No es un secreto que Garzón no tiene muy buena prensa, quizás debido a que le precede la fama de ser “el juez de la oca y juzgo porque me toca”, que decía David Torres en El Mundo. Don Baltasar ha caído en la casilla de la cacería con ministro y el PP le quiere apartar del juego para que otro tire los dados. El suceso ha despertado el sentido del humor de tipos tan serios como el logroñés Ramírez, quien concluía así el editorial de su diario: “Garzón debería renunciar a seguir con esta causa o debería ser apartado de ella, pero no para tapar una posible corrupción en el partido opositor sino para destaparla”. El chiste del conde-duque de Unedisa es para mondarse.
Basta leer el auto por el que el magistrado ha mandado al trullo a los ‘Correas’ para comprender que entre sus habilidades estará la puntería, pero no la sintaxis ni la geografía. No se puede escribir que Miami es un país, porque luego el viceramírez García Abadillo se indigna, y con razón, como hizo ayer en Onda Cero. “¿Quién ha redactado este auto? ¿Un ojeador de la cacería?”, inquiría. Terciaba en el asunto Raúl del Pozo con otras preguntas: “Pero, ¿no es el mismo juez, Casimiro, al que, cuando el ‘caso GAL’ la prensa adversa le llamaba hijo de puta? ¿No es el mismo juez que en otro tiempo tenía mucha cercanía al PP?”. El mismo que viste y caza.
“Lo que está latente en este episodio es que puede haberse descubierto un nuevo Filesa”, reconocía Fernando Fernández en ABC, aunque ello, a su entender, no justifica que se detenga al personal un viernes por la noche y se le deje macerar hasta el lunes. “Desde luego no es muy propio de un campeón de los derechos humanos que aspira al Premio Nobel”, añadía. Lo mismo habrían dicho los venados de la montería caídos por Garzón y por España si les hubieran preguntado.
A Carlos Carnicero, poco sospechoso de frecuentar los cotos de Génova, el magistrado le cae como un tiro y cree que todo lo que haga nos está bien empleado porque consentimos que fuera de adjunto de Felipe González en unas elecciones y luego quisiera meterle en la cárcel por los GAL: “Es juez de confianza y puntillero de toda operación judicial emprendida contra alguien importante en España (…). Y casi siempre en connivencia con alguien”, afirmaba en El Periódico.
La cabeza de Aznar
Garzón caza al acecho y a lo grande, tal es la opinión de quien firma como Marcello en Estrella Digital. Y quien de verdad ha intuido el peligro es Ana Botella, “que no llora porque le estén sacando a relucir la imperial boda de El Escorial (…). No, nada de eso, doña Ana llora por José María Aznar, porque sabe o presiente que van a por él”. ¿Querrá el juez-cazador semejante cabeza como trofeo? Tal y como pinta, los taxidermistas van a trabajar a destajo.
A falta de que Aznar nos revele que, igual que el cambio climático, la evolución de las especies es una paparruchada de los progres, el bicentenario del nacimiento de Darwin que ayer se conmemoraba apenas sí dejó unos jirones de escepticismo sobre sus teorías. Ni siquiera el descubrimiento de que el hombre y el mono se parecen, pero menos, estimuló la controversia. El caso hubiera merecido algo más de debate, como el que enfrenta en Estados Unidos a darwinistas y creacionistas, y dejó sin contestar el gran interrogante sobre la vida en el planeta: ¿es posible que todos, incluido Ángel Acebes, procedamos del mismo paramecio?
Sólo Alfa y Omega, el suplemento “católico de información” que distribuye ABC, destacaba que “no hay evolución sin creación”, y prueba de ello es que “no han aparecido restos fósiles de jirafas en vías de desarrollo, puesto que son iguales desde su aparición, hace dos millones de años”. El seminario, digo el semanario, llegaba a admitir que “evolución y fe son compatibles”, aunque José Antonio Sayes, sacerdote y doctor en Teología, rozara la condenación para demostrar que lo que llamamos azar no es sino un diseño divino: “Hace poco hablaba con una muchacha que tenía unos ojos azules preciosos, en los que se adivinaba el fondo de su alma… Demasiada belleza para que surja por casualidad”.
Por lo demás, la pleitesía hacia Darwin fue generalizada. Uno de los más deslumbrados, Baltasar Porcel, no dudaba en alabar en La Vanguardia su capacidad de trabajo y su humildad “estudiando gusanos, lagartijas, el humus, flores, colores, los insectos, atento a la maravilla y riqueza de su condición mutante”. Lo que enervaba a Porcel es que “en Catalunya hasta enlodamos su egregia efigie con el resobado Anís del Mono”. Y a eso no hay derecho, oiga.
Lo de los monos cuesta asimilarlo. Conversando sobre los principios de la selección natural, a Eduardo Punset una “gran artista de la canción española” le negó que ella descendiera de los primates, tal y como explicaba en El Mundo el divulgador con aspecto de científico loco más famoso de la tele. “Es bastante grotesco calumniar el pensamiento de Darwin tildándolo de una simple teoría”, sentenciaba.
Dios, en paro
La complacencia con los trabajos de Don Charles alcanzó al diario Gara, donde se cree efectivamente que sólo sobreviven los más fuertes, especialmente si llevan capucha y dan tiros en la nuca. “Sin duda, la ciencia le ha dejado sin alma al animista y a Dios sin faena laboral entre semana. Los seis días laborables en lo que, según la Biblia, empleó para construir el mundo se han mostrado como engaño”, escribía ayer un tal Mikel Arizaleta, traductor de oficio. ¿Sería vasco el primer paramecio?
En medio de la operación contra la corrupción que dirige Baltasar Garzón y que tiene al PP en un sinvivir, al hipermegajuez le han pillado dando unos tiros con el ministro Bermejo en alegre montería, para desgracia de los ciervos de Jaén y del sentido de la estética. El compadreo en los carrizales ha dado argumentos a quienes veían una mano negra y socialista en las detenciones ordenadas por el magistrado a menos un mes de dos citas electorales. “Yo no digo que esperen las causas ni los sumarios, pero los venados podían esperar”, subrayaba ayer en La mirada crítica de Telecinco Miguel Ángel Aguilar, cuya pasión por el “juez campeador” está a años luz de la lujuria.
Hablando de venados, Carlos Dávila, director de la revista que anticipó la batida, montaba un juicio sumarísimo en La Nación contra los dos cazadores: “Aquí está en juego la posible connivencia entre el Poder Judicial y el Ejecutivo (…). La demostración de esta connivencia sería motivo más que suficiente para que Garzón y Bermejo, pertenecientes ambos a la misma camada, se volvieran a sus casas”. Al paso le salía en El Plural Enric Sopena, afamado francotirador de la otra orilla: “Ni campaña de ‘desprestigio’ ni montaje del PSOE. Se acabaron las coartadas con ribetes paranoicos”.
Ciervos aparte, es hasta lógico que Zapatero quiera meter un cuerno al PP –y viceversa– pero, como sentenciaba Eduardo San Martín en Los Desayunos de TVE, “uno no se puede quejar de que los cazadores salgan de caza cuando uno mismo ha dejado a las liebres sueltas”. Por este descuido cinegético pedía cuentas Lucía Méndez: “El PP tendría que explicar por qué razón dejó de contratar con este señor (Correa) la dirección del partido y por qué razón no informó a las organizaciones territoriales del partido que este señor –según se sabe ahora– no era trigo limpio”.
A diferencia de Antonio Burgos, que como apenas pasa nada se marcaba ayer una columna sobre lo bien que se leen sus artículos con la letra más grande, a Ignacio Camacho le daba por opinar que la letra de la honradez entra con sangre. “Contra la corrupción –decía en ABC– no caben las medias tintas: hay que cortar la mano del que la tenga demasiado larga”.
Humor y lágrimas
Es un buen consejo para Rajoy, que cada vez que lee la palabra “detenidos” se teme lo peor, y así lo explicaba el martes a las puertas del Congreso, entre otros, al mundial David Gistau. “No es mala terapia, la del humor, para aliviar los infortunios de un PP tan tocado que ya hay quien se refiere al partido como la Zona Cero”. El peligro de la risa floja es que libera muchas lágrimas, y a ellas se refería Martín Ferrand en ABC: “Sólo cabe tratar de adivinar dónde llorará Rajoy”. Snif.
Para desgracia de Berlusconi, del Vaticano y de Juan Manuel de Prada, que es el enviado del Altísimo al ABC, Eluana Englaro falleció este pasado lunes, tres días después de dejar de recibir agua y comida en cumplimiento de una sentencia del Tribunal Supremo. Convertida en un vegetal desde hacía 17 años, Eluana se dio prisa en morir, como si hubiera querido burlarse de ese duce con peinado de madelman que gobierna Italia y de esa Curia cuyo Dios probablemente no existe, pero que atribuye a su voluntad crueldades inadmisibles.
“La rapidez de la muerte de Eluana indica que se ha tratado de un caso de eutanasia. Es decir, un acto homicida que termina con la vida de una persona a la que se han suprimido los medios necesarios para mantenerla con vida”. Esta es la caritativa interpretación que hacía ayer en La Razón Justo Aznar, director de un denominado Instituto de Ciencias de la Vida. Aznar –llamarle Justo induciría a errores– es de los que defienden que “el derecho a morir dignamente no existe” y se teme que Zapatero aproveche que el Pisuerga pasa por Udine para legislar sobre la eutanasia. “Lo único que me da fe es la compasión que siento por ella. Y rezar por su sufrimiento”. Amén.
Según el diario Ya, que, al parecer, usa al cómico que escribe los editoriales para redactar también informaciones, este homicidio consentido por la Justicia ha sido posible por la presión de los “amigos de la muerte dulce (…), sólo comparable a la que ejerce el lobby gay en otros muchos asuntos”. No extraña que el citado De Prada sea asesor del diario, hombre piadoso que este lunes en ABC veía en la lucha de la familia de Eluana por hacer cumplir el testamento vital de la joven el “interés utilitario” de “librarse de las vidas que se han convertido en una carga gravosa”.
Quitar la vida a Eluana ha sido la “opción menos inhumana”, según la opinión de Claudio Magris en El Mundo. “Quedan las heridas que su muerte ha ocasionado a los que la aman y las que el indecente ataque, en su nombre, a los principios elementales del Estado, ha inferido al país y a la calidad de vida de todos. Porque también un país puede verse obligado a hacer testamento”.
Subversión constitucional
Como destaca Josep Ramoneda en la edición catalana de El País, “la alianza del dinero y el altar contra una indefensa familia, que ha respetado la ley hasta el último momento y que cuenta con que la Justicia le ha dado la razón, es estremecedora”. La subversión constitucional que Berlusconi ha pretendido con la ley a la carta que se discutía en el Senado cuando Eluana expiró es tan abominable como la propaganda vertida por la Iglesia católica. Una joven ha muerto, pero Italia está en fase terminal.
A Raúl del Pozo le inspiraba ayer Mayakovsky cuando decía que el PP es “una niebla filistea a punto del hundimiento”. Para el poeta suicida que hacía odas a Lenin, el partido era “una mano de un millón de dedos”, cuando, en realidad, lo que abunda en los partidos son manos pendientes de la caja registradora. A Rajoy, que, de crecidos, tiene a sus enanos a un paso de la NBA, le ha surgido ahora una trama de chorizos con gomina que pedían la mordida en su nombre. “La corrupción es inherente al sistema”, aseguraba Del Pozo en El Mundo, como si tuviéramos que acostumbrarnos a este patio de Monipodio lleno de rufianes y de ex amigos de Alejandro Agag.
En ABC al incombustible Carrascal no le hacía falta citar a Francisco Correa, testigo de boda de Anita Aznar y supuesto jefe de los comisionistas, para hacer de la obviedad glosa y afirmar que “la política atrae a los sinvergüenzas”, razón por la cual “los políticos honrados” han de tener “mucho cuidado con sus amistades”. ¿Moraleja de la serenata? Hay que desconfiar de la propia sombra, especialmente si te exige el 10%.
La denuncia contra el ex amigo de Agag partió de un puñado de desconfiados dirigentes del PP y, por eso, no se comprende muy bien que el ‘viceramírez’ de El Mundo, García Abadillo, concluya que “el objetivo del caso Correa es identificar al PP con la corrupción”. Al palafrenero mayor del de Logroño sólo le faltó formular la pregunta que dejó en el aire Pilar Cernuda en Onda Cero: “¿Cuál es el papel de Garzón en todo esto?”.
Le respondió en la misma emisora José Antonio Vera, cuyo olfato para la sospecha es ya célebre: “Garzón es un hombre que siempre quiso ser ministro con el PSOE (…), que se cogió un rebote considerable porque no le hizo ministro Felipe González, pero que está cercano al PSOE. Y la Fiscalía Anticorrupción con estos precedentes… y que lo haga en época electoral, pues hombre, esto huele fatal. Porque se podían haber esperado un mes y después de las elecciones hacerlo todo”. ¿Estará Garzón detrás de la fuga de columnistas de La Razón al ABC? ¿No pudiste esperar un mes más, querido Albiac? “Amamos el engaño”, escribía ayer el fugado.
“A la puta calle”
No se lo agradecerán, pero Federico I relataba en la Cope los consejos que él y Luis Herrero dieron al PP con ocasión del ‘caso Naseiro’. “Nos recibe Cascos. ‘¿Entonces qué hay que hacer?’ Decimos lo único que puede decir una persona decente en ese caso: ‘A la puta calle’. Para empezar a la calle, y luego investigar, pero lo primero, apartarles del partido”. Es lo que quiso hacer ayer Rajoy con el alcalde de Boadilla del Monte, pero el ‘albondiguilla’, que así se le conoce, se puso duro. Que dimita el último.
Una de las cosas más sensatas sobre la visita del número dos del Vaticano, Tarcisio Bertone, la ha dicho en su blog, Argumentos, el diputado del PSOE José Antonio Pérez Tapias: “Dar cuenta de por dónde va a ir la reforma de la ley del aborto o de cuál es la situación de la Educación para la Ciudadanía o de con qué criterios se va a abordar la reforma de la Ley de Libertad religiosa (…) ¿son cuestiones a tratar con un representante político extranjero, si es en calidad de tal que nos visita Bertone? Y si no es en calidad de tal, ¿por qué el trato de alto nivel que se le da?”. Del columnismo patrio, que sigue sin ponerse de acuerdo acerca de si Zapatero es bobo o Maquiavelo, no podía esperarse una respuesta unánime a ambos interrogantes.
Fiel a su idea de que el presidente no es Lorenzo el Magnífico, Ignacio Camacho insistía en ABC en que, si se ha derramado almíbar sobre Bertone, es porque en Moncloa “debió de parecer excesivo un frente simultáneo contra los banqueros y los obispos” y de ahí tanta zalamería. “Quizá alguna minerva gubernamental albergó la pardilla esperanza de abrir brecha en el muro eclesiástico a base de buenos modales (…) creyendo que en la jerarquía eclesiástica hay, como en la política, moderados y radicales”. ¿Se puede ser más ingenuo?
Jorge Fernández Díaz, el diputado popular y numerario del Opus que convenció a Bono para poner una placa a Sor Maravillas en el Congreso y lió la de Dios es Cristo, no entraba en estos detalles. Se limitaba en La Razón a postrarse de hinojos ante la defensa que el enviado del Papa hizo del anclaje de los Derechos Humanos en la ley moral natural: “El cardenal Bertone ha recordado todo esto de forma magistral y con una sonrisa en los labios”, hecho este último que, al parecer, es definitivo.
Bertone –recordaba el Padre Ángel en este mismo diario– es un “hombre bueno” que deja que los niños se acerquen a él y les hace reír felices “en los jardines vaticanos”. Y quizás ignora que Zapatero, que simula ser de León pero en realidad es más chino que Mao Tse Tung, ha puesto en marcha “una profunda revolución cultural y moral” de la que nos advertía el siempre lúcido César Alonso de los Ríos en ABC. Aborto, eutanasia, destrucción de la familia, del matrimonio y de la nación son sus ejes. “El despliegue con Bertone es la muestra del Zapatero más siniestro”, concluye tan pancho.
El propagandista
Sin avistar este infierno, Justino Sinova, siempre manos a la obra, retrataba al “maestro de la propaganda” que es Zapatero. ¿Cuál ha sido “el gato encerrado en el pulcro protocolo” dedicado a Bertone? “Sonríe a Bertone, al Papa y hasta a su denostado Rouco (…) para que el electorado católico no le haga la puñeta”. Abran paso al Maquiavelo de Babia.
La esquizofrenia de los socialistas, que no se ponen de acuerdo sobre si a los banqueros hay que darles jabón o estopa, ha dividido al gremio de opinadores entre quienes creen que se trata de una estrategia electoral, los que sostienen que existen dos líneas de pensamiento en el Gobierno y los que rechazan esta última teoría porque dudan de que haya alguien que piense. De la controversia entre el impaciente Miguel Sebastián y el estoico José Blanco lo que ha quedado claro es que a Pedro Solbes se le espera y no está, a diferencia de otros ministros, que ni están si se les espera.
“El desbarajuste es total en la política económica. Zapatero está sonado”, proclamaba Federico I, algo preocupado por lo que Rajoy hubiera podido decir de él al cardenal Bertone este miércoles en la Nunciatura. ¿Será Losantos en primavera un parado más? “Llegó el año pasado y Rouco tal, y llegará el mes de mayo y seguiremos o no seguiremos, pero la línea de la Cope no la va a dictar ni Rajoy (…) ni Gallardón espero, porque entonces aquí se condena hasta Pedro Botero”, explicó desafiante.
Sin que sirva de precedente, el apóstol de la derecha venía a coincidir con el editorial de El País, que lleva fatal eso de que los bancos sólo presten a empresas solventes. A juicio del ex diario independiente de la mañana es palpable “el desorden de la política económica, huérfana de dirección política y de autoridad indiscutida. Esta crisis necesita, además de ideas, una capacidad de gestión que hasta ahora brilla por su ausencia”. De manera parecida se expresaba Magis Iglesias en Los Desayunos de TVE: “Aquí hay un sálvese quien pueda, la transmisión de un caos tremendo, de una falta de política clara, de una falta de liderazgo”.
Es verdad que se echa en falta a Solbes, que últimamente es más difícil de ver que un billete de 500 euros. En La Espuela de Intereconomía, la emisora que hubiera hecho felices a los Reyes Católicos, Carlos Dávila inquiría por su cometido con su templanza habitual: “Tenemos un ministro de Economía que no sabemos exactamente para qué no vale. Es decir, sí lo sabemos; sabemos que no nos vale para nada”.
Mudanza y tribulación
Pero no es el único desaparecido. “¿Dónde está Corredor? ¿Y Aído? ¿Qué hace Garmendia? (…). ¿Saben algo de Bernat Soria?”. Son las preguntas que se hacía Antonio San José en El Plural, antes de pedir a Zapatero que los mande al INEM: “El presidente haría bien en saltarse a la torera la máxima ignaciana y pensar en hacer mudanza cuanto antes en época de gran tribulación”. En su Diario Crítico, Fernando Jáuregui iba más allá: “¿Qué pintan con la que está cayendo los ministerios de Igualdad, Vivienda o Cultura?”. Huele a tragedia shakesperiana. Al tiempo.
Por si no tuviéramos bastante, al drama de los 3.327.801 parados hay que sumar el insomnio de Sonsoles Espinosa, la mujer de Zapatero que, como el mismo presidente ha reconocido, es quien soporta por las noches, ya en el tálamo conyugal, su angustia por el aumento del desempleo. Sonsoles no debe de pegar ojo por culpa de su marido que, como apuntaba la noche del martes en Telemadrid el dueño del difunto gato Soseki, o sea Sánchez Dragó, “recuerda al ministro de Franco que en cierta ocasión dijo: hace unos años estábamos al borde del abismo, y ahora hemos dado un paso hacia delante”.
Para revertir esa “inquietante tendencia hacia el suicidio colectivo”, González Urbaneja proponía ayer en ABC “una estrategia de salvación, por ejemplo de dos años, hasta vísperas de las elecciones”, con un nuevo Gobierno “capaz y competente” que incluya a expertos de la oposición. El presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid no estaba para bromas, como bien sabe Wyoming, y zurraba por igual a empresarios y sindicatos: “Ante semejante catástrofe, ¿se puede pedir más flexibilidad para despedir cuando se despide como quien cose? ¿Se pueden pretender más salarios para los instalados cuando tantos se van a la calle?”.
Se imponía escuchar en Teleramírez (Veo TV) a Pipi Estrada, ese Casanova en paro trocado en filósofo y analista, para entender cómo hemos llegado al precipicio. “Todo lo que nace inclinado acaba cayéndose”, dijo primero en una certera aproximación a Newton. Después descubrió a los culpables del derrumbe: “Esa burbuja, ¿por qué estalla? Hemos tenido el dinero muy fácil. Por ejemplo, los obreros hemos vivido como ricos. Hemos tenido una casa, dos coches, y todo eso trae estas consecuencias”. No hay saco que aguante tanta avaricia.
A Enric Sopena, que es hombre sensible y sintético, le dolía el paro en una sola línea de su artículo de El Plural. Lo que realmente le soliviantaba era que la situación económica no evolucione favorablemente de una vez por todas, porque así “Zapatero no tendría por qué reunirse –tan a menudo como viene sucediendo en la actualidad– con los principales banqueros o responsables financieros de este país”, que están forrados pero son aburridísimos, y eso no hay estadista que lo soporte.
Por caridad
Quizás le faltó a Sopena la grandeza de Federico I de la Cope, que predica mucho, sí, pero también pide trigo, al menos para el Arzobispado de Madrid. “Una pareja con dos niños es que tienen que comer y cenar en los comedores de beneficencia (…). Están ampliando los comedores, pero va a hacer falta mucho más dinero. Rásquense un poquito el bolsillo y ayuden, porque lo que viene…”. ¿Quién dijo que Losantos no tiene corazón?
Zapatero, que cuando le aprietan saca el carácter, quiso este lunes escarmentar a los banqueros por no dar préstamos ni en defensa propia. Para mostrarles lo dura que es la vida, ordenó retirar los sofás de diseño de la reunión anterior en Moncloa y les sentó en rígidas sillas de oficina frente a funcionales mesas de escritorio de diseño sueco. El escenario, según contaba ayer Manuel Mederos en Canarias 7, se asemejaba al de “un sobrio tribunal para juzgar a los banqueros por no dar créditos y hacerse más ricos”. Así es como el presidente, con ayuda de Ikea, pone firme a la plutocracia.
A Pablo Sebastián, más conocido como don Pablo desde que convirtió la lectura de titulares en un nuevo género periodístico, los pupitres y los banquillos le parecieron ridículos “porque simulaban una escuelita del palacio de la Moncloa donde los maestros ciruelos (sic) del poder político vigente les leían la cartilla a los alumnos rebeldes de la banca y las cajas”. Lejos de la sobriedad pretendida, el decorado sugería “que no sólo estamos en recesión, sino camino de la gran depresión”, por no hablar del feo que se hace a la industria local del mueble, ya sea rústico o de diseño.
El castigo en las recias posaderas de la banca era, además, inmerecido porque, según José Antonio Vera, “los bancos hacen lo que deben: mirar con lupa a quién le dan dinero e intentar que su gestión cuadre con el máximo de rentabilidad”. Podría pensarse que el de La Razón hacía la rosca a los señores de la pasta, pero en lo de dar jabón al rico es un simple aprendiz al lado de Luis María Anson, académico de la lengua y de la lisonja. La carta a Botín que publicó este domingo en El Mundo y que seguía reproduciendo ayer en El Imparcial es impagable, o quizás no: “Yo me siento hoy en la obligación de escribirte esta carta subrayando ante la opinión pública la ingente, sagaz, la eficacísima gestión que estás haciendo…”.
Ramírez no debió de leer el florilegio de su “insobornable” colaborador porque, de lo contrario, no hubiera permitido que el editorial de su periódico criticara a Zapatero por desaprovechar “la gran ocasión de apretar las tuercas a las entidades financieras” ni que animara al Gobierno a plantearse “la entrada en el capital de algunas entidades, su nacionalización u otras alternativas como las fusiones”.
Tancredismo
¿Ha amenazado Zapatero con nacionalizaciones a los banqueros mientras convertía sus nalgas en planísimas tabletas de chocolate? Nadie lo sabe, aunque, como opinaba Pablo Castellano en Punto Radio, “algo tendrá que hacer menos el tancredismo”. Corren tiempos extraños. Voltaire aconsejaba saltar detrás de los banqueros que se arrojaban por la ventana, sobre todo si eran suizos. Ahora uno se lo piensa.
Nadal ganó el Open de Australia con el sudor de su frente y del resto de su anatomía, y la gesta ha vuelto a servir para levantar el crédito nacional, en vista de que con los banqueros que ayer se vieron con Zapatero no se puede contar. El patriotismo se demuestra a raquetazos. A Santana, Franco le dio la Orden de Isabel la Católica cuando ganó Wimbledon y le hacía disputar partidos de exhibición en el Pardo. Ahora no es probable que ocurra lo mismo, porque en Moncloa sólo se juega al baloncesto, pero en época de crisis la transpiración del mallorquín merece un monumento. “Y lo bueno es que lo suyo es lo nuestro, porque es más español que el billete marrón de cien pesetas”, advertía Alfonso Ussía en La Razón. ¡Viva España y viva el sudor!
Tras la estela de Rajoy, quien ya en las semifinales había comparado el goteante tesón del tenista con la indolencia del Gobierno, ese maestro en serenatas que es José María Carrascal proponía que le imitáramos sin dilación. “Pues el remedio de la crisis que padecemos (…) es el que él practica a diario por esos mundos y en casa: trabajo, disciplina, responsabilidad, sacrificio, fuertes lazos familiares, no dar ninguna batalla por perdida y no esperar a que otros nos saquen las castañas del fuego. Justo lo contrario de lo que venimos haciendo”, recordaba ayer en ABC con mucho sentimiento.
Se nos pide un milagro. En el Diario de Sevilla, Joaquín Pérez-Azaústre afirmaba que “Nadal en un principio era un cherokee, una mezcla explosiva de indio y superhéroe, un Conan joven, (…) un John Rambo más amable con la raqueta de ametralladora, (…) un guerrero azteca danzando bajo el sol”. ¿Cómo podemos nosotros imitar a esa “fuerza viva de la naturaleza” si la mayoría tenemos michelines y nos da el flato cuando queremos evitar que se nos escape el autobús?
Conste que apreciamos al chico y nos conmovió que tratara de enjugar las lágrimas de Federer “cuando el suizo hizo de Boabdil con la voz rota”, que decía David Gistau. A quien parecía no sudar nunca, le sobrevino un llanto inconsolable. “Enmendó –como explicaba también en El Mundo Erasmo de León, que no de Rotterdam– al Dalí que pintó los desfallecidos carrillones: Roger hizo llorar a los relojes, tristes, esféricas lágrimas de felpa”. Generosos en la victoria: así somos los españoles.
El Nadal de la política
Pero como todos no podemos ser Nadal, porque las eliminatorias se harían eternas, aceptemos el consejo de Borja de Borbón, predestinado por su nombre a escribir en La Razón y no en Mundo Obrero: “No disponer de un líder inspirador (…) nos exige a todos (…) buscar, detectar e impulsar a ese líder que se merece este gran país. ¿Dónde está ese Rafa Nadal de la política? ¡Vamos, España!”. Éste es mi Borja.