse identificado? Se tendrá que conocer porque es muy importante para aprender y rectificar los procedimientos de control de los organismos supervisores”. ¿Que quién es el tal Torrecilla? Pues el presidente de Ernst & Young España, la auditora que no detectó ninguna anomalía en las cuentas de 2007 de Martinsa-Fadesa, hoy en suspensión de pagos. Un cachondo este Torrecilla.
Entre los estafados por el abuelito Bernie figuran clientes del Santander y otras entidades relevantes, que ahora, según cuenta González Urbaneja en Estrella Digital, tendrán que “explicar a sus clientes cómo les metieron en ese desastre. ¿No verifican la calidad de los fondos que recomiendan? ¿No son tan diligentes para detectar que algo huele a podrido?”.
Botín estará mal del olfato pero, a diferencia de lo que pasó con Banif y Lehman Brothers, donde algunos malpensados intuyeron que Ramírez tenía los ahorros ganados con el sudor de su pluma, el banco no se hará cargo de esas pérdidas, ni El Mundo lo pedirá “porque los contratos que firmaban sus clientes especificaban que se trataba de operaciones de alto riesgo en las que el Santander actuaba como mero broker”. ¿Se entiende, verdad?
La serenata de José María
Al que no lo entienda siempre le quedará Carrascal, y sus revelaciones en ABC acerca de los dos pilares de la condición humana que han hecho posible este fraude colosal: “La codicia –nadie quiere ganar menos si puede ganar más– y la soberbia –cuando se miente o se estafa, hay que hacerlo a lo grande, pues resulta más creíble que lo pequeño–”. ¡Qué bonitas son siempre las serenatas de José María!
A los defensores del establishment, ya sean ricos con corbata, ricos casual –arreglados pero informales–, pobres de solemnidad o “pobres de corbata”, que comen caliente en Caritas y pertenecen, según Raúl del Pozo, a una generación pasiva, apolítica y con sobrepeso”, los conocemos bien y no se nos despintan. Pero, ¿y a los antisistema? ¿Llevan casco y máscara de gas como afirma La Razón o forro polar con capucha para ir más abrigaditos como los dibuja el ABC? ¿Se encuentra el teléfono móvil en su equipo como sostiene el diario de Marhuenda, o les distinguiremos por sus “insignias alegóricas a la protesta o manifestación”, tal y como desvela el de Expósito?
Tampoco tenemos claro si la exportación a Madrid y Barcelona –también a Londres, Berlín y París– de los disturbios que están asolando Grecia tras el asesinato de un joven a manos de la Policía es consecuencia de estos hechos, o si “es absurdo tratar de señalar nexos” por más que “los radicales portaban pancartas de solidaridad con Grecia”, como reconoce el menguante periódico de Ramírez, según el último EGM.
“Buscar en el aumento del desempleo entre los jóvenes europeos o la incomprensión de la clase política hacia estos sectores la raíz de un vandalismo inaceptable sólo ayuda a legitimar la violencia”, proclama el editorial de La Razón. Ahora bien, ¿lo explicará en un futuro inmediato? Fernando Ónega así lo cree: “Si el paro sigue creciendo al ritmo actual y durante un período de varios años (…) será inevitable que esos focos se agranden y terminen por provocar conatos de revuelta social”, escribe en La Voz de Galicia.
En La Nación, Pedro Juan Viladrich lanza un aserto de insondable profundidad: “Donde todavía no hay un sistema social, político y económico que sustente un desarrollo, no hay violencia juvenil antisistema”. Es decir, que sin sistema no hay antisistemas. Pedro Juan, que es un hacha del razonamiento deductivo, advierte una conspiración en la que participarían “algunos poderes (…) muy interesados en desesperar a nuestra juventud y radicalizarla como infantería de sus odios políticos y codicias económicas”. La solución: que lo investigue Rubalcaba porque “para eso es ministro del Interior”.
El muro de las emociones
La rebelión griega tiene notas románticas para Gabriel Albiac, que fue maoísta y ahora cobra de Losantos y Marhuenda. Albiac revive en La Razón su viaje al Peloponeso, donde fue “buscando la polis matemática de Platón” y se encontró con los atascos de Atenas. “En un mundo irrespirable”, los jóvenes helenos le caen simpáticos. “Los veo estrellarse contra un muro (…). Sé que están condenados a fracasar. Como todos. ¿Por qué demonios me conmueven tanto?”.
Las ínfulas son las dos cintas que cuelgan de las mitras de los obispos, unos señores muy principales que antes vivían como curas y ahora tienen una cadena de radio. El pueblo se apropió del término para describir a los presuntuosos, esos tipos fatuos que se dan mucha importancia y, si pudieran, se mirarían a sí mismos por encima del hombro. Personajes de semejante ralea han invadido el periodismo patrio, convencidos de que su folio y medio cambia el mundo tres veces por semana.
Entre estos atletas de la vanidad sobresale uno en particular, cuyo ardor en la defensa de la alberca mallorquina de Ramírez de la invasión de las Esquerras le valió el ascenso a la dirección de Marca en pago a sus desvelos hídricos. “En marzo os contamos los poderes divinos de Eduardo Inda, que comentaba a su redacción que Ramón Calderón sería presidente del Real Madrid ‘hasta que Dios quiera; lo que no sabe es que Dios soy yo’. Pues hace unos días, el director de Marca nos sorprendía con una nueva frase: ‘Vosotros no os lo creeréis pero a mí Obama me lee y me ha copiado frases para sus discursos”. La bravuconada del indaviduo se recoge en PRNoticias.
A los petulantes se han sumado presuntos historiadores que han pasado del pasamontañas al activismo de las causas nobles. Pío Moa es el paradigma de esta entrega a los demás, uno de cuyos episodios relata en su blog de Libertad Digital: “Me han dicho que hay unos tíos que van a estar mañana en la calle a las 8 de la tarde en unas cuantas ciudades de España recordando el 11-M y queriendo que se sepa toda la verdad (…). A unos tíos así no se les puede dejar en la estacada. Necesitan mi ayuda…”.
De los buscadores de la verdad del 11-M emerge Luis del Pino, nuestro agujerólogo de cabecera. La prueba de su importancia es que unos peones negros le han coronado rey. Del Pino, que es un monarca modesto, pide auxilio en su blog para reconstruir el viaje bajo la nieve de la dinamita asturiana. “Rogamos a los lectores que (…) nos envíen cualquier otra fotografía que encuentren del estado del Puerto del Escudo el 29 de febrero de 2004”. Ni la versión oficial ni el Meteosat podrán resistir mucho tiempo más sus certeras acometidas.
El líder y las tijeras
El fanfarrón, el activista y el inventor del queso gruyere están encantados de conocerse. Falta un líder que les baje los humos: “Si hubiéramos perdido el 30% (de audiencia), y el 40 y el 50, yo seguiría defendiendo que hay que hacer lo que se está haciendo (dar a Rajoy hasta en el cielo de la boca); otra cosa es que la empresa hiciera lo que le parece (mandarle al INEM)”. Es la reflexión de Federico I de la Cope (los añadidos son míos). Hasta él sabe que las ínfulas se cortan con tijeras.
Es improbable que el hip hop de Bernat Soria para promover el uso del preservativo y prevenir embarazos no deseados se encarame al número uno de Los 40 Principales. No tiene un ritmo pegadizo y algunos medios echan de menos un estribillo con mensaje. ¿No podía haberse sustituido el “Tronco, / yo no corono rollos con bombo / O condón, o yo pongo stop” por “El verdadero acto del amor ahí se pierde / Les produce insomnio luego defrauda / Yo esperaré hasta el matrimonio porque amo a Laura”? Pues eso.
Según ABC, el marchoso diario monárquico, Soria “reduce el sexo a mero acto de consumo y esconde su incapacidad para poner freno a la creciente tasa de embarazos y abortos entre jóvenes y adolescentes con una tonadilla de dudoso gusto”. ¿Pero qué es esto de “lo cojo, lo toco, lo pongo. / Con condón yo floto pronto. / Sólo con condón, / sólo con coco”? ¿No tendría más efecto en la juventud apelar a la espiritualidad de este otro modo: “Perdimos el valor de nuestro amor platónico / Sólo pensamos en lo único, no existe ya lo edénico / Tan sólo este sonido heterofónico”?
Con razón La ídem advierte a Soria que se engañaría si cree que resolverá el problema “con cancioncillas (…) que dan una imagen de los jóvenes como si fueran unos tarados mentales y unos maníacos sexuales”. Se trata de un crítica muy fundada, porque las que canta Marhuenda, el Zubin Mehta del periodismo contemporáneo, suenan así: “Para un pibe lo más diver hoy se encuentra en cualquier ciber / 2×1 allí en el híper, va a la barra con su stripper / Y permitan mi desacuerdo total / Con tal ritual de perversión virtual”. ¿Se nota la diferencia?
Lo más grave es que el ministro está out y, cuando le preguntaron qué significaba eso de “como fosos, como pozos, somos dos”, puso cara de célula madre. “Bien, Soria, bien, estás en tu línea”, le espetó Federico I de la Cope. “Parece una campaña contra las maras o a favor de las maras, o sea, las bandas latinas (…) en las que, por cierto, las mujeres son esclavas sexuales. Eso ni lo persigue Rubalcaba ni lo denuncia la progresía”. Losantos sería un genio como letrista y se lo podría haber dicho en rap: “No convergen sus ideas con las mías / Aunque ambos apreciemos calidad de anatomías”.
«Calorcito prenavideño»
Ajena a la polémica, Eva Miquel Subías se descolgaba en Libertad Digital con lo siguiente: “Ahora que el centro derecha le ha arrebatado a la izquierda tradicional la bandera del amor libre y sin complejos, ahora que ya estamos todos liberados, solicito a los nuestros algo más de calorcito prenavideño”. ¿Hay alguien en contra?
Nota: El copyright del hip hop alternativo es de Praxiz.
Está claro que el “primario” Tardà no es George Clooney. Es posible que tenga “aspecto de portero de discoteca de medio pelo de Bagdad” (Alfonso Ussía), que sea un “asilvestrado” al que le parezca muy divertido “ser Shreck” (El País) o que haya pasado en menos de cinco años de “bruto anónimo a bruto en portada” (David Gistau). Pero de lo que se trata no es de demostrar que el de Esquerra es más feo que un frigorífico por detrás, sino establecer si “el gran oso del hemiciclo” (uno tampoco está libre de pecado) puede gritar “morí el Borbó” sin que pase nada o, por el contrario, su presunta metáfora lleve aparejada penitencia, ya sea la pérdida del escaño, los grilletes o el destierro al Ampurdán, justo ahora que es temporada de ‘calçots’.
Lo primero, como mantiene Ussía en La Razón, es averiguar quién es el tal “Borbó” ya que, como bien dice, Tardà no es Tardán en La Cibeles, del mismo modo que Anson no es Ansó en la Diagonal. “Si es Borbón, y se deduce que el rey es el que tiene que morir para que Tardán se ponga cachondo, además del fiscal tendría que intervenir Zapatero y cortar por lo sano con unos socios independentistas, que además de odiar a España piden a gritos la muerte del Rey”, concluye.
El dilema de la “ene” está ya resuelto en El Mundo, que ve además “la disposición de los socialistas catalanes a tragar con todo tipo de abusos (…) con tal de mantenerse en el Gobierno”. Ramírez, además, ni olvida ni perdona: “Entró en mi domicilio el compinche de Tardà, arrollando, causando lesiones a la gente de seguridad, profiriendo insultos soeces, amenazándonos, y luego el Tribunal Supremo dice que sólo es una falta y no un delito”, rumiaba ayer en la Cope. Se le notaba dolido al conde-duque de Logroño al evocar el asalto a la piscina en suelo público que posee, la batalla naval más importante acaecida desde Trafalgar.
El propio Ignacio Camacho recordaba ayer en ABC este episodio hídrico nacional antes de esbozar una ecuación tan compleja o más que el teorema de Fermat: “A más autogobierno, menos calidad política”, afirmaba como demostración matemática de la “degradación intelectual” de la dirigencia pública, en general, y de la catalana, en particular. ¿Qué hacer entonces? ¿Buscar la regeneración en el centralismo?
Fin al juego sucio
Quizás baste con algo más sencillo. “¿Sería mucho pedir a quienes han entendido que estar en las instituciones del Estado es útil para sus intereses, que acaben con esos juegos tan sucios de estar o no estar? ¿Convendría que quien ha elegido trabajar dentro del Estado –lo es el Congreso y lo es la Generalitat– se comporte como una persona respetable?”, se preguntaba ayer El País. Pues convendría, qué duda cabe.
Hay papeles que marcan. De Johnny Weissmüller, el Tarzán más famoso, cuentan que se le fue la pinza hasta el punto de que nadie pegaba ojo en el manicomio cuando el gran mono blanco llamaba a gritos a su colega el elefante. Teddy Bautista, el sempiterno presidente de la Sociedad General de Autores (SGAE), hizo de Judas en Jesucristo Superstar, y desde entonces cobra 30 monedas de oro a todo bicho viviente con el que se cruza, sobre todo si siente que tararea. La obsesión es lo que tiene.
La última de Bautista ha sido colar a un detective en una boda para pillar in fraganti a los invitados cantando achispados Paquito el Chocolatero sin pagar derechos de autor. Le han calzado 60.000 euros por indiscreto. En la multa ha visto Luis Herrero la posibilidad de hundir a ese gran oso amoroso de los autores llamado Teddy: “Voy a mandar a la SGAE invitaciones duplicadas (de boda). A 60.000 euros la infracción les arruinamos en dos o tres años”, profetizaba ayer en la Cope.
Ignora Herrero que los presidentes del Gobierno pasan y Eduardo continúa. De su vida anterior a la SGAE quedan vagos recuerdos: “Yo le respetaba bastante cuanto tocaba o cantaba en Los Canarios, que ahora no sé si tocaba o cantaba. Pues a eso es a lo que se tenía que dedicar. ¡Qué vuelva otra vez a Los Canarios!”, suplicaba José Antonio Vera en la tertulia de Onda Cero. El dato lo ha eliminado Bautista de su biografía pública. Esto es lo que dice de sí mismo: “Fue protagonista importante en la vida musical en las décadas de los años 60 y 70 en España”. ¿Cabe mayor modestia?
Estamos ante un hombre de recursos, capaz de infiltrar a Anacleto en un convite, y eso no se perdona: “El avispao que se cuela en las bodas y bautizos para cazar un canapé volador (…) ha pasado a la Historia. La SGAE cuenta con auténticos profesionales y busca hacer de los gorrones una profesión respetable”, dice José Carlos Rodríguez en Libertad Digital. Ahora bien, ¿es respetable que la Cosa de Teddy quiera “arañar unos euros” al ciudadano de a pie “mientras algunos de sus célebres socios es investigado por la presunta evasión de millones a Liechtenstein”? Hasta El Mundo cree que no.
De oso a oso
Eso sí, a discreto no hay quien le gane. “La gestión está sumida en la opacidad y la cúpula (de la SGAE) es un modelo de falta de transparencia y de caciquismo”, afirma Alfonso Basallo en La Nación. Y lo innegable es que el sistema funciona. ¿Por qué el “primario” Tardá, el gran oso del hemiciclo, acabó su mitin con un “Visca la República, mori el Borbó!”, mezclando un grito de la guerra de Secesión con otro de la de Sucesión? Pues para no pagarle derechos a Teddy. Joder con los plantígrados.
Los psicólogos han observado cuatro tipos de reacción ante el miedo: el ataque, la huida, la paralización y la sumisión. Pero en Azpeitia, que de miedo saben un rato, se estableció este jueves una quinta manera de experimentar el pavor: seguir con la partida a cuatro reyes, que a ocho se juega en España. Lo narra Alfonso Ussía en La Razón: “El juez había ordenado el levantamiento del cadáver y los de la cuadrilla ocuparon, con el sustituto de Ignacio Uría, la mesa de juego. E hicieron lo que todo ciudadano sensible y valiente lleva a cabo cuando acaban de asesinar a un amigo y compañero diario de juego. Barajar las cartas, repartirlas según lo reglamentado y comenzar la partida”.
Los musolaris de Azpeitia tenían miedo, que es un mal terrible que puede dejarte sin alma. “El adocenamiento, la incapacidad para rebelarse, el haber somatizado la muerte como un paisaje más, ese querer seguir con la vida normal como si nada hubiera pasado constituyen los síntomas de una pandemia cruel, pavorosa, casi cómplice”, sostenía Carlos Herrera en ABC. Y contra el miedo sirven de poco las medicinas. Es a esa sociedad enferma “infectada del virus de la indiferencia por el sufrimiento ajeno” a la que también en ABC retrataba ayer Ignacio Camacho: “A los habitantes de la sórdida Gomorra vasca ya no les conmueve siquiera la caída de uno de los suyos. Y acaso estén muertos como él, pero no lo saben… todavía”.
Algo realmente grave ocurre en el País Vasco, “un país lleno de plazas sin ventanas”, como describe Santiago González en El Mundo. “Las calles de Azpeitia podían haber sido la plaza de Palermo, si no fuera por el clima”. Ambiente de Cosa Nostra, donde apenas un puñado de locos planta cara al tiro en la nuca y donde la inmensa mayoría es sorda, ciega y muda. No veas el órdago y que se saquen una.
Un lector de El País preguntaba ayer cómo luchar contra los que apoyan a los asesinos. “Quiero saber quiénes son, retirarles la palabra, contribuir a que no se enriquezcan. Quiero saber quién soporta con dinero a los terroristas. Quiero saber qué productos fabrican para no comprarlos. No quiero que se mezclen entre la gente como si fueran personas normales”. Hay miedo, sí, pero no es el único que lanzaría este envite.
El nivel de la dignidad
“Sólo espero que la cuadrilla que se encuentre en el más allá tenga más dignidad, humanidad, escrúpulos y moral que sus antiguos colegas de cartas”, deseaba ayer para Uría el eurodiputado Carlos Iturgaiz en El Mundo. Ya Chillida, el escultor del hierro, pedía que el nivel de la dignidad siempre estuviera por encima del nivel del miedo, sin reparar en que algunos espíritus se forjan con materiales mucho menos nobles.
Decía Freud que el primer hombre que profirió un insulto contra su enemigo en vez de abrirle la cabeza con el sílex fue el fundador de la civilización. A día de hoy, la lista de civilizados es amplia, empezando por Schopenhauer, cuyos denuestos se hicieron tan famosos que han llegado a recopilarse. Por él sabemos, por ejemplo, que algunas partes del mundo tienen monos y Europa, franceses, con lo que una cosa compensa la otra. Tras la estela del filósofo, Pedro Castro, alcalde de Getafe y presidente de la FEMP, se ha descolgado con una pregunta bastante lamentable: “¿Por qué hay tanto tonto de los cojones que todavía vota a la derecha?”.
Leído con atención, el interrogante del regidor no implica que todos los votantes de la derecha sean idiotas de sus partes blandas, pero Carlos Dávila no estaba para sutilezas y se daba por aludido en La Espuela de Intereconomía: “Tonto de los cojones será él (…). Pedro Castro, abyecto personaje”. Siguiendo esta ley del talión del improperio, Antxon Urrusolo, el showman metido a tertuliano, describía ayer a Castro en Onda Cero de la siguiente forma: “Es un populista, un hombrecillo muy curioso (…). Tiene un punto friqui interesante”.
Muy celebrados fueron los insultos de Quevedo a Góngora y las réplicas de su narigudo contrincante, pero hubiera sido imposible imaginar entre ambos confesión semejante a la que otro Quevedo hace en El Confidencial: “Soy un ‘tonto de los cojones’. Un neandertal cavernario. Un espécimen a desterrar y a fusilar al amanecer junto a algún que otro locutor de la mañana, un golpista que sólo piensa en sacar del poder como sea a Rodríguez, un ‘hijo de puta’ que vota al Partido Popular…”. Tú solo te vas a hacer daño, Federico.
Al fin y al cabo, Pedro Castro “es un buen tío; se le calentó el morro”, tal es la opinión del comprensivo Luis del Olmo. Antes de denostarle, la propia Isabel Durán reconocía en Intereconomía que es “un hombre amable, muy socialista pero muy dicharachero, muy sociable y, aparentemente, nada sectario” ¿Le perdonamos? Vale, pero antes “que se ponga de nazareno, vaya a la Plaza de Cibeles y pida perdón de rodillas, y con el culo al aire que hace frío”, que no es nadie Alfonso Rojo en Punto Radio imponiendo penitencias.
Sopapo a Rajoy
Perdonado el alcalde socialista, ¿qué hacemos con Rajoy? Pues le damos un sopapo: “Resulta increíble que el PP apenas haya reaccionado a este insulto directo a sus votantes limitándose a pedir que Castro ‘se disculpe’. El afán de los populares por practicar una oposición blanda parece no tener límites”, sostenía ayer El Mundo. Es que eres un flojo, Mariano.
La “larga cola del INEM” no es sólo una frase hecha. Puestos en fila y a razón de metro cuadrado por cabeza, los 2.989.269 parados dan para cubrir sobradamente la distancia entre España y Polonia, país este donde el desempleo sólo afecta al 6,4% de la población activa. Allí el paro ha caído dos puntos el último año; aquí ha subido cuatro, hasta el 12,8%. “Vamos a tener que aprender a vivir de otro modo”, dice la siempre ocurrente Cristina L. Schlichting en La Razón, antes de desvelarnos la “parte dura” del drama: “Se acabó el viajecito al extranjero en el puente”. Lo que nos faltaba.
Con el ministro de Trabajo en paradero desconocido, la terrible escalada en las cifras del paro ha empitonado a Solbes, al que ya ni El País perdona que sea críptico, hable bajito y amodorre al personal: “Se queda corto el vicepresidente cuando, con su cautela letárgica habitual, asegura que existe el riesgo de que el paro aumente algo mas”, afirmaba ayer en su editorial. Tras estimar que el desempleo llegará al 16% en 2009, lanzaba una llamada de socorro: “El esfuerzo público por ayudar a los bancos debe exigir, como contrapartida, que transmitan a crédito de las empresas parte de los fondos recibidos”. ¿Será que el Imperio Polanco está más tieso que la mojama y el gato de Dragó juntos? Será.
“Nadie se puede creer que la solución resida en transferir 11.000 millones de euros a los ayuntamientos para que contraten parados para barrer las calles o arreglar las carreteras”, opinaba Ramírez en El Mundo por editorialista interpuesto. El académico de la ñ, o sea, Anson, se apuntaba a este tesis en El Imparcial: “Zapatero no va a solucionar el paro ni con el despilfarro del dinero público ni contratando asesores personales ni creando funcionarios artificiales”. Dice Luis María que la sonrisa del presidente “se ha congelado”, y quizás sea ese rictus el que molesta al beatífico diario Ya: “Ha conseguido desquiciar a la mayoría
de la gente sensata con su comportamiento a medio camino entre la desvergüenza
y el cachondeo”.
En la búsqueda de un salvador que impida que la cola del paro llegue a Constantinopla, el ABC se detiene sin mucha convicción en Rajoy y en su recordatorio de que “el centro derecha ya demostró en su día que sabe superar con éxito un desafío económico más que preocupante, mientras que el PSOE ha dilapidado en poco tiempo una herencia impecable”.
El funcionario Mariano
Que la solución sea el PP no se lo cree ni Raúl del Pozo, aunque le gustaría: “El PP tiene máquina, estructura formal, pero le falta canción, resplandor y leyenda. Hay un funcionario donde se precisa un líder”, dice en El Mundo. Siempre nos quedará Esperanza y sus calcetines.
Se desconoce si el inventor de las cortinas de humo era un dependiente pirómano de Gastón y Daniela, pero, en cualquier caso, debió de ser un tipo muy listo. A diferencia del humo solitario, que anuncia la presencia del fuego, el humo en cortina oculta las llamas a los neófitos, que han de esperar a que la prensa les abra los ojos y les muestre la hoguera. Así, se sospecha que lo publicado sobre la autorización dada por Aznar a los vuelos de la CIA a Guantánamo es una cortina de humo para distraer la atención sobre los tres millones de parados, y que, a su vez, la noticia de estos vuelos fue otro visillo humeante para que no reparásemos en el calvario de Sánchez Dragó, cuyo gato, que en paz descanse, se convirtió en calcomanía bajo un montacargas.
Sobre estos vuelos, Arcadi Espada, al que algún maledicente ha rebautizado como Arcano Espada porque cada día se le entiende menos, descorría el telón en la tertulia de Onda Cero para arrojar luz sobre este tenebroso asunto: “Es una burda demagogia y el intento apenas soterrado de conseguirle un GAL al Gobierno de Aznar”.
Curiosamente, esta era en El Plural la tesis de Carlos Carnicero, que ve a Aznar políticamente más muerto que el desdichado felino de Dragó. “Es una historia de ignominia ejercida desde el más desvergonzado de los cinismos de quien quiso levantar la bandera de la guerra sucia contra el GAL en España, sólo por sacar del poder a Felipe González por la puerta trasera, y colaboró a sangre y fuego en la guerra sucia contra el terrorismo que ha significado la invasión de Irak, la cárcel de Abú Ghraib y el vergonzoso infierno de Guantánamo”, opinaba este espadachín del adjetivo.
¿Filtró el Gobierno a El País los documentos que comprometen al ex presidente? Dedúzcanlo de estas palabras de Francino en la Ser, a quien siempre agradeceremos que la añoranza de Gabilondo siga viva en nuestros corazones: “Lo de reducir las noticias a filtraciones es un camino peligroso (…). Por esa regla de tres no se contaría nada”. O sea, que sí, lo cual plantea otro interrogante: ¿En qué parte de Babia estaba Zapatero para no enterarse de que entre 2005 y 2006 nueve vuelos a Guantánamo hicieron escala en España?
Un tupido velo
“El Gobierno va a tener que asumir las consecuencias de utilizar la técnica del ventilador para despistar a la opinión pública, no sólo porque se vuelva contra él sino también porque la cooperación entre Estados que se reconocen como aliados tiene unas reglas de confianza que los Gobiernos deben preservar”, sentenciaba el ABC en su editorial de ayer. Es decir, que hubiera sido preferible correr un tupido velo antes que levantar una cortina de humo. ¿Y los 2.989.269 parados? Pues quemados.