Tan frenético ha sido el ritmo que Obama ha impuesto a sus primeros 100 días en la Casa Blanca que hasta ha tenido tiempo de protagonizar uno de los vídeos del PSOE a las elecciones europeas. El candidato López Aguilar tenía que reconocer en Onda Cero que la gran esperanza negra del mundo no está en su lista, pero casi: “El objetivo del PSOE es que, al otro lado del Atlántico, cuando Obama descuelgue el teléfono haya una Europa que tenga algo que decir y que merezca ser oído”. Y es que las conferencias no son baratas. Así es la obamanía.
Los parabienes hacia el hombre del teléfono se multiplicaron ayer en los editoriales con notoria grandilocuencia. “Cien días tan exitosos como los transcurridos desde su llegada a la Casa Blanca eran imprescindibles para que Obama afianzara su liderazgo exterior e interior”, destacaba El País, que no ve en el joven emperador a un soñador sino el necesario contrapunto a la “fanática ideologización a la diplomacia de Bush”.
Obama no es capaz de “andar por encima de las aguas o lanzar rayos por los ojos”, como advertía Aznar junto a su perro Sam en el Semanal de ABC de este fin de semana, pero tiene cautivado al Woodward de Logroño, lo cual no deja de ser milagroso. “Ha demostrado ser capaz de tomar decisiones coherentes con unos principios pero no cegadas por el partidismo (…) No parece un mal capitán para esta singladura”, reconocía el editorial de El Mundo.
Hay, sin embargo, quien no se deja impresionar por el hecho de encontrarnos ante el presidente más popular desde John F. Kennedy. “Su gestión no ha tenido nada digno de ser elogiado (…) Debería procurar preservar ese respaldo para cuando llegue el momento de constatar que hay algunos conflictos que no se pueden resolver ni con la mejor de las sonrisas”, certificaba la monarquipedia. Entrevistar al amigo de Bush sin mascarilla puede ser causa de contagio.
El regalo
Para celebrar la efeméride, el senador Arlen Specter, de cuyo nombre no quería acordarse la cervantina María Teresa Campos en La Mirada Crítica de Telecinco, desertaba del bando republicano para unirse a los demócratas. “Este escaño, que le ha caído llovido del cielo no sé cómo, es un buen regalo de cumpledías” añadía esa glosadora de lo obvio llamada Margarita Sáenz Díez. “Como el de Rosa Aguilar al PSOE en Andalucía”, remachaba la Campos. Las comparaciones siempre fueron odiosas.
No habíamos acabado de reprochar a la globalización nuestra ruina económica, transmitida a la velocidad de la luz por todo el planeta, cuando unos estornudos en Almansa y Valencia y unas fiebres en Escocia nos han hecho añorar los tiempos en los que las epidemias avanzaban como mucho a la velocidad de un caballo. Nos llega de México la gripe porcina en avión a reacción y ya ha logrado contagiarnos la única enfermedad contra la que no existe vacuna: el miedo. Maldecimos la globalización con una mascarilla en la cara cuando deberíamos culpar a la pobreza, a la que nunca nos viene bien poner remedio.
¿Por qué en ninguna otra parte del mundo la gripe porcina ha causado efectos tan dramáticos como en México?, se preguntaba Luis de Sebastián en Cinco Días. Ésta era su respuesta: “Los mexicanos pobres sufren una epidemia gripal de nuevo cuño sobre una crisis económica y una pobreza endémica (…). El mundo no puede sobrevivir a base de islotes de ricos en medio de un mar de pobres”.
Nos hemos acostumbrado a que las desgracias les pasen siempre a los mismos a la hora del telediario y, por eso, nos alarma tanto este virus democrático que no discrimina a nadie. Vivimos, como apuntaba José Aguilar en el Huelva Información, en la “parte desarrollada de la humanidad”, que se ha habituado “a una existencia muelle y blandengue de la que se ha extirpado la convivencia con el dolor y el sufrimiento. Queremos a toda costa vivir sin riesgo, y eso es imposible”.
El “no me hables, no me beses, no respires, no te acerques”, que salmodiaba como posibilidad Antonio García Barbeito en la monarquipedia, es el que se ha cebado en la Bolsa con las aerolíneas y las cadenas hoteleras. “Pues va a resultar que el dinero es cobarde”, concluía Rufo Gamazo en La Opinión de Zamora. Cobarde y con un gran instinto de conservación.
Miedo al miedo
A Herman Tertsch, sin embargo, no es este episodio de rebelión en la granja el que le asusta. “Me siento aterrado ante el hecho de que un Gobierno socialista en el País Vasco no consiga reunir los altos cargos necesarios para dirigir la región y que todo se deba al miedo. Tengo auténtico miedo al miedo”, escribía en ABC.Tertsch ha leído a Roosevelt, pero no a Woody Allen, al que le pasa un poco lo que a todos: no es que tengamos miedo a morir; es que no queremos estar allí cuando ocurra.
Han venido a vernos Sarkozy y Carla Bruni, o al revés, que tanto monta, dicho sea sin acritud. En la visita se abordarán temas menores como la lucha contra ETA y las mafias internacionales, la interconexión energética y la ferroviaria, la inmigración, la crisis económica, la futura presidencia española de la UE o a guerra de Afganistán, antes de que se despejen las grandes incógnitas del viaje: ¿vencerá el glamour de la Bruni a la sobria elegancia de Letizia? ¿La melódica Carla apagará la voz de soprano de Sonsoles?
El asunto tenía indignadísima de nuevo a Pilar Cernuda, que es mujer que no se apacigua ni con el yoga. “Estoy segura de que la princesa Letizia estará en su sitio y se vestirá como se viste siempre cuando viene alguna visita de Estado: pues en su estilo habitual y sin grandes alardes. Me parece todo una catetada, una paletada. Estoy de Carla Bruni que ya no puedo más”, afirmaba al borde del síncope en Onda Cero.
Rebajar la importancia de la primera dama francesa es una tremenda osadía o, si prefiere, une audace impardonnable. Alberto Sotillo lo explicaba con claridad meridiana en ABC. “El mayor logro político de Sarkozy es Carla Bruni (…). Es la musa mediterránea del optimismo, que es lo que necesita Europa para ganar confianza y salir de la maldita crisis”. Ya lo decía Verlaine: “Ella me enjuga el llanto del alma cuando llora/ y lo perdona todo con su sonrisa amante”. Suena reconfortante.
Pero aquí nos empeñamos en hacer las cosas al revés y mandamos a la musa al Prado en vez de colocar a su marido un par de horas ante La carga de los mamelucos. “¿Para qué tanta cháchara, firma de papeles, si la solución está en sentar a una señora tan susurrante entre el rey y Zapatero y acordar allí, en el éxtasis de su voz, cuáles son las necesidades? (…). ¿Por qué el saber hacer de Carla Bruni no puede tomar la delantera, y conseguir acuerdos jugosos para la maltrecha condición de España?”, se preguntaba acertadamente Javier Durán en La Provincia.
«Patada de bajito»
Eso sí, mientras su mujer se pasea, Sarkozy está teniendo la oportunidad de explicar a Zapatero el comentario acerca de su inteligencia que, como escribía David Moralejo en La Razón, es “la clásica patada de bajito que duele un huevo y encima va a traición”. Ni te disculpes, Nicolas. Todo sea por una silla en el G-20, estilo Luis XV si es posible, que viste más.
Roma no pagaba traidores, pero el PSOE, que escucha a Zapatero tocar la lira en medio del incendio de los cuatro millones de parados, les da un carguito. A Rosa Aguilar, mujer instintiva y de gusto tan refinado que era quien elegía a Anguita los muebles del despacho, le han hecho consejera de Andalucía, y a la señora le ha faltado tiempo para dejar Izquierda Unida y la alcaldía de Córdoba, en una carrera similar a la de las ratas que abandonan a toda prisa el barco que se hunde. “Soy una persona leal”, afirmaba la tarde del jueves en La ventana de la Ser. Quedan disculpados si les da la risa floja.
“Ha sido la más lista de la clase, dejando atrás a un pelotón de los torpes que nunca la quiso”, afirmaba Joaquín Pérez Azaústre en El Día de Córdoba. Tan lista fue que se negó a ser la candidata de IU en las pasadas elecciones generales como le proponía Gaspar Llamazares, que ese sí que no deja el puesto ni escaldado con agua hirviendo. Jugó sobre seguro, “aguantó mientras no encontró un lugar mejor al que acudir” y, como se intuía, demostró “tener la cara más compacta que el cemento”.
Defendía José Luis Alvite en La Razón “la libertad de pensamiento y acción” porque renegar de una ideología debería ser tan fácil “como darse de baja en la telefonía móvil”. Se nota que Alvite no ha intentado cambiar de operadora. Sin embargo, en lo de la ex alcaldesa hay poca lírica y demasiada prosa. “Esta operación es técnicamente un caso de transfuguismo”, como reconocía en el Diario de Jérez José Aguilar, a quien el apellido le tira, pero no le puede.
Había quien esperaba más de esta mujer, a quien la dignidad le exigía mantener su “compromiso”, “haber apurado su mandato” y “estar a las duras y a las maduras”, tal es el juicio de Marcos Santiago en el Córdoba, el otro diario de la ciudad de los califas. “Lo más probable es que la culpa sea de nosotros los cordobeses por haber idealizado a una persona que para nada es excepcional”. Demostrado queda.
Nómina segura
Haría bien la consejera en escuchar la advertencia que le lanzaba Raúl del Pozo en Onda Cero: “Ferraz paga mal a los disidentes porque al principio les pone de consejeros y hasta de ministros (…); en la segunda legislatura ya van de senadores y por último vuelven a ser concejales”. No le importara mucho; al fin y al cabo, serán bastantes años con la nómina asegurada.
Ha querido Aznar apoyar al candidato Mayor Oreja repitiendo la foto de su primer Gobierno, que en el original no llevaba pantalones de campana pero tiene ya el tono sepia de las hemerotecas antiguas. Regresar al pasado es un esfuerzo tan baldío como aprehender el humo de un cigarro a manotazos. Y da pie a funestos equívocos. “No conviene colarle refritos al público porque a veces se da cuenta. Si yo fuera Rajoy, evitaría las conmemoraciones fotográficas de los gobiernos de Aznar; más que nada, porque si se habla de Aznar y de foto, acaba uno pensando en las Azores”, decía Enric González en El País. Pues eso.
De la comparación entre ambas instantáneas destaca el propio Aznar que, como resaltaba el apóstol Federico en su convento provisional, no es que esté “hecho un pipiolo” gracias a Grecian 2000 o sus derivados, es que “sigue creciendo; está a punto de alcanzar a Rajoy (…). Yo creo que cada vez lleva más alzas; dentro de poco llevará zapatos de plataforma como Alaska”. De ahí le venga quizás el mal de altura.
Sus nostálgicos se apresuraban ayer a cantar las bondades de aquel grupo cual trovadores medievales, no sin alguna discordante nota de laúd. “El primer Gobierno de Aznar fue el Camelot del centro-derecha español y, como la Corte de Arturo, se descompuso por el pecado de la soberbia. Esa foto (…) es el póster de un programa político que no ha caducado: el del reformismo centrista, más necesario que nunca en esta hora de descomposición y sectarismo”, destacaba Ignacio Camacho en ABC.
Los motivos de Aznar para rodearse de un Rato posmoderno, de un atemperado Cascos o de una Tocino fiel a sus aires de madrastra no están del todo claros. “Pensar que forma parte de una maniobra contra la actual estrategia de Rajoy en el PP, me parece mucho pensar”, decía Fermín Bocos en La Opinión de Málaga. Lo que está por ver es que el votante distinga aquel Gobierno del “presidencialismo autocrático y megalómano” que vino después y que, en opinión de Pablo Sebastián en La Estrella Digital, “es el que perdura en el recuerdo de muchos españoles”.
El agravio
De ahí a afirmar que el posado de los ex “nos retrotrae al pasado más ominoso de la democracia española” hay un trecho tan largo que sólo Enric Sopena, el gato con botas del periodismo independiente, podía recorrer en El Plural sin ruborizarse. Fue ganar el PP y salir Sopena de RTVE. ¿Lo dirá por eso?
Lejos de amainar, la tormenta desatada por la reforma de las pensiones que ha planteado el gobernador del Banco de España, Fernández Ordóñez, es ya un huracán de fuerza cuatro que tiene despeinado a medio Gobierno. A Ordóñez le han puesto de vuelta y media por alarmista e indocumentado, especialmente el ministro Corbacho, al que le ha faltado cruzarle la cara con un guante y retarle a un duelo. A los futuros jubilados nos gustaría creer al ministro, como hacía ayer Luis del Olmo en Punto Radio –“yo me quedo con Corbacho”–, pero el asunto no parece ser una cuestión de fe, sino de números, y hay temor de que las matemáticas no sean el punto fuerte del Ejecutivo.
En auxilio del gobernador corrió el septuagenario Javier Pradera, un ejemplo en lo referente a retrasar la edad de jubilación: “La agresión del ministro de Trabajo (…) fue intolerable (…). Unió a la amenaza (…) la cobardía de golpear a un adversario inerme: la posición institucional del gobernador le impide contestar a lamatonería de Corbacho con el mismo todo”, proclamaba en El País. Pradera gana mucho cuando no escribe de autos judiciales porque no gasta medio artículo en transcribir los membretes.
Las descalificaciones vertidas contra Mafo, que teóricamente juega de titular en el mismo equipo de Zapatero, llevaban a José Antonio Gundín en La Razón a plantear una pregunta obvia: “¿Cómo pedirle al ciudadano que confíe en el buen criterio del Banco de España a la hora de intervenir cajas de ahorros si el Consejo de Ministros masacra a su gobernador tachándolo de inepto?”.
Más obvio todavía es que, lanzado el debate, los promotores de planes de pensiones privados, que están siendo ruinosos, arrimen el ascua a su sardina. “Tal vez sí se garanticen las pensiones hasta 2025, ¿pero qué cuantía tendrán?, ¿permitirán a los jubilados mantener su calidad de vida? (…). Los expertos lo afirmamos, los ciudadanos lo intuyen: no”, sostenía con notoria desvergüenza en Cinco Días un tal Manuel Álvarez, director de Pensiones de Caser. Ya te vale, Manolo.
Achacosos
Quizás sirva como argumento en contra de elevar la edad de jubilación el que ofrecía en El Periódico de Extremadura Ovidio Bravo, que es poeta y tiene sus años: “La calidad y la competitividad disminuyen cuando personas de una determinada edad tienen que realizar actividades para las que ya no están capacitados”. En resumen, que estamos achacosos. Tengan piedad.
Rajoy ha descubierto que los nacionalistas no son demonios, o puede que lo sean, pero siempre habrá un sastre como el de Camps que les disimule el rabo en un traje príncipe de Gales hecho a medida. Con las mismas, ha comenzado un intenso flirteo parlamentario con CiU y PNV, y ya se le espera en la recepción del Día de San Jordi para hablar catalán en la intimidad con Artur Mas. Descuenta el PP que ganará las elecciones europeas y, a partir de ahí, decidirá si presenta una moción de censura a Zapatero o se limita a darle la matraca para que anticipe las generales. La piel de este oso se vende sola.
Con ese argumento, el académico Anson reescribía en El Imparcial el cuento de la lechera con Duran i Lleida en el papel de Caperucita: “Entre el PP, CIU, PNV, CC, IU, UPD y NB se alcanzaría mayoría absoluta para desmontar a Zapatero. El PP, naturalmente, debe renunciar a presidir el Gobierno de transición, fruto de la moción de censura triunfante. Lo lógico es que el presidente sea un representante de CIU, por ejemplo, Duran i Lleida. Si la moción de censura triunfara a mediados de julio, el nuevo Gobierno convocaría elecciones en agosto para que su celebración se produjera en octubre”. Y fueron felices y comieron perdices.
Cuentos aparte, pactar con el PSOE para echar a los nacionalistas del País Vasco y cortejar a los nacionalistas para hacerle la vida imposible al PSOE en Madrid no parece de Rajoy sino de Maquiavelo. Lo contaba Fernando Ónega en La Vanguardia: “Rajoy está hilvanando una jugada contra Zapatero que quizá sea poco decente en el método; pero será magistral en el resultado”.
Claro que la jugada no le saldría gratis, por mucho que CiU y PNV acaben en sus brazos por esa “mezcla de despecho y desamor” a la que aludía Juan Bolea en El Periódico de Aragón. Toni Bolaño, el ex jefe de prensa de Montilla, se lo recordaba en La Razón. “Quizás deba pensar en cómo explicará la retirada del recurso contra el Estatut. Una pieza que se querrá cobrar CiU. En esto no podrá ser moroso”.
Facturas sin cobrar
Todo pasa, en cualquier caso, por ganar el 7-J. Antonio Gala, el columnista que más cobra por línea en todo Occidente, recapitulaba brevemente en El Mundo sobre el escándalo del Yak-42 y los casos de corrupción que salpican al PP. “¿Cómo no van a afectar tales horrores a las elecciones europeas?”, se preguntaba. Un resbalón hizo muy desdichada a la lechera del cuento
Ahora que ETA está en descomposición y, según Rubalcaba, debate sobre si debe abandonar o no las armas, no faltan quienes alertan sobre la tentación del Gobierno de lanzarse a un nuevo proceso de diálogo con la banda. “El desenlace llegará cuando tenga que llegar”, recomendaba José María Ridao en El País, para quien sería un descomunal error tratar de acelerarlo. Aceptando que toda precaución sea poca, ¿cómo nos enteraremos de que los terroristas se rinden? ¿Mandarán un e-mail? ¿Habría que facilitar el camino a quien dentro de ese mundo pueda izar la bandera blanca?
Sobre la identidad del llamado a anunciar la capitulación aportaba alguna pista Ignacio Camacho en ABC. “¿Cómo es posible que, después de tantas caídas de peligrosos pistoleros y cabecillas, continúe en libertad Josu Ternera?”, se preguntaba sin ninguna ingenuidad. La respuesta se la daba Fernando Jáuregui en Punto Radio: “A lo mejor hay circunstancias por las que no conviene detener a Josu Ternera. ¿Por qué? Pues porque es lo más cercano al interlocutor todavía contactable que existe”.
Todo apunta a que Ternera es el hombre, lo cual no deja de ser una contradicción in terminis. Estamos, o así lo creía El Periódico, ante el elegido para leer el último comunicado de ETA, “a quien las detenciones están desbrozando el camino para hacerse con el control de la dirección e imponer la necesidad de abandonar las armas para poder seguir luchando, desde la política, por la construcción nacional de Euskal Herria”.
Ninguna otra solución aceptaría Carlos Carnicero, que es de los partidarios de no caer en la trampa y esperar a que la fruta esté madura antes de zampársela. “Ninguno de sus dirigentes, incluido Josu Ternera, tienen crédito para proponer una solución negociada distinta de la rendición sin condiciones”, mantenía en el Diario de León.
Rubalcaba, redimido
Los éxitos policiales podrán servir o no por sí solos para liquidar a ETA, pero, al menos, han obrado el milagro de que el conde-duque de Logroño vea en Rubalcaba “un ejemplo de redención a través del servicio público”. La absolución de fray Ramírez al ministro removió de su hornacina al apóstol Federico, que sigue en la Cope esperando que los obispos le aflojen más pasta: “Éste redimirá sus pecados cuando los confiese; ahora que tiene tantos que no creo que haya posibilidades de eso”. Lo de este dúo es impagable.
Al pequeño Napoleón del Elíseo le han pillado largando en petit comitè contra sus colegas europeos con la prepotencia de quien se cree “la última coca-cola del desierto”, dicho sea a la manera de Mercedes de la Merced en La Mirada Crítica de Telecinco. Respecto a Zapatero, no ha quedado claro si lo que le dedica es un insulto o una alabanza, si es que puede resultar un elogio que de uno piensen que tiene pocas luces pero gana elecciones. Del asunto se mofó cínicamente el PP, que no entendió que a quien gana las elecciones el “bobo solemne” de Zapatero es a su avispado líder.
Es en estos debates sobre la inteligencia donde la “siempre bellísima” Ángela Vallvey exhibe toda su neuronalidad. “Esas cosas no se pueden decir; eso lo tenemos que decir nosotros de Zapatero, que sea listo o tonto, pero Sarkozy no puede venir aquí a decirlo”, afirmaba en Onda Cero. Vamos, que para insultarle nos bastamos al sur de los Pirineos o le pedimos a Isabel Durán que nos eche una mano. Esto es lo que manifestaba con nocturnidad en Intereconomía, la radio de Don Pelayo: “Zapatero, de tonto, lo justo; otra cosa es que sea un irresponsable, un indocumentado, que sea un frívolo…”.
Algunos de estos comentarios han sublevado a Joan Barril, que viene de estrenar con Barral la editorial Barril&Barral y está susceptible. “Un tipo que va rajando como si fuera el más chulo de la taberna, debería ser una vergüenza internacional. Pero aquí sirve para denigrar a un gobernante”, denunciaba en El Periódico.
Lo que se ha pasado por alto en esos comentarios es que “la primera burbuja en alcanzar la categoría de jefe de Estado (…) haya resumido a la perfección para qué gobiernan los líderes políticos occidentales: para seguir gobernando”, como destacaba Irene Lozano en La Estrella Digital. Una vez en el poder, la ideología o la inteligencia vienen a ser lo de menos. “Los estadistas con mayor posibilidad de supervivencia son aquellos que han preferido el compadreo, el chismorreo y otras habilidades de pasillo en lugar de cargar con el pesado fardo del cerebro”, en opinión del mundial David Torres.
El favor de Sarkozy
La cosa, al fin y al cabo, “no es tan grave”, y así lo explicaba la mismísima María Antonia Iglesias en Telecinco. Sarkozy será “un lenguaraz”, pero “nos ha hecho un enorme favor con el tema del G-20, donde Zapatero no estaba”. Dame pan y llámame tonto.
Lo de José Blanco y Esperanza Aguirre empieza a ser una bella historia de amor forjada en hormigón y piedra berroqueña. El novio tiene posibles y ha prometido a la novia que le pondrá la mercería, y la chica se ha ido muy contenta con una M-50 y un plan de cercanías en el bolso de los abalorios. Blanco, por cierto, ya no es Pepiño, sino Don José, porque ahora, como contaba Kiko Méndez-Monasterio en La Razón, “es un tío muy serio que reparte miles de millones y que precisa de reverencia”.
Gracias a sus besuqueos con la presidenta, Blanco se ha rehabilitado ante sus críticos, que le dedican encendidos elogios. “No andaban errados los que afirmaban que sería un ministro que estaría a la altura de las circunstancias”, proclamaba en Granada Hoy la mujer más indignada de Europa, o sea, Pilar Cernuda. “Lo que veo en Blanco es que apunta maneras”, afirmaba Justino Sinova en Onda Cero. “Blanco logra así además reinventarse como ministro”, le reconocía El Mundo. ¡Qué bonito es el amor!
Quien no se había enterado de por dónde soplan ahora los vientos era un tal Romualdo Mestre, que ponía en solfa la capacitación del ‘gastamás’ de Zapatero: “Pepe, el de Fomento, ha roto la tradición de que todos los ministros del ramo tuvieran formación universitaria, que es lo menos que se puede pedir”, escribía en ABC de Sevilla, periódico que también mantiene otro idilio con Esperanza, un poco casquivana ella. Tenía que ser Carlos Herrera quien le diera cumplida respuesta radiofónica: “El tiempo que no ha dedicado a estudiar lo ha empleado en aprender a gestionar muy bien algunas cosas”. Vivir para escuchar.
El caso es que, con su actitud, el galán de la obra pública ha dejado como un felpudo a su antecesora, a quien se envía al Europarlamento para poner a prueba a los traductores. Estamos, según Cinco Días, ante “el fin de un inútil, improductivo e inexplicable desencuentro entre la presidenta de Madrid y la anterior titular de Fomento, un viaje a ninguna parte que en ocasiones rozó el ridículo y en demasiados casos pareció acercarse peligrosamente a la rencilla personal”.
Montaje
¿Que qué pretende Blanco en realidad? “Nuestro querido Pepiño quiere abrir ahí una brecha o ampliar la que pueda existir entre Esperanza Aguirre y Rajoy e, incluso, Gallardón”, opinaba Ramón Tamames en Punto Radio. En resumen, que este idilio es un montaje, como el de la duquesa de Alba.